Una línea de
pesca que quedó enganchada entre las rocas llevó a cuatro pescadores hasta un
conjunto de huellas fósiles en la costa del embalse Ezequiel Ramos Mexía. El
hallazgo, confirmado por paleontólogos, vuelve a poner en primer plano la
extraordinaria riqueza paleontológica de la región patagónica.
Una jornada de
pesca en las inmediaciones de Villa El Chocón, en la provincia del Neuquén,
terminó con un descubrimiento inesperado. Mientras recorrían la costa del lago
Ezequiel Ramos Mexía, un grupo de pescadores tuvo que detener su embarcación
para desenganchar una línea y, al acercarse a las rocas, advirtió unas marcas
que llamaron su atención: eran huellas de dinosaurios conservadas en la piedra.
El episodio,
que podría haber pasado inadvertido de no ser por aquella parada fortuita,
permitió reconocer un sector con rastros fósiles que no estaba identificado en
ese punto por los equipos paleontológicos locales. La noticia fue publicada por
LM Neuquén, que recogió los testimonios de los protagonistas y las primeras
evaluaciones de especialistas.
César Ernesto
Hernández, uno de los pescadores, relató que difícilmente habrían advertido las
marcas si no hubieran tenido que detenerse en esa orilla. Según su descripción,
algunas pisadas eran más pequeñas, mientras que otras alcanzaban
aproximadamente entre 25 y 30 centímetros de longitud.
Las imágenes
del hallazgo fueron examinadas por Juan Porfiri, paleontólogo y coordinador del
Museo de Geología y Paleontología de la Universidad Nacional del Comahue, y por
Juan Ignacio Canale, paleontólogo e investigador del CONICET, además de
director del laboratorio del Museo Paleontológico Municipal Ernesto Bachmann,
de Villa El Chocón. Ambos confirmaron que se trata de huellas de dinosaurios.
Sin embargo, la
identificación de los animales que las dejaron todavía es preliminar. Canale
consideró, a partir del registro audiovisual, que algunas podrían corresponder
a dinosaurios carnívoros de tamaño mediano y señaló que será necesario examinar
directamente el sitio para precisar sus características.
Las huellas se
encuentran en un entorno geológico de gran importancia para el estudio de los
dinosaurios sudamericanos. Las rocas que afloran a lo largo de las costas del
embalse pertenecen, en distintos sectores, a la Formación Candeleros, una
unidad geológica del Cretácico que conserva abundantes rastros de animales
prehistóricos.
Estas rocas se
formaron hace aproximadamente 100 millones de años, aunque las estimaciones
publicadas para la Formación Candeleros suelen situar su antigüedad en torno a
los 96-99 millones de años. Su origen se relaciona con antiguos ambientes
continentales, donde los sedimentos depositados por sistemas fluviales y otros
ambientes terrestres terminaron preservando huellas y restos fósiles.
A lo largo de
las extensas costas del lago Ezequiel Ramos Mexía, que se extienden por decenas
de kilómetros entre Neuquén y Río Negro, existen numerosos sectores con rastros
de dinosaurios. Los cambios en el nivel del agua pueden dejar al descubierto
superficies rocosas que permanecen sumergidas durante otros períodos, haciendo
visibles huellas que hasta entonces eran difíciles de observar.
Esta dinámica
explica por qué, en una región conocida desde hace décadas por su riqueza paleontológica,
todavía pueden aparecer sitios que no habían sido localizados o documentados
por los especialistas.
Entre las
posibilidades planteadas para interpretar las marcas se encuentran los
dinosaurios terópodos, un grupo de dinosaurios principalmente bípedos que
incluye a numerosas especies carnívoras. Sus huellas suelen presentar tres
dedos principales, aunque su forma y dimensiones varían según el animal, el
tipo de sustrato y las condiciones en las que quedó registrada la pisada.
Dentro de los
grandes terópodos que habitaron la Patagonia durante el Cretácico se destaca la
familia Carcharodontosauridae, integrada por algunos de los mayores dinosaurios
carnívoros conocidos del hemisferio sur.
Uno de sus representantes
más famosos es Giganotosaurus carolinii, descubierto en la región de
Villa El Chocón. Este dinosaurio constituye uno de los grandes exponentes de
los carcharodontosáuridos y es una de las piezas emblemáticas del patrimonio
paleontológico de la localidad.
No obstante, es
importante establecer una diferencia: la presencia de grandes
carcharodontosáuridos en la región no demuestra que las huellas recién
descubiertas hayan sido producidas por integrantes de esa familia. Para
llegar a una identificación más precisa, los investigadores deberán analizar la
forma de las pisadas, sus dimensiones, la disposición de los dedos y, si se
conservan, las secuencias de huellas que permitan reconstruir el desplazamiento
del animal.
Por el momento,
la atribución a un grupo concreto debe considerarse una hipótesis y no una
identificación definitiva.
Villa El Chocón
ocupa un lugar destacado en la paleontología argentina por el descubrimiento de
Giganotosaurus carolinii en 1993. El hallazgo permitió conocer mejor a
uno de los grandes depredadores que habitaron Sudamérica durante el Cretácico y
consolidó la importancia científica de esta región de la Patagonia.
La Formación
Candeleros ha proporcionado tanto restos óseos como huellas de dinosaurios de
diferentes tamaños y grupos. A diferencia de los huesos, que permiten estudiar
directamente la anatomía de un animal, las huellas constituyen un registro de
su actividad: pueden aportar información sobre la locomoción, la forma de apoyo
de las extremidades y el comportamiento de los animales en determinados
ambientes.
Los estudios
científicos realizados en el área de Villa El Chocón y otros sectores de la
costa del embalse han documentado huellas de terópodos y de dinosaurios
herbívoros, incluidos grandes saurópodos. Esta diversidad demuestra que los
antiguos ambientes continentales de la región fueron recorridos por distintos
tipos de dinosaurios.
Aunque las marcas
ya fueron reconocidas como huellas de dinosaurios a partir de las imágenes,
todavía quedan preguntas por responder: cuáles fueron los animales que las
produjeron, cuántas pisadas se conservan, si forman parte de una secuencia
continua y qué importancia tiene el sitio en relación con otros yacimientos
conocidos.
Los
especialistas señalaron la conveniencia de que los equipos de paleontología de
Villa El Chocón inspeccionen directamente el lugar para documentar las huellas
y evaluar la necesidad de realizar estudios adicionales.
También resulta
fundamental preservar las marcas tal como se encuentran. Las huellas fósiles
son parte de un patrimonio que no puede recuperarse si se destruye la
superficie rocosa que las conserva. Por eso, ante un descubrimiento de este
tipo, lo recomendable es registrar la ubicación, tomar fotografías sin
intervenir sobre las rocas y comunicarlo a las instituciones científicas o
autoridades patrimoniales correspondientes.
El hallazgo
demuestra, una vez más, que la exploración paleontológica no ocurre únicamente
durante las campañas científicas. En ocasiones, la observación casual de
vecinos, pescadores o visitantes permite localizar sitios desconocidos y
aportar información valiosa para la investigación.
En las costas
del lago Ezequiel Ramos Mexía, donde las rocas del Cretácico conservan las
huellas de animales que caminaron por la Patagonia hace millones de años, una
simple parada para liberar una línea de pesca terminó abriendo una nueva
oportunidad para investigar el pasado prehistórico de la región. Fuente; LM Neuquén y Conicet.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm