Durante décadas, los arqueólogos debatieron cómo lograron sobrevivir y expandirse los primeros grupos humanos que poblaron América hace más de 13.000 años. ¿Eran cazadores oportunistas que aprovechaban cualquier recurso disponible o especialistas capaces de perseguir y abatir enormes animales de varias toneladas?
Un nuevo estudio
internacional aporta una respuesta contundente: la megafauna fue el pilar de su
alimentación y una pieza clave en la rápida colonización del continente. La
investigación, publicada en la revista *Science Advances*, reunió evidencias
arqueológicas procedentes de 50 sitios distribuidos desde Alaska hasta la
Patagonia y contó con la participación de investigadores del CONICET, la
Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional del Centro de
la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) y la Universidad de Alaska.
Los resultados respaldan
la hipótesis de que, entre hace 13.500 y 11.700 años, las primeras poblaciones
humanas desarrollaron una estrategia de caza altamente especializada sobre los
grandes herbívoros que dominaban los paisajes americanos. Esta conclusión
también fortalece la idea de que la presión ejercida por los cazadores pudo
haber contribuido al colapso y posterior desaparición de buena parte de la
megafauna del continente al final del Pleistoceno. Hasta ahora, una de las
principales controversias entre los especialistas consistía en determinar si
aquellos grupos tenían una dieta generalista, basada en aprovechar cualquier
recurso disponible, o si enfocaban gran parte de sus esfuerzos en capturar
animales de gran porte.
Para responder a esta
pregunta, los investigadores analizaron un amplio conjunto de evidencias arqueológicas
utilizando un enfoque diferente al aplicado tradicionalmente. En lugar de
limitarse a contabilizar la cantidad de huesos recuperados en los yacimientos,
el equipo estimó el aporte energético que representaba cada especie cazada.
El método permitió
calcular cuánta biomasa y cuántas calorías podía proporcionar cada animal,
ofreciendo una imagen mucho más precisa de la verdadera importancia de cada
presa dentro de la dieta humana. El cambio metodológico produjo resultados
reveladores. Aunque en los sitios arqueológicos aparecen restos de numerosas
especies pequeñas, como armadillos, roedores y otros animales menores, el
análisis demostró que los grandes herbívoros aportaban entre el 83 y el 90 por
ciento de toda la energía consumida por estas poblaciones. En otras palabras,
la megafauna no constituía un recurso ocasional, sino el verdadero sostén de su
subsistencia.
Luciano Prates,
investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la
Universidad Nacional de La Plata, explica que durante muchos años se creyó que
la megafauna había tenido un papel secundario en la economía de los primeros
habitantes de Sudamérica. Sin embargo, las investigaciones desarrolladas por su
equipo muestran un panorama muy diferente. Según el especialista, estos enormes
animales fueron el eje central de la alimentación y de la estrategia de
supervivencia de aquellas comunidades. El mismo grupo de investigación ya había
demostrado anteriormente que existe una estrecha coincidencia temporal entre el
comienzo del colapso de la megafauna, hace aproximadamente 12.900 años, y la
aparición de las conocidas puntas de proyectil "cola de pescado",
armas especialmente diseñadas para la caza de grandes mamíferos.
También habían
identificado que perezosos gigantes, mastodontes y caballos figuraban entre las
presas con mayor rendimiento energético en Sudamérica. El nuevo estudio amplía
ese panorama al incorporar información procedente de todo el continente
americano. Los investigadores analizaron sitios arqueológicos que abarcan desde
Beringia —el antiguo puente terrestre que unía Asia con América durante las
glaciaciones— hasta el extremo sur de la Patagonia, permitiendo comparar las
estrategias de subsistencia utilizadas por distintas poblaciones humanas. Los
resultados indican que las presas preferidas variaban según la región, aunque
siempre correspondían a los animales de mayor tamaño disponibles.
En Beringia predominaba el
mamut lanudo, mientras que en América del Norte el principal objetivo era el
mamut de Columbia. En Sudamérica, en cambio, sobresalían los perezosos
terrestres gigantes y los gonfoterios, como *Notiomastodon* y *Cuvieronius*, parientes
lejanos de los actuales elefantes. En un segundo nivel de importancia aparecían
caballos y camélidos. Todos estos animales compartían una característica
fundamental: proporcionaban enormes cantidades de alimento y energía. Muchos
superaban ampliamente los cientos de kilogramos de peso e incluso alcanzaban
varias toneladas, convirtiéndose en recursos altamente rentables para grupos
humanos con tecnología relativamente simple. Los investigadores sostienen que
esta especialización también explica la extraordinaria velocidad con la que los
primeros pobladores ocuparon América.
Lejos de desplazarse sin
rumbo, estos grupos habrían seguido la distribución de las grandes manadas,
avanzando hacia regiones donde las presas eran abundantes y donde podían
mantener una estrategia de caza para la cual estaban perfectamente preparados.
Esto no significa que despreciaran otros recursos. Peces, pequeños mamíferos,
aves o vegetales seguramente formaban parte de su alimentación cotidiana cuando
las circunstancias lo requerían. Sin embargo, la evidencia arqueológica indica
que los grandes herbívoros constituían el núcleo de su economía y el objetivo
principal de sus actividades de caza.
Otro de los hallazgos
destacados del estudio fue la notable movilidad de estas poblaciones. El
análisis de las materias primas empleadas para fabricar herramientas y de las
puntas de proyectil permitió identificar desplazamientos de hasta 600
kilómetros, una distancia sorprendente para grupos humanos que recorrían el
continente únicamente a pie. Para los autores, comprender estas estrategias de
subsistencia resulta fundamental para reconstruir la historia del poblamiento
americano y evaluar el impacto que tuvieron los seres humanos sobre los
ecosistemas del final del Pleistoceno.
Al mismo tiempo, el
estudio abre nuevos interrogantes, como explicar por qué Sudamérica presentó
una mayor diversidad de presas que América del Norte durante ese período. Cada
nuevo descubrimiento ayuda a comprender mejor cómo aquellos primeros cazadores
lograron adaptarse a un continente desconocido y conquistar, en apenas unos
pocos milenios, algunos de los ambientes más diversos del planeta. La evidencia
disponible sugiere que esa extraordinaria expansión estuvo íntimamente ligada a
la caza de los gigantes que alguna vez dominaron los paisajes de América.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


