jueves, 20 de agosto de 2026

Hallan fósiles de un gliptodonte Neosclerocalyptus, en el Pleistoceno del noreste cordobés.


 

Lo recuperado incluye fragmentos de anillos caudales y parte del tubo caudal del animal extinguido. Se suman a otros hallazgos previos en la zona de la laguna Mar Chiquita.

En Marull, localidad cordobesa del departamento San Justo, se concretó el rescate de nuevos restos fósiles que fueron hallados en sus cercanías. Se trata de un descubrimiento que aporta información de gran valor para el estudio de la fauna que habitó la cuenca de la laguna Mar Chiquita hace más de 10.000 años.

La intervención fue posible gracias a las gestiones realizadas por el municipio marullense ante la Dirección de Patrimonio Cultural de la Agencia Córdoba Cultura del Gobierno de Córdoba, organismo responsable de la preservación del patrimonio paleontológico provincial, que otorgó la autorización correspondiente para llevar adelante las tareas de recuperación.

El operativo fue coordinado por el técnico Carlos Luna, investigador del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR, CONICET–UNC), quien desarrolla investigaciones en la región desde hace casi dos décadas.

También participaron María Cecilia Prieto, Roberto Silva y Nahuel Núñez, estos dos últimos colaboradores del Centro de Informes y Promoción Turística de Marull. Gabriel Faletto, el intendente, también estuvo en el lugar.

Los materiales recuperados incluyen fragmentos de anillos caudales y parte del tubo caudal de un gliptodonte, cuyas características morfológicas permiten identificarlo como perteneciente al género Neosclerocalyptus, uno de los integrantes más abundantes de la megafauna que habitó el territorio sudamericano durante el Pleistoceno.

En el mismo sector también se recuperaron otros restos fósiles que actualmente se encuentran en proceso de limpieza, consolidación y estudio para determinar con mayor precisión su relevancia taxonómica y paleoambiental.

Una vez concluidas las tareas de conservación e investigación, las piezas serán depositadas y exhibidas en el nuevo Centro de Informes y Promoción Turística de Marull, donde pasarán a formar parte del patrimonio que podrá ser conocido por vecinos, estudiantes y visitantes.

Este nuevo hallazgo reafirma la importancia paleontológica de la región de la Laguna Mar Chiquita, reconocida por albergar algunos de los sitios fósiles más relevantes de la provincia de Córdoba, con registros de gliptodontes, mastodontes, perezosos gigantes, tigres dientes de sable y otras especies que integraron la megafauna sudamericana. Fuente; La Voz.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


martes, 18 de agosto de 2026

Tras las huellas del megaterio. Plantas y animales que la última extinción olvidó.

 

Es un libro publicado en 2021 por los investigadores Federico L. Agnolin, Agustín M. Agnolin y Elián L. Guerrero, editado por la Fundación de Historia Natural Félix de Azara. La obra explora la coevolución entre la megafauna extinta del Pleistoceno sudamericano y la flora actual. Explica cómo frutos actuales (como la palta, la papaya o el zapallo) dependían de los grandes animales para esparcir sus semillas. Analiza qué plantas y animales lograron subsistir tras la gran extinción de la megafauna.
 

sábado, 15 de agosto de 2026

Un tigre dientes de sable en Miramar🐾

 


Felipeda miramarensis es un tigre dientes de sable conocido a partir de las huellas fósiles recuperadas en la ciudad de Miramar, Argentina
🇦🇷
El increíble hallazgo paleontológico, único en su tipo a nivel mundial, tuvo lugar en septiembre de 2015 en la ciudad balnearia de Miramar, situada a unos 450 kilómetros de Buenos Aires. 
 
Pero Felipeda miramarensis no estaba solo. En aquellos antiguos pantanos, hace unos 100 mil años, otras criaturas también dejaron sus huellas. Se registraron aves de más de un metro de altura y roedores gigantes, entre otros.
 
🌟Este sitio es estudiado por el equipo de paleontología de la Fundación Azara.
 

viernes, 14 de agosto de 2026

Chiniquodon theotonicus, una ventana al origen de la reproducción de los mamíferos.

 


Un fósil de 236 millones de años hallado en Argentina aporta una de las evidencias más antiguas de reproducción mediante nacimiento de crías vivas en el linaje que conduce a los mamíferos.

Hace unos 236 millones de años, cuando los primeros dinosaurios comenzaban a diversificarse y los ecosistemas terrestres se recuperaban de una de las mayores crisis biológicas de la historia, un pequeño depredador recorría los ambientes del actual noroeste argentino.

Era Chiniquodon theotonicus, un cinodonte, integrante de un antiguo linaje de sinápsidos estrechamente relacionado con el origen de los mamíferos. A simple vista, sus restos fósiles podrían parecer una pieza más dentro de la compleja historia evolutiva de estos animales. Sin embargo, escondida en el interior de uno de sus huesos quedó registrada una señal que podría cambiar nuestra visión sobre cómo se reproducían los primeros integrantes de este linaje.

El descubrimiento surgió del estudio microscópico de los huesos de un ejemplar adulto de Chiniquodon theotonicus. Los investigadores identificaron una estructura conocida como línea neonatal, una marca que se forma en el tejido óseo asociada al profundo cambio fisiológico que ocurre alrededor del nacimiento.

Esta señal es extremadamente difícil de encontrar en el registro fósil. Su presencia permitió reconstruir parte de la historia del crecimiento del animal y estimar su tamaño al nacer.

Los resultados indican que el ejemplar habría pesado aproximadamente 1,7 kilogramos al nacer y unos 12 kilogramos como adulto. Es decir, la cría representaba cerca del 14 % del peso corporal del animal adulto.

La cifra adquiere especial importancia cuando se la compara con los animales actuales. La proporción entre el peso de las crías y el de los adultos se parece mucho más a la observada en los mamíferos placentarios que a la registrada en reptiles y aves que nacen de huevos.

Los investigadores interpretan que la combinación de la línea neonatal y el tamaño relativamente grande de la cría constituye una fuerte evidencia de que Chiniquodon theotonicus podría haber sido vivíparo, es decir, que habría dado a luz crías vivas en lugar de poner huevos.

De confirmarse, la conclusión tendría importantes consecuencias para la historia evolutiva de los mamíferos. La viviparidad habría aparecido en el linaje mamaliano entre 90 y 95 millones de años antes de lo que se consideraba hasta ahora.

No estamos, por supuesto, ante un mamífero propiamente dicho. Chiniquodon pertenece a los cinodontes, un grupo que precede a los primeros mamíferos verdaderos. Precisamente por eso el hallazgo resulta tan importante: una característica que hoy asociamos estrechamente con los mamíferos podría haber aparecido mucho antes de su origen.

Los cinodontes prosperaron durante el Triásico, un período de grandes transformaciones ecológicas posteriores a la extinción masiva del final del Pérmico. Los ecosistemas estaban sometidos a una intensa competencia, fuerte presión de los depredadores y, en numerosas regiones, condiciones de aridez y marcada estacionalidad.

 

En ese escenario, mantener los embriones dentro del cuerpo materno podría haber ofrecido una ventaja. La viviparidad permite proteger el desarrollo embrionario frente a condiciones ambientales adversas y reducir la exposición de los huevos a la desecación o a los cambios extremos del ambiente.

Así, una innovación reproductiva que hoy caracteriza a la enorme mayoría de los mamíferos pudo haber comenzado a desarrollarse en un mundo muy diferente, mucho antes de que aparecieran los mamíferos modernos. El hallazgo es extraordinario, pero los propios investigadores señalan que todavía quedan preguntas por responder.

El fósil de Chiniquodon theotonicus no conserva una cría dentro del cuerpo de la madre ni un embrión asociado que permita demostrar directamente el nacimiento de una cría viva. La interpretación surge de la evidencia histológica y de las comparaciones entre el tamaño estimado del recién nacido y el adulto. Por ello, serán necesarios nuevos ejemplares para determinar si la viviparidad era una característica extendida entre los cinodontes o una adaptación particular de esta especie.

De hecho, otros parientes antiguos muestran que la reproducción mediante huevos persistió en algunos linajes. Esto sugiere que la evolución de las estrategias reproductivas fue mucho más compleja de lo que una simple transición entre “poner huevos” y “dar a luz” podría indicar.

Durante décadas, los paleontólogos han intentado determinar cuándo aparecieron algunas de las características que terminarían definiendo a los mamíferos. El nuevo estudio agrega una pieza inesperada a ese rompecabezas.

Un pequeño anillo microscópico conservado en un hueso durante 236 millones de años podría estar revelando que algunos cinodontes ya habían adquirido una estrategia reproductiva que hoy reconocemos como típicamente mamaliana. Si futuros descubrimientos confirman esta interpretación, la historia del nacimiento de los mamíferos deberá retroceder decenas de millones de años.

Y una vez más, el registro fósil demuestra que las grandes transformaciones evolutivas no siempre quedan grabadas en grandes esqueletos. A veces, una diminuta marca microscópica puede ser suficiente para cambiar una historia de cientos de millones de años. Fuente; Infobae.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


Chaceon peruvianus, un cangrejo del Mioceno de Patagonia.

 



Es un género de cangrejos marinos. Vivía en aguas templadas, poco profundas y cerca de la costa. Al igual que en sus parientes actuales, usaba sus pinzas para separar los trozos de comida (invertebrados y pequeños vertebrados) al momento de alimentarse. Este espécimen fue hallado junto a varios cangrejos y otros invertebrados en la zona costera de Península Valdés, Patagonia Argentina.

Los sedimentos donde se encontraron los fósiles contienen ceniza volcánica. Aunque los volcanes estaban a más de 650 kilómetros de la costa atlántica de donde vivían estos animales, hay estudios que sugieren que los crustáceos fueron víctimas de afecciones respiratorias debido al efecto de las cenizas volcánicas en el tejido blando de su sistema respiratorio. Éste es un cangrejo fósil cuya taxonomía ha sido cambiada numerosas veces en diferentes géneros.

Su caparazón podía llegar a medir hasta treinta centímetros de anchura y diecisiete de longitud y era redondeado, con cinco dientes poco marcados a cada lado de los ojos, en el borde anterior. Las pinzas eran más cortas que las demás patas, de dedos suavemente curvados y notablemente dentados. El segundo par de patas era muy ligeramente más corto y fino que los tercer, cuarto y quinto pares, los cuales eran más o menos idénticos en tamaño y proporción.

Vivió durante el Eoceno medio, desde hace cuarenta y nueve millones de años, aunque durante mucho tiempo se había pensado que era propio del Mioceno. Se distribuía por el cono sur de América, en la Patagonia. Vivía en las aguas profundas, los juveniles vivían en aguas más profundas que los adultos, y dentro de éstos, los machos vivían en aguas más profundas que las hembras. Era carnívoro, alimentándose de moluscos y gusanos del lecho marino. Los juveniles de esta especie muestran muchas características en común con los adultos de Proterocarcinus latus. Otros cangrejos extintos de la Patagonia son Archaeogeryon peruvianus y Archaeogeryon patagonicus.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm