jueves, 5 de noviembre de 2026

Detuvieron una obra y rescataron el fémur de un titanosaurio del Cretácico de Cinco Saltos.


Un nuevo descubrimiento paleontológico en Río Negro permitió recuperar importantes restos de un dinosaurio herbívoro de cuello y cola largos. Entre las piezas se destaca un fémur de más de un metro de longitud, encontrado en excelente estado de conservación. El hallazgo volvió a poner en evidencia el enorme potencial fósil de esta región de la Patagonia.

Una intervención que comenzó con la detención de los trabajos en una cantera de Cinco Saltos, provincia de Río Negro, terminó convirtiéndose en un nuevo e importante rescate paleontológico. Durante las tareas que realizaba la Empresa de Desarrollo Hidrocarburífero Provincial S.A. (Edhipsa), los trabajadores advirtieron la presencia de restos óseos en los sedimentos y decidieron detener inmediatamente las actividades para dar aviso a las autoridades.

La rápida comunicación permitió activar el protocolo provincial de protección del patrimonio paleontológico y organizar un operativo de rescate que estuvo a cargo de la Dirección de Patrimonio y Museos de la Secretaría de Cultura, con la participación de especialistas del Museo Patagónico de Ciencias Naturales de General Roca.

Los materiales recuperados pertenecen a un dinosaurio saurópodo, el grupo de grandes reptiles herbívoros caracterizados por desplazarse sobre cuatro patas y presentar cuellos y colas generalmente muy largos. Dentro de este conjunto se encuentran los titanosaurios, uno de los grupos de dinosaurios más representativos de los ecosistemas cretácicos de América del Sur.

Entre los elementos rescatados sobresale un fémur de aproximadamente 1,10 a 1,15 metros de longitud, que llamó particularmente la atención por su extraordinario estado de conservación. El hueso apareció prácticamente completo, sin las fracturas que suelen afectar a este tipo de restos durante los procesos geológicos que intervienen en la fosilización.

Además del fémur, el equipo pudo recuperar costillas y algunas vértebras, piezas que permitirán ampliar el conocimiento sobre la anatomía del animal. Los restos fueron trasladados al Museo Patagónico de Ciencias Naturales de General Roca, donde permanecerán bajo resguardo hasta que los investigadores autorizados puedan avanzar con los estudios correspondientes.

De acuerdo con las características geológicas del lugar, los sedimentos donde aparecieron los fósiles tienen una antigüedad cercana a los 70 millones de años, correspondiente al Cretácico Superior, una etapa particularmente interesante porque representa los últimos millones de años antes de la extinción masiva que marcó el final de la era de los dinosaurios no avianos.

El director de Patrimonio y Museos de Río Negro, Pablo Chafrat, explicó que la empresa comunicó el hallazgo a través de la Secretaría de Minería, que posteriormente notificó al organismo provincial encargado de proteger estos bienes. La intervención se concretó pocos días después del aviso inicial.

El funcionario también destacó la importancia de que las empresas que realizan movimientos de suelo mantengan una vigilancia permanente sobre los terrenos intervenidos. Ante la aparición de cualquier posible resto arqueológico o paleontológico, las actividades deben detenerse y las autoridades competentes deben ser notificadas para evitar la destrucción de materiales que pueden resultar irrecuperables.

Una vez realizado el rescate y la inspección del sector, Edhipsa podrá retomar sus actividades, aunque bajo condiciones especiales. La Provincia solicitará que los trabajos sobre ese perfil de la cantera se desarrollen con la presencia permanente de un paleontólogo o técnico especializado que pueda supervisar los movimientos de tierra. Si aparecen nuevos fósiles, deberá repetirse el procedimiento de detención, aviso y recuperación.

El descubrimiento tampoco constituye un hecho aislado. El sector forma parte de una extensa área de interés paleontológico donde ya se vienen desarrollando investigaciones sobre los dinosaurios y otros animales que habitaron la Patagonia durante el Cretácico final.

De hecho, unos meses atrás, otra campaña científica realizada en las inmediaciones del lago Pellegrini había permitido recuperar nuevos materiales fósiles. Aquella iniciativa reunió a investigadores argentinos y extranjeros y puso de manifiesto el potencial de esta zona para estudiar los ecosistemas que existieron durante los últimos tiempos de los dinosaurios.

El nuevo rescate se suma a ese conjunto de evidencias y refuerza la importancia científica de Cinco Saltos, una localidad que se encuentra en un territorio donde los sedimentos cretácicos conservan numerosos testimonios de la vida prehistórica.

Por el momento, todavía no se conoce la identidad específica del ejemplar ni se ha establecido si sus restos corresponden a alguna especie previamente identificada. Para ello será necesario realizar estudios anatómicos, comparaciones con otros ejemplares y análisis científicos que permitan establecer con mayor precisión sus características y relaciones evolutivas.

También deberá determinarse el destino definitivo de las piezas dentro de un repositorio que garantice su conservación a largo plazo y permita el acceso de los investigadores.

Cada hueso recuperado representa una oportunidad para reconstruir una parte de la historia natural de la Patagonia. En este caso, un fémur de más de un metro, acompañado por costillas y vértebras, constituye una nueva evidencia de los grandes herbívoros que recorrieron estos paisajes hace aproximadamente 70 millones de años, cuando los ambientes que hoy conocemos como el norte de la Patagonia eran muy diferentes. Fuente Diario Rio Negro y la información oficial de la Secretaría de Cultura de Río Negro

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Quintucoceras macrospinatum, un nuevo ammonite espinoso que habito el antiguo mar de Neuquén durante el Cretácico inferior.

 


Con caparazones que superaban los 50 centímetros de diámetro y espinas de hasta 12 centímetros de longitud, estos singulares moluscos marinos constituyen uno de los hallazgos paleontológicos más llamativos de la provincia. Una colección recuperada hace una década y presentada científicamente en 2026 permite conocer un género fósil hasta ahora desconocido: Quintucoceras.

Hace aproximadamente 135 millones de años, mientras los dinosaurios dominaban los ambientes terrestres, buena parte de lo que hoy conocemos como la provincia del Neuquén permanecía cubierta por las aguas de un antiguo mar conectado con el océano Pacífico. Allí se desarrollaba un ecosistema marino habitado por peces, crustáceos, moluscos y grandes reptiles marinos. Entre sus habitantes se encontraban unos cefalópodos particularmente llamativos: los ammonites, cuyos caparazones podían alcanzar dimensiones considerables y presentar ornamentaciones verdaderamente extraordinarias.

Uno de los ejemplos más sorprendentes de aquella fauna es Quintucoceras macrospinatum, un ammonite que se destaca por sus enormes estructuras espinosas, algunas de las cuales alcanzaban hasta 12 centímetros de longitud. Su caparazón podía superar los 50 centímetros de diámetro, convirtiéndolo en un ejemplar excepcional dentro de la diversidad de estos invertebrados marinos prehistóricos.

El nombre de la especie hace referencia precisamente a esta característica. El término macrospinatum significa «espinas grandes», mientras que Quintucoceras alude a Puerta Quintuco y a la Formación Quintuco, vinculadas con la procedencia de los fósiles.

Los ammonites fueron moluscos cefalópodos, el mismo gran grupo zoológico al que pertenecen actualmente los pulpos, calamares y sepias. Se caracterizaban por poseer un caparazón externo generalmente enrollado en espiral, dividido internamente en cámaras. Estas compartimentaciones cumplían un papel fundamental en la regulación de la flotabilidad, permitiéndoles desplazarse en la columna de agua.

Sin embargo, Quintucoceras presentaba una particularidad que lo diferenciaba de muchos otros ammonites conocidos: sus caparazones estaban ornamentados con prominentes espinas, gruesas y alargadas, que sobresalían notablemente de la superficie. Estas estructuras le otorgaban una apariencia inconfundible y constituyen uno de los aspectos más interesantes para el estudio de su anatomía y evolución.

La importancia de este descubrimiento no se limita a la singularidad de sus espinas. El estudio de numerosos ejemplares recuperados en diferentes niveles geológicos permitió reconocer y reasignar cinco especies pertenecientes al género Quintucoceras, aportando información para reconstruir la historia evolutiva de este grupo de cefalópodos.

Los fósiles proceden de las formaciones geológicas Vaca Muerta y Quintuco, dos unidades ampliamente conocidas por su extraordinario registro paleontológico. Durante el intervalo comprendido entre aproximadamente 137 y 135 millones de años, el antiguo mar neuquino atravesaba un proceso de reducción progresiva de su profundidad, dejando registrados en sus sedimentos los restos de una importante diversidad de organismos marinos.

Estos animales también cumplían un papel dentro de las redes alimentarias de aquel ecosistema. Los ammonites habrían tenido hábitos carnívoros y su dieta incluiría crustáceos, bivalvos, peces y otros cefalópodos. A su vez, podían convertirse en presas de grandes reptiles marinos, entre ellos ictiosaurios y pliosaurios, que recorrían aquellas aguas.

De esta manera, los ejemplares de Quintucoceras permiten aproximarse a un escenario ecológico muy diferente del actual, en el que estos moluscos compartían el ambiente con algunos de los grandes depredadores marinos del Mesozoico.

La historia de este hallazgo comenzó a fines de 2015, cuando personal del Museo Provincial de Ciencias Naturales «Prof. Dr. Juan A. Olsacher» y del Servicio Geológico Provincial realizaba tareas de relevamiento y mapeo geológico en territorio neuquino. Durante aquellos trabajos de campo aparecieron inesperadamente los primeros ejemplares. Sus dimensiones y, especialmente, las llamativas espinas de sus caparazones permitieron reconocer que se trataba de fósiles de características excepcionales.

La recuperación de estos materiales requirió una campaña paleontológica específica. Debido a su tamaño y a las condiciones de preservación, los especialistas debieron aplicar procedimientos similares a los utilizados durante la extracción de restos óseos de dinosaurios, con el objetivo de evitar daños y conservar la mayor cantidad posible de información fósil.

Los trabajos se concretaron a comienzos de 2016. Posteriormente, los ejemplares fueron trasladados a los laboratorios del Museo Olsacher, donde se realizaron las tareas de limpieza, preparación y acondicionamiento necesarias para su conservación y estudio científico.

Después de varios años de investigación, el género Quintucoceras fue presentado oficialmente a la comunidad científica en marzo de 2026. Ahora, el Museo Olsacher de Zapala da a conocer públicamente esta colección, que constituye un aporte significativo al conocimiento de los antiguos ecosistemas marinos de la Patagonia.

Algunos de estos fósiles ya pueden observarse en las salas de exhibición de la institución, donde sus dimensiones y sus extraordinarias espinas permiten apreciar de cerca una de las formas más singulares que desarrollaron los ammonites.

El hallazgo también pone de manifiesto la importancia del trabajo sostenido de relevamiento geológico y paleontológico. Bajo los paisajes actuales de Neuquén se conserva una historia natural de millones de años, registrada en rocas que permiten reconstruir ambientes desaparecidos y conocer organismos que alguna vez formaron parte de ecosistemas completamente diferentes.

Los Quintucoceras son una muestra extraordinaria de esa diversidad. Sus caparazones espinosos, algunos con proyecciones de hasta 12 centímetros, constituyen verdaderos testimonios de la evolución de la vida marina y de la riqueza paleontológica que todavía guarda el territorio argentino. Fuente; Neuquén Informa.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

 


domingo, 1 de noviembre de 2026

Extincion de la Megafauna del Pleistoceno.

Hacia el final del Pleistoceno, hace aproximadamente entre 50 y 11 mil años, la Tierra atravesó uno de los períodos de transformación ambiental más significativos de su historia reciente.

En ese contexto se produjo una serie de extinciones masivas y regionales que afectaron a una gran diversidad de organismos, en especial a los grandes mamíferos terrestres. Estas desapariciones no respondieron a una única causa, sino a un conjunto de procesos ecológicos, climáticos y antrópicos que actuaron de manera simultánea o sucesiva.

Desde el punto de vista conceptual, las extinciones pueden clasificarse en distintos tipos según su alcance, ritmo y causas predominantes.

En primer lugar, se reconocen las extinciones naturales o climáticas, vinculadas a los cambios ambientales ocurridos al finalizar la última glaciación. Las variaciones de temperatura, la retracción de los hielos, las modificaciones en los patrones de humedad y vegetación, y la consecuente alteración de los ecosistemas afectaron directamente la disponibilidad de hábitats y recursos. Muchas especies no lograron adaptarse a las nuevas condiciones ecológicas, lo que condujo a su desaparición paulatina.

Un segundo tipo corresponde a las extinciones biológicas o ecológicas, producidas por desequilibrios en las relaciones entre especies. La reducción de presas, la competencia por recursos o la pérdida de nichos ecológicos específicos desencadenaron procesos de colapso poblacional. En este tipo de extinción, la desaparición de una especie puede provocar, de manera encadenada, la desaparición de otras especies dependientes de ella dentro del ecosistema.

Otro proceso clave fue la extinción por causas antrópicas, asociada a la expansión y las actividades de las primeras poblaciones humanas en distintos continentes. La caza, el uso del fuego, la modificación del paisaje y la ocupación de nuevos ambientes contribuyeron, directa o indirectamente, al descenso de las poblaciones animales. En muchos casos, la presión humana actuó como un factor acelerador sobre especies ya afectadas por las transformaciones climáticas.

Por último, se identifican las extinciones sincrónicas o multifactoriales, aquellas en las que confluyeron diversas causas simultáneamente. Este modelo, considerado el más realista para explicar las extinciones del final del Pleistoceno, reconoce que los fenómenos naturales y las acciones humanas actuaron de manera combinada.

Las extinciones de fines del Pleistoceno no fueron un evento único ni abrupto, sino el resultado de procesos complejos y entrelazados.

Comprender sus distintos tipos y mecanismos permite interpretar mejor cómo interactúan los factores ambientales y biológicos en la historia de la vida, y ofrece una valiosa perspectiva para analizar las dinámicas de pérdida de biodiversidad que afectan actualmente al planeta. Ningún animal mayor a 300 kilos sobrevivió a la gran extinción del Pleistoceno.

Fuente: Magnussen, M. (2025) Animales Prehistóricos del Partido de General Alvarado. Colecciones de la Naturaleza. Paleo Editorial. >>>>Descarga gratis el libro desde Aquí.

 

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