martes, 21 de abril de 2026

Un fósil histórico, hallado en 1770 y que cambio todo lo que se conocía.

 





El Mosasaurus hoffmanni, descrito por Mantell en 1829 y conocido como el “la gran bestia de Maastricht”, vivió durante el Cretácico superior, hace aproximadamente 68 millones de años.

Fue en la ciudad de Maastricht, en los Países Bajos, donde se hallaron los primeros restos de mosasaurios. Hacia 1770, el descubrimiento de un enorme cráneo, cuyas mandíbulas alcanzaban 1,2 metros de longitud, causó gran sensación. Este fósil, muy codiciado, terminó siendo trasladado en 1795 a París como trofeo de guerra, incorporándose desde entonces a las colecciones del museo parisino.

El naturalista Georges Cuvier estudió estos restos y reconoció en ellos a un gigantesco lagarto marino, emparentado con los actuales varanos. Los mosasaurios podían alcanzar hasta 15 metros de longitud. Su cuerpo alargado y fusiforme, su cola comprimida lateralmente y sus extremidades transformadas en aletas los convertían en animales perfectamente adaptados a la vida acuática.

Pero más allá de su imponente tamaño, este hallazgo tuvo una trascendencia histórica fundamental: se convirtió en una de las primeras pruebas contundentes de la existencia de criaturas extinguidas, en una época en la que aún se debatía si las especies podían desaparecer. El estudio de este fósil por parte de Cuvier contribuyó decisivamente al desarrollo de la paleontología como ciencia y al surgimiento del concepto moderno de extinción, desafiando las ideas tradicionales del siglo XVIII sobre la inmutabilidad de la naturaleza. En este sentido, la “bestia de Maastricht” no solo reveló un depredador del pasado, sino que abrió una nueva forma de comprender la historia de la vida en la Tierra.

Conoce más de este animal en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


Paleoteius lakui, un nuevo lagarto que ilumina la Patagonia del fin de los dinosaurios.

 







El hallazgo de un diminuto reptil fósil en la Patagonia argentina está arrojando nueva luz sobre uno de los momentos más decisivos en la historia de la vida en la Tierra. Se trata del lagarto terrestre más completo registrado hasta ahora para el Cretácico tardío en Sudamérica, un período inmediatamente anterior a la gran extinción que puso fin a la era de los dinosaurios. Este descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre estos animales, sino que también permite comprender mejor su evolución en los continentes del hemisferio sur.

El estudio fue llevado adelante por un equipo internacional liderado por investigadores del CONICET, con base en el Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales. Los restos fósiles fueron encontrados en la provincia de Río Negro y corresponden a un reptil que vivió hace aproximadamente 70 millones de años.

La nueva especie fue denominada Paleoteius lakui y proviene de sedimentos de la Formación Allen, en el yacimiento Salitral Ojo de Agua. Este sitio ya había cobrado notoriedad recientemente por otros hallazgos relevantes, lo que refuerza su importancia dentro del registro paleontológico de la región.

De acuerdo con los especialistas, se trataba de un animal pequeño, de poco más de 15 centímetros de longitud. Su cráneo presentaba una superficie ornamentada con pequeñas protuberancias, y sus mandíbulas estaban equipadas con numerosos dientes finos y uniformes, probablemente adaptados a una dieta insectívora. A pesar de su tamaño, el ejemplar hallado conserva gran parte del esqueleto, incluyendo secciones clave del cráneo, algo excepcional para este tipo de reptiles.

Los lagartos y lagartijas rara vez se preservan en el registro fósil debido a la fragilidad de sus huesos. Por eso, este hallazgo resulta particularmente valioso: llena un vacío de decenas de millones de años en el conocimiento de estos animales en la Patagonia, donde prácticamente no existían registros comparables.

El análisis del fósil requirió la aplicación de tecnologías de vanguardia. Mediante microtomografía computada, los investigadores lograron reconstruir digitalmente la anatomía interna del ejemplar con altísima precisión, sin necesidad de intervenir físicamente los restos. Este trabajo se realizó en colaboración con la Comisión Nacional de Energía Atómica, lo que permitió generar modelos tridimensionales fundamentales para el estudio anatómico detallado.

A su vez, el abordaje incluyó herramientas de computación de alto rendimiento proporcionadas por la Universidad Nacional de Córdoba, indispensables para llevar adelante los análisis filogenéticos que permiten establecer relaciones evolutivas entre especies.

En este sentido, los resultados fueron reveladores. El registro fósil de lagartos mesozoicos en el hemisferio sur es extremadamente limitado —apenas unas pocas especies— en comparación con las más de 150 conocidas en el hemisferio norte. En ese contexto, Paleoteius no solo incrementa la diversidad conocida, sino que además representa un linaje hasta ahora desconocido en Sudamérica.

Los estudios indican que este reptil puede ubicarse dentro del grupo de los Scincomorpha, un conjunto muy diverso de lagartos actuales distribuidos globalmente, pero que carecía de registros fósiles en esta región. Asimismo, sus posibles parientes cercanos habrían tenido una distribución amplia en otros continentes, lo que sugiere que estos reptiles ya estaban diversificados en el antiguo supercontinente Gondwana.

El descubrimiento de Paleoteius lakui constituye, en definitiva, una pieza clave para reconstruir la historia evolutiva de los reptiles poco antes del evento de extinción masiva que transformó radicalmente la vida en el planeta. Además, pone de relieve el valor de la investigación interdisciplinaria y la cooperación entre instituciones científicas.

El proyecto, que forma parte de una línea de investigación más amplia sobre el final de la era de los dinosaurios en Patagonia, contó con el respaldo de la National Geographic Society y la participación de múltiples instituciones, incluyendo la Fundación Félix de Azara, el Museo Patagónico de Ciencias Naturales y colaboradores internacionales.

Fuente: Conicey, y  Agnolín, F. L., Aranciaga-Rolando, M., Álvarez-Herrera, G., Ezcurra, M. D., Rodríguez, A. M., Chafrat, P., … & Novas, F. E. (2026). A new late Cretaceous squamate from Patagonia sheds light on Gondwanan diversity. Scientific Reports.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


martes, 14 de abril de 2026

Alnashetri cerropoliciensis, un nuevo pequeño pero increíble dinosaurio del Cretácico superior de Rio Negro.




Un fósil patagónico de 95 millones de años reescribe la historia de los dinosaurios alvarezsaurios. El descubrimiento, protagonizado por paleontólogos del CONICET y colegas de Estados Unidos, se publicó en la prestigiosa revista Nature.

En el árido paisaje de La Buitrera, al norte de Río Negro, un equipo internacional de paleontólogos halló un fósil excepcionalmente completo que está cambiando la manera en que entendemos la evolución de los alvarezsaurios, un grupo enigmático de pequeños dinosaurios carnívoros. El descubrimiento, liderado por investigadores del CONICET junto a colegas de Estados Unidos, fue publicado en la prestigiosa revista Nature. 

El hallazgo corresponde a Alnashetri cerropoliciensis, un dinosaurio de apenas 70 centímetros de largo y un kilogramo de peso, que vivió hace unos 95 millones de años en el Cretácico Superior. Su excelente preservación permitió observar detalles inéditos de la dentición y el cráneo, así como confirmar que estos animales ya eran diminutos antes de especializarse en dietas insectívoras, desafiando la hipótesis de que su tamaño reducido se debía a la mirmecofagia. 

Los alvarezsaurios son un grupo de dinosaurios carnívoros, surgido hace unos 150 millones de años, caracterizado por sus cuerpos livianos, cabezas pequeñas y dientes diminutos y numerosos. La mayor parte de sus representantes conocidos fueron encontrados en Mongolia, China y Argentina, aunque también han aparecido en otros lugares del mundo. Entre las características que los diferencian de otros carnívoros se destacan los brazos pequeños, que en las especies más tardías alcanzaron un grado tal de reducción que solo tenían un único dedo en la mano, con una garra robusta, mientras que los demás dedos eran mucho más pequeños o casi inexistentes. Estas adaptaciones han llevado a muchos paleontólogos a considerar que excavaban los termiteros y usaban una larga lengua para alimentarse como osos hormigueros. Por este motivo, se ha propuesto que estos dinosaurios se hicieron pequeños debido a su especialización en comer insectos. Sin embargo, el hallazgo de Alnashetri, un diminuto alvarezsaurio basal, viene a demostrar que esto no fue así.

Los análisis filogenéticos revelan que Alnashetri ocupa una posición basal dentro del linaje, lo que indica que los alvarezsaurios se originaron en Pangea y se dispersaron por distintos continentes antes de la fragmentación. Este hallazgo también permitió reclasificar fósiles previamente misteriosos de Norteamérica y Europa como miembros del grupo. 

“Este ejemplar nos muestra que los alvarezsaurios no se hicieron pequeños por su dieta, sino que siempre fueron de escaso tamaño”, explica Sebastián Apesteguía, investigador del CONICET y responsable directo del hallazgo.  El nuevo espécimen de Alnashetri es el ejemplar más completo y de menor tamaño de un alvarezsaurio descubierto hasta ahora en Sudamérica. De la totalidad del esqueleto solo faltan el techo del cráneo, partes de la cola y porciones del lado derecho.

El hallazgo y estudio de un nuevo ejemplar tan bien preservado y completo de un alvarezsaurio que vivió en Sudamérica hace unos 95 millones de años es importante porque nos permite comprender cómo y dónde evolucionó este enigmático linaje de dinosaurios carnívoros, y cómo se diversificó en diferentes continentes. El nuevo ejemplar también suministra información fundamental sobre la evolución corporal del grupo, al cuestionar ideas previas, como la constante miniaturización lo largo de la evolución

El estudio, que contó con el apoyo de la National Geographic Society, fue encabezado por el investigador Peter J. Makovicky, de la University of Minnesota, The Field Museum y Stony Brook University (Estados Unidos), junto a Jonathan S. Mitchell, del Coe College (Estados Unidos). Por parte del CONICET fue encabezado por Sebastián Apesteguía, Jorge Meso, también participó Federico A. Gianechini, del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis. (IMIBIO-SL, CONICET-UNSL) con la colaboración de Fundación Azara.

Referencia bibliográfica:

Makovicky, P.J., Mitchell, J.S., Meso, J.G. et al. Argentine fossil rewrites evolutionary history of a baffling dinosaur clade. Nature (2026). https://doi.org/10.1038/s41586-026-10194-3

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm