lunes, 15 de junio de 2026

Hallan un curioso resto fósil de Lestodon armatus, en el Pleistoceno de San Pedro.

 



El Grupo Conservacionista de Fósiles de San Pedro logró recuperar una pieza ósea extremadamente rara perteneciente al sistema de sujeción de la lengua de un Lestodon armatus. Se trata del primer registro de estas características para la especie en Argentina y uno de los pocos antecedentes conocidos en Sudamérica.

Un equipo de especialistas del Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”, de San Pedro, realizó un hallazgo inédito en la paleontología argentina: el primer hueso hioides fósil identificado de un perezoso gigante (Lestodon armatus) en el país.

Se trata de una pieza de aproximadamente 16 centímetros de longitud, correspondiente al aparato hioideo de un perezoso terrestre que habitó la región bonaerense hace cerca de 200 mil años. El material fue recuperado en un contexto geológico fluvial y presenta un estado de conservación excepcional.

La importancia del descubrimiento radica en la extrema rareza de este tipo de estructuras en el registro fósil. El hueso hioides suele desarticularse y deteriorarse con rapidez tras la muerte del animal debido a su fragilidad, lo que reduce notablemente sus posibilidades de fosilización.

En este caso, se trata de la primera vez que se registra una pieza de estas características atribuida a un ejemplar de Lestodon armatus en Argentina, lo que convierte al hallazgo en un aporte relevante para el estudio de la megafauna pleistocena.

El aparato hioideo está compuesto por pequeños huesos articulados entre sí y conectados con la base del cráneo. Su función principal es sostener la lengua y participar en procesos vinculados a la alimentación y la vocalización.

El ejemplar recuperado corresponde a un individuo adulto y se encuentra en condiciones de preservación que permiten su análisis detallado, algo poco frecuente en este tipo de restos.

El fósil fue hallado en Campo Spósito, un yacimiento de origen fluvial ubicado en la zona de San Pedro, provincia de Buenos Aires. Este sitio, identificado en 2001 por el equipo del museo, pertenece a tierras de una familia local que dio nombre al lugar.

Se estima que los sedimentos del área tienen una antigüedad cercana a los 200 mil años, lo que lo convierte en un espacio clave para el estudio de fauna extinta de la región.

Una vez finalizados los trabajos de análisis y conservación, el hueso hioides pasará a integrar la colección permanente del Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”, donde quedará disponible para su exhibición y estudio científico.

Mas info en http://grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


miércoles, 10 de junio de 2026

Shakajlura riojanensis, un antecesor de los cocodrilos del Triásico Tardío de Talampaya, La Rioja.




 

Argentina es un lugar espléndido para los descubrimientos paleontológicos y ello no constituye ninguna novedad. Lo que sí llama la atención, en este caso, es que el descubrimiento convoca a un pasado muy remoto, más que de costumbre.

Un equipo de científicos y científicas del Conicet halló, en La Rioja, al antecesor del cocodrilo, que se paseó por el noroeste del país hace 237 millones de años y se ubicó como uno de los depredadores más temibles. Antes de que los dinosaurios se parasen en la cima de la cadena alimenticia, especies como la descubierta se floreaban como los grandes cazadores del lugar. El hallazgo arroja nuevas pistas sobre cómo era la vida en aquel tiempo y ayuda a entender cómo un estudio del pasado puede contribuir a comprender los comportamientos de las especies del presente.

Precisamente, la especie habitó la actual región de Talampaya, específicamente en la Formación Chañares. Se estima que midió seis metros de largo y que su cráneo alcanzaba los 60 centímetros. Durante mucho tiempo se mantuvo esquivo a la observación y al trabajo de los paleontólogos. Lo bautizaron “Shakajlura riojanensis”, que quiere decir “lagarto bendito de La Rioja” y los detalles de su reporte fueron difundidos en la revista del rubro Papers in Palaeontology.

Julia Desojo, investigadora del Conicet en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, es una de las autoras del trabajo. En diálogo con Página 12, amplía: "Este reptil es la figurita difícil. Al ser un carnívoro que está al tope de la cadena alimenticia compone el elenco de los menos abundantes y de los más complicados de encontrar en el campo“.

Aunque el hallazgo se comunica en el presente porque los científicos aguardaron a la publicación del trabajo en una revista de interés, el proyecto en el que efectivamente sucedió el descubrimiento comenzó tiempo atrás. De hecho, el grupo interdisciplinario de investigadores trabaja en la zona desde 2011, y Shakajlura riojanensis fue identificado durante dos campañas sucesivas que se produjeron entre 2017 y 2018 en el Parque Nacional Talampaya.

En aquella ocasión, según refieren los investigadores del Conicet, pudieron dar con huesos del cráneo y con otros pertenecientes a su cintura. Sobre esto, la científica del Conicet detalla: “Somos un grupo de paleontólogos, geólogos y técnicos, que estamos por la zona desde 2011. En 2017 hallamos a la especie y luego fuimos nuevamente unos meses después para poder terminar de extraer el material del hallazgo”.

Dentro de los aspectos más destacables, Shakajlura se caracteriza por poca ornamentación maxilar (el hueso de la quijada que lleva los dientes) y por poseer un hueso de la mandíbula con una forma distintiva, de carácter prearticular y calibrada para la caza. Reviste de un valor particular poder conocer la arquitectura ornamental de estas bestias remotas porque ha sido tan hegemónico el estudio de los dinosaurios que es muy poco lo que se sabe de la vida en tiempos previos.

Desojo describe: “En la Formación Chañares conocíamos a este grupo de primos lejanos de los cocodrilos, gracias a una especie llamada Luperosuchus fractus, hallada por Alfred Romer, un científico estadounidense en 1960. En nuestro hallazgo, no solo encontramos elementos del cráneo, sino también del postcráneo”. Y continúa: “No tiene una nariz romana, esto quiere decir que sus nasales no están proyectados dorsalmente como una nariz. Los maxilares, que portan los dientes, no están ornamentados. Tiene características anatómicas del cráneo que se diferencian de lo previamente observado, por lo que para nosotros constituye una nueva especie“, refiere Desojo.

Hay que tener en cuenta que este reptil forma parte del grupo Paracrocodylomorpha, cuadrúpedos que podían llegar a medir 10 metros, y que poblaban la Tierra antes de que los grandes dinosaurios carnívoros realizaran su majestuosa aparición. De hecho, estos parientes lejanos de los cocodrilos no solo poblaban el planeta, sino que lo dominaban al ser depredadores eficaces. Y lo hicieron en una época de florecimiento, puntualmente en el Triásico, durante la Era Mesozoica, también conocida como la Edad de los reptiles, cuando todos los continentes formaban una enorme masa continental denominada Pangea.

La Rioja, y puntualmente Formación Chañares, congrega las miradas de la ciencia internacional porque, de manera reciente, ya se han identificado registros preciosos de mamíferos, cocodrilos y dinosaurios, así como de plantas y hongos. La especialista destaca: “Para el Triásico, La Rioja es un lugar súper reconocido y fructífero. El propio Romer que te comentaba antes se llevó un montón de fósiles de esa región; piezas que hoy están en Harvard. Con ayuda de la erosión que va socavando y gracias al ojo de los paleontólogos y de los equipos técnicos, continuamos de la mejor manera nuestro trabajo. Cada descubrimiento constituye una ventana a esta época del mundo“. Fuente: Pagina 12.

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Nuestro Carnotaurus sastrei en la exhibición del Museo Nacional de Historia Natural de Paris.

 

El Museo Nacional de Historia Natural de París, oficialmente el Muséum national d'Histoire naturelle, exhibe una copia del esqueleto de Carnotaurus sastrei en su famosa Galería de Paleontología. Se trata de uno de los dinosaurios sudamericanos más destacados de la colección.

Corresponde a una reconstrucción esquelética basada en el ejemplar hallado en la provincia de Chubut, Argentina, y descrito por el paleontólogo argentino José Bonaparte. El Carnotaurus sastrei es uno de los dinosaurios carnívoros mejor conocidos del hemisferio sur porque el ejemplar original conservó extensas impresiones de piel. Fue descubierto en sedimentos de la Formación La Colonia, en Chubut, con una antigüedad aproximada de entre 72 y 69 millones de años.

Entre sus características más llamativas destacan: Dos cuernos sobre los ojos, únicos entre los grandes terópodos. Brazos extremadamente reducidos, incluso más pequeños proporcionalmente que los de Tyrannosaurus. Patas largas y musculosas que sugieren una gran capacidad para correr y piel cubierta por escamas y osteodermos, conocida gracias a las excepcionales impresiones fósiles halladas junto al esqueleto. Tiene 3,5 metros a la altura de la cadera, 9 metros desde la cabeza hasta la punta de la cola y 1,3 y 2 toneladas (1300 a 2100 kilogramos) de peso.

Está expuesto junto a otros grandes dinosaurios de la sala, como Diplodocus, Iguanodon y Allosaurus. El hecho de que el museo parisino exhiba un Carnotaurus tiene un valor especial para la paleontología argentina, ya que es uno de los dinosaurios patagónicos más reconocibles del mundo y un representante emblemático del antiguo supercontinente Gondwana. Su presencia en París ayuda a difundir internacionalmente los descubrimientos realizados en Patagonia.

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lunes, 8 de junio de 2026

Nuevos datos sobre los amonites proceden del Cretácico de Vaca Muerta.




El hallazgo se realizó en la Formación Vaca Muerta, en la provincia de Mendoza, y permitió identificar por primera vez la conservación de una delicada capa orgánica en la conchilla de estos antiguos organismos marinos.

Un equipo de investigadores e investigadoras del CONICET halló en la Formación Vaca Muerta, en la cuenca neuquina, provincia de Mendoza, fósiles de amonites de aproximadamente 135 millones de años. Lo más destacado del descubrimiento es que dos especies, Bochianites neocomiensis y Lissonia riveroi, aún conservaban el periostraco, la capa orgánica más externa de la conchilla de la mayoría de los moluscos, compuesta en organismos actuales por proteínas, polisacáridos y lípidos. El trabajo fue publicado en la revista internacional Communications Biology.

“Los fósiles fueron hallados por Beatriz Aguirre Urreta y Luciana Marín durante las tareas de campo realizadas para la tesis doctoral de Luciana. Como trabajo junto a Beatriz desde hace casi 30 años, me invitó a participar de la investigación para intentar comprender por qué estas capas orgánicas se habían conservado en estos ejemplares y no en otros, considerando que los amonites son muy comunes en la cuenca Neuquina”, explica Maisa Tunik, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN).

La científica explica que los amonoideos fueron cefalópodos marinos extintos, grupo al que pertenecían los amonites, y que estaban emparentados de manera lejana con los actuales nautilos. Habitaron los océanos durante aproximadamente 400 millones de años, hasta desaparecer hace unos 66 millones de años, en la misma extinción masiva que acabó con los dinosaurios.

Los amonites -los fósiles identificados en este hallazgo- poseen una gran importancia científica debido a que evolucionaron rápidamente, tuvieron una amplia distribución geográfica y sus conchillas suelen preservarse con frecuencia. Estas características los convierten en excelentes fósiles guía, utilizados para datar estratos y correlacionar unidades geológicas entre distintas regiones. En el caso de la Formación Vaca Muerta, estos fósiles resultaron fundamentales para identificar y correlacionar rocas de la misma edad.

“Además, aportan información bioestratigráfica, ya que permiten determinar la edad relativa de las rocas. También brindan datos paleoambientales, paleobiogeográficos y tafonómicos, debido a que su morfología, distribución, estado de preservación y asociación con los sedimentos ayudan a reconstruir las condiciones del mar, la profundidad, los niveles de oxigenación y los procesos de enterramiento. En este caso particular, el hallazgo permitió estudiar una estructura orgánica de la conchilla que rara vez logra preservarse”, señala Maisa Tunik.

La principal relevancia del hallazgo radica en la preservación del periostraco de estos amonoideos, un descubrimiento considerado inédito, ya que es la primera vez que esta estructura es documentada en este tipo de organismos, destaca la especialista. “El periostraco es una estructura extremadamente delgada, flexible y frágil, que hasta ahora no había sido descripta en amonoideos cretácicos. El estudio demuestra que incluso tejidos orgánicos muy delicados pueden conservarse durante 135 millones de años cuando las condiciones tafonómicas y diagenéticas son favorables”, explica.

 “A partir de este trabajo podría cambiar la manera de estudiar este tipo de materiales, ya que demuestra que estructuras orgánicas extremadamente frágiles pueden conservarse bajo determinadas condiciones. Este hallazgo abre la posibilidad de buscar de forma sistemática biomateriales en otros amonoideos y ampliar el enfoque tradicional, que hasta ahora se centraba principalmente en la parte mineral de la conchilla. Además, permite avanzar hacia estudios bioquímicos y de ultraestructura que ayuden a comprender mejor la biología, la fisiología y la evolución de estos organismos”, concluye Rogel. Fuente: Conicet.

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domingo, 7 de junio de 2026

Tremacebus harringtoni, un primate de la antigua selva del Oligoceno de la Patagonia.

 


Es un primate platirrino que pertenece al Oligoceno tardío y Mioceno temprano. Vivió en la Patagonia argentina, cuando esta tenía una exuberante selva, a diferencia de lo que vemos en la actualidad. Pesaba de 2 a 3 kilogramos, como el actual género Cebus. Fósiles muy completos proceden del acantilado sur del Valle Bajo del río Chubut, cerca de Gaiman y en Sacanana. 

Dolichocebus se conoce por el tipo de cráneo encerrado en una concreción, numerosos dientes aislados, partes de dos mandíbulas y un astrágalo. Seguramente tenía una cola prensil que enrollan alrededor de las ramas para ayudarse en el movimiento en los árboles. 

Debió, adaptándose a varios tipos de bosques y consumiendo muchos tipos de comida, que incluian frutas, diferentes vegetales, invertebrados y pequeños vertebrados. Los platirrinos o monos del Nuevo Mundo se diferencian de los del Viejo Mundo, entre otras características, por las fosas nasales, que están más separadas y dirigidas hacia adelante en lugar de hacia abajo.  

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