sábado, 17 de octubre de 2026

Un gigante sin nombre en la Patagonia: el titanosaurio que podría revelar una nueva especie de dinosaurio.

 



Después de casi dos décadas guardados en un museo de Río Negro, los fósiles de un enorme dinosaurio herbívoro volvieron a ser estudiados. Sus características anatómicas llamaron la atención de los paleontólogos, que consideran que podría tratarse de una especie diferente de las conocidas hasta ahora. Sin embargo, la falta de restos diagnósticos impide asignarle un nombre científico.

La Patagonia argentina vuelve a aportar información sobre los últimos dinosaurios que habitaron Sudamérica. Esta vez, la investigación se centra en los restos de un titanosaurio descubierto en Cerro Salamanca, cerca del paraje Bajo Santa Rosa, en la provincia de Río Negro. El animal habría vivido hace aproximadamente 67 o 68 millones de años, durante el Cretácico tardío, pocos millones de años antes de la extinción masiva que puso fin a la existencia de los dinosaurios no avianos.

El ejemplar, que habría alcanzado entre 15 y 18 metros de longitud, permaneció durante años en el Museo Paleontológico Municipal Héctor Cabaza, de Lamarque. Una nueva revisión de los fósiles permitió reconocer características poco habituales y abrió la posibilidad de que represente un taxón diferente de los identificados hasta el momento.  Los resultados fueron publicados en la revista científica internacional Journal of Vertebrate Paleontology, en un trabajo firmado por Flavio Bellardini y otros especialistas. La investigación no solo aporta información sobre la anatomía de este gran herbívoro, sino que también pone de relieve la importancia de volver a estudiar las colecciones paleontológicas que conservan los museos.

Los fósiles fueron recuperados entre 2008 y 2012 por jóvenes investigadores de la Universidad Nacional del Comahue y del CONICET, durante trabajos de campo en Cerro Salamanca. Una vez extraídos, los restos fueron trasladados al museo de Lamarque. En aquel momento, los investigadores reconocieron que pertenecían a un gran dinosaurio saurópodo, pero los materiales todavía necesitaban preparación y limpieza para poder ser analizados en detalle. Con el tiempo, las piezas fueron acondicionadas, aunque quedaron sin un estudio científico completo.

La oportunidad de retomar la investigación llegó en el marco de un proyecto iniciado en 2024 y vinculado con National Geographic, dedicado a revisar colecciones de museos y estudiar materiales fósiles que permanecían sin investigar o catalogar.

En ese contexto, el paleontólogo Flavio Bellardini examinó los restos conservados en Lamarque y, junto con otros especialistas, emprendió una nueva evaluación anatómica y comparativa. El trabajo permitió identificar rasgos que merecían una atención especial y situar al ejemplar dentro de la diversidad de titanosaurios que habitaron la Patagonia durante el Cretácico tardío.

La principal incógnita es si el dinosaurio representa una especie nueva. Las comparaciones realizadas por los investigadores indican que algunos de sus huesos presentan diferencias respecto de otros titanosaurios conocidos, pero todavía no existen suficientes elementos anatómicos para establecer una identificación definitiva. El problema es que el esqueleto se encuentra representado por restos fragmentarios. Entre los materiales recuperados hay dientes, costillas, huesos de las extremidades y vértebras de la cola, pero faltan otras partes que podrían aportar características decisivas para distinguirlo de especies ya descriptas.

En paleontología, no alcanza con encontrar un fósil diferente o poco habitual para establecer una nueva especie. Es necesario reconocer características anatómicas diagnósticas que permitan diferenciarla de otros dinosaurios y justificar científicamente esa distinción.

Por eso, los investigadores plantean la posibilidad de que se trate de un taxón distinto, pero mantienen abierta la cuestión de su identidad. El estudio aporta evidencias que sugieren una diversidad de titanosaurios mayor de la que se conocía para esa región y época, aunque será necesario encontrar más material para resolver el misterio.  Los cálculos realizados a partir de los restos indican que el animal habría medido entre 15 y 18 metros de longitud y aproximadamente tres metros de altura a la cadera.

Entre las piezas mejor conservadas se encuentran dos peronés, huesos de las patas traseras que miden casi un metro de largo. Estos elementos permitieron estimar las dimensiones del dinosaurio y también revelaron una característica anatómica especialmente llamativa.

Los huesos presentan una importante presencia de espacios internos asociados con el sistema de sacos aéreos. En distintos grupos de dinosaurios, estas estructuras del aparato respiratorio se extendían hacia el esqueleto y contribuían a reducir el peso de determinados huesos.

En el ejemplar de Cerro Salamanca, el grado de neumatización observado en los huesos de las patas llamó la atención de los investigadores. Este rasgo constituye uno de los aspectos más interesantes del material, aunque por sí solo no permite identificar una especie nueva. La presencia de estas estructuras también aporta información sobre la anatomía de los grandes saurópodos y sobre las adaptaciones que les permitían sostener cuerpos de dimensiones extraordinarias.

Otro elemento destacado del hallazgo es un diente de aproximadamente nueve centímetros de longitud. Otras piezas dentales recuperadas en las proximidades miden entre cuatro y cinco centímetros.

El desgaste de los dientes puede ofrecer información sobre los alimentos consumidos por un animal durante su vida. En este caso, la pieza de mayor tamaño presenta un desgaste marcado, interpretado por los investigadores como una señal compatible con el consumo de vegetales resistentes y de textura coriácea.

La historia de este titanosaurio demuestra que los descubrimientos paleontológicos no siempre comienzan con una nueva excavación. En ocasiones, el conocimiento avanza cuando los científicos vuelven a estudiar materiales recuperados décadas atrás, incorporando nuevas técnicas y comparaciones.

Por ahora, el gigante de Cerro Salamanca continúa sin nombre científico. Su identidad permanece abierta, pero los fósiles ya aportaron información valiosa sobre la anatomía, el crecimiento y la posible diversidad de los grandes dinosaurios herbívoros que habitaron la Patagonia poco antes del final de la era de los dinosaurios. Fuente: Diario Rio Negro y Journal of Vertebrate Paleontology.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm