jueves, 25 de abril de 2024

Chakisaurus nekul, una nueva especie de dinosaurio en el Cretácico de la Provincia de Rio Negro, Patagonia Argentina.








 

Los restos del Chakisaurus nekul, veloz corredor y con un tamaño que podía llegar a los tres metros de largo y 70 centímetros de alto, fueron encontrados en la Reserva Natural Pueblo Blanco, provincia de Río Negro. El hallazgo redefine la comprensión de la fauna prehistórica y aporta información clave para entender particularidades del grupo conocido como Elasmaria, que incluye dinosaurios herbívoros de tamaño mediano a pequeño.

En las áridas extensiones de El Chocón, provincia de Río Negro, la tierra guarda los secretos de un pasado habitado por dinosaurios y otros animales. El equipo de paleontólogos argentinos del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de Vertebrados (LACEV) y la Fundación de Historia Natural “Félix de Azara”, pertenecientes al CONICET, año a año emprenden la incansable búsqueda de información sobre estas especies prehistóricas. Los resultados de su trabajo revelan fragmentos de la eterna narrativa de la historia de la Tierra. 

El más reciente de estos descubrimientos es un dinosaurio herbívoro bautizado como Chakisaurus nekul y cuyo hallazgo se hizo en la campaña de 2018 en la Reserva Natural Pueblo Blanco, expedición que contó con el apoyo de la National Geographic Society. “Se estima que el individuo de Chakisaurus de mayor tamaño llegaba a los 2,5 o tres metros de largo y a los 70 centímetros de alto. El otro ejemplar, más chico, tenía un tamaño mucho menor, apenas llegando a un metro de longitud”, indica el doctor Federico Agnolín, miembro del LACEV, a la Agencia CTyS-UNLaM.

Su nombre deriva de Chaki, que en el idioma Aonikenk del pueblo tehuelche significa “guanaco anciano”. “La elección se da porque, salvando las obvias diferencias, ambos animales habrían compartido un nicho ecológico similar. Ambos eran herbívoros de porte mediano, buenos corredores, que podían ser presa del predador tope de su zona. Nekul, por otro lado, quiere decir ‘veloz’ o ‘ágil’ en el lenguaje mapudungún, del pueblo mapuche”, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM el paleontólogo Rodrigo Álvarez Nogueira del LACEV, quien además encabeza el trabajo.

El Chakisaurus, cuentan los investigadores, se conoce principalmente por vértebras de la columna y huesos de miembros anteriores y posteriores. Las vértebras, cuya mayoría corresponden a la cola, son una parte poco conocida en estos animales. Los estudios arrojan datos novedosos, como características que indican que el Chakisaurus era un veloz corredor y que, a diferencia de otros dinosaurios, llevaba su cola curvada hacia abajo. “Se necesitan realizar más expediciones para confirmar que esta orientación de verdad existía -aclaró Agnolín-, pero, de ser así, significaría un gran descubrimiento para la Paleontología de vertebrados”.

Además, el equipo encontró un húmero en perfecto estado, de solo nueve centímetros de largo y perteneciente a un individuo aún joven. “Este hueso fue muy útil para realizar comparaciones con otros dinosaurios del grupo y hacer inferencias sobre sus hábitos”, subrayó Álvarez Nogueira. “Ahora sabemos que, dentro del grupo, existían animales con diferentes tipos de locomoción: desde algunos, en general de menor tamaño, completamente bípedos, como Chakisaurus, a otros de mayor porte que probablemente podían variar entre moverse con dos o cuatro extremidades”, agrega.

Durante la mayor parte de la historia de la Paleontología en Argentina y en Sudamérica, los dinosaurios saurisquios -los herbívoros de cuello largo y los carnívoros- dominaron ampliamente el registro. Pero, en las últimas décadas, dinosaurios ornitisquios, dentro de los que está incluido el Chakisaurus, comenzaron a ser cada vez más frecuentes en las expediciones paleontológicas. “Ahora se sabe que estos animales eran mucho más frecuentes en la fauna patagónica de lo que se pensaba en un momento”, indica Agnolín.

El artículo enque se dio a conocer el dinosaurio fue publicado en la prestigiosa revista Cretaceous Research, lo que nuevamente posiciona a la Paleontología argentina entre los estudios de vanguardia: solo en los últimos años, han encontrado especies como el enorme carnívoro Taurovenator violantei, el pequeño alado Overoraptor chimentoi, el extraño Gualicho shinyae y el gigantesco saurópodo Chucarosaurus diripienda. ¿Qué otros recuerdos de la historia de la Tierra se encontrarán próximamente? Fuente; el1digital.com.ar

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domingo, 14 de abril de 2024

Dusicyon avus. La sociedad entre el gran zorro extinto y el cazador-recolector.

 



En una tumba antigua en lo que hoy es el norte d la Patagonia Argentina, una persona fue enterrada con un compañero canino, pero este animal no era un perro, según una nueva investigación. El entierro contenía el esqueleto de un tipo de canino que alguna vez pudo haber competido con los perros por el afecto humano: un zorro.

Los humanos y los perros tienen una larga historia. La relación entre las dos especies tiene decenas de miles de años. Sin embargo, un nuevo análisis de la evidencia de un entierro patagónico que data de hace unos 1.500 años sugiere una estrecha conexión similar entre un cazador-recolector de la zona austral de América del Sur y la gran especie extinta de zorro Dusicyon avus.

Los arqueólogos originalmente descubrieron el esqueleto casi completo de D. avus enterrado junto a un humano en Cañada Seca, un sitio en el norte de la Patagonia, en 1991. No había marcas de cortes en los huesos, por lo que no se habían comido al zorro, dijo la Dra. Ophélie Lebrasseur, investigadora de la Red de Investigación en Paleogenómica y Bioarqueología de Wellcome Trust en la Facultad de Arqueología de la Universidad de Oxford en el Reino Unido.

Un análisis en profundidad del ADN antiguo y la datación por radiocarbono confirmaron la especie y la edad del zorro, y el examen del colágeno en los restos del zorro reveló que comía la misma comida que este grupo de humanos. Además de la colocación del esqueleto en la tumba, la dieta del animal sugirió que el zorro era manso y pudo haber sido una mascota, informaron los científicos el miércoles en la revista Royal Society Open Science.

El descubrimiento se suma a un creciente conjunto de evidencia de sitios de entierro en otros continentes que indican que los zorros individuales fueron domesticados por humanos y compartían una conexión basada en el compañerismo.

D. avus vivió desde el Pleistoceno (hace entre 2,6 millones y 11.700 años) hasta el Holoceno, y se extinguió hace unos 500 años. Era aproximadamente del tamaño de un pastor alemán moderno, pero mucho menos voluminoso, pesaba hasta 15 kilogramos (33 libras).

La noción de los zorros como mascotas en América del Sur se alinea con la evidencia de otros entierros de zorros en Europa y Asia, dijo la Dra. Aurora Grandal-d'Anglade, paleobióloga de la Universidad de Coruña en España. Grandal-d'Anglade, que no participó en el nuevo estudio, describió anteriormente las tumbas de la Edad del Bronce en la Península Ibérica que incluían decenas de perros y cuatro zorros enterrados junto a personas. Los investigadores descubrieron que los zorros estaban colocados de manera muy parecida a los perros, lo que sugiere que ellos también eran compañeros de los humanos.

"No hay ninguna razón por la que los zorros no puedan ser domesticados", dijo Grandal-d'Anglade a CNN en un correo electrónico. “Sabemos que los humanos en muchas sociedades completamente diferentes a menudo tienen animales domésticos (no sólo caninos, sino también monos, pájaros y reptiles) simplemente como animales de compañía. Cuando se mira desde esta perspectiva, aparecen cada vez más sitios donde los zorros parecen haber desempeñado el papel de animales de compañía”.

Encontrar D. avus en una tumba humana fue sorprendente por otra razón: si bien la especie alguna vez estuvo muy extendida en la zona sur de América del Sur, antes era desconocida en esta parte de la Patagonia. Los cazadores-recolectores que vivían en la región normalmente permanecían dentro de un rango de aproximadamente 70 kilómetros (44 millas), por lo que probablemente se encontraron con el amigable zorro dentro de ese rango, según el estudio.

“El Dusicyon avus debió haber sido parte de la vecindad cercana para poder integrarse dentro de la comunidad”, dijo Lebrasseur.

El análisis también expuso lo que llevó a los zorros a la extinción, o más bien, lo que no. Una hipótesis sugirió que los zorros se cruzaron con perros que los colonizadores europeos introdujeron en América del Sur, y que el cruce finalmente provocó que el linaje de los zorros se extinguiera. Pero el ADN del zorro contaba una historia diferente, informaron los autores del estudio.

"Basándonos en lo que pudimos recuperar y en la técnica que desarrollamos en Oxford hace unos años, podemos suponer que el cruce entre perros domésticos y Dusicyon avus no habría podido producir descendencia fértil", dijo Lebrasseur.

Sin embargo, todavía es posible que los perros no fueran del todo inocentes en el declive de los zorros. Con una dieta similar a la de D. avus, los perros pueden haber ayudado a acelerar la extinción de los zorros al superarlos. Los perros también podrían haber portado y transmitido enfermedades que enfermaron a los zorros, añadió Lebrasseur.

Los expertos suelen explicar la domesticación de perros como algo que ocurrió porque los humanos se dieron cuenta de que podían poner a los perros a trabajar como cazadores o pastores, dijo Grandal-d'Anglade. Pero el esqueleto de D. avus en Cañada Seca y otros entierros de zorros insinúan que un animal no necesitaba ser un trabajador útil para ser nutrido por los humanos: simplemente podía ser un amigo.

"La proliferación de caninos de diferentes especies en estrecha relación con los humanos parece indicar que en principio se trataba de una relación de afecto, de compañerismo", afirmó Grandal-d'Anglade. "El hecho de que los encontremos en tantas sociedades diferentes y en diferentes continentes indica que tener animales como compañía, y no sólo como animales de trabajo o de carne, es un rasgo ancestral en los humanos".  Fuente ; cnnespanol.cnn.com

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jueves, 11 de abril de 2024

Titanomachya gimenezi, una nueva especie de sauropodo gigante de la Patagonia Argentina.

 





El “Titanomachya gimenezi” vivió hace más de 65 millones de años y era 10 diez veces más pequeño que otros de su especie. Los detalles del hallazgo realizado en Chubut y por qué podría brindar datos únicos sobre la evolución en el periodo Cretácico

Un nuevo descubrimiento significativo sacudió a la paleontología. Un equipo de investigadores del CONICET encontraron los restos fósiles de un tipo de titanosaurio denominado Titanomachya gimenezi, que vivió hace unos 66 millones de años, al final del período Cretácico. Se estima que pesaba aproximadamente 7 toneladas y era diez veces más pequeño que otros de su especie.

Los restos fueron hallados en la formación La Colonia, ubicada en la provincia de Chubut. Se trata del segundo dinosaurio encontrado en este lugar, pero el primer saurópodo, es decir que pertenece al grupo de los vertebrados terrestres más grandes en la historia evolutiva, caracterizados por ser herbívoros. El descubrimiento se realizó en el marco de una campaña efectuada por investigadores del CONICET en el Museo de La Plata (MLP, UNLP) y el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de Trelew.

Según indicaron, su tamaño era pequeño en relación con otros gigantes encontrados en Chubut, como el Patagotitan mayorum, que se calcula medía casi 40 metros de largo, con un cuello de 12 metros y un peso estimado en 70 toneladas. El T. gimenezi habitó la Patagonia durante el Maastrichtiano, la última edad del periodo Cretácico que precedió a la extinción masiva.

Según señalaron, las reconstrucciones ambientales de la formación La Colonia “indican que por entonces esos ambientes estaban dominados por estuarios o albuferas, es decir que su entorno contaba con una variada flora que incluía palmeras, plantas acuáticas con flores y coníferas”. Los detalles del hallazgo fueron publicados en la revista científica Historical Biology.

Agustín Pérez Moreno, becario posdoctoral del CONICET y autor principal del estudio, fue quien lideró las excavaciones que permitieron recuperar partes de los miembros, fragmentos de costillas y una vértebra caudal del dinosaurio. “El proceso de extracción fue muy minucioso e involucró a diez personas, ya que requirió embochonar o recubrir los restos con camisas de tela de arpillera y yeso para protegerlos antes de su traslado a los laboratorios del MEF”, detalló el científico.

A diferencia de otros saurópodos descubiertos en la misma región, como el Patagotitan mayorum, T. gimenezi se caracteriza por su tamaño relativamente pequeño. “La morfología del astrágalo –hueso responsable de distribuir la fuerza procedente de la tibia en el interior del pie– nunca fue vista antes en otros titanosaurios y muestra rasgos intermedios entre los linajes Colossosauria y Saltasauroidea, lo que destaca su importancia evolutiva. Además, estudios filogenéticos han revelado que precisamente es miembro del gran linaje de los Saltasauroidea”, comentó el investigador.

Esta particularidad destaca la relevancia evolutiva del dinosaurio y contribuye a la comprensión de la diversidad de los titanosaurios durante el Cretácico Superior. La investigación arroja luz sobre las especies de saurópodos que habitaron la Patagonia durante el Maastrichtiano, la última edad del período Cretácico y ofrece datos valiosos sobre los ecosistemas de la época.

“La formación es conocida por haber revelado diversos fósiles, desde dinosaurios carnívoros y plesiosaurios hasta tortugas y otros reptiles. Los hallazgos en La Colonia no solo ofrecen información crucial sobre las poblaciones de saurópodos en la Patagonia durante el final del período Cretácico, sino también sobre la diversidad de los ecosistemas de la región en ese momento”, apuntó Pérez Moreno.

A su vez, el paleontólogo agregó que “Titanomachya gimenezi marca el inicio de una serie de descubrimientos esperados en la formación La Colonia y, a medida que el proyecto avance, se anticipa la revelación progresiva de nuevas especies de dinosaurios, acompañadas de reconstrucciones paleoecológicas y ambientales que proporcionarán una visión más completa del mundo prehistórico en el que estos magníficos animales vivieron y desaparecieron”.

“Se erige como un descubrimiento intrigante que añade una nueva perspectiva a la rica historia de los dinosaurios saurópodos de la Patagonia durante el Cretácico Superior y abre la puerta a futuras investigaciones que profundicen en la diversidad y evolución de estos majestuosos gigantes”, sumó el investigador.

En cuanto al nombre, Pérez Moreno señaló que “es especialmente apropiado, ya que Titanomachya gimenezi procede de la época en que se extinguieron los titanosaurios”. A su vez, en “la palabra gimenezi rendimos homenaje a la fallecida científica Olga Giménez, quien fue la primera paleontóloga en estudiar los dinosaurios de la provincia de Chubut. Su legado ha dejado una huella imborrable, y esta denominación busca honrar su contribución pionera a la comprensión de la rica historia paleontológica de la región”.

Por su parte, el paleontólogo Diego Pol, del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, destacó que “antes de este descubrimiento, no había registros de dinosaurios saurópodos en esta región”, siendo que “los restos estaban desarticulados pero colocados muy cerca unos de otros”. Según estimó, tras hallar costillas, vértebras, huesos de las extremidades y parte de una cadera, el dinosaurio tenía las dimensiones corporales de una vaca grande y un cuello y una cola largos, alcanzando unos seis metros de largo.

“Los hallazgos en La Colonia no solo ofrecen información crucial sobre las poblaciones de saurópodos en la Patagonia durante el final del período Cretácico, sino también sobre la diversidad de los ecosistemas de la región en ese momento”, ya que “la formación es conocida por haber revelado diversos fósiles, desde dinosaurios carnívoros y plesiosaurios hasta tortugas y otros reptiles”, afirmó el además explorador de National Geographic.

Según advirtieron los investigadores, esta es una de las campañas que se realizan en la zona. Posteriormente, se realizarán otras junto a profesionales del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN). Cabe destacar que el hallazgo se llevó a cabo en el marco del proyecto “Fin de la Era de los Dinosaurios en Patagonia”, financiado por National Geographic, que tiene como objetivo investigar todos los aspectos biológicos y ecológicos de la época en la que se extinguieron los dinosaurios no avianos. Fuente: Infobae.

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