lunes, 8 de junio de 2026

Nuevos datos sobre los amonites proceden del Cretácico de Vaca Muerta.




El hallazgo se realizó en la Formación Vaca Muerta, en la provincia de Mendoza, y permitió identificar por primera vez la conservación de una delicada capa orgánica en la conchilla de estos antiguos organismos marinos.

Un equipo de investigadores e investigadoras del CONICET halló en la Formación Vaca Muerta, en la cuenca neuquina, provincia de Mendoza, fósiles de amonites de aproximadamente 135 millones de años. Lo más destacado del descubrimiento es que dos especies, Bochianites neocomiensis y Lissonia riveroi, aún conservaban el periostraco, la capa orgánica más externa de la conchilla de la mayoría de los moluscos, compuesta en organismos actuales por proteínas, polisacáridos y lípidos. El trabajo fue publicado en la revista internacional Communications Biology.

“Los fósiles fueron hallados por Beatriz Aguirre Urreta y Luciana Marín durante las tareas de campo realizadas para la tesis doctoral de Luciana. Como trabajo junto a Beatriz desde hace casi 30 años, me invitó a participar de la investigación para intentar comprender por qué estas capas orgánicas se habían conservado en estos ejemplares y no en otros, considerando que los amonites son muy comunes en la cuenca Neuquina”, explica Maisa Tunik, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN).

La científica explica que los amonoideos fueron cefalópodos marinos extintos, grupo al que pertenecían los amonites, y que estaban emparentados de manera lejana con los actuales nautilos. Habitaron los océanos durante aproximadamente 400 millones de años, hasta desaparecer hace unos 66 millones de años, en la misma extinción masiva que acabó con los dinosaurios.

Los amonites -los fósiles identificados en este hallazgo- poseen una gran importancia científica debido a que evolucionaron rápidamente, tuvieron una amplia distribución geográfica y sus conchillas suelen preservarse con frecuencia. Estas características los convierten en excelentes fósiles guía, utilizados para datar estratos y correlacionar unidades geológicas entre distintas regiones. En el caso de la Formación Vaca Muerta, estos fósiles resultaron fundamentales para identificar y correlacionar rocas de la misma edad.

“Además, aportan información bioestratigráfica, ya que permiten determinar la edad relativa de las rocas. También brindan datos paleoambientales, paleobiogeográficos y tafonómicos, debido a que su morfología, distribución, estado de preservación y asociación con los sedimentos ayudan a reconstruir las condiciones del mar, la profundidad, los niveles de oxigenación y los procesos de enterramiento. En este caso particular, el hallazgo permitió estudiar una estructura orgánica de la conchilla que rara vez logra preservarse”, señala Maisa Tunik.

La principal relevancia del hallazgo radica en la preservación del periostraco de estos amonoideos, un descubrimiento considerado inédito, ya que es la primera vez que esta estructura es documentada en este tipo de organismos, destaca la especialista. “El periostraco es una estructura extremadamente delgada, flexible y frágil, que hasta ahora no había sido descripta en amonoideos cretácicos. El estudio demuestra que incluso tejidos orgánicos muy delicados pueden conservarse durante 135 millones de años cuando las condiciones tafonómicas y diagenéticas son favorables”, explica.

 “A partir de este trabajo podría cambiar la manera de estudiar este tipo de materiales, ya que demuestra que estructuras orgánicas extremadamente frágiles pueden conservarse bajo determinadas condiciones. Este hallazgo abre la posibilidad de buscar de forma sistemática biomateriales en otros amonoideos y ampliar el enfoque tradicional, que hasta ahora se centraba principalmente en la parte mineral de la conchilla. Además, permite avanzar hacia estudios bioquímicos y de ultraestructura que ayuden a comprender mejor la biología, la fisiología y la evolución de estos organismos”, concluye Rogel. Fuente: Conicet.

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domingo, 7 de junio de 2026

Tremacebus harringtoni, un primate de la antigua selva del Oligoceno de la Patagonia.

 


Es un primate platirrino que pertenece al Oligoceno tardío y Mioceno temprano. Vivió en la Patagonia argentina, cuando esta tenía una exuberante selva, a diferencia de lo que vemos en la actualidad. Pesaba de 2 a 3 kilogramos, como el actual género Cebus. Fósiles muy completos proceden del acantilado sur del Valle Bajo del río Chubut, cerca de Gaiman y en Sacanana. 

Dolichocebus se conoce por el tipo de cráneo encerrado en una concreción, numerosos dientes aislados, partes de dos mandíbulas y un astrágalo. Seguramente tenía una cola prensil que enrollan alrededor de las ramas para ayudarse en el movimiento en los árboles. 

Debió, adaptándose a varios tipos de bosques y consumiendo muchos tipos de comida, que incluian frutas, diferentes vegetales, invertebrados y pequeños vertebrados. Los platirrinos o monos del Nuevo Mundo se diferencian de los del Viejo Mundo, entre otras características, por las fosas nasales, que están más separadas y dirigidas hacia adelante en lugar de hacia abajo.  

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martes, 2 de junio de 2026

Encuentran fósiles de Buccinanops halleri, un caracol extinto del Mioceno de Chubut, y amplia el conocimiento de las especies marinas del pasado.

 




El estudio realizado por investigadores del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET) permitió reconstruir antiguos ecosistemas marinos que habitaron el sur argentino.

En la región de Patagonia, un equipo de expertos del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET) logró duplicar el registro de invertebrados fósiles de uno de sus yacimientos más emblemáticos y describió una nueva especie de caracol marino con una antigüedad de aproximadamente 16 millones de años. El hallazgo, registrado en la Formación Gaiman en la localidad de Bryn Gwyn (provincia de Chubut), redefine la comprensión sobre la evolución de la fauna marina que habitó el sur argentino durante el Mioceno temprano.

Según explicaron los especialistas, la aparición de la especie Buccinanops halleri en estratos tan antiguos permite retroceder el origen de este grupo de caracoles mucho más allá de lo conocido y revela redes ecológicas complejas en los antiguos mares patagónicos. La investigación, que llevó cuatro años de trabajo de campo y laboratorio, involucró a científicos como Damián Pérez, Mariel Ferrari, Nicolás Farroni, Aylén Allende Mosquera y José Cuitiño, quienes colectaron y analizaron el material fósil entre 2021 y 2024.

El sitio de Bryn Gwyn es reconocido desde hace más de un siglo por sus abundantes fósiles de vertebrados marinos. Sin embargo, la información sobre los invertebrados permanecía fragmentaria y limitada a descripciones generales. El trabajo liderado por el IPGP-CONICET permitió identificar 27 taxones diferentes, es decir, grupos de organismos clasificados científicamente que pueden corresponder a especies, géneros u otras categorías biológicas. Esta cifra representa el doble de la diversidad previamente documentada en la zona.

Uno de los resultados más destacados fue la descripción de la nueva especie de caracol, Buccinanops halleri. Buccinanops es un género de caracoles común en la actualidad en el mar argentino, especialmente en las costas de Puerto Madryn y Puerto Pirámides. Estos caracoles carnívoros resultan fáciles de observar en la zona, incluso vivos, ya que suelen desplazarse cerca de la costa. Sin embargo, su registro fósil era prácticamente inexistente y solo se conocían ejemplares de unos pocos miles de años.

El hallazgo de Buccinanops halleri en sedimentos del Mioceno (con una antigüedad estimada entre 15 y 16 millones de años) constituye el registro más antiguo conocido del linaje. La especie, bautizada en homenaje al geólogo Miguel Haller, se distingue por una ornamentación particular, con líneas circulares visibles en su caparazón, que no se observa en especies actuales.

“En las fotos se ven a simple vista esas líneas circulares que no las tiene ninguna de las especies actuales. Eso nos llevó a la pauta de que era diferente”, explicó el investigador, y agregó que este descubrimiento permite rastrear la presencia del género en la Patagonia mucho antes de lo que se creía.

El equipo también registró por primera vez en la zona la presencia de braquiópodos y escafópodos, dos grandes grupos de invertebrados marinos que hasta ahora eran desconocidos en estos niveles de antigüedad. Esto, según Pérez, contribuyó a “armar las redes ecológicas completas, los ecosistemas de hace dieciséis millones de años, cuando se empezó a formar la fauna que hoy habita esta zona del mar patagónico”.

La fauna de invertebrados de Bryn Gwyn mostró además similitudes con las especies encontradas en las formaciones Monte León (Santa Cruz) y Chenque (sur de Chubut). Esto indica que los mares de esas regiones compartieron condiciones parecidas y se formaron bajo el mismo aumento del nivel del mar ocurrido en el Mioceno temprano.

El valle de Bryn Gwyn posee sedimentos blanquecinos de la Formación Gaiman, ricos en ceniza volcánica, que aportan un registro fósil continuo de entre 16 y 21 millones de años. La zona, cuyo nombre galés significa “loma blanca”, es hoy un parque paleontológico y un atractivo turístico de la región de Gaimán.

Según describió Pérez, el lugar resultó central para la paleontología argentina: “Bryn Gwyn es conocido desde hace más de cien años por geólogos, paleontólogos y naturalistas. Se ha hecho mucho énfasis en los fósiles de vertebrados, como ballenas, delfines y dientes de tiburón, que son muy característicos y conocidos por los vecinos. Sin embargo, los invertebrados pasaron desapercibidos durante décadas por su escaso atractivo”. Fuente: Infobae.

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lunes, 1 de junio de 2026

Llegaron las esculturas de Kelenken y el Pyrotherium Reserva Natural Municipal Parque Recreativo Laguna Cacique Chiquichano.


Las piezas formarán parte del circuito paleontológico de la Reserva Natural Municipal Parque Recreativo Laguna Cacique Chiquichano.

La ciudad de Trelew recibió nuevas esculturas prehistóricas que se incorporarán al circuito paleontológico y de megafauna que ya integran el Patagotitan y el Tyrannotitan Chubutensis, consolidando así un nuevo atractivo turístico y cultural a cielo abierto.

Se trata de dos réplicas realizadas en hierro por el artista Tomás Schinelli: el “ave del terror” Kelenken y el mamífero prehistórico Pyrotherium, ambas construidas a escala real y destinadas a enriquecer los espacios públicos de la ciudad.

Las obras arribaron durante las últimas horas a Trelew y serán instaladas en la Reserva Natural Municipal Parque Recreativo Laguna Cacique Chiquichano, en el sector Este, donde se continúa desarrollando la zona de exhibición de esculturas temáticas vinculadas a la biodiversidad y al patrimonio paleontológico de la región.

El proyecto se ejecuta de manera conjunta entre la Municipalidad de Trelew y la Cooperativa de Trabajo Proyecto Gondwana, y contempla además futuras intervenciones como un circuito peatonal, mirador y punto de interpretación para vecinos y visitantes.

La iniciativa forma parte de una acción estratégica incluida en los ejes del Plan Estratégico 2025-2032, orientada a revalorizar el espacio urbano y natural con fines educativos, turísticos y recreativos. De esta manera, Trelew fortalece su perfil como ciudad de ciencia viva, conocimiento accesible y cultura innovadora.

Con estas incorporaciones, la ciudad continúa consolidándose como uno de los principales polos paleontológicos y de megafauna prehistórica de Sudamérica, transformando distintos sectores urbanos en museos al aire libre para el disfrute de vecinos y turistas. Fuente: diariojornada.com.ar

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