viernes, 20 de septiembre de 2019

Inauguraron el nuevo Museo de Ciencias Naturales de Miramar.










Quedo inaugurado formalmente el Museo de Ciencias Naturales de la localidad bonaerense de Miramar, por medio de un convenio entre el Municipio de General Alvarado y la Fundación Azara.
Miramar – En horas del mediodía del día viernes, con presencia de autoridades municipales, miembros de la Fundación Azara de historia natural, personal del museo, miembros de la Asociación de Amigos y público en general, quedo inaugurado el flamante Museo de Ciencias Naturales de Miramar.
La nueva institución, debe su origen al anterior museo, el cual contenía exhibiciones de ciencias naturales e historia local. Pero la necesidad de fundar un nuevo museo que coleccionara, estudiara y exponga las riquezas naturales de la región tiene vieja data. Los hallazgos paleontológicos y biológicos, sumado a la importante presencia en medios de comunicación de todo el mundo, logro que el municipio local y la fundación científica, firmaran  en febrero de este año, un convenio para crear en conjunto esta institución
La idea de abrirlo al público en esta fecha, es por el 131º aniversario de la ciudad. El edificio que fue destinado para este proyecto, incluyó el arreglo y adaptación de techos, paredes, electricidad y pintura entre otros trabajos, para poner en valor  la antigua “Casa de Huéspedes”, situada en el acceso al vivero dunícola “Florentino Ameghino”, un magnifico bosque artificial de unas 502 hectáreas.
Esta enorme casona de la década del “30”, fue adaptada para tal fin. En ella se prepararon ocho salas de exhibiciones, que incluyen grandes esqueletos de megafauna prehistórica, fósiles regionales, historia del “Hombre de Miramar” basado en antiguas hipótesis de los hermanos Ameghino, arqueología local, exhibición marina entre otras. Además de  modernos laboratorios de preparación y estudio, oficinas, depósitos de colecciones entre otros, citaron las fuentes.
El edificio del nuevo Museo de Ciencias Naturales, está rodeado de un magnifico parque, que incluye además criaturas de tamaño natural, como  los extintos gliptodontes o tigres dientes de sable, o criaturas marinas como el calamar gigante o la tortuga laúd, y otros para ir descubriendo en el paseo.
Además de las emotivas palabras del Intendente local German Di Cesare, y del Presidente de la Fundación Azara, Adrián Giacchino, se procedió a un reconocimiento público y merecido  a Daniel Boh y Mariano Magnussen, como miembros fundadores del nuevo museo.
 
El diente de sable que dio origen al Museo.
El fortuito hallazgo de huellas fósiles únicas en el mundo de un gran tigre dientes de sable (posteriormente denominado Felipeda miramarensis, en honor a la ciudad), encontradas cerca del muelle de pescadores por Mariano Magnussen en 2015, fueron recuperados y estudiado en conjunto con Daniel Boh, y científicos de la Fundación Azara, Universidad Maimónides, Museo Argentino de Ciencias Naturales y Conicet, fue el detonante para que autoridades locales pusieran en valor el antiguo chalet abandonado, y se convirtiera en un moderno museo dedicado únicamente a las ciencias naturales.
Más reconocimientos.
La Fundación Azara y la Universidad Maimónides, decidieron en conjunto que las salas llevaron los nombres de distinguidos investigadores y científicos de reconocimiento internacional, que basaron sus estudios y descubrimientos en las inmediaciones de la ciudad de Miramar. Entre ellos, los ya fallecidos Osvaldo Reig y Rosendo Pascual, como así también, al Doctor Eduardo Tonni, que estuvo presente en el acto.
El Nuevo Museo.
Originado de anteriores colecciones, tuvo gran auge en los últimos años por magníficos aportes a la paleontología y a la biología marina. El museo posee una gran cantidad de restos fósiles locales (de los últimos 4 millones de años) y otros colectados en distintas partes del país. Además de una importante cantidad de restos marinos, que van desde pequeñas criaturas a grandes ballenas, restos arqueológicos de antiguos grupos humanos entre otras colecciones, que conforman miles de piezas, de las cuales se tomaron las más pedagógicas para conformar las muestras exhibidas.
Fundación Azara  
Las investigaciones realizadas los últimos 18 años por la Fundación Azara aportaron más de 100 especies nuevas para la ciencia, tanto fósiles como vivientes. En sus colecciones científicas, abiertas a la consulta de investigadores de todo el mundo, se atesoran más de 200.000 objetos de geología, paleontología, botánica, zoología, arqueología y etnografía. Unos 300.000 jóvenes participaron de sus diferentes actividades educativas (talleres, charlas, visitas guiadas, clubes de ciencias) y las exhibiciones itinerantes fueron visitadas por más de 5.000.000 de personas en más de una veintena de países. Además gestiona varias instituciones del país.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

El nuevo Museo de Ciencias Naturales de Miramar está tomando forma.


Próximamente se inaugurará. En la foto Mariano Magnussen (Museo de Miramar) y Adrián Giacchino, (presidente de la Fundación Azara) monta los esqueletos de un perezoso gigante y un tigre dientes de sable. Foto de Liliana Olivieri.

Las refacciones en la sede que albergará a al nuevo Museo de Ciencias Naturales de Miramar marchan a paso firme en las distintas salas que albergarán la valiosa exposición local.

La idea es poder inaugurarlo para el 20 de septiembre como parte de los festejos del 131º aniversario de la ciudad, aunque teniendo en cuenta ciertos factores, incluyendo el clima, ese período se podría extender algunos días más.

En las próximas semanas estará culminada toda la parte interna del edificio que incluyó techo, paredes, electricidad y pintura entre otros trabajos, para poner en valor  la antigua “Casa de Huéspedes”, situada en el acceso al vivero dunícola “Florentino Ameghino” por avenida 26 y que en su momento supo albergar a ingenieros y demás funcionarios que desarrollaron tareas de investigación y cuidado del mencionado bosque implantado de 502 hectáreas.

Cabe señalar, que el proyecto cuenta con el trabajo conjunto del municipio de General Alvarado y la prestigiosa Fundación Azara que este fin de semana envió un camión con réplicas de animales prehistóricos que formarán parte de la exposición.

La añeja propiedad sufrió algunas modificaciones para adaptar las salas, que serán siete en total. Cuatro de ellas serán dedicadas a paleontología, también habrá un hall de entrada con información general,  un área sobre arqueología local y por último la galería  que integrará  todo lo relacionado a fauna marina.

“Quedará pendiente para después de la inauguración el armado del esqueleto de una o dos de las ballenas encontradas en las playas de Miramar. También en la nueva sede funcionará un laboratorio, depósitos, oficinas y baños, incluido uno adaptado para personas con discapacidad”, dijo a LA CAPITAL, el director del Museo de Miramar, Daniel Boh.

Cuando el bosque vivero dunícola pertenecía al Gobierno de Provincia, los ingenieros que venían a realizar tareas de investigación se alojaban en la renovada propiedad edificada en la década del ‘30.

En cercanías, está la conocida “Casa de los Presidentes”, que fue albergue justamente en distintos períodos, de políticos locales y nacionales, pero hoy se encuentra inutilizable ya que un durante un temporal cayó un árbol y dañó seriamente las instalaciones.

Fundación Azara  

Las investigaciones realizadas los últimos 17 años por la Fundación Azara aportaron más de 50 especies nuevas para la ciencia, tanto fósiles como vivientes.

En sus colecciones científicas, abiertas a la consulta de investigadores de todo el mundo, se atesoran más de 200.000 objetos de geología, paleontología, botánica, zoología, arqueología y etnografía.

Unos 300.000 jóvenes participaron de sus diferentes actividades educativas (talleres, charlas, visitas guiadas, clubes de ciencias) y las exhibiciones itinerantes fueron visitadas por más de 5.000.000 de personas en más de una veintena de países. Texto LaCapital. Foto Liliana Olivieri.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Darwin explorando Mendoza.

 
Si bien su paso fue fugaz, dejó importantes aportes al conocimiento de nuestros recursos naturales, geológicos y paleontológicos.

El camino del Inca fue también famoso, porque en 1835 fue recorrido por el expedición científica que presidía Carlos Darwin, quien narra que en la parte central de la precordillera, a una altura de 7.000 pies (2.150 metros sobre el nivel del mar), observó en la falda árida de un cerro unas columnas blancas: eran árboles petrificados. Once de ellos estaban silicificados, y de treinta a cuarenta, convertidos en un espato calcáreo de gruesa cristalización.
 

“Su descubrimiento y el origen de su nombre se supone sean debidos a algunos de los primeros habitantes de la región. (Mazza, Juan Isidro.) “Estas fuentes son citadas por C. Darwin (Voyage of the adventure and Beagle, 1839, vol. III, pág. 405), quien en su viaje de regreso de Mendoza a Chile pasó en ellas los días 29 y 30 de marzo de 1835.

Guiñazú afirma: El naturalista inglés Carlos Darwin, que visita estos parajes en 1835, pasando por Mendoza, a la que entra desde Chile por el paso del Portillo y cruzando por el centro de la Provincia, visita su capital y sale por Uspallata para volver a aquel país, dice:

“Poco a poco se aproxima el camino de la Cordillera, y antes de ponerse el sol del 28 de marzo penetramos en uno de los anchos valles, o mejor dicho, bahías que se abren en el llano; poco a poco se transforma también el valle en estrecha cañada, en la cual se encuentra la Villa Vicencio (como se llama a Villavicencio).
“Habíamos viajado todo el día sin encontrar una sola gota de agua, por lo cual nos hallábamos tan alterados como los mismos mulos. Con gran atención, pues, observamos el arroyo que corre por este valle. Es curioso ver cómo aparece el agua gradualmente; en el llano estaba el lecho del arroyo, seco absolutamente, y poco a poco se va notando más húmedo; después se ven charquitos, cada vez más próximos, hasta que acaban de reunirse y en Villavicencio nos encontramos ya en presencia de un precioso arroyuelo.

“Al siguiente día, 29 de Marzo---dice----, todos los viajeros que han atravesado los Andes han hablado de esta choza aislada que lleva el imponente nombre de Villavicencio. Paso dos días en este punto con objeto de visitar algunas minas próximas. La geología de esta región es muy curiosa. La cadena de Uspallata está separada de la cordillera principal por un largo llano, estrecho, depresión semejante a las que he observado en Chile; pero esta depresión es más elevada, porque se halla a 6000 metros sobre el nivel del mar. Esta cadena, en relación a la Cordillera, ocupa casi la misma posición geográfica que la gigantesca cadena del Portillo, pero tiene un origen muy diferente. Se compone de diversas especies de lavas submarinas, alternando con gres volcánica y otros depósitos sedimentarios notables; el total se parece mucho a algunas de las capas terciarias de la costa del Pacífico.
 

“Esta semejanza me hizo pensar que debería hallar maderas petrificadas, características de estas formaciones; y pronto adquirí la prueba de que no me había equivocado. En la parte central de la cadena, a una altura de 7000 pies, observé en una vertiente denudada algunas columnas tan blancas como la nieve. Eran árboles petrificados; once se hallaban convertidos en sílice y otros treinta o cuarenta en espato calizo groseramente cristalizado.

“Todas estaban partidas casi a la misma altura y se elevaban algunos pies sobre el suelo. Los troncos de estos árboles tenían cada uno de tres a cinco pies de circunferencia y se encontraban a pequeña distancia unos de otros, formando un solo grupo. M. Robert Brown ha tenido la amabilidad de examinar esas maderas y cree que pertenecen a la tribu de los pinos; tienen los caracteres de la familia de las araucarias, pero con ciertos puntos especiales de afinidad con el tejo. El gres volcánico en que se hallaban sumergidos estos árboles y en cuya parte inferior han debido crecer, se ha acumulado en capas sucesivas alrededor de su tronco, y todavía conserva la piedra la impresión o huella de la corteza.

“No se necesitan grandes conocimientos de geología para comprender los hechos maravillosos que indica esta escena, y, sin embargo, lo confieso, sentí al principio tal sorpresa que no quería creer en las pruebas más evidentes.
 

“Me encontraba en un lugar en que en otro tiempo un grupo de árboles hermosos había extendido sus ramas sobre las costas del Atlántico cuando este océano rechazado hoy a 700 millas de distancia (1226 kilómetros), venía a bañar el pie de los Andes.

“Estos árboles habían crecido en un terreno volcánico levantado sobre el nivel del mar, y después esta tierra, con los árboles que llevaba, se había hundido en las profundidades del océano. En esas profundidades, la tierra, otra vez seca, había sido recubierta por depósitos de sedimentos, y éstos, a su vez, por enormes avenidas de lavas submarinas; una de esas tiene un millar de pies de espesor; tales diluvios de piedra en fusión y los depósitos acuosos se habían reproducido cinco o seis veces consecutivas.

“El océano que tan colosales masas había tragado, debía ser muy profundo; después habían ejercido de nuevo su potencia las fuerzas subterráneas, y se veía ahora el lecho de ese océano, formando una cadena de más de 7000 pies de altura.

“Aparte de esto, las fuerzas siempre activas que a diario modifican la superficie de la tierra, habían ejercido también su imperio; porque esos inmensos cúmulos de capas se hallan ahora cortados por valles profundos, y los árboles petrificados salen hoy transformados en rocas donde antes levantaban su admirable copa verde.

“Ahora todo está desierto en este sitio; los mismos líquenes no pueden adherirse a estas petrificaciones que representan árboles antiguos. Por inmensos, por incomprensibles que parezcan estos cambios, todos se ha producido, sin embargo, en un período reciente, comparado con la historia de la Cordillera, y esta es también muy moderna comparada con muchas capas fosilíferas de Europa y América”

Carlos Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del mundo, edic. Madrid, 1899, Tomo II, pág. 148
 

Realmente las descripciones y colecciones de mayor valor realizadas a principios del siglo XVIII fueron las llevadas a cabo por Charles Darwin durante su viaje alrededor del mundo y que visitara Mendoza en el año 1835, después de su llegada a Valparaíso. Allí realiza grandes descubrimientos, no solo zoológicos, sino paleontológicos, geográficos y muchos otros más, lo que provocó una verdadera revolución científica con sus nuevas concepciones evolucionistas. Realizando descripciones de zonas mendocinas que aún hoy son admiradas por el quehacer de los naturalistas y los visitantes. Llegado a Valparaíso, dispuso pasar a Mendoza por el Paso del Portillo, a través del cual llegó a las planicies de lo que es Luján, admirado por la riqueza frutihortícola de la región y en compañía de Mariano González, quien era su guía y mandaba una recua de mulares y arrieros que ayudaban a la expedición, pero siempre maravillado, en sus memorias, por el extraordinario comportamiento social de todos y cada uno de sus acompañantes. Los habitantes de estas tierras y el conocimiento del gran número de aves que se podían ver fue un hecho que le llamo altamente la atención. (Morales Guiñazú, Cap. XVI, pág. 75-76-77-78)

También le llamó la atención la marcada diferencia entre la vegetación del lado chileno y el argentino, aunque sus clases de suelo son casi idénticas. “La misma observación se aplica a los cuadrúpedos y en menor grado a las aves y los insectos. Citaré como ejemplo los ratones, de los que obtuve treinta especies en este lado y no más de cinco del lado del Pacífico y ninguno de ellos eran idénticos”.

“Todo ello debido a la barrera geográfica de los Andes”.

“Una gran parte de los animales eran absolutamente idénticos a los de la Patagonia, como el agutí, la vizcacha, tres especies de armadillo, el avestruz, ciertas clase de perdices y otras aves que no se ven nunca en Chile”.

Tras largas jornadas de viaje y al llegar a Luján (Luján de cuyo), observaron hacia el sur grandes nubes rojizas y negras; era una inmensa bandada de langostas que volaban hacia el norte, produciendo un ruido ensordecedor y olor pestilente y a las cuales los pobres labriegos intentaron ahuyentar en vano, ya que dejaron sus chacras como el desierto.

 

Siguió su itinerario Darwin, “para descansar al lado del Río Luján (hoy río Mendoza) y que era una población rodeada de jardines.

“No pude descansar por haberme visto atacado por un numeroso sanguinario grupo de grandes chinches negras, de las pampas, pertenecientes al género Benchuca, una especie de Redùvius. Difícilmente hay cosa más desagradable que sentir correr por el cuerpo estos insectos, blandos y sin alas, de cerca de una pulgada de largos. Antes de efectuar la succión, son muy delgados, pero después se redondean y llenan de sangre y en ese estado se los aplasta con facilidad.

“Uno que cogí, estaba muy vacío. Puesto sobre una mesa y en medio de una porción de gente, si se le presentaba un dedo, el atrevido insecto sacaba inmediatamente su chupado y atacaba sin vacilar, y si se le dejaba, sacaba sangre. . . .”

Siguieron cabalgando a Mendoza y durante el trayecto compraron diversas frutas y el día siguiente lo pasaron en Mendoza, donde “la prosperidad de esa población ha declinado mucho en los últimos años”… ”ni la ponderada Alameda ni el paisaje son casi los mismos. Mi opinión es que esta ciudad es de estúpido abandono”.

Más adelante comenta que en la ciudad no se ven ni tan siquiera pequeños pájaros y todo es abandono.

Darwin regresó a Chile por el Paso de Uspallata, pasando por Villavicencio, y realizó numerosas observaciones geológicas (zona de las araucarias fósiles, hoy degradadas saqueadas por los turistas y los negociantes de fósiles).
 

Describió un sinnúmero de nuevas aves y pequeños mamíferos que nunca había visto antes, o que antes había podido dibujar y describir en la Patagonia norte y otros lugares que visitara.

Así cruzó nuevamente los Andes para volver a Chile, donde lo esperaba el Beagle, pero llevando un enorme bagaje de materiales que hoy siguen siendo en gran parte del conocimiento necesario para proseguir con el estudio de la fauna, no sólo de Mendoza, sino de toda la Argentina, aunque sus tipos y pieles no se hallan en nuestro museos, sino en el British Museum de Londres.

Estos materiales colectados por Darwin se componen por lo menos de 23 especies de aves y seis de mamíferos, y especies de peces y reptiles que son parte de la fauna argentina, pero que también se hallan en Mendoza y cuyas descripciones y dibujos fueron publicadas entre 1839 y 1843 en numerosos fascículos titulados2: Fuente; Blog de Villavicencio,  Internet y Bibliografía en nuestra web.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm
 

jueves, 5 de septiembre de 2019

Las aves del terror tendran presencia en el nuevo Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

 

Tiziana con cráneo de Mesembriornis milneedwardsi, un “Ave del Terror” preparado para la próxima muestra del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, próximo a inaugurar.

Colossosaurios, una nueva familia de dinosaurios a partir de fósiles mendocinos.



Se trata de los Colossosaurios, una categoría que agrupa a los vertebrados más grandes de toda la historia de la evolución.
Un grupo de científicos mendocinos, junto a colegas de Estados Unidos y Brasil, presentaron un estudio donde dan a conocer a todo el mundo una nueva familia de dinosaurios denominada 'Colossosauria' a través de la cual agrupan a los vertebrados más grandes que habitaron el planeta.
La nueva categoría fue desarrollada por un grupo de especialistas pertenecientes al Laboratorio y Museo de Dinosaurios de la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNCUYO, quienes trabajaron bajo la coordinación del doctor Bernardo González Riga, docente investigador y director del museo. El descubrimiento del nuevo linaje permite la agrupación de varias especies halladas en distintas partes del mundo y sobre todo a los cuatro colosos argentinos: Notocolossus, Patagotitan, Argentinosaurus y Puertasaurus.
El trabajo científico fue publicado en julio de este año en la prestigiosa revista Annais da Academia Brasileira de Ciencias. En ella se da cuenta que a través de diversos análisis anatómicos comparativos de restos fósiles, más el empleo de un software -llamado programa TNT- se pudo procesar cientos de datos para obtener hipótesis filogenéticas de parentesco en forma de 'árboles' basados en caracteres compartidos.
Consultado por Los Andes sobre la importancia de la nueva clasificación, Bernardo Gonzalez Riga explicó que la diferencia entre descubrir una especie y una familia: "Hay dos tipos de hallazgos; uno puede ser localizar restos y el otro es tomar esos restos y realizar en ellos análisis anatómicos muy detallados. Esto es lo que ocurrió con más de 400 fósiles de titanosaurios, cuyas características fueron procesadas por un software que permitió llegar a la conclusión de que estábamos ante una nueva familia a la que se la llamó Colossosaurios".
Consultado por Los Andes sobre la importancia de la nueva clasificación, Bernardo Gonzalez Riga explicó que la diferencia entre descubrir una especie y una familia: "Hay dos tipos de hallazgos; uno puede ser localizar restos y el otro es tomar esos restos y realizar en ellos análisis anatómicos muy detallados. Esto es lo que ocurrió con más de 400 fósiles de titanosaurios, cuyas características fueron procesadas por un software que permitió llegar a la conclusión de que estábamos ante una nueva familia a la que se la llamó Colossosaurios".
Así mismo el científico destacó que el avance en el conocimiento de una nueva familia "tiene más impacto que descubrir una especie, porque posibilita agrupar a varios tipos. Esta categorización agrupa ahora a los más grandes del mundo. El aporte radica en sintetizar el conocimiento anatómico que se tiene de los saurópodos titanosaurios, haciendo especial énfasis en su estudio filogenético, es decir en los parentescos".
González Riga detalló en este sentido uno de las características principales entre los integrantes de la nueva categoría estuvo dada por la anatomía ósea: "Son animales cuyos cuellos estaban entre 10 y 12 metros de largo y presentaban cabezas pequeña. Además tenían un saco aéreo para respirar y su metabolismo era más rápido, como el de las aves, y no tanto como reptiles"
"Su reproducción estaba dada mediante huevos y tenían un metabolismo elevado, además de que su tasa de crecimiento era rapidísima. Todos ellos eran herbívoros y sus dientes estaban adaptados para tomar los alimentos y arrastrarlos hacia su interior sin ser masticados. En este sentido sus masas corporales máximas tuvieron entre 50 a 70 toneladas", destacó.