sábado, 1 de agosto de 2026

Basilosaurio, uno de los primeros cetáceos, encontrados en el Eoceno de la Antártida.

 



El fósil de una ballena que vivió hace 49 millones de años fue hallado por científicos del CONICET y del Instituto Antártico en la isla Marambio, cerca del mar de Weddell, informó este martes la Dirección Nacional del Antártico, que presentó el espécimen único. El ejemplar de "Arqueoceto Antártico", encontrado al noreste de la Península Antártica, es el fósil más antiguo de ballena primitiva en todo el mundo, y el primero localizado en la Antártida Argentina. 

Cincuenta millones de años atrás “tampoco estaba la comunicación del Pacífico y el Atlántico”, por donde pasa la helada corriente circumpolar antártica.  Este "arqueoceto" antártico pertenece al grupo Basilosauridae, del que se originaron todos los cetáceos actuales. Las "ballenas semiacuáticas" -que son los Protocetidae, con cuatro patas desarrolladas- se registran en la región Indo-Pakistán hace 53 millones de años; en tanto, el "arqueoceto" antártico tiene 49 millones de años y es acuático totalmente. 

Esto indica que experimentaron una evolución mucho más rápida de lo que se pensaba y también se distribuyeron rápidamente en los mares australes.  Durante la misma campaña de verano en la Antártida Argentina, en febrero pasado, otro grupo de paleontólogos de vertebrados, que hizo trabajos de campo en Caleta Santa Marta, en la isla James Ross, extrajo restos de un dinosaurio sauropodomorfa que se caracteriza por presentar un largo cuello y una pequeña cabeza. 

Los trabajos de campo en la isla Ross fueron hechos por Juan José Moly -Museo de La Plata-, Ariana Carabajal -CONICET y Museo Carmen Funes, Plaza Huincul- e Ignacio Cerda -CONICET e INIBIOMA, Neuquén-. Los dos equipos trabajaron desde un campamento y se exploraron diferentes unidades de la formación La Meseta, particularmente en dos que están datadas en 49 y 34 millones de años respectivamente.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/eoceno.htm


jueves, 30 de julio de 2026

Onactornis depressus, una gran ave depredadora.



Todos los Paleontólogos se ponen de acuerdo de que Onactornis depressus fue el ave corredora más grande de todas las épocas, hasta el descubrimiento de Kelenken. Su nombre significa "Jefes de las aves" y no es por nada. Su masa corporal está estimada en unos 800 kilogramos aproximadamente.

Todas las aves corredoras que se diversificaron en Sudamérica por lo general son carnívoras, por acepción de este ejemplar, el cual era carroñero, o por lo menos los investigadores creen esto. Su enorme tamaño y un cuerpo robusto y grande no reúne las características necesarias para ser un depredador. Pero seguro que su gigantesco cuerpo asustaba a otros depredadores como Thylacosmilus, apropiándose rápidamente de su presa mal herida o muerta.

Tenía un pico muy desarrollado y duro, especializado en romper huesos. Su tamaño era de aproximadamente de 2,5 metros de altura, y sus alas eran tan reducidas que prácticamente pasaban de ser percibidas. El desarrollo de grandes zonas de praderas y altos pastizales, sumados a la falta de depredadores primarios en el continente, es la explicación que encuentran los científicos para explicar la magnitud de estos fabulosos animales desaparecidos, los cuales, ecológicamente ocuparon los nichos ecológicos vacantes que dejaron los dinosaurios predadores luego de su extinción. 

Sus restos provienen principalmente de los depósitos sedimentarios de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, cuya antigüedad seria de 6 millones de años antes del presente. Otra especie conocida es Onactornis mendocinus.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/mioceno.htm

miércoles, 29 de julio de 2026

Nuevas huellas de perezosos gigantes emergen en las playas de Pehuen Co tras la marejada costera.

 






Las intensas marejadas registradas durante los últimos meses volvieron a poner al descubierto un valioso capítulo de la prehistoria bonaerense. En Playa del Barco, dentro de la Reserva Natural Pehuen Co–Monte Hermoso, afloraron nuevas huellas fósiles atribuidas a un perezoso gigante, probablemente un milodóntido que habitó la región hace entre 30.000 y 12.000 años.

El hallazgo fue realizado por Guillermo Morelli, quien dio aviso a la paleontóloga Teresa Manera. Posteriormente, un equipo integrado por investigadores de la Universidad Nacional del Sur y guardaparques efectuó el primer relevamiento para documentar las pisadas, que presentan un notable estado de conservación. Los especialistas estiman que podrían corresponder a una decena de huellas, aunque su número definitivo se conocerá tras completar los estudios.

Este tipo de descubrimientos es posible gracias a la erosión provocada por las tormentas, que remueven la arena y dejan expuestas las antiguas superficies donde quedaron impresas las pisadas de la megafauna del Pleistoceno. Sin embargo, el mismo proceso natural puede volver a cubrirlas en poco tiempo, haciendo que estos registros aparezcan solo de manera temporal.

Pehuen Co es reconocido internacionalmente por albergar uno de los yacimientos de huellas fósiles más importantes del mundo. En sus plataformas rocosas se conservan rastros de perezosos gigantes, gliptodontes, mastodontes, macrauquenias y numerosas aves, ofreciendo una extraordinaria ventana al paisaje pampeano de finales de la última Edad de Hielo.

Los investigadores recordaron que las huellas son extremadamente frágiles y solicitaron a los visitantes no caminar sobre las superficies rocosas donde afloran estos valiosos testimonios del pasado, fundamentales para reconstruir la historia natural de la región.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


lunes, 27 de julio de 2026

Un estudio argentino revela cómo evolucionaron los cetáceos a lo largo de millones de años.

 



Las ballenas, delfines y marsopas son algunos de los mamíferos más especializados del planeta, pero su extraordinaria adaptación al ambiente marino fue el resultado de un largo proceso evolutivo. Un nuevo estudio encabezado por especialistas del CONICET reconstruyó esa historia desde una perspectiva ecológica, revelando cómo estos animales modificaron sus formas de vida y ocuparon distintos nichos a lo largo de más de 50 millones de años.

Para llevar adelante la investigación, el equipo analizó información de más de un centenar de especies fósiles y actuales, evaluando características como el tamaño corporal, el tipo de alimentación, la locomoción, los órganos sensoriales y el hábitat. A partir de estos datos pudieron reconstruir los cambios ecológicos que acompañaron la evolución del grupo.

Los resultados muestran que la historia de los cetáceos estuvo marcada por varias radiaciones evolutivas, es decir, períodos en los que surgieron rápidamente numerosas especies adaptadas a diferentes modos de vida. Estas transformaciones estuvieron impulsadas tanto por cambios ambientales globales como por innovaciones anatómicas que permitieron explotar nuevos recursos en los océanos.

El estudio también permitió distinguir con claridad tres grandes grupos ecológicos: los arqueocetos, las primeras ballenas que aún conservaban rasgos de sus ancestros terrestres; los misticetos, las actuales ballenas con barbas filtradoras; y los odontocetos, el grupo que incluye a delfines, orcas y cachalotes, caracterizados por poseer dientes y sofisticados sistemas de ecolocalización.

Según los investigadores, comprender cómo los cetáceos respondieron a grandes cambios climáticos y ambientales del pasado no solo ayuda a reconstruir su historia evolutiva, sino que también aporta herramientas para entender cómo podrían enfrentar los desafíos que imponen las transformaciones actuales de los ecosistemas marinos.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


Los colmillos del Smilodon eran mucho más resistentes de lo que se creía.




Un reciente estudio sobre fósiles de megafauna hallados en Argentina aporta nuevas pruebas sobre la forma en que el Smilodon populator, el célebre tigre dientes de sable sudamericano, utilizaba sus impresionantes colmillos. La investigación demuestra que estos dientes no solo servían para abatir grandes presas, sino que también eran capaces de perforar huesos de gran dureza sin romperse, desafiando una de las hipótesis más aceptadas sobre la biología de este depredador.

El trabajo fue encabezado por la paleontóloga Yolanda Fernández-Jalvo y analizó restos fósiles procedentes del yacimiento de Salto de Piedra, en la provincia de Buenos Aires. Allí se identificaron perforaciones y surcos en huesos de mamíferos pleistocenos cuyas dimensiones y morfología coinciden con los colmillos de Smilodon. Las marcas incluso atraviesan el hueso cortical, la capa más compacta y resistente del esqueleto, lo que constituye una evidencia directa de la enorme fortaleza mecánica de estos caninos.

Durante décadas se consideró que los largos colmillos del tigre dientes de sable eran estructuras relativamente frágiles, adaptadas para penetrar tejidos blandos y evitar el contacto con el hueso. Sin embargo, los nuevos resultados indican que estos depredadores podían morder con suficiente potencia como para fracturar o perforar huesos, accediendo a la médula ósea y otros tejidos ricos en nutrientes. Este comportamiento amplía considerablemente lo que se conocía sobre su estrategia alimentaria.

El yacimiento de Salto de Piedra conserva una abundante fauna del Pleistoceno, integrada por perezosos gigantes, gliptodontes, mastodontes y otros grandes mamíferos que convivieron con el Smilodon. La excelente preservación de estos restos permitió reconstruir con mayor precisión las interacciones entre el gran felino y sus presas, aportando información clave sobre la ecología de los ecosistemas pampeanos durante la última Edad del Hielo.

Especialistas consultados destacan que este descubrimiento modifica la visión tradicional sobre la funcionalidad de los colmillos del Smilodon. En lugar de representar una limitación, estas estructuras habrían sido herramientas extraordinariamente resistentes, capaces de soportar elevadas cargas durante la alimentación. Además, las nuevas evidencias permitirán reconocer con mayor facilidad las huellas de depredación de este felino en otros conjuntos fósiles, mejorando la interpretación del registro paleontológico.

Para el paleontólogo Federico Agnolín, del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires (Lacev – Conicet), este tipo de evidencias permite comprender con mayor precisión el comportamiento de uno de los mayores depredadores que habitó Sudamérica durante el Pleistoceno. El investigador sostiene que las nuevas marcas identificadas en los fósiles refuerzan la idea de que Smilodon populator no era un cazador limitado al uso delicado de sus enormes colmillos, sino un felino capaz de ejercer una fuerza considerable sobre las presas y aprovechar al máximo sus recursos alimenticios. A su juicio, estos hallazgos contribuyen a revisar antiguos modelos sobre la función de los dientes de sable y ofrecen una visión más completa de la ecología de este emblemático carnívoro.

En conjunto, el estudio ofrece una perspectiva renovada sobre uno de los mayores depredadores que habitaron Sudamérica y refuerza la idea de que el Smilodon populator fue un cazador altamente especializado, dotado de una anatomía mucho más robusta y eficiente de lo que se suponía hasta ahora.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm