lunes, 6 de abril de 2020

Desde dinosaurios hasta polen fosilizado en el Calafate.

“Los resultados de la exploración han sido excepcionales”. Con esta frase resumió Novas la campaña 2020 de un equipo conformado originalmente por 30 personas; científicos, técnicos, becarios e inclusive investigadores científicos japoneses, pertenecientes al Museo de Tokio.
Se trata de la tercera exploración - y la más importante dijo Novas – a un yacimiento situado a unos 40 kilómetros al sur de El Calafate, en lo alto de los cerros en propiedades de la Estancia Anita. Guiados por el encargado de la estancia, Facundo Echeverría, la expedición atravesando barreales y caminos de cornisa, hasta montar un gran campamento en altura, desde donde realizaron toda la investigación (entre el 8 y el 24 de marzo)
En el año 1980 el geólogo Francisco Nullo estaba realizando trabajos de topografía y se encontró con un afloramiento rocoso que tenía huesos fosilizados. Hace un par de años el paleontólogo Novas encabezó una primera campaña que localizó algunos restos de un  saurópodo de cuello y cola larga, al que llamó Nullotitan Glacialis. El primer nombre en homenaje al descubridor y el segundo porque desde el lugar se tiene una fabulosa vista al Glaciar Perito Moreno.
Entre enero y marzo del año pasado se encontró una variedad de restos fósiles que entusiasmo al equipo, que este año regreso con un despliegue mucho mayor. Y los resultados fueron extraordinarios, mas allá de que la campaña se vio interrumpida por la pandemia del Coronavirus.
“Aparecieron piezas de distintos organismos que habitaron esta zona entre 70 y 65 millones de años atrás, en el fin de la era de los dinosaurios. Se encontraron restos fósiles de caracoles terrestres y de agua dulce, de ranas, peces, tortugas y de mamíferos pequeños”, describe Novas en FM DIMENSION.
También hallaron plantas, troncos petrificados, impresiones de hojas y hasta el polen fosilizado.  “Podemos reconstruir los bosques y el hábitat de aquel momento. Es un yacimiento excepcional”, agregó el paleontólogo.
Pero además se realizó el descubrimiento de restos de un nuevo ejemplar de Nullotitan Glacialis,  de tamaño similar al primero encontrado.  Novas explicó que son vértebras mejor conservadas y articuladas de manera de conocer mejor la anatomía de ese titán.
Estos descubrimientos permiten reconstruir el ecosistema de esta región hace 65 o 70 millones de años, cuando no existían ni la Cordillera de los Andes ni mucho menos los glaciares, y cuando el océano tenía periódicos ingresos y luego retrocesos sobre la actual Patagonia Austral.
En la entrevista con el programa Radio Activa, Novas dijo estar sorprendido, por este yacimiento. “Tuve la oportunidad de trabajar en el Valle de la Luna – Talampaya, también en Chile (Aysén),  en Salta, Río Negro y otro montón de lugares. Pero este yacimiento es increíble, porque a diferencia de los otros está mostrando todo el ecosistema”.
Novas adelantó que esperan volver el año próximo y continuar con estos estudios “que tienen impacto a nivel internacional,  porque desde Sudamérica estamos aportando información sobre el límite entre el cretácico y el terciario, que es en el momento en el cual se extinguieron los dinosaurios”, dijo el paleontólogo en la radio de El Calafate.  (Guillermo Pérez Luque)

El Megaterio del PaleoArtista Miguel Ángel Lugo, de Arte Yaguaron.




Es otro de los paleoartistas que trabajaron por medio de la Fundación Azara para el Museo de Ciencias Naturales de Miramar. En este caso, mostraremos la reproducción del Megaterio, que se encuentra en la sala número cinco de nuestro museo, dedicada a Xenarthros fósiles.
Los animales a escala fueron trabajadod paulativamente, haciendo primero una estructura de hierro o alambre, agregándole el volumen o forma con telgopor de alta densidad.  Reposado sobre una base de madera, empezando por la cabeza, por lo cual, tallo en el telgopor el cráneo a escala del animal, y de ahí le da los detalles con masilla epoxi parcet.

Le agrega dicha cabeza , y recubre el resto del cuerpo con más masilla, sin olvidar de modelar pelos y músculos con herramientas de odontología.  Luego se concentra en manos, patas y garras. Una vez seco le da una base con pintura acrílica, preferentemente colores oscuros y lo fue aclarandolo con colores más claros con el aerografo.

A cada una de las figuras le hizo una forma única de base que lo personalizo, con un suelo y algunos arbustos etc.
El Megaterio (Megatherium americanum) superaba los 4,5 metros de altura cuando se paraba sobre sus patas traseras y con su larga y robusta cola  formando una especie de "trípode" permitiéndole llegar de esta forma a las hojas de los árboles y tener un mejor panorama de todo su alrededor. El peso estimado de esta especie es de 5 toneladas, algo así como dos elefantes. Su cuerpo estaba recubierto por una fuerte pelambre. Sus patas delanteras eran largas y fuertes, acompañadas por cuatro garras, lo que le permitía acceder de mejor manera a los vegetales que formaban parte de su dieta.

sábado, 4 de abril de 2020

Recuperan fosiles de Perdices del Plioceno y Pleistoceno.


Restos fósiles de Perdices del genero Nothura han sido recuperados en varias ocasiones en sedimentos del Plioceno (unos 3 millones de años) y en el Pleistoceno (hace unos 500 mil años) y depositados en las colecciones científicas del Museo de Ciencias Naturales de Miramar.
Los tinámidos son aves cuyo registro fósil se conoce principalmente en el Plioceno y Pleistoceno de Argentina. La Familia Tinamidae es endémica de la región Neotropical. Vulgarmente conocidas como Inambúes o perdices, se caracterizan por una pobre capacidad de vuelo y hábitos terrícolas.
Se han hallado restos fósiles en Brasil y Perú, pero el registro fósil proviene mayoritariamente de la República Argentina, en donde el resto más antiguo fue hallado en el Mioceno tardío de la provincia de La Pampa.
Las ratites se distribuyen en Nueva Zelanda (kiwis), África (avestruz), América (ñandúes) y en Australia y la isla de Nueva Guinea (emú y casuarios). Por otra parte, los tinamués son endémicos del Neotrópico (Sudamérica y Centroamérica).

viernes, 3 de abril de 2020

Prochelidaella buitreraensis, una nueva especie de tortuga de cuello largo de hace 100 millones de años.



 
Por primera vez se recupera un cuerpo con cráneo de una de las primeras tortugas de laguna. La investigación está a cargo de investigadores del CONICET, de la Fundación Azara, de la Universidad Maimónides y del Museo de Historia Natural de San Rafael (Mendoza).

Las tortugas son un conocido grupo de reptiles que se originaron allá entre mediados y fines del Triásico, junto con los cocodrilos, los lagartos, los dinosaurios y los mamíferos. Las primeras ya se mostraban acorazadas y sin dientes y no conocemos mucho acerca de cuál grupo de reptiles fue el que les dio origen. Sin embargo, desde aquellas primeras tortugas, mucho han caminado y muchos grupos de tortugas existieron, algunos completamente extintos ya, y otros con descendencia en la actualidad.

De los muchos grupos de tortugas, algunas se especializaron en la vida marina, otras en tierra firme y algunas en los ríos y arroyos. Aunque las tortugas siempre tuvieron coraza, no siempre tuvieron la habilidad de esconder su cabeza dentro del caparazón. Este raro atributo se originó en algún momento del Jurásico y lo hallamos como característico de las tortugas del Cretácico (¡Valientes tortugas! ¡Se pasaron la mitad de la época de los dinosaurios sin esconder la cabeza!).

A partir del Cretácico (144-65 millones de años atrás), comienzan a aparecer algunos grupos de tortugas que podríamos incluir entre las de tipo moderno (comparadas con las anteriores).

Dentro de las tortugas de aguas dulces, hay dos grandes grupos, clasificados de acuerdo a su modo de ocultar la cabeza: Las criptodiras (las que retraen el cuello directamente hacia dentro, como nuestra conocida tortuga de tierra), y las pleurodiras (aquellas que retraen el cuello lateralmente).

Hoy, las pleurodiras se agrupan en tres grandes familias: Pelomedúsidas (que hoy viven en África), Podocnemídidas (que hoy viven en Madagascar) y las Quélidas, de Sudamérica y Australia. Nuestras quélidas de Argentina habitan hoy con éxito los ríos y lagunas desde Misiones hasta Buenos Aires, con tres géneros: Hydromedusa, Phrynops y Acantochelys. Como son de climas cálidos, no habitan ya la Patagonia.

Prochelidaella buitreraensis es una antigua tortuga quélida de unos 30 centímetros de largo pero de unos 95 millones de años de antigüedad. Fue descubierta en La Buitrera, una localidad fosilífera situada cerca de Cerro Policía, en el noroeste de Río Negro, a unos 1.300 kilómetros de Buenos Aires.

La Buitrera se viene estudiando desde 1999 y ha provisto una impresionante lista de hallazgos completamente nuevos como dinosaurios carnívoros del grupo de los velocirraptores (Buitreraptor, Alnashetri), cuello-largos (Cathartesaura), cocodrilos omnívoros a herbívoros con hocico de zorro (Araripesuchus buitreraensis), reptiles esfenodontes herbívoros (Priosphenodon), lagartijas, serpientes con patas (Najash), mamíferos driolestoideos de hocico largo (Cronopio), tortugas y peces pulmonados o dipnoos.

A pesar de que la localidad de La Buitrera se conoce y se trabaja desde hace 20 años, y las tortugas que aquí presentamos se conocen desde entonces, recién en las últimas campañas apareció por vez primera una tortuga con cráneo, un hallazgo bastante raro, ya que cuando las tortugas mueren y su cuerpo se descompone, la cabeza suele ser llevada por el agua y se pierde.

En el verano de 2017, en la campaña dirigida por integrantes del Área de Paleontología de la Fundación Azara - Universidad Maimónides y del CONICET en coordinación con un equipo del Museo de Ciencias Naturales de San Rafael (Mendoza), trabajando en el Cañadón de las Tortugas, un sitio breve, dentro de la Localidad de La Buitrera.

El Cañadón de las Tortugas es levemente diferente al resto de los sitios en la localidad de La Buitrera. Un detallado estudio desarrollado por los geólogos Lic. Joaquín Pérez Mayoral y la Dra. María Lidia Sánchez nos permitieron conocer que los 20 metros de depósitos rocosos representan tres etapas que nos muestran cómo se contraían y expandían los márgenes del viejo desierto Kokorkom como resultado de los cambios climáticos de la época. Las tortugas se hallan en depósitos de río intercalados con dunas, donde se preservan rellenos de cuevas de invertebrados.

Los resultados del estudio de los restos indican que, efectivamente, se trata de una nueva especie, que fue nombrada como Prochelidaella buitreraensis.

El Dr. Ignacio Maniel -paleontólogo, investigador del CONICET, primer autor de la investigación- trabaja en el Museo de Historia Natural de San Rafael (Mendoza) y también participa el Dr. Sebastián Apesteguía -paleontológo del Área de Paleontología de la Fundación Azara -Universidad Maimónides- (Buenos Aires). Además de sus publicaciones científicas es autor de libros para el público como “Nuestros Dinosaurios” y “Vida en Evolución” y fue columnista del programa Científicos Industria Argentina.

El material estudiado incluye un cráneo muy completo, el mejor preservado mundialmente para una tortuga quélida del Cretácico, junto con varios otros huesos y partes de caparazón.

En aquellos tiempos del Cretácico, un vasto desierto se había formado entre Río Negro y Neuquén, el Kokorkom, o desierto de los huesos. Las arenas depositadas, endurecidas, compactadas y petrificadas, se conocerían luego como Formación Candeleros.

En la estación de lluvias, las zonas entre las dunas se inundaban y allí habitaban por un tiempo peces pulmonados (dipnoos) y tortugas de agua dulce que se alimentaban de ellos. Eso lo sabemos gracias a que de las tortugas no sólo se encuentran huesos sino también coprolitos (heces petrificadas). Gracias a esto se pudo inferir que, como sus parientes actuales del grupo de las Chelidae, aquellas tortugas también se alimentaban de peces.

Prochelidella vivió en una época coincidente con los más grandes dinosaurios conocidos, como el dinosaurio carnívoro Giganotosaurus y apenas un poco antes del dinosaurio herbívoro Argentinosaurus.

Las tortugas quélidas viven hoy en nuestros grandes ríos y lagunas. Son muy pretenciosas en cuanto a sus requerimientos ambientales. El hallarlas en medio del ambiente desértico de Kokorkom nos dice mucho acerca de las características del ambiente en La Buitrera. Además, la anatomía de Prochelidella nos muestra cómo evolucionó el cráneo de estas tortugas a lo largo de los últimos 100 millones de años.

Las expediciones a La Buitrera fueron realizadas mediante un convenio con la Agencia Cultura del Gobierno de la Provincia de Río Negro. Los materiales fósiles corresponden al Museo Provincial Carlos Ameghino, de la ciudad de Cipolletti. Los materiales fósiles originales de este saurópodo se hallan depositados en el Museo Paleontológico “Carlos Ameghino”, de Cipolletti, Río Negro, bajo el número de colección MPCA PV 307.

La publicación de estos resultados son la parte final de un proyecto que incluyó numerosos trabajos de campo, laboratorio y gabinete. Para todo esto se necesitaron recursos humanos y financieros.

En los trabajos de campo participaron los autores junto con Fernando Garberoglio, Lucila Fernández Dumont, Riguetti, F., Rougier, G. W., Cimorelli, E., Pazo, L. J., Prámparo, M., Carignano, A. P., Veiga, G. y Caldwell, M. La preparación técnica de los fósiles fue realizada por Javier Pazo y Jonatan Kaluza.  Los dueños del campo, la familia Avelás, gentilmente dieron permiso para trabajar en su propiedad.

El apoyo financiero fue otorgado a los autores por distintas instituciones nacionales e internacionales, como Agencia (Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica), Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), Fundación Azara, Universidad Maimónides y National Geographic Society. Ilustracion de Carlos A. Gonzales. Fuente; Fundación Azara.

Hallan coprolitos de carnivoros del Plioceno.




Entre las tantas curiosidades en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar, se encuentran los coprolitos, heces o fecas fósiles recuperados en nuestros sedimentos.

Por lo general, no se preservan restos orgánicos en los fósiles de nuestra región. Pero en este caso se encontraron una importante cantidad de excrementos fosilizados, biológicamente fáciles de reconocer por su alto contenido de calcio, huesos triturados en su interior y con una matriz fosfática.

El estudio de los coprolitos constituye un campo muy importante para la paleontología, ya que teniendo en cuenta el lugar donde fueron hallados y sus características, es posible determinar con cierta precisión a qué animales correspondieron, su antigüedad, la relación del animal que los deposito con su ambiente, entre otras.

Su principal importancia radica en que constituyen pruebas directas de hábitos alimenticios y depredación de especies extintas, especialmente carnívoros ya que resulta más fácil encontrar restos óseos no digeridos que vegetales, (si bien esto no es imposible), estableciendo en muchos casos relaciones directas depredador-presa, que de otra forma solo son teóricas.

En este caso, estas fecas fueron encontradas en una antigua madriguera junto a varios especímenes, entre ellos, un prociónido y un marsupial, a los cuales podrían pertenecer, correspondientes al Plioceno local, unos 3 millones de años antes del presente.

En las fotos, se pueden ver el momento del hallazgo, el proceso de preparación en el Laboratorio Paleontológico y el resultado final para estudio.