jueves, 22 de octubre de 2026

Pablo Puerta, el técnico argentino que participa en el histórico rescate de dinosaurios bajo el mar Adriático.


 


Desde el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), en Chubut, hasta las aguas de Croacia, el técnico en paleontología y buzo argentino integra una expedición internacional que busca recuperar fósiles de dinosaurios de más de 120 millones de años. Los restos, ocultos bajo el mar y amenazados por la erosión, constituyen un patrimonio científico excepcional.

La recuperación de fósiles de dinosaurios suele asociarse con excavaciones en terrenos áridos, acantilados o extensas formaciones sedimentarias. Sin embargo, una campaña científica internacional desarrollada en Croacia está llevando la paleontología a un escenario mucho menos habitual: el fondo del mar Adriático.

Entre los integrantes de esta expedición se encuentra Pablo Puerta, Técnico Universitario en Paleontología del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), de Trelew, quien también cuenta con experiencia como buzo. Su participación resulta fundamental en una operación destinada a rescatar restos óseos de dinosaurios que permanecen sumergidos en la bahía de Kolone, sobre la costa de la península de Istria.

Se trata de una intervención de características inéditas, organizada para recuperar materiales fósiles que corren riesgo de deteriorarse por la acción del oleaje, los organismos marinos y las actividades humanas. La misión combina conocimientos paleontológicos, técnicas de extracción y procedimientos de trabajo subacuático que presentan desafíos muy diferentes a los de una excavación convencional.

La bahía de Kolone alberga un registro de enorme importancia para la paleontología europea. Aunque distintas localidades costeras de Croacia conservan cientos de huellas de dinosaurios, en este sector se encuentran los únicos restos óseos conocidos de dinosaurios no avianos recuperados en el país, según la información difundida por el MEF a través de Diario Jornada.

Entre los materiales identificados se destaca Histriasaurus boscarollii, un dinosaurio saurópodo que habitó la región hace aproximadamente entre 120 y 130 millones de años, durante el Cretácico Inferior. Los saurópodos fueron dinosaurios herbívoros caracterizados, en muchos casos, por sus largos cuellos y colas, sus cuerpos voluminosos y sus extremidades robustas. Sus representantes se diversificaron ampliamente durante la era Mesozoica y algunos alcanzaron dimensiones gigantescas.

La presencia de restos de estos animales en la actual costa croata aporta información sobre los ecosistemas que existieron en esta parte de Europa durante el Cretácico. En aquel entonces, la configuración geográfica de la región era muy diferente de la actual, con ambientes costeros e insulares vinculados a una historia geológica compleja. El valor del yacimiento no reside únicamente en la antigüedad de los fósiles, sino también en la posibilidad de estudiar materiales óseos de dinosaurios en un territorio donde el registro conocido había estado representado principalmente por huellas.

La participación de Puerta representa un aporte argentino a una iniciativa científica internacional que exige coordinar la experiencia de paleontólogos, técnicos y buzos profesionales.

La expedición cuenta con la dirección científica del paleontólogo estadounidense Matthew C. Lamanna, del Carnegie Museum of Natural History, de Pittsburgh, y con la participación de Brett Pickering, buzo profesional del Scripps Institution of Oceanography, especializado en operaciones subacuáticas. También intervienen profesionales de Estados Unidos, Alemania y Croacia. Recuperar fósiles bajo el agua requiere adaptar los métodos tradicionales de excavación. A diferencia de una cantera terrestre, donde es posible trabajar desde una superficie estable, los buzos deben realizar sus tareas en un ambiente condicionado por el movimiento del agua, la visibilidad y las características del fondo marino.

Para desprender los materiales se utilizan herramientas neumáticas, mientras que el levantamiento de los bloques exige sistemas especiales que permitan trasladarlos sin provocar daños en los fósiles. De acuerdo con información publicada por otros medios regionales, algunos de estos bloques de roca pesan entre 150 y 300 kilogramos. Para moverlos se emplean boyas especiales que permiten elevarlos desde el fondo y trasladarlos en una embarcación hasta un muelle.

La operación demanda una cuidadosa planificación. Cada pieza debe ser desprendida junto con parte de la roca que la contiene, una medida que permite preservar el material fósil durante su extracción y posterior manipulación. En este contexto, la experiencia técnica de Puerta en paleontología adquiere especial relevancia: la recuperación no consiste simplemente en retirar huesos, sino en preservar piezas que pueden encontrarse frágiles, parcialmente expuestas o integradas a bloques de sedimento y roca.

El objetivo de la campaña es extraer restos óseos de dinosaurios conservados en el fondo de la bahía de Kolone. Entre los hallazgos reconocidos en el yacimiento se encuentra el saurópodo Histriasaurus boscarollii, aunque la información publicada no detalla de manera exhaustiva qué huesos concretos está recuperando Puerta en cada jornada.

Esta distinción es importante: no todos los materiales fósiles pertenecen necesariamente a un mismo individuo, y la identificación de cada pieza requiere su documentación y estudio científico. La recuperación de los huesos junto con bloques de roca permite conservar información sobre su posición y relación con los sedimentos que los rodean. Esos datos pueden ser importantes para interpretar cómo quedaron enterrados los restos, las condiciones de preservación y las características del ambiente en el que se depositaron.

Una vez extraídos, los fósiles deberán ser acondicionados y estudiados por especialistas. El trabajo de laboratorio permitirá avanzar en su identificación anatómica y evaluar qué información aportan al conocimiento de los dinosaurios que habitaron esta región europea durante el Cretácico Inferior.

Por eso, la importancia de la campaña no se limita al rescate físico de los huesos: también consiste en conservar un registro que podría perderse si continúa expuesto a los procesos de deterioro.

Los restos se encuentran a poca profundidad, una circunstancia que facilita el acceso de los buzos, pero que también los expone a distintos agentes de degradación. El movimiento constante del agua puede erosionar la roca que contiene los fósiles y dejar progresivamente expuestos los huesos. A ello se suma la acción de organismos marinos y el impacto potencial de las actividades humanas en la zona costera.

Estos factores convierten la intervención en una carrera contra el tiempo. Si los materiales se fragmentan o desaparecen antes de ser documentados y recuperados, se perderá información paleontológica difícil o imposible de reemplazar. La campaña requiere, además, una logística compleja: el equipo debe preparar el equipamiento en tierra, organizar las inmersiones y transportar las herramientas y los bloques recuperados. Las condiciones meteorológicas y el estado del mar pueden limitar las horas de trabajo y obligar a modificar los planes.

Según los reportes sobre la expedición, los trabajos se desarrollan durante aproximadamente un mes, aunque la cantidad de fósiles presentes en el lugar hace prever que no será posible recuperar todo el material en una sola campaña. Por ello, se contempla la posibilidad de continuar las tareas en una próxima etapa.

La participación de Pablo Puerta vuelve a poner de relieve la importancia del trabajo técnico en la investigación paleontológica. Detrás de cada fósil recuperado existe una tarea especializada que abarca desde la extracción y el acondicionamiento hasta su preparación para el estudio científico. El Museo Paleontológico Egidio Feruglio es una institución reconocida por sus investigaciones sobre los dinosaurios y otros organismos del pasado, particularmente los registrados en la Patagonia. La experiencia acumulada en el trabajo con grandes restos fósiles encuentra en esta expedición un escenario distinto, donde los conocimientos paleontológicos deben combinarse con las exigencias de una intervención subacuática. El rescate de la bahía de Kolone demuestra, además, que los yacimientos paleontológicos no se encuentran únicamente en los paisajes que tradicionalmente asociamos con los grandes descubrimientos. Algunos permanecen ocultos bajo las aguas y requieren técnicas especializadas para poder ser estudiados.

Para Puerta, esta campaña constituye una oportunidad de aportar sus conocimientos a un proyecto internacional de características excepcionales. Para la ciencia, representa la posibilidad de preservar restos de dinosaurios que podrían desaparecer por la erosión y de recuperar información sobre una fauna que habitó Europa hace más de 120 millones de años. Fuentes: MEF, LU17 y Diario La Jornada.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


sábado, 17 de octubre de 2026

Un gigante sin nombre en la Patagonia: el titanosaurio que podría revelar una nueva especie de dinosaurio.

 



Después de casi dos décadas guardados en un museo de Río Negro, los fósiles de un enorme dinosaurio herbívoro volvieron a ser estudiados. Sus características anatómicas llamaron la atención de los paleontólogos, que consideran que podría tratarse de una especie diferente de las conocidas hasta ahora. Sin embargo, la falta de restos diagnósticos impide asignarle un nombre científico.

La Patagonia argentina vuelve a aportar información sobre los últimos dinosaurios que habitaron Sudamérica. Esta vez, la investigación se centra en los restos de un titanosaurio descubierto en Cerro Salamanca, cerca del paraje Bajo Santa Rosa, en la provincia de Río Negro. El animal habría vivido hace aproximadamente 67 o 68 millones de años, durante el Cretácico tardío, pocos millones de años antes de la extinción masiva que puso fin a la existencia de los dinosaurios no avianos.

El ejemplar, que habría alcanzado entre 15 y 18 metros de longitud, permaneció durante años en el Museo Paleontológico Municipal Héctor Cabaza, de Lamarque. Una nueva revisión de los fósiles permitió reconocer características poco habituales y abrió la posibilidad de que represente un taxón diferente de los identificados hasta el momento.  Los resultados fueron publicados en la revista científica internacional Journal of Vertebrate Paleontology, en un trabajo firmado por Flavio Bellardini y otros especialistas. La investigación no solo aporta información sobre la anatomía de este gran herbívoro, sino que también pone de relieve la importancia de volver a estudiar las colecciones paleontológicas que conservan los museos.

Los fósiles fueron recuperados entre 2008 y 2012 por jóvenes investigadores de la Universidad Nacional del Comahue y del CONICET, durante trabajos de campo en Cerro Salamanca. Una vez extraídos, los restos fueron trasladados al museo de Lamarque. En aquel momento, los investigadores reconocieron que pertenecían a un gran dinosaurio saurópodo, pero los materiales todavía necesitaban preparación y limpieza para poder ser analizados en detalle. Con el tiempo, las piezas fueron acondicionadas, aunque quedaron sin un estudio científico completo.

La oportunidad de retomar la investigación llegó en el marco de un proyecto iniciado en 2024 y vinculado con National Geographic, dedicado a revisar colecciones de museos y estudiar materiales fósiles que permanecían sin investigar o catalogar.

En ese contexto, el paleontólogo Flavio Bellardini examinó los restos conservados en Lamarque y, junto con otros especialistas, emprendió una nueva evaluación anatómica y comparativa. El trabajo permitió identificar rasgos que merecían una atención especial y situar al ejemplar dentro de la diversidad de titanosaurios que habitaron la Patagonia durante el Cretácico tardío.

La principal incógnita es si el dinosaurio representa una especie nueva. Las comparaciones realizadas por los investigadores indican que algunos de sus huesos presentan diferencias respecto de otros titanosaurios conocidos, pero todavía no existen suficientes elementos anatómicos para establecer una identificación definitiva. El problema es que el esqueleto se encuentra representado por restos fragmentarios. Entre los materiales recuperados hay dientes, costillas, huesos de las extremidades y vértebras de la cola, pero faltan otras partes que podrían aportar características decisivas para distinguirlo de especies ya descriptas.

En paleontología, no alcanza con encontrar un fósil diferente o poco habitual para establecer una nueva especie. Es necesario reconocer características anatómicas diagnósticas que permitan diferenciarla de otros dinosaurios y justificar científicamente esa distinción.

Por eso, los investigadores plantean la posibilidad de que se trate de un taxón distinto, pero mantienen abierta la cuestión de su identidad. El estudio aporta evidencias que sugieren una diversidad de titanosaurios mayor de la que se conocía para esa región y época, aunque será necesario encontrar más material para resolver el misterio.  Los cálculos realizados a partir de los restos indican que el animal habría medido entre 15 y 18 metros de longitud y aproximadamente tres metros de altura a la cadera.

Entre las piezas mejor conservadas se encuentran dos peronés, huesos de las patas traseras que miden casi un metro de largo. Estos elementos permitieron estimar las dimensiones del dinosaurio y también revelaron una característica anatómica especialmente llamativa.

Los huesos presentan una importante presencia de espacios internos asociados con el sistema de sacos aéreos. En distintos grupos de dinosaurios, estas estructuras del aparato respiratorio se extendían hacia el esqueleto y contribuían a reducir el peso de determinados huesos.

En el ejemplar de Cerro Salamanca, el grado de neumatización observado en los huesos de las patas llamó la atención de los investigadores. Este rasgo constituye uno de los aspectos más interesantes del material, aunque por sí solo no permite identificar una especie nueva. La presencia de estas estructuras también aporta información sobre la anatomía de los grandes saurópodos y sobre las adaptaciones que les permitían sostener cuerpos de dimensiones extraordinarias.

Otro elemento destacado del hallazgo es un diente de aproximadamente nueve centímetros de longitud. Otras piezas dentales recuperadas en las proximidades miden entre cuatro y cinco centímetros.

El desgaste de los dientes puede ofrecer información sobre los alimentos consumidos por un animal durante su vida. En este caso, la pieza de mayor tamaño presenta un desgaste marcado, interpretado por los investigadores como una señal compatible con el consumo de vegetales resistentes y de textura coriácea.

La historia de este titanosaurio demuestra que los descubrimientos paleontológicos no siempre comienzan con una nueva excavación. En ocasiones, el conocimiento avanza cuando los científicos vuelven a estudiar materiales recuperados décadas atrás, incorporando nuevas técnicas y comparaciones.

Por ahora, el gigante de Cerro Salamanca continúa sin nombre científico. Su identidad permanece abierta, pero los fósiles ya aportaron información valiosa sobre la anatomía, el crecimiento y la posible diversidad de los grandes dinosaurios herbívoros que habitaron la Patagonia poco antes del final de la era de los dinosaurios. Fuente: Diario Rio Negro y Journal of Vertebrate Paleontology.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm