Una roca con restos de invertebrados marinos fue descubierta durante la nivelación de un terreno en el barrio Mosconi III. El material, atribuido a la Formación Paraná, será incorporado al Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas “Profesor Antonio Serrano”.
Una conchilla que llamó la atención de un vecino terminó revelando una pequeña ventana al pasado geológico de Entre Ríos. Durante tareas de nivelación de un terreno en el barrio Mosconi III de Paraná, José Luis encontró una roca que contenía numerosos restos de organismos marinos. El hallazgo fue posteriormente reconocido como material fósil correspondiente a la Formación Paraná, con una antigüedad estimada en unos nueve millones de años.
La pieza será entregada al Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas “Profesor Antonio Serrano”, donde podrá ser registrada, conservada y estudiada. Según explicó Graciela Ibargoyen, responsable del Registro Provincial de Yacimientos Paleontológicos, entre los restos visibles se distinguen bivalvos conocidos popularmente como “cucharitas de agua”, además de posibles ostras y ejemplares de la familia de los pectínidos.
Aunque hoy Paraná se encuentra lejos de la costa atlántica, su subsuelo conserva evidencias de una época en la que la región formaba parte de un extenso ambiente marino. Durante el Mioceno, una transgresión marina conocida como Mar Paranaense o Mar Entrerriense cubrió amplias áreas de la actual llanura Chaco-pampeana y alcanzó sectores de la Patagonia.
Los sedimentos depositados por aquel mar dieron origen a la denominada Formación Paraná, una unidad geológica que aflora en distintos puntos de Entre Ríos. Sus depósitos contienen restos de moluscos y otros organismos que permiten reconstruir las condiciones ambientales de una región muy diferente de la actual.
El hallazgo del barrio Mosconi III se suma así a una larga serie de descubrimientos que permiten reconocer la presencia de aquel antiguo mar. Sin embargo, la especialista aclaró que todavía no puede determinarse con certeza si la roca se encontraba originalmente en el terreno donde fue encontrada o si llegó allí junto con la tierra utilizada para la nivelación.
En paleontología, una pieza no adquiere valor únicamente por su aspecto o por la cantidad de fósiles que contiene. También resulta fundamental conocer dónde fue encontrada, en qué sedimento se hallaba y qué relación mantenía con otros restos.
Por ese motivo, la roca ingresará al museo acompañada de una etiqueta con el nombre de su colector, la fecha y la ubicación exacta del hallazgo. Esa información permitirá conservar parte del contexto original y facilitará futuras investigaciones.
La decisión del vecino de entregar el material a una institución científica constituye, en este sentido, un aporte al patrimonio paleontológico entrerriano. Los fósiles se encuentran protegidos por la legislación nacional y provincial, y su registro permite que los hallazgos puedan ser estudiados y conocidos por la comunidad.
El Museo Serrano conserva otros testimonios de la antigua historia marina de la región. Entre ellos se encuentran grandes ostras halladas en sectores del Parque Urquiza y una pieza recolectada por el propio Antonio Serrano en la zona de Puerto Viejo.
Estos materiales permiten acercar al público una historia que no siempre resulta visible en el paisaje cotidiano: la de un territorio que, millones de años atrás, estuvo ocupado por ambientes marinos y albergó una diversidad de organismos hoy desaparecidos de la región.
El nuevo hallazgo todavía deberá ser analizado para determinar con mayor precisión su composición y su procedencia. También permanece abierta la posibilidad de que existan otros restos en el sector de Mosconi III, aunque ello dependerá de establecer si la roca formaba parte del terreno original o si fue transportada junto con el material utilizado para la obra.
Desde el Registro Provincial de Yacimientos Paleontológicos recomendaron que, ante la aparición de un posible fósil, se tomen fotografías y se establezca contacto con el Museo Serrano. Si el material permanece enterrado o adherido firmemente a una roca, no debe intentarse su extracción, ya que esa tarea requiere personal especializado.
En cambio, si la pieza se encuentra suelta y corre riesgo de desaparecer o ser retirada, puede ser resguardada hasta recibir indicaciones. El objetivo es evitar daños y asegurar que el material conserve la mayor cantidad posible de información científica.
El caso de Paraná demuestra que los descubrimientos paleontológicos no siempre ocurren durante grandes excavaciones o expediciones. A veces, una observación cotidiana puede revelar un fragmento de una historia de millones de años. La diferencia está en reconocer su valor, preservar su contexto y permitir que ese patrimonio vuelva a formar parte del conocimiento colectivo.
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