Autores: Eduardo Tonni
y Ricardo Pasquali Facultad de Ciencias Naturales y
Museo, Departamento Científico de Paleontología de
Vertebrados. Universidad Nacional de La Plata.
Investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas
de la Provincia de Buenos Aires. Universidad
CAECE – Departamento de Biología. Extraído de la
revista "Educación de Ciencias". Volumen 2, N°
4. (Fragmento del articulo original).La actual fauna de mamíferos terrestres
sudamericanos se originó a partir de antepasados
provenientes de otras masas continentales. El ingreso de
estos inmigrantes ancestrales se realizó en oleadas,
separadas entre sí por lapsos que se miden en millones
de años, y estuvo regido principalmente por los lentos
cambios geográficos debidos a la deriva de los
continentes.
Hace unos 250 millones de años, a comienzos de la
Era Mesozoica, existía en el planeta un solo
continente, llamado Pangea, que estaba formado por la
unión de todas las masas continentales. Durante el período
Jurásico, unos 180 millones de años atrás, Pangea
comenzó a fragmentarse y 40 millones de años después
quedaba dividida en dos grandes continentes: Laurasia al
norte, incluyendo a América del Norte y Eurasia, y
Gondwana al sur. La separación de estos dos
supercontinentes había originado lo que se conoce como
Mar de Tethys.
De esta manera, la futura América del Sur formaba
parte de Gondwana. Al norte estaba conectada con lo que
más tarde sería África, y por el sur con lo que serían
Antártida, Australia, Nueva Zelanda y las islas
adyacentes.
La separación del continente sudamericano se
inició hace por lo menos 130 millones de años, cuando
quedó definido el Atlántico Sur como consecuencia de
su lento alejamiento de África.
En el lapso comprendido entre 85 a algo menos de
65 millones de años atrás, a fines de la Era Mesozoica
y principios de la Cenozoica, la aparición de cadenas
de islas transitorias en el norte permitieron
intercambios faunísticos ocasionales con América del
Norte, por medio de los cuales ingresaron a Sudamérica
los antepasados de los marsupiales actuales.
Posiblemente en esta época llegaron los ancestros de
los armadillos, provenientes de algún sitio de Gondwana.
Entre unos 40 a 8 millones de años antes del
presente se produjo el más severo aislamiento de Sudamérica,
que quedó convertida en un continente isla. Este largo
aislamiento se vio parcialmente interrumpido hace unos
35 millones de años, o algo menos, por el ingreso a
Sudamérica de los roedores y primates, quizá a través
de balsas naturales, provenientes de las costas
africanas.
Más tarde, durante el Mioceno tardío, unos 8
millones de años atrás, un sistema de islas en el
Caribe y la deriva de los continentes permitió el
intercambio faunístico entre Sudamérica y América del
Norte. Finalmente, hace unos 3 a 2,5 millones de años
se estableció una firme conexión interamericana a través
del istmo de Panamá, dando origen al llamado Gran
Intercambio Faunístico Americano, cuyos registros fósiles
más antiguos datan de unos tres millones de años atrás.
El Gran
Intercambio Faunístico Americano
A fines del Plioceno temprano Sudamérica deja de
ser un continente isla. A partir de esa época los
ocasionales intercambios faunísticos con América del Norte
por medio de rutas de azar -por el agua en forma pasiva-
son reemplazados por migraciones masivas, pero
parcialmente selectivas, por tierra firme a través del
istmo de Panamá.
En este intercambio a través del puente panameño
ingresaron a Sudamérica miembros de las familias de los
mustélidos -zorrinos-, tayasuidos -pecaríes-, cánidos
-perros y zorros-, félidos –gatos silvestres y
pumas-, úrsidos -osos-, camélidos -guanacos y vicuñas-,
cérvidos -ciervos-, équidos -caballos-, tapíridos
-tapires-, gomfotéridos -mastodontes-, heterómidos
-ratas canguro-, esciúridos -ardillas-, sorícidos
-musarañas-, lepóridos -liebres- y el hombre.
De Sudamérica emigraron hasta hoy hacia América
del Norte integrantes de las familias de los dasipódidos
-armadillos-, gliptodóntidos -gliptodontes-, mirmecofágidos
-osos hormigueros-, hidrocoéridos -carpinchos-, eretizóntidos
-puercoespines-, didélfidos -comadrejas-, megatéridos
-perezosos terrestres-, toxodóntidos -toxodontes-,
calitrícidos -monos tití-, cébidos -monos
sudamericanos-, bradipódidos -perezosos arborícolas-,
ciclópidos -ositos meleros-, dasipróctidos -agutíes-
y equímidos -ratas espinosas-.
Marsupiales
Los marsupiales se caracterizan por poseer crías
que nacen en un estado muy inmaduro. El desarrollo
embrionario lo completan fuera del útero materno, en una
bolsa o marsupio que rodea la zona mamaria. Debido a que
el embrión no desarrolla una placenta, o ésta es sólo
incipiente, los marsupiales forman parte del grupo de
mamíferos no placentarios.
Se cree que los
marsupiales pasaron de América del Norte a Sudamérica a
través de una cadena transitoria de islas en el Caribe a
fines del Cretácico. A través de la Antártida, los
marsupiales habrían llegado a Australia donde
adquirieron una extraordinaria diversidad. Para fines
del Cretácico, en Sudamérica había varias familias de
estos viejos inmigrantes, que quedaron registrados
principalmente en yacimientos paleontológicos de
Argentina, Perú y Bolivia.
Entre los primeros marsupiales que colonizaron
Sudamérica había representantes de dos familias
actuales: los didélfidos, en la que se encuentran las
comadrejas, y los microbiotéridos, que incluyen a los
monitos del monte. Una tercera familia, los
protodidélfidos,
habría dado origen a la familia de los cenoléstidos,
representada actualmente por los ratones runchos.
La presencia en Sudamérica de los didélfidos y
los microbiotéridos es continua desde fines del Cretácico.
Estos dos grupos están entre las familias de mamíferos
que poseen más larga existencia.
Para fines del Mioceno, los marsupiales didélfidos
muestran una rápida expansión y una gran diversidad.
Esto se atribuye a la ocupación de zonas dejadas
vacantes por marsupiales carnívoros pequeños y
medianos, de hábitos terrestres o semiarborícolas.
Armadillos, osos
hormigueros y perezosos
Los armadillos, osos hormigueros y perezosos
actuales pertenecen al grupo de los xenartros. La
palabra xenartro, que significa articulación extraña,
hace referencia a una articulación suplementaria que
existe entre las vértebras de estos mamíferos. A su
vez el nombre de edentados, como se denomina también a
este grupo, tiene su origen en la reducción del número
de dientes, que llega a ser total en el oso hormiguero.
También se caracterizan por la falta de esmalte en sus
dientes, con excepción de algunas formas primitivas.
Los xenartros o edentados se subdividen en
cingulados, pilosos y vermilinguos.
Los cingulados o loricados están provistos de una
armadura dérmica externa. Se subdividen en las
superfamilias de los dasipodoideos, que incluye a los
armadillos fósiles y vivientes, y de los
gliptodontoideos. El caparazón de los dasipodoideos está
formado por dos escudos, escapular -en la parte
anterior- y lumbar -en la posterior-, que están
separados por un cierto número de bandas transversales.
Los gliptodontoideos, exclusivamente fósiles, se
caracterizan por su caparazón formado por una sola
pieza.
Los xenartros pilosos o tardígrados se
caracterizan por poseer el cuerpo cubierto de un espeso
pelo, sin una armadura como en los cingulados, aunque en
algunas formas fósiles había un escudo óseo entre la
piel.
Los vermilinguos presentan adaptaciones muy
marcadas para alimentarse de hormigas, como ausencia
total de dientes, cráneo cilíndrico y alargado con un
largo hocico, mandíbula reducida a un par de varillas,
capacidad de los miembros anteriores para excavar,
lengua delgada, larga, pegajosa y retráctil. Al igual
que los xenartros pilosos tienen el cuerpo cubierto de
pelos. Hay especies de vida arborícola y otras que son
terrestres.
Los armadillos
Posiblemente los armadillos fueron los primeros
edentados que ingresaron a la actual Sudamérica desde
algún sitio de Gondwana. Los armadillos más antiguos
se hallaron en sedimentos del Paleoceno. En el Eoceno
temprano alcanzan una diversificación considerable,
registrándose catorce especies en Patagonia y el
noroeste argentino.
A partir del Plioceno tardío se registran por
primera vez géneros vivientes de armadillos, como
Tolypeutes –quirquincho bola-, Chaetophractus
–peludos- y Zaedyus –piches-.
Durante el Pleistoceno, este grupo de edentados
cingulados estaba representado por las subfamilias de
los eufractinos, dasipodinos, clamiforinos, priodontinos,
eutatinos y pampaterinos.
La subfamilia de los eufractinos posee de seis a
once bandas en el caparazón. Tanto el caparazón como
la región inferior del cuerpo están cubiertos de
abundantes cerdas. Esta subfamilia comprende a los géneros
actuales Euphractus, Chaetophractus y Zaedyus. Al género
Euphractus pertenecen los armadillos de seis bandas,
mientras que Chaetophractus incluye al peludo -Chaetophractus
villosus- y Zaedyus al pichi de Patagonia.
El género tipo de la subfamilia de los
dasipodinos es Dasypus, al cual pertenece la mulita -Dasypus
hybridus-. Si bien las formas actuales de esta
subfamilia son relativamente pequeñas, en el
Pleistoceno hubo dasipodinos de gran tamaño, como
Propraopus grandis, que medía 1,20 metros en total.
Las subfamilias de los
priodontinos, eutatinos y pampaterinos, junto con algunos representantes de los
dasipodinos, incluyen a los armadillos más grandes del
Pleistoceno. El mayor armadillo actual, el tatú carreta
-Priodontes maximus-, pertenece a la subfamilia de los
priodontinos. Este animal llega a medir 1,60 metros de
largo total, de los cuales unos 0,50 metros corresponden
a la cola. El caparazón del tatú carreta está
desprovisto de pelos y posee una dentadura formada por
50 pequeños dientes.
Los eutatinos no tienen representantes vivientes.
Estos enormes armadillos tenían el caparazón poco
abombado y el escudo escapular no estaba bien
diferenciado. El nombre de esta familia se debe al género
Eutatus, que vivió entre el Plioceno tardío y el
Holoceno temprano.
Ver mas en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/notas01.htm