Desde el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), en Chubut, hasta las aguas de Croacia, el técnico en paleontología y buzo argentino integra una expedición internacional que busca recuperar fósiles de dinosaurios de más de 120 millones de años. Los restos, ocultos bajo el mar y amenazados por la erosión, constituyen un patrimonio científico excepcional.
La recuperación de fósiles de dinosaurios suele asociarse con excavaciones en terrenos áridos, acantilados o extensas formaciones sedimentarias. Sin embargo, una campaña científica internacional desarrollada en Croacia está llevando la paleontología a un escenario mucho menos habitual: el fondo del mar Adriático.
Entre los integrantes de esta expedición se encuentra Pablo Puerta, Técnico Universitario en Paleontología del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), de Trelew, quien también cuenta con experiencia como buzo. Su participación resulta fundamental en una operación destinada a rescatar restos óseos de dinosaurios que permanecen sumergidos en la bahía de Kolone, sobre la costa de la península de Istria.
Se trata de una intervención de características inéditas, organizada para recuperar materiales fósiles que corren riesgo de deteriorarse por la acción del oleaje, los organismos marinos y las actividades humanas. La misión combina conocimientos paleontológicos, técnicas de extracción y procedimientos de trabajo subacuático que presentan desafíos muy diferentes a los de una excavación convencional.
La bahía de Kolone alberga un registro de enorme importancia para la paleontología europea. Aunque distintas localidades costeras de Croacia conservan cientos de huellas de dinosaurios, en este sector se encuentran los únicos restos óseos conocidos de dinosaurios no avianos recuperados en el país, según la información difundida por el MEF a través de Diario Jornada.
Entre los materiales identificados se destaca Histriasaurus boscarollii, un dinosaurio saurópodo que habitó la región hace aproximadamente entre 120 y 130 millones de años, durante el Cretácico Inferior. Los saurópodos fueron dinosaurios herbívoros caracterizados, en muchos casos, por sus largos cuellos y colas, sus cuerpos voluminosos y sus extremidades robustas. Sus representantes se diversificaron ampliamente durante la era Mesozoica y algunos alcanzaron dimensiones gigantescas.
La presencia de restos de estos animales en la actual costa croata aporta información sobre los ecosistemas que existieron en esta parte de Europa durante el Cretácico. En aquel entonces, la configuración geográfica de la región era muy diferente de la actual, con ambientes costeros e insulares vinculados a una historia geológica compleja. El valor del yacimiento no reside únicamente en la antigüedad de los fósiles, sino también en la posibilidad de estudiar materiales óseos de dinosaurios en un territorio donde el registro conocido había estado representado principalmente por huellas.
La participación de Puerta representa un aporte argentino a una iniciativa científica internacional que exige coordinar la experiencia de paleontólogos, técnicos y buzos profesionales.
La expedición cuenta con la dirección científica del paleontólogo estadounidense Matthew C. Lamanna, del Carnegie Museum of Natural History, de Pittsburgh, y con la participación de Brett Pickering, buzo profesional del Scripps Institution of Oceanography, especializado en operaciones subacuáticas. También intervienen profesionales de Estados Unidos, Alemania y Croacia. Recuperar fósiles bajo el agua requiere adaptar los métodos tradicionales de excavación. A diferencia de una cantera terrestre, donde es posible trabajar desde una superficie estable, los buzos deben realizar sus tareas en un ambiente condicionado por el movimiento del agua, la visibilidad y las características del fondo marino.
Para desprender los materiales se utilizan herramientas neumáticas, mientras que el levantamiento de los bloques exige sistemas especiales que permitan trasladarlos sin provocar daños en los fósiles. De acuerdo con información publicada por otros medios regionales, algunos de estos bloques de roca pesan entre 150 y 300 kilogramos. Para moverlos se emplean boyas especiales que permiten elevarlos desde el fondo y trasladarlos en una embarcación hasta un muelle.
La operación demanda una cuidadosa planificación. Cada pieza debe ser desprendida junto con parte de la roca que la contiene, una medida que permite preservar el material fósil durante su extracción y posterior manipulación. En este contexto, la experiencia técnica de Puerta en paleontología adquiere especial relevancia: la recuperación no consiste simplemente en retirar huesos, sino en preservar piezas que pueden encontrarse frágiles, parcialmente expuestas o integradas a bloques de sedimento y roca.
El objetivo de la campaña es extraer restos óseos de dinosaurios conservados en el fondo de la bahía de Kolone. Entre los hallazgos reconocidos en el yacimiento se encuentra el saurópodo Histriasaurus boscarollii, aunque la información publicada no detalla de manera exhaustiva qué huesos concretos está recuperando Puerta en cada jornada.
Esta distinción es importante: no todos los materiales fósiles pertenecen necesariamente a un mismo individuo, y la identificación de cada pieza requiere su documentación y estudio científico. La recuperación de los huesos junto con bloques de roca permite conservar información sobre su posición y relación con los sedimentos que los rodean. Esos datos pueden ser importantes para interpretar cómo quedaron enterrados los restos, las condiciones de preservación y las características del ambiente en el que se depositaron.
Una vez extraídos, los fósiles deberán ser acondicionados y estudiados por especialistas. El trabajo de laboratorio permitirá avanzar en su identificación anatómica y evaluar qué información aportan al conocimiento de los dinosaurios que habitaron esta región europea durante el Cretácico Inferior.
Por eso, la importancia de la campaña no se limita al rescate físico de los huesos: también consiste en conservar un registro que podría perderse si continúa expuesto a los procesos de deterioro.
Los restos se encuentran a poca profundidad, una circunstancia que facilita el acceso de los buzos, pero que también los expone a distintos agentes de degradación. El movimiento constante del agua puede erosionar la roca que contiene los fósiles y dejar progresivamente expuestos los huesos. A ello se suma la acción de organismos marinos y el impacto potencial de las actividades humanas en la zona costera.
Estos factores convierten la intervención en una carrera contra el tiempo. Si los materiales se fragmentan o desaparecen antes de ser documentados y recuperados, se perderá información paleontológica difícil o imposible de reemplazar. La campaña requiere, además, una logística compleja: el equipo debe preparar el equipamiento en tierra, organizar las inmersiones y transportar las herramientas y los bloques recuperados. Las condiciones meteorológicas y el estado del mar pueden limitar las horas de trabajo y obligar a modificar los planes.
Según los reportes sobre la expedición, los trabajos se desarrollan durante aproximadamente un mes, aunque la cantidad de fósiles presentes en el lugar hace prever que no será posible recuperar todo el material en una sola campaña. Por ello, se contempla la posibilidad de continuar las tareas en una próxima etapa.
La participación de Pablo Puerta vuelve a poner de relieve la importancia del trabajo técnico en la investigación paleontológica. Detrás de cada fósil recuperado existe una tarea especializada que abarca desde la extracción y el acondicionamiento hasta su preparación para el estudio científico. El Museo Paleontológico Egidio Feruglio es una institución reconocida por sus investigaciones sobre los dinosaurios y otros organismos del pasado, particularmente los registrados en la Patagonia. La experiencia acumulada en el trabajo con grandes restos fósiles encuentra en esta expedición un escenario distinto, donde los conocimientos paleontológicos deben combinarse con las exigencias de una intervención subacuática. El rescate de la bahía de Kolone demuestra, además, que los yacimientos paleontológicos no se encuentran únicamente en los paisajes que tradicionalmente asociamos con los grandes descubrimientos. Algunos permanecen ocultos bajo las aguas y requieren técnicas especializadas para poder ser estudiados.
Para Puerta, esta campaña constituye una oportunidad de aportar sus conocimientos a un proyecto internacional de características excepcionales. Para la ciencia, representa la posibilidad de preservar restos de dinosaurios que podrían desaparecer por la erosión y de recuperar información sobre una fauna que habitó Europa hace más de 120 millones de años. Fuentes: MEF, LU17 y Diario La Jornada.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm





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