No siempre existió la vida sobre la Tierra. El tremendo calor de los primeros tiempos destruía todo posible germen vital. Cuando se formó la corteza terrestre y la temperatura descendió por debajo de los 1 000° C las nubes de vapor de agua pudieron descargarse y comenzó la circulación del agua sobre la Tierra; fue entonces cuando se hizo posible la vida.
Lo comprueban los fósiles hallados, es decir, los restos de animales y vegetales petrificados, o los rastros o improntas dejados por esos organismos en diversos terrenos geológicos antiguos.
Dado que a lo largo de los siglos la flora y la fauna cambian de carácter, se han podido establecer fósiles de la misma especie y edad para señalar la sucesión de las capas geológicas. Este hecho sirve a la Paleontología para estudiar la historia de los organismos vivos, que se remonta hasta las primeras edades geológicas en las que comenzara a circular el agua.
Desconocemos el aspecto de los primeros seres. Tres
quintas partes de los terrenos están cubiertas de agua y es imposible buscar
fósiles que permanecen aún ocultos en el fondo de los mares.
Las primeras huellas parecen haber sido borradas por la transformación de las
capas más antiguas en granito y en gneiss. Un hecho es cierto: la vida sobre la
Tierra, con los primeros seres que la poblaron, solamente pudo aparecer después
de¡ comienzo de la circulación de las aguas.
¿Es posible creer en la existencia de gérmenes de vida en el espacio bajo la forma de cosmozoos o biogenes que desde allí hayan llegado a la Tierra?
La muy baja temperatura en el espacio 2730° C lo imposibilita, aunque recientemente un grupo de científicos señalaron el origen de la vida del planeta tierra a través de restos fósiles hallados en un meteorito que probablemente es del planeta Martes. Los últimos ensayos para conservar alimentos orgánicos a temperaturas similares a la señalada, probaron que la sustancia coloidal es definitivamente destruida sin reconstrucción posible. El mismo calor provocado por la velocidad de cada meteoro en movimiento, hubiera quemado los gérmenes vitales del espacio. La ausencia completa de humedad y de oxígeno, imprescindibles para la vida en el espacio cósmico, indica la imposibilidad de existencia de los soñados cosmozoos.
Por lo antedicho, la célula primera no pudo proceder por evolución estrictamente material; pero, ¿el cuerpo humano pudo haber evolucionado directamente de un cuerpo formalmente animal? El dato principal nos lo proporciona la unidad de función y de estructura, tanto en la escala micro como macroscópica vegetal y animal; esta unidad de estructura sólo se explica por un origen común. Los seres que a simple vista parecen muy diferentes están conformados según planes y a expensas de compuestos iguales.
Allí, donde los caracteres morfológicos visibles son poco notables, basta con recurrir a la Embriología (ciencia que estudia el desarrollo del ser vivo desde, el huevo hasta la formación del nuevo individuo).
La Embriología muestra los innegables lazos de parentesco que un desarrollo demasiado especializado o que una metamorfosis hacen desaparecer en el ser adulto; no sólo descubre una unidad de desarrollo, sino también de organización. Desde el punto de vista funcional cada fenómeno vital (digestión, movimiento, excreción, etc.) parece ser la suma de una serie de fenómenos físicos y químicos idénticos a los que podemos provocar en el laboratorio; sin embargo no es así: estos fenómenos se desarrollan con una complejidad y coordinación tan avanzada que no sería científico declarar que la vida es el producto solamente de la suma de fenómenos físicos y químicos. La Paleontología tiene un argumento más espectacular. El estudio de los fósiles prueba cómo la fauna se sucede en el transcurso del tiempo, respetando en su organización el ir de lo simple a lo complejo.
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