viernes, 10 de julio de 2026

Scarrittia, un interesante ungulado sudamericano del Oligoceno.


Es una especie extinta de mamíferos notoungulados, el único miembro de los leontínidos que conocemos a través de un esqueleto en buen estado de conservación. El nombre del género, hace referencia a Scarrit Pocket, una cantera fosilífera ubicada en la provincia de Chubut. 

Durante su vida, es probable que se pareciera mucho a un rinoceronte de movimientos lentos y pies planos. Scarrittia era un animal bastante pesado, de cuerpo y cuello largos, patas robustas, pies con tres dedos ungulados y un rabo muy corto. La tibia y el peroné estaban fundidos parcialmente por la parte superior, por lo cual las patas no podían girar hacia los lados. 

La cara era bastante corta y las mandíbulas presentaban una dentadura completa, formada por 44 piezas con coronas bajas y bastante poco especializadas. Scarrittia canquelensis, Scarrittia barranquensis y Scarrittia canquelensis, fueron encontradas en varias localidades de Patagonia, mientras Scarrittia robusta, solo se encontró en Paso del Cuello, en Uruguay. 

Este herbívoro de cuerpo grande, y pesado tenía 2 metros de longitud. Su aspecto, tal vez, era parecido al de un tapir, alimentándose de la floresta húmeda, cerca de la costa de pantanos, ríos y lagos, en donde había vegetación blanda, pastos, frutos y arbustiva.

Ver mas en  http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/oligoceno.htm


jueves, 9 de julio de 2026

Chelonoidis gringorum, una tortuga del Mioceno de Patagonia.


 

En el Mioceno Inferior de Patagonia fue hallada una tortuga de gran tamaño, llamada Chelonoidis gringorum probablemente precursora de Chelonoidis chilensis, también fósil en los depósitos pleistocénicos de Córdoba. Otros dos taxa, muy cercanos a Chelonoidis chilensisChelonoidis donosobarrosi y  Chelonoidis petersi (vivientes). 

Rasgo sobresaliente del orden Testudines, es la presencia de una envoltura externa de consistencia variable, vulgarmente conocida como caparazón o concha, en íntimo contacto con el eje vertebral del esqueleto y constituida por una porción ósea profunda recubierta por láminas o placas córneas dérmicas. Integran el caparazón, dorsalmente el denominado carapax, ventralmente el plastrón, unidos lateralmente por una conexión, o puente, y ambos formados por huesos aplanados, articulados entre ellos mediante suturas apareciendo proyectados hacia el exterior los marginales, como aleros de un tejado. Resulta así asegurada la notoria solidez estructural del caparazón. 

Estas tortugas marcan su permanente presencia en áreas relativamente boscosas, cerca de algarrobos, grandes cactus, etc, determinando restringidos espacios de abrigo casi libre de vegetación. La alimentación estária constituida por frutos y hojas de cactáceas, cucurbitáceas, leguminosas, gramineas, etc. Fósiles de Chelonoidis gringorum provienen de afloramientos Terciarios de la Formación Sarmiento expuestos en la ribera sur del valle del río Chubut, entre Gaiman y Dolavon (Provincia de Chubut, Argentina). Estos ejemplares que se encuentran aquí, pertenecen al MEF.  Otras tortugas del Mioceno tuvieron amplia dispersión, con formas de robustas dimensiones como Geochelone (Chelonoidis) gallardoi en Catamarca.

Mas info en  http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/mioceno.htm


domingo, 5 de julio de 2026

Paleontología en el Continente Antártico.


Los estudios geológicos y paleontológicos demuestran que la Antártida no siempre fue un continente cubierto por hielo. Hace más de 100 millones de años, estaba rodeada por mares cálidos y presentaba un clima tropical que permitía el desarrollo de una abundante flora y fauna. Con el paso del tiempo, los cambios en la posición de los continentes, las corrientes oceánicas y el clima global provocaron un progresivo enfriamiento, hasta que la Antártida quedó cubierta por extensas capas de hielo, adquiriendo el aspecto congelado que conocemos en la actualidad. Esta transformación forma parte de más de 100 millones de años de historia natural del continente.

La Antártida o Antartica, cuarto continente más grande del mundo, situado casi en su totalidad al sur de los 66°30’ latitud S (el círculo polar antártico), que rodea al polo sur. En general, su forma es circular con un largo brazo —la península Antártica—, que se prolonga hacia América del Sur, y dos grandes escotaduras, los mares de Ross y Weddell y sus plataformas de hielo. Su extensión total es de aproximadamente 14,2 millones de km2 en verano. Durante el invierno, la Antártida dobla su tamaño a causa de la gran cantidad de hielo marino que se forma en su periferia. El verdadero límite de la Antártida no es el litoral del continente en sí mismo, sino la Convergencia Antártica, que es una zona claramente definida en el extremo sur de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico, entre los 48° y los 60° latitud S. En este punto, las corrientes frías que fluyen hacia el Norte desde la Antártida se mezclan con corrientes más cálidas en dirección Sur. La Convergencia Antártica marca una clara diferencia física en los océanos. Por estas razones el agua que rodea al continente antártico se considera un océano en sí mismo, a menudo llamado océano Glacial Antártico o Meridional.

Hasta los años 80, Australia había producido pocos dinosaurios, y no había venido ninguno de Nueva Zelanda o Antártida. Había varias explicaciones para que las rocas portadoras de fósiles fueran difíciles de encontrar. Las llanuras y las erosiones destruyen muchos fósiles mesozoicos en Australia, las rocas volcánicas ocupan gran parte de Nueva Zelanda, y una inmensa placa de hielo cubre la Antártida. Todavía no sabemos cómo los dinosaurios habitaron estas tres partes de Pangea, teniendo en cuenta que el continente estaba dividido en once partes.

Ver articulo completo en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/antartida.htm


domingo, 28 de junio de 2026

Neolicaphrium recens, uno de los últimos proteroterios en el Pleistoceno.

 


Se trata de un mamífero de pequeño tamaño, superficialmente similar a los caballos actuales pero sin parentesco alguno, perteneciente a la familia de los proteroteríidos, un linaje muy primitivo originado en América del Sur. Durante cerca de 50 millones de años de relativo aislamiento, los mamíferos sudamericano-antárticos evolucionaron en un verdadero continente-isla, dando lugar a formas únicas como Neolicaphrium recens, el último representante conocido de los proteroteríidos. La expansión de las planicies abiertas en gran parte del continente sudamericano favoreció la evolución de animales corredores de estructura liviana; los primeros proteroterios presentaban un dedo central muy desarrollado en cada pie y dos laterales reducidos que apenas tocaban el suelo, una condición comparable a la observada en las patas traseras de los jabalíes actuales. Estos pequeños “falsos caballos” eran gráciles, de dorso relativamente corto y extremidades alargadas con pezuñas; el cráneo mostraba un rostro no particularmente alargado y ojos grandes, recordando más a gacelas u otros herbívoros pequeños o medianos que a los caballos modernos. Las proporciones de sus miembros sugieren que habitaban ambientes más boscosos, lo que permite realizar inferencias paleoambientales y paleoclimáticas. Recientemente se dio a conocer la presencia del género Neolicaphrium en sedimentos del Pleistoceno de Termas de Río Hondo, en la provincia de Santiago del Estero, donde previamente ya se había registrado parte de un esqueleto de otro proteroterio en niveles Mio-pliocenos; además, se conocen escasos restos de Neolicaphrium procedentes del Pleistoceno de Corrientes, Córdoba, Santa Fe y Uruguay.

Ver mas en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/pleistoceno.htm


viernes, 26 de junio de 2026

El cerebro del Megaraptor revela nuevos secretos sobre uno de los grandes depredadores de la Patagonia.

 



Durante millones de años, el cerebro del Megaraptor permaneció oculto para la ciencia. Aunque sus restos fósiles han permitido conocer gran parte de su anatomía, recién en la actualidad las técnicas de reconstrucción digital hicieron posible revelar cómo eran algunas de las estructuras responsables del equilibrio, la coordinación, la audición y la orientación de este formidable cazador de la Patagonia cretácica.

Un estudio liderado por la Dra. Ariana Paulina-Carabajal, del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-Universidad Nacional del Comahue), y el Dr. Juan Porfiri, del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional del Comahue, en colaboración con el Museo Paleontológico Bariloche, el Museo del Desierto Patagónico de Añelo y el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IITCI, CONICET-UNCo), logró reconstruir digitalmente el interior del cráneo de Megaraptor, revelando detalles inéditos sobre sus capacidades sensoriales y su comportamiento como depredador.

Megaraptor fue un dinosaurio carnívoro que habitó la Patagonia hace aproximadamente 90 millones de años, durante el Cretácico Superior. Alcanzaba entre 7 y 8 metros de longitud y poseía un cráneo largo y bajo, de unos 80 centímetros, armado con dientes comprimidos y curvados hacia atrás, ideales para sujetar y desgarrar a sus presas. Sin embargo, su rasgo más distintivo eran las enormes garras de las manos, que superaban los 40 centímetros de longitud y constituían sus principales armas de caza. Integraba la familia Megaraptoridae, junto a otros dinosaurios patagónicos como Murusraptor, Tratayenia, Joaquinraptor, Maip, Aerosteon y Orkoraptor.

Para desarrollar esta investigación, los científicos emplearon microtomografías computadas de alta resolución, que permitieron obtener imágenes del interior del cráneo sin dañar los fósiles. Mediante estas reconstrucciones tridimensionales pudieron analizar la cavidad endocraneana y el oído interno, estructuras que permanecieron inaccesibles durante casi noventa millones de años.

Los resultados revelaron que Megaraptor combinaba características anatómicas primitivas con otras altamente especializadas. Si bien presentaba hemisferios cerebrales relativamente pequeños y bulbos olfatorios poco desarrollados, poseía un cerebelo voluminoso y un oído interno muy desarrollado, rasgos asociados con una excelente coordinación motora, un preciso control del equilibrio y una gran estabilidad durante movimientos rápidos. Estas características sugieren que era un depredador ágil, con capacidades auditivas comparables a las de otros terópodos cazadores, como Velociraptor.

El estudio también aporta nueva información sobre la posición evolutiva de los megaraptóridos. La compleja red de cavidades neumáticas presentes en el cráneo refuerza la hipótesis de que este grupo estaba más estrechamente relacionado con los celurosaurios que con los grandes carcharodontosaurios o alosauroideos, una cuestión que durante décadas fue objeto de intenso debate entre los paleontólogos.

Esta investigación no solo permite reconstruir con mayor precisión la anatomía de uno de los grandes depredadores del Cretácico sudamericano, sino que también ofrece una valiosa ventana a la evolución del sistema nervioso y de los sentidos en los dinosaurios. Gracias al trabajo conjunto de instituciones científicas argentinas y al empleo de tecnologías de última generación, hoy sabemos que Megaraptor fue mucho más que un gigantesco carnívoro armado con enormes garras: fue un cazador dotado de un sofisticado sistema sensorial, perfectamente adaptado para dominar los ecosistemas patagónicos de hace 90 millones de años.

Mas info en http://grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm