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martes, 8 de abril de 2025

Aenocyon dirus, el Lobo Terrible del Pleistoceno Americano volvió a la vida luego de 13 mil años.

 





 Colossal Biosciences, la única empresa de desextinción del mundo, ha anunciado el renacimiento del extinto lobo terrible (Aenocyon dirus).

Los lobos terribles eran grandes cánidos parecidos a los lobos y estaban entre los grandes carnívoros extintos más comunes de la megafauna americana del Pleistoceno tardío.

Estos animales aparecieron por primera vez durante el Plioceno tardío, hace entre 3,5 y 2,5 millones de años, como consecuencia de la mezcla entre dos linajes de cánidos más antiguos. Los lobos terribles eran hasta un 25% más pesados ​​que los lobos grises y tenían una cabeza ligeramente más ancha, un pelaje claro y grueso y una mandíbula más fuerte.

Aenocyon dirus (Leidy, 1858), es una especie de cánido que vivió en América del Norte y se desplazó hasta las Pampas del centro de la Argentina durante el Pleistoceno.

Si bien era un Lobo grande, tampoco era gigante, sobrepasando apenas el Lobo actual. Aenocyon dirus, pesaba unos 100 kilogramos. era mucho más robusto y sus patas proporcionalmente cortas. El morro era largo y las mandíbulas potentes, con dientes gruesos y fuertes capaces de triturar huesos.

Perseguían activamente y capturaban mamíferos de mediano a gran porte con una masa de entre 50 y 300 kilogramos. Deben haber depredado principalmente a los numerosos cérvidos, caballos, camélidos, y pecaríes que habitaban en esas regiones de América del Sur durante ese periodo. Tal vez incluso capturaron a ejemplares jóvenes de megafauna.

El registro fósil indica que los géneros Canis, Urocyon y Vulpes divergieron del primitivo y pequeño Leptocyon (Matthew, 1918) en el Mioceno, hace 9 o 10 millones de años. Un millón de años después los cánidos dejaron su Norteamérica natal y se extendieron por Eurasia y África, diferenciándose en múltiples especies. Mientras tanto, los cánidos vivían otra explosión diversificatoria en América del Norte. Otros canidos emigraron a América del Sur durante el Gran Intercambio Biótico Americano.

Aenocyon dirus hizo su aparición en Sudamérica a finales del Pleistoceno. En el Cuaternario de Argentina, solo se habían encontrado restos de otros canidos grandes, como Canis gezi, un pequeño Lobo poco conocido del Ensenadense de Sudamérica, que, parece haber dado lugar a Canis nehringi, una especie Lujanense. Recientemente, Canis nehringi de Sudamérica y Canis dirus de Norteamérica, se convirtieron en sinonomia de Aenocyon dirus, el lobo terrible.

Como hipercarnívoros, su dieta comprendía al menos un 70% de carne procedente principalmente de caballos y bisontes. Se extinguieron al final de la Edad de Hielo más reciente, hace unos 13.000 años. La principal hipótesis para explicar su extinción es que, debido a su mayor tamaño corporal en comparación con los lobos grises y los coyotes, los lobos terribles estaban más especializados para cazar presas grandes y no pudieron sobrevivir a la extinción de su presa megafauna.

Por su aspecto, este lobo prehistórico era muy parecido a sus equivalentes modernos, aunque era bastante más corpulento. Es probable que fuera más carroñero que cazador y que ocupara el nicho de borofaginost como Osteoborus, cuando éstos se extinguieron, al principio del Pleistoceno. Se han excavado los restos de más de dos mil lobos de este tipo entre los depósitos de alquitrán del Rancho La Brea, en el lugar donde se alza en la actualidad la ciudad de Los Ángeles (USA). Hace unos 25.000 años, en este lugar se filtró petróleo crudo hasta la superficie y sus componentes volátiles se evaporaron, dejando charcos de alquitrán pegajoso.

Estos charcos, cubiertos de agua, les daba un aspecto inocente, atrapaban a los animales desprevenidos, como los perezosos terrestres y los elefantes americanos, que se acercaban a beber agua. A su vez, el pánico de los animales moribundos atraía a los carnívoros como estos lobos y los tigres dientes de sable. Smilodon, y estos predadores también quedaron aprisionados. En condiciones en las cuales se llevó a cabo la fosilización han dejado un registro detallado de la vida durante el Pleistoceno. Es evidente que los lobos y los tigres dientes de sable se enzarzaban en peleas terribles, ya que sus huesos a menudo están cubiertos de cicatrices que se han producido los unos a los otros con sus formidables dientes.

Los cazadores más activos, como los leones y los perros contemporáneos, rara vez quedaban atrapados en la brea. Parece que estos animales eran más inteligentes y se­daban cuenta del peligro que significaba seguir a sus presas dentro de los charcos.

“Nuestro equipo tomó ADN de un diente de 13.000 años y de un cráneo de 72.000 años y creó cachorros de lobo terrible sanos”, dijo Ben Lamm, director ejecutivo de Colossal Biosciences. “Una vez se dijo: 'cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia'”.

“Hoy, nuestro equipo podrá revelar parte de la magia en la que están trabajando y su amplio impacto en la conservación”. Las tres camadas de lobos terribles de Colossal Biosciences incluyen dos machos adolescentes (Rómulo y Remo) y una cachorra (Khaleesi).

Están prosperando en una reserva ecológica segura de más de 2000 acres que incluye zonas de participación especializadas y tipos de hábitos. Son monitoreados continuamente a través de cámaras en vivo en el lugar, personal de seguridad y rastreo con drones para garantizar su seguridad y bienestar.

“La desextinción del lobo terrible es más que un renacimiento biológico”, dijo el presidente tribal de la Nación MHA, Mark Fox. “Su nacimiento simboliza un despertar: el regreso de un espíritu antiguo al mundo”. “El lobo terrible lleva consigo los ecos de nuestros antepasados, su sabiduría y su conexión con la naturaleza”.

“Su presencia nos recordaría nuestra responsabilidad como guardianes de la Tierra: proteger no solo al lobo, sino el delicado equilibrio de la vida misma”. “El trabajo del equipo de Colossal Biosciences no solo es importante para nuestras tierras y nuestra gente, sino también para los esfuerzos de conservación en todo el mundo”. “La capacidad de la innovación tecnológica para generar algo tan significativo cultural y espiritualmente para los pueblos indígenas se corresponde con el amplio impacto que esta tecnología tiene en el futuro de la gestión de nuestro planeta, en términos de diversidad de especies y conservación”.

Colossal Biosciences también dio a luz dos camadas de lobos rojos (Canis rufus) de tres líneas fundadoras genéticas diferentes.

Estas camadas incluyen una hembra adolescente de lobo rojo (Hope) y tres cachorros machos de lobo rojo (Blaze, Cinder y Ash). “La preservación, expansión y evaluación de la diversidad genética debe realizarse mucho antes de que se pierdan importantes especies animales en peligro de extinción, como el lobo rojo”, afirmó el Dr. George Church, genetista de la Universidad de Harvard y cofundador de Colossal Biosciences.

“Otra fuente de variedad en los ecosistemas proviene de nuestras nuevas tecnologías para desextintar genes perdidos, incluyendo la secuenciación profunda de ADN antiguo, los análisis de rasgos polifiléticos, la edición múltiple de la línea germinal y la clonación”. El lobo terrible es un ejemplo temprano de esto, incluyendo el mayor número de ediciones genómicas precisas en un vertebrado sano hasta la fecha. Una capacidad que crece exponencialmente. Fuente: sci.news, modificado y adaptado por grupopaleo.com.ar

Más info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm  


martes, 11 de junio de 2024

Encuentran un cráneo de Tursiops en una antigua ingresion marina en San Pedro.





 Fue hallado por dos pescadores y puesto a disposición del Museo Paleontológico de San Pedro. El animal vivió en la zona durante la última ingresión del mar al continente.

Damián Crispien y Pablo Silva son pescadores en la zona de San Pedro, a 170 km de Buenos Aires, y nunca pensaron que el río les reservaba una gran sorpresa. En una de las tantas madrugadas en las que se hacen al agua en busca del sustento para sus familias, pescaron el cráneo de un delfín de 5.000 años de antigüedad!!

La pieza hallada por Crispien y Silva se conserva en perfecto estado, como si el cetáceo hubiera muerto hace apenas unas semanas. Es un cráneo de casi 60 cm de longitud y unos 30 cm de ancho.

Es un registro extremadamente valioso, tanto por el animal del que se trata como por el lugar donde fue encontrado.

El material corresponde a un delfín “nariz de botella” (Tursiops truncatus), muy conocido por todos porque es la especie más cercana al hombre y se la puede ver en muchos acuarios del mundo. Su nombre común proviene de su particular nariz en forma de bulbo.

Este cráneo fue pescado en el riacho Baradero, en un sector conocido como “Bajo del Tala”, partido de San Pedro; un sitio a unos 400 kilómetros tierra adentro del litoral marítimo actual.

Durante la última ingresión marina al continente, ocurrida durante el Holoceno, entre unos 7.000 y 3.500 años atrás, el mar ingresó por el Río de la Plata y ocupando el cauce del río Paraná, fue inundando todos los sectores bajos hasta pasando Rosario. Debido a esto, en ciertas ocasiones, suelen aparecer restos de diferentes animales que habitaron aquel ecosistema de estuario.

Para la clasificación del ejemplar, el Museo Paleontológico de San Pedro contó con la participación del Dr. Sergio Bogan, de la División Ictiología del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN-CONICET) y el Dr. Sergio Lucero, de la División Mastozoología; de la misma institución científica.

Los especialistas coincidieron en clasificar a este antiguo delfín dentro del género Tursiops, un animal al que en la actualidad se lo encuentra en diferentes regiones del planeta, habitando zonas costeras y amplios estuarios; frecuenta ambientes tranquilos similares a los que se formaron en el delta del Paraná inferior durante la ingresión marina del Holoceno.

Desde la Dirección del Museo Paleontológico de San Pedro, José Luis Aguilar, explica detalles de este hallazgo histórico: “El primer contacto con el descubrimiento de los dos pescadores nos llegó de parte de Nicolás Crispien, operador de la radio local y primo de Damián, solicitando colaboración del museo para identificar 'algo' que los dos amigos acababan de sacar del río. Cuando vi la imagen del cráneo no lo podía creer. Un cráneo de delfín no se saca todos los días del fondo del río!!”

Y continúa: “Este hallazgo, es el primer registro de delfines para el norte de la provincia de Buenos Aires y sur de Entre Ríos vinculado a la última entrada del mar al continente. En otras oportunidades hemos recuperado restos de aquella ingresión en nuestra zona: conchillas, ostras…hasta restos de una antigua playa marina. En ciertas ocasiones han aparecido restos fragmentados de ballenas. Pero nunca el cráneo completo de un delfín.

Es un ejemplar sumamente conservado y brindará una excelente oportunidad para estudiar otra de las especies marinas que se adentraron al continente en aquel evento global. Con anterioridad, se han fechado muestras de vertebrados marinos en localidades vecinas, como Baradero y Ramallo, que han arrojado antigüedades que van desde los 5.000 a los 6.000 años. El estado de la pieza recuperada y sus características de conservación nos permiten inferir que este material proviene del mismo rango temporal.

El museo de San Pedro posee una sala dedicada a la exhibición de los materiales marinos hallados en la zona, por lo que el descubrimiento de Crispien y Silva pasará a tener un lugar destacado en la difusión de ese importantísimo evento climático que alteró el paisaje de la región durante algunos milenios y configuró, en parte, la fisonomía de las barrancas del norte bonaerense”. Fuente: Museo Paleontológico de San Pedro "Fray Manuel de Torres".

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

domingo, 14 de abril de 2024

Dusicyon avus. La sociedad entre el gran zorro extinto y el cazador-recolector.

 



En una tumba antigua en lo que hoy es el norte d la Patagonia Argentina, una persona fue enterrada con un compañero canino, pero este animal no era un perro, según una nueva investigación. El entierro contenía el esqueleto de un tipo de canino que alguna vez pudo haber competido con los perros por el afecto humano: un zorro.

Los humanos y los perros tienen una larga historia. La relación entre las dos especies tiene decenas de miles de años. Sin embargo, un nuevo análisis de la evidencia de un entierro patagónico que data de hace unos 1.500 años sugiere una estrecha conexión similar entre un cazador-recolector de la zona austral de América del Sur y la gran especie extinta de zorro Dusicyon avus.

Los arqueólogos originalmente descubrieron el esqueleto casi completo de D. avus enterrado junto a un humano en Cañada Seca, un sitio en el norte de la Patagonia, en 1991. No había marcas de cortes en los huesos, por lo que no se habían comido al zorro, dijo la Dra. Ophélie Lebrasseur, investigadora de la Red de Investigación en Paleogenómica y Bioarqueología de Wellcome Trust en la Facultad de Arqueología de la Universidad de Oxford en el Reino Unido.

Un análisis en profundidad del ADN antiguo y la datación por radiocarbono confirmaron la especie y la edad del zorro, y el examen del colágeno en los restos del zorro reveló que comía la misma comida que este grupo de humanos. Además de la colocación del esqueleto en la tumba, la dieta del animal sugirió que el zorro era manso y pudo haber sido una mascota, informaron los científicos el miércoles en la revista Royal Society Open Science.

El descubrimiento se suma a un creciente conjunto de evidencia de sitios de entierro en otros continentes que indican que los zorros individuales fueron domesticados por humanos y compartían una conexión basada en el compañerismo.

D. avus vivió desde el Pleistoceno (hace entre 2,6 millones y 11.700 años) hasta el Holoceno, y se extinguió hace unos 500 años. Era aproximadamente del tamaño de un pastor alemán moderno, pero mucho menos voluminoso, pesaba hasta 15 kilogramos (33 libras).

La noción de los zorros como mascotas en América del Sur se alinea con la evidencia de otros entierros de zorros en Europa y Asia, dijo la Dra. Aurora Grandal-d'Anglade, paleobióloga de la Universidad de Coruña en España. Grandal-d'Anglade, que no participó en el nuevo estudio, describió anteriormente las tumbas de la Edad del Bronce en la Península Ibérica que incluían decenas de perros y cuatro zorros enterrados junto a personas. Los investigadores descubrieron que los zorros estaban colocados de manera muy parecida a los perros, lo que sugiere que ellos también eran compañeros de los humanos.

"No hay ninguna razón por la que los zorros no puedan ser domesticados", dijo Grandal-d'Anglade a CNN en un correo electrónico. “Sabemos que los humanos en muchas sociedades completamente diferentes a menudo tienen animales domésticos (no sólo caninos, sino también monos, pájaros y reptiles) simplemente como animales de compañía. Cuando se mira desde esta perspectiva, aparecen cada vez más sitios donde los zorros parecen haber desempeñado el papel de animales de compañía”.

Encontrar D. avus en una tumba humana fue sorprendente por otra razón: si bien la especie alguna vez estuvo muy extendida en la zona sur de América del Sur, antes era desconocida en esta parte de la Patagonia. Los cazadores-recolectores que vivían en la región normalmente permanecían dentro de un rango de aproximadamente 70 kilómetros (44 millas), por lo que probablemente se encontraron con el amigable zorro dentro de ese rango, según el estudio.

“El Dusicyon avus debió haber sido parte de la vecindad cercana para poder integrarse dentro de la comunidad”, dijo Lebrasseur.

El análisis también expuso lo que llevó a los zorros a la extinción, o más bien, lo que no. Una hipótesis sugirió que los zorros se cruzaron con perros que los colonizadores europeos introdujeron en América del Sur, y que el cruce finalmente provocó que el linaje de los zorros se extinguiera. Pero el ADN del zorro contaba una historia diferente, informaron los autores del estudio.

"Basándonos en lo que pudimos recuperar y en la técnica que desarrollamos en Oxford hace unos años, podemos suponer que el cruce entre perros domésticos y Dusicyon avus no habría podido producir descendencia fértil", dijo Lebrasseur.

Sin embargo, todavía es posible que los perros no fueran del todo inocentes en el declive de los zorros. Con una dieta similar a la de D. avus, los perros pueden haber ayudado a acelerar la extinción de los zorros al superarlos. Los perros también podrían haber portado y transmitido enfermedades que enfermaron a los zorros, añadió Lebrasseur.

Los expertos suelen explicar la domesticación de perros como algo que ocurrió porque los humanos se dieron cuenta de que podían poner a los perros a trabajar como cazadores o pastores, dijo Grandal-d'Anglade. Pero el esqueleto de D. avus en Cañada Seca y otros entierros de zorros insinúan que un animal no necesitaba ser un trabajador útil para ser nutrido por los humanos: simplemente podía ser un amigo.

"La proliferación de caninos de diferentes especies en estrecha relación con los humanos parece indicar que en principio se trataba de una relación de afecto, de compañerismo", afirmó Grandal-d'Anglade. "El hecho de que los encontremos en tantas sociedades diferentes y en diferentes continentes indica que tener animales como compañía, y no sólo como animales de trabajo o de carne, es un rasgo ancestral en los humanos".  Fuente ; cnnespanol.cnn.com

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm