Se trata de un mamífero de pequeño tamaño, superficialmente similar a los caballos actuales pero sin parentesco alguno, perteneciente a la familia de los proteroteríidos, un linaje muy primitivo originado en América del Sur. Durante cerca de 50 millones de años de relativo aislamiento, los mamíferos sudamericano-antárticos evolucionaron en un verdadero continente-isla, dando lugar a formas únicas como Neolicaphrium recens, el último representante conocido de los proteroteríidos. La expansión de las planicies abiertas en gran parte del continente sudamericano favoreció la evolución de animales corredores de estructura liviana; los primeros proteroterios presentaban un dedo central muy desarrollado en cada pie y dos laterales reducidos que apenas tocaban el suelo, una condición comparable a la observada en las patas traseras de los jabalíes actuales. Estos pequeños “falsos caballos” eran gráciles, de dorso relativamente corto y extremidades alargadas con pezuñas; el cráneo mostraba un rostro no particularmente alargado y ojos grandes, recordando más a gacelas u otros herbívoros pequeños o medianos que a los caballos modernos. Las proporciones de sus miembros sugieren que habitaban ambientes más boscosos, lo que permite realizar inferencias paleoambientales y paleoclimáticas. Recientemente se dio a conocer la presencia del género Neolicaphrium en sedimentos del Pleistoceno de Termas de Río Hondo, en la provincia de Santiago del Estero, donde previamente ya se había registrado parte de un esqueleto de otro proteroterio en niveles Mio-pliocenos; además, se conocen escasos restos de Neolicaphrium procedentes del Pleistoceno de Corrientes, Córdoba, Santa Fe y Uruguay.
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