domingo, 26 de abril de 2026

Hallan posibles restos de Notosuchus terrestris, un antiguo cocodrilo que vivió en el Cretácico de Río Negro



Los fósiles recuperados en Paso Córdoba, General Roca, brindan claves para entender mejor la diversidad y evolución de estos reptiles en la Patagonia.

En el Área Natural Protegida Paso Córdoba, ubicada en la ciudad de General Roca, provincia de Río Negro, un grupo de especialistas del CONICET hallaron fósiles de una especie de cocodrilo que vivió hace aproximadamente 85 millones de años.

"El material fue encontrado por Facundo Riguetti, becario posdoctoral del CONICET, quien reconoció un fragmento de cráneo y me llamó para ir a ver. A partir de ese momento, comenzamos a abrir hacia los laterales para evaluar la extensión del fósil, es decir, determinar cuánto material se había preservado y así poder decidir la mejor forma de extraerlo. En un primer momento, y ante la aparente ausencia de otros restos, se resolvió retirar el cráneo. Sin embargo, al continuar con la excavación, comenzaron a aparecer más huesos correspondientes al postcráneo, como vértebras, partes de la pata y otros elementos", explica Agustina Lecuona, investigadora del CONICET con lugar de trabajo en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN).

Los fósiles descubiertos presentan rasgos típicos de los cocodrilos de la época a la que pertenecen, correspondientes a la Formación Bajo de la Carpa. Este ambiente, explica Lecuona, se habría originado en un sistema fluvial efímero, es decir, en un entorno de cursos de agua pequeños que se evaporaban rápido, combinado con sectores de carácter eólico, con predominio de la acción del viento, similar a un desierto.

Por las características observadas en los materiales recuperados, los investigadores infieren que se trataría de Notosuchus terrestris, una de las especies más abundantes de la Patagonia, y de la cual se conocen numerosos ejemplares, incluso en distintos estadios de desarrollo.

"En general, dependiendo del grupo taxonómico, es posible estimar el tamaño de un individuo adulto, a partir del largo total del cráneo, del largo del fémur, del húmero, u otros indicadores según el grupo. En este caso solo tenemos el fémur casi completo, por lo que usando este parámetro se podría inferir un tamaño aproximado de un metro sin considerar la cola", detalla la investigadora.

Cabe mencionar que los cocodrilos de esta época diferían notablemente de los actuales. Lejos de ser grandes depredadores acuáticos que acechan en ríos, se trataba de animales más pequeños y adaptados a la vida completamente terrestre. Su postura también era distinta, caminaban con las patas erguidas, ubicadas por debajo del cuerpo, lo que les daba un andar más ágil y elevado, similar al de un mamífero actual, en contraste con la marcha más esparrancada y cercana al suelo de los cocodrilos modernos.

La relevancia del hallazgo radica en la preservación de ciertas regiones del esqueleto que hasta ahora eran poco conocidas en Notosuchus. A pesar de tratarse de una especie muy abundante, en otros ejemplares estas partes suelen aparecer incompletas o mal conservadas.

Este nuevo material permitiría conocer con mayor detalle sus características anatómicas y, a partir de ello, desarrollar otros estudios, como análisis biomecánicos de las extremidades. Esto ayudaría a comprender mejor su forma de desplazarse -por ejemplo, si podía correr y de qué manera lo hacía-, así como avanzar en distintas líneas de investigación orientadas a conocer su paleobiología, es decir, cómo era este animal cuando habitaba la Tierra.

Lecuona destaca que: “Si, por el contrario, no se tratara de la especie mencionada, el hallazgo sería tan o más relevante, ya que se conocen pocas especies de cocodrilos en Paso Córdoba, y en estos casos, suelen estar representadas por un único ejemplar, tales como Comahuesuchus brachybuccalis o Wargosuchus australis”.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


viernes, 24 de abril de 2026

Patagoniaemys aeschyli, una nueva especie de tortuga gigante para el Cretácico de Río Negro.



Un equipo de paleontólogos argentinos anunció el descubrimiento de una nueva especie de tortuga fósil que vivió hace unos 70 millones de años en la Patagonia. El hallazgo, realizado en la Estancia Nueva Poupeé, cerca de Arroyo Ventana, contribuye a comprender mejor la diversidad de reptiles hacia el final de la era de los dinosaurios. La tortuga finalmente será custodiada por el Museo Provincial “María Inés Kopp” en Valcheta.

El ejemplar recuperado incluye partes del cráneo, caparazón y esqueleto, lo que permitió a los investigadores identificar características únicas. Entre ellas se destacan unas crestas longitudinales en el caparazón, rasgo distintivo que no se observa en otras especies conocidas del mismo grupo.

Se trataba de una tortuga de tamaño considerable: su caparazón podía alcanzar unos 80 centímetros de largo. Su anatomía revela una combinación de rasgos primitivos y derivados, lo que la ubica dentro de una rama originaria del grupo, y además sugiere que era una especie de hábitos posiblemente anfibios, que pasaría su tiempo tanto en tierra firme como en ríos o lagunas.

La nueva especie fue denominada Patagoniaemys aeschyli y pertenece a un grupo de tortugas extintas conocidas como Meiolaniformes, famosas por incluir formas robustas e incluso con cuernos en el cráneo. Estos animales habitaron principalmente en los continentes del hemisferio sur, como Sudamérica y Australia, durante gran parte de la historia geológica.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que las tortugas de la Patagonia no fueron severamente afectadas por la extinción masiva que marcó el final de los dinosaurios. Los datos indican que varias líneas diferentes de reptiles con caparazón, incluyendo los Meiolaniformes, lograron sobrevivir el evento, mostrando una notable continuidad entre las faunas antes y después del evento de extinción.

Los investigadores aún desconocen por qué la gran extensión del meteorito no afectó a las tortugas. Una de las hipótesis indica que, al ser animales de metabolismo muy bajo y que pueden tolerar épocas hostiles hibernando semienterrados en barro o en madrigueras, puede que hayan sobrevivido de esta manera al impacto del meteorito.

El estudio fue encabezado por investigadores del LACEV-Museo Argentino de Ciencias Naturales, Fundación de Historia Natural “Félix de Azara” y Museo “Egidio Feruglio” de la provincia de Chubut. La tortuga finalmente será custodiada por el Museo Provincial “María Inés Kopp” en Valcheta.

Este hallazgo es fruto del trabajo conjunto entre investigadores, instituciones científicas y la Secretaría de Cultura de Río Negro. A través de la Dirección de Patrimonio y Museos, autoridad de aplicación de la Ley Provincial N° 3041, se gestionan las investigaciones que ponen en valor el patrimonio natural y cultural.

Asimismo, este trabajo fortalece el desarrollo científico y su divulgación en la comunidad. Así, el descubrimiento no solo enriquece el conocimiento paleontológico, sino que posiciona a Río Negro como referente internacional, articulando ciencia y gestión pública para proteger el pasado y proyectar el futuro.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

jueves, 23 de abril de 2026

La historia del ataque de un tiburon blanco en Miramar , y los registros paleontologicos y arqueologicos en un nuevo libro.

 


Una nueva publicación reconstruye el único ataque documentado de un tiburón blanco en la Argentina y revive uno de los episodios más impactantes de la costa bonaerense.

En el verano de 1954, la tranquilidad de Miramar se quebró en cuestión de segundos. Lo que parecía una jornada más de playa se convirtió en un hecho sin precedentes: un joven fue atacado por un tiburón en aguas argentinas. Setenta años después, ese episodio vuelve a cobrar vida en el libro Crónica de un tiburón en Miramar, de Marcela Junín y Mariano Magnussen.

La obra, publicada en 2026, propone una reconstrucción minuciosa del caso, combinando testimonios, archivos históricos y aportes científicos. El resultado es una narración que no solo recupera el dramatismo del ataque, sino que también contextualiza el fenómeno dentro del conocimiento actual sobre el Carcharodon carcharias.

El hecho ocurrió el 22 de enero de 1954, cuando Alfredo Aubone nadaba a pocos metros de la costa. En un ataque tan violento como inesperado, un tiburón lo hirió gravemente. Contra todo pronóstico, sobrevivió gracias a un rescate inmediato y a una intervención médica extraordinaria para la época.

El libro revela detalles poco conocidos: desde el contexto previo marcado por un fenómeno oceánico inusual en la región, hasta el análisis posterior de un fragmento de diente que permitió identificar al animal como un ejemplar juvenil. También aborda el impacto social que generó el episodio, que durante años alimentó el miedo y el imaginario colectivo de la ciudad.

Más allá del suceso en sí, la publicación pone el foco en la relación entre el ser humano y el mar, desmitificando la figura del tiburón y aportando una mirada científica sobre su presencia —ocasional— en el Atlántico Sur. Con registros posteriores de pesca en distintas costas bonaerenses. Así mismo, ofrece interesantes datos que demuestran que el gran blanco, ya visitaba estas costas desde tiempos muy lejanos. El hallazgo paleontológico de dos dientes de la mandíbula superior e inferior correspondientes al Pleistoceno, hace unos 30 mil años, y el registro arqueológico de dientes utilizados como pendientes por cazadores recolectores nómades hace 3 mil años antes del presente, son una prueba de su antigua presencia, siendo el Partido de General Alvarado, uno de los pocos sitios del mundo con registros paleontológicos, arqueológicos e históricos de este gran animal depredador.

Con un enfoque que cruza la crónica periodística, la divulgación científica y la historia local, Crónica de un tiburón en Miramar se posiciona como una obra clave para entender uno de los hechos más singulares de la historia argentina reciente.

Una historia real, extrema y profundamente humana, que demuestra que incluso en las aguas más familiares pueden esconderse episodios extraordinarios.

El libro contó con el apoyo y financiamiento de la Fundación Azara y el armado de Vazquez Mazzini Editores.

Lo podes descargar gratis desde https://fundacionazara.org.ar/cronica-de-un-tiburon-en-miramar/