miércoles, 15 de julio de 2026

Opisoma romeroi, un molusco gigante que vivió en el Jurásico de la Patagonia.

 


Hace aproximadamente 185 millones de años, durante el período Jurásico, el territorio que hoy corresponde al centro de la provincia de Neuquén era muy diferente al paisaje árido que conocemos. En aquel entonces no existían ni Argentina ni Sudamérica con su configuración actual, la Cordillera de los Andes aún no se había elevado y esta porción del continente se encontraba ubicada mucho más cerca del Ecuador. Un cálido golfo de aguas subtropicales, conectado con el océano Pacífico y rodeado de arrecifes, albergaba una extraordinaria diversidad de organismos marinos.

Las condiciones climáticas eran notablemente más cálidas que las actuales y favorecían el desarrollo de ecosistemas muy ricos, cuyos vestigios permanecen preservados en las rocas jurásicas de la región. Gracias a estos fósiles, que en muchos casos afloran directamente sobre la superficie, los paleontólogos continúan reconstruyendo la historia de aquellos antiguos mares. A este conjunto de organismos se suma Opisoma romeroi, una nueva especie de bivalvo extinto descripta por investigadores del CONICET y de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, cuyos resultados fueron publicados en la revista Journal of Paleontology.

El ejemplar presenta características que lo convierten en una especie excepcional dentro de su género. Una de las más llamativas es el lugar donde fue hallado: hasta el momento, los registros más australes de organismos similares provenían de yacimientos ubicados en Chile, aproximadamente a la latitud de la provincia de Catamarca, varios cientos de kilómetros más al norte. Sin embargo, el rasgo más sorprendente es su enorme tamaño. Mientras que la mayoría de las especies conocidas del género apenas alcanzan entre dos y tres centímetros de longitud, Opisoma romeroi mide alrededor de 18 centímetros, una dimensión extraordinaria para este grupo.

Los bivalvos constituyen un grupo de moluscos marinos invertebrados que incluye a las actuales almejas, mejillones y ostras. Se caracterizan por poseer un cuerpo blando protegido por dos valvas calcáreas unidas mediante una bisagra natural, que se abren y cierran gracias a la acción de músculos y ligamentos elásticos.

La nueva especie posee una morfología muy particular. Su conchilla recuerda la forma de un corazón y presenta un notable espesor debido a la acumulación de carbonato de calcio en uno de sus lados, una adaptación que sugiere que el animal vivía parcialmente enterrado en el fondo marino. Además, determinadas estructuras sobresalientes de la valva, comparadas con especies actuales de características semejantes, indican que probablemente mantenía una relación simbiótica con organismos fotosintéticos.

Los investigadores interpretan que este antiguo molusco habría alojado microalgas en los tejidos de su manto. Las valvas, relativamente aplanadas, permitían exponer estas algas a la luz solar para que realizaran fotosíntesis, generando nutrientes que también beneficiaban al hospedador. De esta manera, Opisoma romeroi habría desarrollado una estrategia de fotosimbiosis semejante a la observada en algunos bivalvos modernos que habitan mares tropicales de aguas poco profundas y tranquilas. Esta evidencia aporta nueva información sobre las condiciones ambientales que caracterizaban al centro de Neuquén durante el Jurásico, confirmando la presencia de un clima cálido y subtropical.

El fósil fue descubierto en el sitio conocido como Cerro Granito por Francisco Romero, primer director del Museo Carmen Funes de Plaza Huincul, razón por la cual la especie lleva su apellido. Sin embargo, el material permaneció durante más de cuatro décadas resguardado en dos colecciones científicas: una parte en el Museo Provincial de Ciencias Naturales "Prof. Dr. Juan A. Olsacher" de Zapala y la otra en un repositorio institucional de la Universidad de Buenos Aires.

Aunque el reconocido paleontólogo Horacio Camacho había manifestado interés en estudiar estos ejemplares, el trabajo nunca llegó a concretarse y las piezas permanecieron sin analizar hasta la investigación actual. Para su estudio no solo se aplicaron los métodos paleontológicos tradicionales, sino también técnicas de tomografía computada de alta resolución, que permitieron examinar el interior de las valvas sin dañarlas y buscar estructuras relacionadas con posibles asociaciones fotosimbióticas.

Los análisis descartaron la presencia de perforaciones o ventanas en la conchilla, como las que poseen algunas almejas actuales del género Corculum, utilizadas para facilitar el ingreso de la luz hacia las algas simbiontes. Esta ausencia llevó a los investigadores a proponer que Opisoma romeroi habría desarrollado una estrategia diferente para optimizar la captación de radiación solar, comparable a la observada en las gigantescas almejas del género Tridacna, habitantes de los arrecifes del océano Indo-Pacífico.

Estas almejas modernas permanecen fijas al sustrato y albergan millones de microalgas en los tejidos del manto, el cual despliegan ampliamente durante el día para maximizar la exposición a la luz. Aunque no se trata de organismos estrechamente emparentados, ambos grupos comparten adaptaciones similares vinculadas al gran tamaño corporal, la vida en ambientes marinos cálidos y poco profundos y el aprovechamiento de asociaciones fotosintéticas.

El descubrimiento de Opisoma romeroi no solo amplía el conocimiento sobre la biodiversidad marina del Jurásico argentino, sino que también modifica la distribución conocida del género, demostrando que estos bivalvos alcanzaron latitudes considerablemente más australes de lo que se suponía. Este hallazgo abre nuevas perspectivas para comprender la evolución de la fauna marina jurásica y plantea la posibilidad de que otros integrantes del grupo de los grandes bivalvos conocidos como Lithiotis también hayan habitado regiones más australes antes de desaparecer durante la primera parte del Jurásico. Fuente: Conicet.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


domingo, 12 de julio de 2026

Del descubrimiento de fósiles de Darwin al gigantismo evolutivo.


Un estudio reciente de Lobo et al., revisa el famoso fósil de Darwin desde una perspectiva completamente diferente. En lugar de centrarse en la propia Macrauchenia, el estudio reconstruye la historia evolutiva de la masa corporal en toda su familia, Macraucheniidae, utilizando métodos comparativos filogenéticos.

Ver articulo completo en https://communities.springernature.com/posts/from-darwin-s-fossil-discovery-to-evolutionary-gigantism-the-story-of-macraucheniidae-body-size

sábado, 11 de julio de 2026

Leontinia gaudryi, una gran bestia del Oligoceno.


Es un género extinto de leontínido, familia del orden de los notoungulados que evolucionaron aisladamente en Sudamérica. Florentino Ameghino fue quien, al describir el género en 1895, le puso ese nombre en honor a su esposa parisina Leontina Poirier.

Sus fósiles se han hallado en la formación Deseado en Argentina, y son de los más abundantes restos de cualquier animal encontrados allí. El género data de finales del Oligoceno. En Leontinia, los primeros dientes incisivos de la mandíbula superior eran pequeños dientes recortados, mientras los segundos eran más alargados y formaban colmillos caniniformes.

En la mandíbula inferior el tercer incisivo se desarrolló como colmillo, no así el segundo. Variaciones en la longitud de los incisivos han sido usados para distinguir a las distintas especies del género unas de otras, y podrían ser evidencia de dimorfismo sexual entre los individuos de estas especies.

De hecho, se ha sugerido que las distintas especies asignadas sobre la base de las proporciones dentales podrían estar realmente representando las variaciones de género entre los miembros de una única especie. Los huesos nasales están muy elevados desde la cavidad nasal y sugieren que este animal puede haber poseído una especie de cuerno similar al del rinoceronte Diceratherium, del Mioceno de América del Norte, Europa y Asia.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/oligoceno.htm

viernes, 10 de julio de 2026

Scarrittia, un interesante ungulado sudamericano del Oligoceno.


Es una especie extinta de mamíferos notoungulados, el único miembro de los leontínidos que conocemos a través de un esqueleto en buen estado de conservación. El nombre del género, hace referencia a Scarrit Pocket, una cantera fosilífera ubicada en la provincia de Chubut. 

Durante su vida, es probable que se pareciera mucho a un rinoceronte de movimientos lentos y pies planos. Scarrittia era un animal bastante pesado, de cuerpo y cuello largos, patas robustas, pies con tres dedos ungulados y un rabo muy corto. La tibia y el peroné estaban fundidos parcialmente por la parte superior, por lo cual las patas no podían girar hacia los lados. 

La cara era bastante corta y las mandíbulas presentaban una dentadura completa, formada por 44 piezas con coronas bajas y bastante poco especializadas. Scarrittia canquelensis, Scarrittia barranquensis y Scarrittia canquelensis, fueron encontradas en varias localidades de Patagonia, mientras Scarrittia robusta, solo se encontró en Paso del Cuello, en Uruguay. 

Este herbívoro de cuerpo grande, y pesado tenía 2 metros de longitud. Su aspecto, tal vez, era parecido al de un tapir, alimentándose de la floresta húmeda, cerca de la costa de pantanos, ríos y lagos, en donde había vegetación blanda, pastos, frutos y arbustiva.

Ver mas en  http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/oligoceno.htm


jueves, 9 de julio de 2026

Chelonoidis gringorum, una tortuga del Mioceno de Patagonia.


 

En el Mioceno Inferior de Patagonia fue hallada una tortuga de gran tamaño, llamada Chelonoidis gringorum probablemente precursora de Chelonoidis chilensis, también fósil en los depósitos pleistocénicos de Córdoba. Otros dos taxa, muy cercanos a Chelonoidis chilensisChelonoidis donosobarrosi y  Chelonoidis petersi (vivientes). 

Rasgo sobresaliente del orden Testudines, es la presencia de una envoltura externa de consistencia variable, vulgarmente conocida como caparazón o concha, en íntimo contacto con el eje vertebral del esqueleto y constituida por una porción ósea profunda recubierta por láminas o placas córneas dérmicas. Integran el caparazón, dorsalmente el denominado carapax, ventralmente el plastrón, unidos lateralmente por una conexión, o puente, y ambos formados por huesos aplanados, articulados entre ellos mediante suturas apareciendo proyectados hacia el exterior los marginales, como aleros de un tejado. Resulta así asegurada la notoria solidez estructural del caparazón. 

Estas tortugas marcan su permanente presencia en áreas relativamente boscosas, cerca de algarrobos, grandes cactus, etc, determinando restringidos espacios de abrigo casi libre de vegetación. La alimentación estária constituida por frutos y hojas de cactáceas, cucurbitáceas, leguminosas, gramineas, etc. Fósiles de Chelonoidis gringorum provienen de afloramientos Terciarios de la Formación Sarmiento expuestos en la ribera sur del valle del río Chubut, entre Gaiman y Dolavon (Provincia de Chubut, Argentina). Estos ejemplares que se encuentran aquí, pertenecen al MEF.  Otras tortugas del Mioceno tuvieron amplia dispersión, con formas de robustas dimensiones como Geochelone (Chelonoidis) gallardoi en Catamarca.

Mas info en  http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/mioceno.htm