miércoles, 10 de junio de 2026

Shakajlura riojanensis, un antecesor de los cocodrilos del Triásico Tardío de Talampaya, La Rioja.




 

Argentina es un lugar espléndido para los descubrimientos paleontológicos y ello no constituye ninguna novedad. Lo que sí llama la atención, en este caso, es que el descubrimiento convoca a un pasado muy remoto, más que de costumbre.

Un equipo de científicos y científicas del Conicet halló, en La Rioja, al antecesor del cocodrilo, que se paseó por el noroeste del país hace 237 millones de años y se ubicó como uno de los depredadores más temibles. Antes de que los dinosaurios se parasen en la cima de la cadena alimenticia, especies como la descubierta se floreaban como los grandes cazadores del lugar. El hallazgo arroja nuevas pistas sobre cómo era la vida en aquel tiempo y ayuda a entender cómo un estudio del pasado puede contribuir a comprender los comportamientos de las especies del presente.

Precisamente, la especie habitó la actual región de Talampaya, específicamente en la Formación Chañares. Se estima que midió seis metros de largo y que su cráneo alcanzaba los 60 centímetros. Durante mucho tiempo se mantuvo esquivo a la observación y al trabajo de los paleontólogos. Lo bautizaron “Shakajlura riojanensis”, que quiere decir “lagarto bendito de La Rioja” y los detalles de su reporte fueron difundidos en la revista del rubro Papers in Palaeontology.

Julia Desojo, investigadora del Conicet en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, es una de las autoras del trabajo. En diálogo con Página 12, amplía: "Este reptil es la figurita difícil. Al ser un carnívoro que está al tope de la cadena alimenticia compone el elenco de los menos abundantes y de los más complicados de encontrar en el campo“.

Aunque el hallazgo se comunica en el presente porque los científicos aguardaron a la publicación del trabajo en una revista de interés, el proyecto en el que efectivamente sucedió el descubrimiento comenzó tiempo atrás. De hecho, el grupo interdisciplinario de investigadores trabaja en la zona desde 2011, y Shakajlura riojanensis fue identificado durante dos campañas sucesivas que se produjeron entre 2017 y 2018 en el Parque Nacional Talampaya.

En aquella ocasión, según refieren los investigadores del Conicet, pudieron dar con huesos del cráneo y con otros pertenecientes a su cintura. Sobre esto, la científica del Conicet detalla: “Somos un grupo de paleontólogos, geólogos y técnicos, que estamos por la zona desde 2011. En 2017 hallamos a la especie y luego fuimos nuevamente unos meses después para poder terminar de extraer el material del hallazgo”.

Dentro de los aspectos más destacables, Shakajlura se caracteriza por poca ornamentación maxilar (el hueso de la quijada que lleva los dientes) y por poseer un hueso de la mandíbula con una forma distintiva, de carácter prearticular y calibrada para la caza. Reviste de un valor particular poder conocer la arquitectura ornamental de estas bestias remotas porque ha sido tan hegemónico el estudio de los dinosaurios que es muy poco lo que se sabe de la vida en tiempos previos.

Desojo describe: “En la Formación Chañares conocíamos a este grupo de primos lejanos de los cocodrilos, gracias a una especie llamada Luperosuchus fractus, hallada por Alfred Romer, un científico estadounidense en 1960. En nuestro hallazgo, no solo encontramos elementos del cráneo, sino también del postcráneo”. Y continúa: “No tiene una nariz romana, esto quiere decir que sus nasales no están proyectados dorsalmente como una nariz. Los maxilares, que portan los dientes, no están ornamentados. Tiene características anatómicas del cráneo que se diferencian de lo previamente observado, por lo que para nosotros constituye una nueva especie“, refiere Desojo.

Hay que tener en cuenta que este reptil forma parte del grupo Paracrocodylomorpha, cuadrúpedos que podían llegar a medir 10 metros, y que poblaban la Tierra antes de que los grandes dinosaurios carnívoros realizaran su majestuosa aparición. De hecho, estos parientes lejanos de los cocodrilos no solo poblaban el planeta, sino que lo dominaban al ser depredadores eficaces. Y lo hicieron en una época de florecimiento, puntualmente en el Triásico, durante la Era Mesozoica, también conocida como la Edad de los reptiles, cuando todos los continentes formaban una enorme masa continental denominada Pangea.

La Rioja, y puntualmente Formación Chañares, congrega las miradas de la ciencia internacional porque, de manera reciente, ya se han identificado registros preciosos de mamíferos, cocodrilos y dinosaurios, así como de plantas y hongos. La especialista destaca: “Para el Triásico, La Rioja es un lugar súper reconocido y fructífero. El propio Romer que te comentaba antes se llevó un montón de fósiles de esa región; piezas que hoy están en Harvard. Con ayuda de la erosión que va socavando y gracias al ojo de los paleontólogos y de los equipos técnicos, continuamos de la mejor manera nuestro trabajo. Cada descubrimiento constituye una ventana a esta época del mundo“. Fuente: Pagina 12.

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Nuestro Carnotaurus sastrei en la exhibición del Museo Nacional de Historia Natural de Paris.

 

El Museo Nacional de Historia Natural de París, oficialmente el Muséum national d'Histoire naturelle, exhibe una copia del esqueleto de Carnotaurus sastrei en su famosa Galería de Paleontología. Se trata de uno de los dinosaurios sudamericanos más destacados de la colección.

Corresponde a una reconstrucción esquelética basada en el ejemplar hallado en la provincia de Chubut, Argentina, y descrito por el paleontólogo argentino José Bonaparte. El Carnotaurus sastrei es uno de los dinosaurios carnívoros mejor conocidos del hemisferio sur porque el ejemplar original conservó extensas impresiones de piel. Fue descubierto en sedimentos de la Formación La Colonia, en Chubut, con una antigüedad aproximada de entre 72 y 69 millones de años.

Entre sus características más llamativas destacan: Dos cuernos sobre los ojos, únicos entre los grandes terópodos. Brazos extremadamente reducidos, incluso más pequeños proporcionalmente que los de Tyrannosaurus. Patas largas y musculosas que sugieren una gran capacidad para correr y piel cubierta por escamas y osteodermos, conocida gracias a las excepcionales impresiones fósiles halladas junto al esqueleto. Tiene 3,5 metros a la altura de la cadera, 9 metros desde la cabeza hasta la punta de la cola y 1,3 y 2 toneladas (1300 a 2100 kilogramos) de peso.

Está expuesto junto a otros grandes dinosaurios de la sala, como Diplodocus, Iguanodon y Allosaurus. El hecho de que el museo parisino exhiba un Carnotaurus tiene un valor especial para la paleontología argentina, ya que es uno de los dinosaurios patagónicos más reconocibles del mundo y un representante emblemático del antiguo supercontinente Gondwana. Su presencia en París ayuda a difundir internacionalmente los descubrimientos realizados en Patagonia.

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lunes, 8 de junio de 2026

Nuevos datos sobre los amonites proceden del Cretácico de Vaca Muerta.




El hallazgo se realizó en la Formación Vaca Muerta, en la provincia de Mendoza, y permitió identificar por primera vez la conservación de una delicada capa orgánica en la conchilla de estos antiguos organismos marinos.

Un equipo de investigadores e investigadoras del CONICET halló en la Formación Vaca Muerta, en la cuenca neuquina, provincia de Mendoza, fósiles de amonites de aproximadamente 135 millones de años. Lo más destacado del descubrimiento es que dos especies, Bochianites neocomiensis y Lissonia riveroi, aún conservaban el periostraco, la capa orgánica más externa de la conchilla de la mayoría de los moluscos, compuesta en organismos actuales por proteínas, polisacáridos y lípidos. El trabajo fue publicado en la revista internacional Communications Biology.

“Los fósiles fueron hallados por Beatriz Aguirre Urreta y Luciana Marín durante las tareas de campo realizadas para la tesis doctoral de Luciana. Como trabajo junto a Beatriz desde hace casi 30 años, me invitó a participar de la investigación para intentar comprender por qué estas capas orgánicas se habían conservado en estos ejemplares y no en otros, considerando que los amonites son muy comunes en la cuenca Neuquina”, explica Maisa Tunik, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN).

La científica explica que los amonoideos fueron cefalópodos marinos extintos, grupo al que pertenecían los amonites, y que estaban emparentados de manera lejana con los actuales nautilos. Habitaron los océanos durante aproximadamente 400 millones de años, hasta desaparecer hace unos 66 millones de años, en la misma extinción masiva que acabó con los dinosaurios.

Los amonites -los fósiles identificados en este hallazgo- poseen una gran importancia científica debido a que evolucionaron rápidamente, tuvieron una amplia distribución geográfica y sus conchillas suelen preservarse con frecuencia. Estas características los convierten en excelentes fósiles guía, utilizados para datar estratos y correlacionar unidades geológicas entre distintas regiones. En el caso de la Formación Vaca Muerta, estos fósiles resultaron fundamentales para identificar y correlacionar rocas de la misma edad.

“Además, aportan información bioestratigráfica, ya que permiten determinar la edad relativa de las rocas. También brindan datos paleoambientales, paleobiogeográficos y tafonómicos, debido a que su morfología, distribución, estado de preservación y asociación con los sedimentos ayudan a reconstruir las condiciones del mar, la profundidad, los niveles de oxigenación y los procesos de enterramiento. En este caso particular, el hallazgo permitió estudiar una estructura orgánica de la conchilla que rara vez logra preservarse”, señala Maisa Tunik.

La principal relevancia del hallazgo radica en la preservación del periostraco de estos amonoideos, un descubrimiento considerado inédito, ya que es la primera vez que esta estructura es documentada en este tipo de organismos, destaca la especialista. “El periostraco es una estructura extremadamente delgada, flexible y frágil, que hasta ahora no había sido descripta en amonoideos cretácicos. El estudio demuestra que incluso tejidos orgánicos muy delicados pueden conservarse durante 135 millones de años cuando las condiciones tafonómicas y diagenéticas son favorables”, explica.

 “A partir de este trabajo podría cambiar la manera de estudiar este tipo de materiales, ya que demuestra que estructuras orgánicas extremadamente frágiles pueden conservarse bajo determinadas condiciones. Este hallazgo abre la posibilidad de buscar de forma sistemática biomateriales en otros amonoideos y ampliar el enfoque tradicional, que hasta ahora se centraba principalmente en la parte mineral de la conchilla. Además, permite avanzar hacia estudios bioquímicos y de ultraestructura que ayuden a comprender mejor la biología, la fisiología y la evolución de estos organismos”, concluye Rogel. Fuente: Conicet.

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domingo, 7 de junio de 2026

Tremacebus harringtoni, un primate de la antigua selva del Oligoceno de la Patagonia.

 


Es un primate platirrino que pertenece al Oligoceno tardío y Mioceno temprano. Vivió en la Patagonia argentina, cuando esta tenía una exuberante selva, a diferencia de lo que vemos en la actualidad. Pesaba de 2 a 3 kilogramos, como el actual género Cebus. Fósiles muy completos proceden del acantilado sur del Valle Bajo del río Chubut, cerca de Gaiman y en Sacanana. 

Dolichocebus se conoce por el tipo de cráneo encerrado en una concreción, numerosos dientes aislados, partes de dos mandíbulas y un astrágalo. Seguramente tenía una cola prensil que enrollan alrededor de las ramas para ayudarse en el movimiento en los árboles. 

Debió, adaptándose a varios tipos de bosques y consumiendo muchos tipos de comida, que incluian frutas, diferentes vegetales, invertebrados y pequeños vertebrados. Los platirrinos o monos del Nuevo Mundo se diferencian de los del Viejo Mundo, entre otras características, por las fosas nasales, que están más separadas y dirigidas hacia adelante en lugar de hacia abajo.  

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martes, 2 de junio de 2026

Encuentran fósiles de Buccinanops halleri, un caracol extinto del Mioceno de Chubut, y amplia el conocimiento de las especies marinas del pasado.

 




El estudio realizado por investigadores del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET) permitió reconstruir antiguos ecosistemas marinos que habitaron el sur argentino.

En la región de Patagonia, un equipo de expertos del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET) logró duplicar el registro de invertebrados fósiles de uno de sus yacimientos más emblemáticos y describió una nueva especie de caracol marino con una antigüedad de aproximadamente 16 millones de años. El hallazgo, registrado en la Formación Gaiman en la localidad de Bryn Gwyn (provincia de Chubut), redefine la comprensión sobre la evolución de la fauna marina que habitó el sur argentino durante el Mioceno temprano.

Según explicaron los especialistas, la aparición de la especie Buccinanops halleri en estratos tan antiguos permite retroceder el origen de este grupo de caracoles mucho más allá de lo conocido y revela redes ecológicas complejas en los antiguos mares patagónicos. La investigación, que llevó cuatro años de trabajo de campo y laboratorio, involucró a científicos como Damián Pérez, Mariel Ferrari, Nicolás Farroni, Aylén Allende Mosquera y José Cuitiño, quienes colectaron y analizaron el material fósil entre 2021 y 2024.

El sitio de Bryn Gwyn es reconocido desde hace más de un siglo por sus abundantes fósiles de vertebrados marinos. Sin embargo, la información sobre los invertebrados permanecía fragmentaria y limitada a descripciones generales. El trabajo liderado por el IPGP-CONICET permitió identificar 27 taxones diferentes, es decir, grupos de organismos clasificados científicamente que pueden corresponder a especies, géneros u otras categorías biológicas. Esta cifra representa el doble de la diversidad previamente documentada en la zona.

Uno de los resultados más destacados fue la descripción de la nueva especie de caracol, Buccinanops halleri. Buccinanops es un género de caracoles común en la actualidad en el mar argentino, especialmente en las costas de Puerto Madryn y Puerto Pirámides. Estos caracoles carnívoros resultan fáciles de observar en la zona, incluso vivos, ya que suelen desplazarse cerca de la costa. Sin embargo, su registro fósil era prácticamente inexistente y solo se conocían ejemplares de unos pocos miles de años.

El hallazgo de Buccinanops halleri en sedimentos del Mioceno (con una antigüedad estimada entre 15 y 16 millones de años) constituye el registro más antiguo conocido del linaje. La especie, bautizada en homenaje al geólogo Miguel Haller, se distingue por una ornamentación particular, con líneas circulares visibles en su caparazón, que no se observa en especies actuales.

“En las fotos se ven a simple vista esas líneas circulares que no las tiene ninguna de las especies actuales. Eso nos llevó a la pauta de que era diferente”, explicó el investigador, y agregó que este descubrimiento permite rastrear la presencia del género en la Patagonia mucho antes de lo que se creía.

El equipo también registró por primera vez en la zona la presencia de braquiópodos y escafópodos, dos grandes grupos de invertebrados marinos que hasta ahora eran desconocidos en estos niveles de antigüedad. Esto, según Pérez, contribuyó a “armar las redes ecológicas completas, los ecosistemas de hace dieciséis millones de años, cuando se empezó a formar la fauna que hoy habita esta zona del mar patagónico”.

La fauna de invertebrados de Bryn Gwyn mostró además similitudes con las especies encontradas en las formaciones Monte León (Santa Cruz) y Chenque (sur de Chubut). Esto indica que los mares de esas regiones compartieron condiciones parecidas y se formaron bajo el mismo aumento del nivel del mar ocurrido en el Mioceno temprano.

El valle de Bryn Gwyn posee sedimentos blanquecinos de la Formación Gaiman, ricos en ceniza volcánica, que aportan un registro fósil continuo de entre 16 y 21 millones de años. La zona, cuyo nombre galés significa “loma blanca”, es hoy un parque paleontológico y un atractivo turístico de la región de Gaimán.

Según describió Pérez, el lugar resultó central para la paleontología argentina: “Bryn Gwyn es conocido desde hace más de cien años por geólogos, paleontólogos y naturalistas. Se ha hecho mucho énfasis en los fósiles de vertebrados, como ballenas, delfines y dientes de tiburón, que son muy característicos y conocidos por los vecinos. Sin embargo, los invertebrados pasaron desapercibidos durante décadas por su escaso atractivo”. Fuente: Infobae.

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