Mostrando entradas con la etiqueta cretacico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cretacico. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de junio de 2026

El cerebro del Megaraptor revela nuevos secretos sobre uno de los grandes depredadores de la Patagonia.

 



Durante millones de años, el cerebro del Megaraptor permaneció oculto para la ciencia. Aunque sus restos fósiles han permitido conocer gran parte de su anatomía, recién en la actualidad las técnicas de reconstrucción digital hicieron posible revelar cómo eran algunas de las estructuras responsables del equilibrio, la coordinación, la audición y la orientación de este formidable cazador de la Patagonia cretácica.

Un estudio liderado por la Dra. Ariana Paulina-Carabajal, del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-Universidad Nacional del Comahue), y el Dr. Juan Porfiri, del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional del Comahue, en colaboración con el Museo Paleontológico Bariloche, el Museo del Desierto Patagónico de Añelo y el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IITCI, CONICET-UNCo), logró reconstruir digitalmente el interior del cráneo de Megaraptor, revelando detalles inéditos sobre sus capacidades sensoriales y su comportamiento como depredador.

Megaraptor fue un dinosaurio carnívoro que habitó la Patagonia hace aproximadamente 90 millones de años, durante el Cretácico Superior. Alcanzaba entre 7 y 8 metros de longitud y poseía un cráneo largo y bajo, de unos 80 centímetros, armado con dientes comprimidos y curvados hacia atrás, ideales para sujetar y desgarrar a sus presas. Sin embargo, su rasgo más distintivo eran las enormes garras de las manos, que superaban los 40 centímetros de longitud y constituían sus principales armas de caza. Integraba la familia Megaraptoridae, junto a otros dinosaurios patagónicos como Murusraptor, Tratayenia, Joaquinraptor, Maip, Aerosteon y Orkoraptor.

Para desarrollar esta investigación, los científicos emplearon microtomografías computadas de alta resolución, que permitieron obtener imágenes del interior del cráneo sin dañar los fósiles. Mediante estas reconstrucciones tridimensionales pudieron analizar la cavidad endocraneana y el oído interno, estructuras que permanecieron inaccesibles durante casi noventa millones de años.

Los resultados revelaron que Megaraptor combinaba características anatómicas primitivas con otras altamente especializadas. Si bien presentaba hemisferios cerebrales relativamente pequeños y bulbos olfatorios poco desarrollados, poseía un cerebelo voluminoso y un oído interno muy desarrollado, rasgos asociados con una excelente coordinación motora, un preciso control del equilibrio y una gran estabilidad durante movimientos rápidos. Estas características sugieren que era un depredador ágil, con capacidades auditivas comparables a las de otros terópodos cazadores, como Velociraptor.

El estudio también aporta nueva información sobre la posición evolutiva de los megaraptóridos. La compleja red de cavidades neumáticas presentes en el cráneo refuerza la hipótesis de que este grupo estaba más estrechamente relacionado con los celurosaurios que con los grandes carcharodontosaurios o alosauroideos, una cuestión que durante décadas fue objeto de intenso debate entre los paleontólogos.

Esta investigación no solo permite reconstruir con mayor precisión la anatomía de uno de los grandes depredadores del Cretácico sudamericano, sino que también ofrece una valiosa ventana a la evolución del sistema nervioso y de los sentidos en los dinosaurios. Gracias al trabajo conjunto de instituciones científicas argentinas y al empleo de tecnologías de última generación, hoy sabemos que Megaraptor fue mucho más que un gigantesco carnívoro armado con enormes garras: fue un cazador dotado de un sofisticado sistema sensorial, perfectamente adaptado para dominar los ecosistemas patagónicos de hace 90 millones de años.

Mas info en http://grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm



jueves, 25 de junio de 2026

Hallan el cráneo de Kawanectes lafquenianus, un reptil que vivió en la Patagonia durante el final del Cretácico.

 




Un investigador del CONICET La Plata participó del hallazgo y posterior estudio de los restos del animal, que convivió y se extinguió junto a los dinosaurios. El descubrimiento aporta, además, nuevas pistas sobre los sitios de origen de ciertas especies

Aparecieron en febrero de 2024 en la formación geológica La Colonia, en Chubut, durante una salida de campo organizada por el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) ubicado en Trelew, y financiada por la revista National Geographic. Aunque no eran los primeros restos de esta especie extinta de reptil marino aparecidos en esa área, sí tenían una característica excepcional: el cráneo estaba prácticamente completo. El hallazgo y descripción de este nuevo ejemplar de Kawanectes lafquenianus, junto a datos que no se conocían sobre su historia evolutiva y el ambiente que habitaba se publican hoy en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology.

Kawanectes lafquenianus, es una especie de plesiosaurio, un grupo de reptiles marinos que llegaron a dominar todos los mares del planeta. Aunque no eran dinosaurios, convivieron con ellos entre comienzos del período Jurásico y finales del Cretácico, es decir entre 200 y 66 millones de años atrás. En este caso, los restos fósiles encontrados corresponden a un individuo que vivió en la última parte de ese lapso, ya que allí lo ubican los análisis de datación realizados, muy cerca temporalmente del momento en que ocurrió la extinción masiva de los gigantes prehistóricos.

El cráneo preservado –que se encuentra en la colección del MEF– mide 22,5 centímetros y se estima que el animal habría alcanzado unos cuatro metros de longitud total, pequeño comparado con otros de su tipo. “Se trata de un plesiosaurio enano adaptado a la vida en los estuarios y mares restringidos de Patagonia durante el Cretácico Tardío. Estos reptiles nadaban con cuatro grandes aletas y podían tener cuellos extraordinariamente largos”, cuenta José O’Gorman, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y primer autor del trabajo.

Concretamente, Kawanectes lafquenianus, pertenece a la familia Elasmosauridae, los plesiosaurios de cuello más largo y, dentro de ella, al grupo Weddellonectia, que habitaron los mares del sur y que al momento de su extinción ya se habían extendido hasta zonas tan lejanas como la actual California. “Estudiar estos animales permite reconstruir cómo eran los ambientes marinos del pasado, de qué manera respondieron sus ecosistemas a los grandes cambios climáticos y geológicos de la época, y qué rutas siguieron las especies para dispersarse por el planeta”, señala Franco Aspromonte, becario del CONICET en la FCNyM y también autor de la publicación.

Entre 100 y 66 millones de años atrás, el mundo era muy diferente a como es hoy: el sur de Sudamérica, la Antártida occidental y Nueva Zelanda formaban una región climática y biogeográfica conocida como la Provincia Weddelliana. “El Atlántico Sur era mucho más angosto y con aguas más cálidas. Además, al no estar la Antártida completamente aislada, las corrientes marinas conectaban estos lugares entre sí”, describe O’Gorman, al tiempo que Aspromonte añade: “Kawanectes lafquenianus, y su pariente más cercano, Vegasaurus molyi, hallado en la isla Vega, localizada en las costas dela península antártica, son un ejemplo perfecto de esa conexión: dos especies cercanas en el árbol evolutivo que coexisten, pero en diferentes continentes”.

Este vínculo paleontológico entre Patagonia y la Antártida –afirma el trabajo–, no es casual, sino todo lo contrario: refleja que ambas regiones comparten una historia biogeográfica común. “La biodiversidad fósil del continente blanco y la del sur de la Argentina son parte del mismo capítulo de la historia de la vida, y el análisis de este nuevo espécimen refuerza la importancia de los registros de ambos sitios para entender la evolución de los plesiosaurios del hemisferio sur, al tiempo que subraya la continuidad geológica e histórica entre ambos territorios”, añade O’Gorman.

Además del hallazgo en sí mismo, la investigación también arroja información novedosa acerca del centro de origen de la especie estudiada. “Para reconstruir el surgimiento y los modos y lugares de dispersión de los grupos de animales, utilizamos modelos estadísticos de biogeografía histórica que analizan la distribución de los fósiles en el árbol evolutivo”, explica el investigador, y comenta que los resultados obtenidos apuntan a que la familia Elasmosauridae habría tenido su origen en el Mar Interior Occidental, un antiguo cuerpo de agua que dividía Norteamérica de norte a sur durante el Cretácico, desde donde luego los distintos linajes se moverían hacia otras diversas regiones.

Según este análisis, el grupo al que pertenece Kawanectes, los Weddellonectia, habría surgido en el sur de Sudamérica, con lo cual esta parte del mundo no habría sido solo su hogar, sino el centro de origen de varios de los linajes más representativos de la época. “Este hecho convierte a la Patagonia en una pieza clave para entender la historia evolutiva y biogeográfica de los grandes reptiles marinos en la última etapa antes de la gran extinción, evidenciado que fue cuna de una fauna extraordinariamente diversa: donde los plesiosaurios convivieron con tortugas, serpientes, dinosaurios no avianos, aves primitivas y mamíferos tempranos. Se trata de una ventana única hacia el ecosistema patagónico justo antes del gran cataclismo”, concluyen los expertos.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


sábado, 20 de junio de 2026

Antusuchus rionegrinus, un nuevo cocodrilo en el Cretácico de Rio Negro.

 



Se realizó en La Buitrera, uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de la Patagonia. La nueva especie, bautizada Antusuchus rionegrinus, aporta pistas sobre la evolución de antiguos depredadores que habitaron los desiertos del Cretácico.

Un equipo de investigadores argentinos identificó una nueva especie de cocodrilo fósil que habitó el norte de la Patagonia hace más de 100 millones de años. El hallazgo se produjo en el Área Paleontológica La Buitrera, en Río Negro, y fue publicado recientemente en la revista científica Historical Biology. El descubrimiento confirma a la Patagonia como uno de los sitios más relevantes del país para la paleontología, con proyección nacional e internacional.

La especie fue bautizada como Antusuchus rionegrinus y representa un nuevo integrante de los peirosáuridos, un grupo de cocodrilos terrestres depredadores que se distribuyó ampliamente por los continentes australes durante la era de los dinosaurios.

La investigación fue liderada por la doctora María Lucila Fernández Dumont, de la Fundación Azara, y se apoya en más de dos décadas de trabajos científicos desarrollados en La Buitrera por el equipo encabezado por el paleontólogo Sebastián Apesteguía (en la foto con una reconstrucción).

A diferencia de los cocodrilos actuales, asociados a ambientes acuáticos, Antusuchus rionegrinus estaba adaptado a la vida en tierra firme. Los investigadores estiman que tenía el tamaño aproximado de un perro mediano y que ocupaba el rol de depredador en un ecosistema dominado por dunas y condiciones áridas.

Hace unos 100 millones de años, el paisaje de la región era muy diferente al actual. Donde hoy se extienden Río Negro y Neuquén existía un enorme desierto de dunas móviles conocido como Desierto de Kokorkom, un ambiente cálido y seco en el que convivían algunos de los dinosaurios más grandes que habitaron la Tierra.

Los fósiles fueron hallados en cercanías de La Piedra Sola y corresponden a dos ejemplares. Para su estudio se utilizaron técnicas de preparación mecánica, tomografías computadas de alta resolución y microscopía electrónica, herramientas que permitieron analizar estructuras internas sin dañar el material.

La Buitrera continúa revelando especies desconocidas y consolidándose como uno de los sitios más relevantes del país para el estudio de la vida prehistórica. (Fundación Azara)

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


lunes, 8 de junio de 2026

Nuevos datos sobre los amonites proceden del Cretácico de Vaca Muerta.




El hallazgo se realizó en la Formación Vaca Muerta, en la provincia de Mendoza, y permitió identificar por primera vez la conservación de una delicada capa orgánica en la conchilla de estos antiguos organismos marinos.

Un equipo de investigadores e investigadoras del CONICET halló en la Formación Vaca Muerta, en la cuenca neuquina, provincia de Mendoza, fósiles de amonites de aproximadamente 135 millones de años. Lo más destacado del descubrimiento es que dos especies, Bochianites neocomiensis y Lissonia riveroi, aún conservaban el periostraco, la capa orgánica más externa de la conchilla de la mayoría de los moluscos, compuesta en organismos actuales por proteínas, polisacáridos y lípidos. El trabajo fue publicado en la revista internacional Communications Biology.

“Los fósiles fueron hallados por Beatriz Aguirre Urreta y Luciana Marín durante las tareas de campo realizadas para la tesis doctoral de Luciana. Como trabajo junto a Beatriz desde hace casi 30 años, me invitó a participar de la investigación para intentar comprender por qué estas capas orgánicas se habían conservado en estos ejemplares y no en otros, considerando que los amonites son muy comunes en la cuenca Neuquina”, explica Maisa Tunik, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN).

La científica explica que los amonoideos fueron cefalópodos marinos extintos, grupo al que pertenecían los amonites, y que estaban emparentados de manera lejana con los actuales nautilos. Habitaron los océanos durante aproximadamente 400 millones de años, hasta desaparecer hace unos 66 millones de años, en la misma extinción masiva que acabó con los dinosaurios.

Los amonites -los fósiles identificados en este hallazgo- poseen una gran importancia científica debido a que evolucionaron rápidamente, tuvieron una amplia distribución geográfica y sus conchillas suelen preservarse con frecuencia. Estas características los convierten en excelentes fósiles guía, utilizados para datar estratos y correlacionar unidades geológicas entre distintas regiones. En el caso de la Formación Vaca Muerta, estos fósiles resultaron fundamentales para identificar y correlacionar rocas de la misma edad.

“Además, aportan información bioestratigráfica, ya que permiten determinar la edad relativa de las rocas. También brindan datos paleoambientales, paleobiogeográficos y tafonómicos, debido a que su morfología, distribución, estado de preservación y asociación con los sedimentos ayudan a reconstruir las condiciones del mar, la profundidad, los niveles de oxigenación y los procesos de enterramiento. En este caso particular, el hallazgo permitió estudiar una estructura orgánica de la conchilla que rara vez logra preservarse”, señala Maisa Tunik.

La principal relevancia del hallazgo radica en la preservación del periostraco de estos amonoideos, un descubrimiento considerado inédito, ya que es la primera vez que esta estructura es documentada en este tipo de organismos, destaca la especialista. “El periostraco es una estructura extremadamente delgada, flexible y frágil, que hasta ahora no había sido descripta en amonoideos cretácicos. El estudio demuestra que incluso tejidos orgánicos muy delicados pueden conservarse durante 135 millones de años cuando las condiciones tafonómicas y diagenéticas son favorables”, explica.

 “A partir de este trabajo podría cambiar la manera de estudiar este tipo de materiales, ya que demuestra que estructuras orgánicas extremadamente frágiles pueden conservarse bajo determinadas condiciones. Este hallazgo abre la posibilidad de buscar de forma sistemática biomateriales en otros amonoideos y ampliar el enfoque tradicional, que hasta ahora se centraba principalmente en la parte mineral de la conchilla. Además, permite avanzar hacia estudios bioquímicos y de ultraestructura que ayuden a comprender mejor la biología, la fisiología y la evolución de estos organismos”, concluye Rogel. Fuente: Conicet.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


sábado, 30 de mayo de 2026

Kank australis, un nuevo dinosaurio depredador del cretácico de Santa Cruz.

 



Su descubrimiento amplía el registro fósil de los dinosaurios unenlaginos en el hemisferio sur, tendiendo un puente geográfico entre los ejemplares hallados en la Patagonia y otras partes del mundo.

Un hallazgo paleontológico de gran relevancia internacional tuvo lugar en la provincia de Santa Cruz, donde un equipo de investigadores de Argentina y Japón identificó una nueva especie de dinosaurio raptor en las cercanías de El Calafate. La especie fue denominada Kank australis, y su descubrimiento amplía el registro fósil de los dinosaurios unenlágidos en el hemisferio sur, tendiendo un puente geográfico entre los ejemplares hallados en la Patagonia y otras partes del mundo.

La investigación fue publicada en la revista Journal of Vertebrate Paleontology y estuvo liderada por el paleontólogo Matías Motta, junto a un equipo integrado por Federico Agnolín, Alexis Aranciaga Rolando, Sebastián Rozadilla, Federico Brissón Egli, Gerardo Álvarez Herrera, Gastón Lo Coco, Takanobu Tsuihiji, Makoto Manabe, Diego Pol y el paleontólogo Nicolás Chimento, quien trabaja también con el Museo Padre Molina, además del resto de los integrantes que trabajan en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN-CONICET), la Fundación de Historia Natural “Félix de Azara” y el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Japón.

El hallazgo se produjo en la Estancia La Anita, donde en 2019 se había recuperado un fragmento de garra que sugería la presencia de un raptor. En expediciones posteriores, particularmente en 2024, se encontraron vértebras cervicales y dientes que permitieron confirmar la identidad de una nueva especie. Los fósiles fueron analizados mediante tomografía computada y microscopía electrónica, técnicas que revelaron rasgos anatómicos únicos.

“Kank” proviene de la mitología del pueblo originario aonikenk o tehuelche, y hace referencia al “Gran Ñandú” creador de la constelación Choiols, conocida como la Cruz del Sur. “Australis” significa “del sur”, en alusión a la latitud extrema donde fueron hallados los restos. El animal habría tenido un tamaño mediano, similar al de un ñandú grande, con unos 27 kilos de masa corporal; caminaba sobre dos patas y portaba la característica garra curva en el segundo dedo del pie.

El doctor Matías Motta, primer autor del estudio, explicó: “La descripción de Kank australis es importante porque sumamos una nueva especie de la familia de los unenlágidos, una familia poco representada en el registro fósil ya que sus huesos son muy gráciles y difíciles de preservar”. Y agregó: “Este dinosaurio se diferencia claramente de los raptores del hemisferio norte, como Velociraptor, por sus dientes cónicos con pequeñas estrías y por las particularidades únicas de sus vértebras cervicales”.

El hallazgo refuerza la riqueza paleontológica de Santa Cruz, ya que es el primer raptor unenlágido de la provincia, donde ya se han encontrado fósiles de ranas, tortugas, peces, serpientes, mamíferos y otros dinosaurios como Maip macrothorax y Nullotitan glaciaris. Motta subrayó: “El dinosaurio fue hallado en rocas del Cretácico Superior y esto es importante porque expande el registro de los unenlágidos. Demuestra que ya estaban ampliamente distribuidos justo antes del impacto del meteorito hace 66 millones de años”.

El descubrimiento también tiene un fuerte componente institucional para la provincia. Los restos de Kank australis, actualmente en préstamo en el MACN, volverán a Santa Cruz para formar parte del repositorio del Museo Regional Provincial Padre Manuel Jesús Molina de Río Gallegos, dependiente de la Secretaría de Estado de Cultura. De esta manera, la provincia se consolida como un territorio clave para la paleontología mundial, con instituciones locales que acompañan y resguardan hallazgos de relevancia científica global.

El paleontólogo Fernando Novas, quien describió en 1997 la primera especie de unenlágidos, destacó que este nuevo registro es el más austral de la familia en Sudamérica y tiende un puente con los fósiles de la Antártida, donde se identificó al Imperobator antarcticus. “Cada nuevo hallazgo nos permite comprender mejor la distribución y evolución de estos depredadores bípedos emparentados con las aves actuales”, señaló.

La Secretaría de Estado de Cultura de Santa Cruz celebró este descubrimiento como un aporte fundamental al conocimiento científico y a la valorización del patrimonio natural de la provincia. La incorporación de los restos al Museo Molina permitirá que la comunidad santacruceña y los visitantes puedan acceder a un testimonio único de la historia de la vida en la Tierra, reforzando el rol de los museos como espacios de aprendizaje, conservación y difusión cultural.

Con Kank australis, Santa Cruz reafirma su lugar en el mapa paleontológico mundial, mostrando que su territorio no solo guarda paisajes de belleza incomparable, sino también secretos científicos que conectan continentes y enriquecen la memoria colectiva de la humanidad.

Más info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm