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viernes, 5 de marzo de 2021

Examinan con rayos X la piel de un perezoso gigante llamado Mylodon.

 



Científicos del CONICET aplicaron la técnica a un cuero de 13 mil años y observaron dos patrones de ordenamiento en miles de minúsculos huesos que lo recubren por dentro

Tras el impacto de haber logrado determinar con precisión la antigüedad de la famosa piel momificada de un gigantesco mamífero extinto hallada en la Cueva del Milodón, una formación natural ubicada al sur de Chile por una expedición científica del Museo de La Plata (UNLP) a fines del siglo XIX, los mismos científicos avanzaron ahora con la observación minuciosa de las características del cuero, y para eso aplicaron una técnica diagnóstica poco frecuente en el estudio de restos paleontológicos: radiografías. Los resultados del análisis, que acaban de darse a conocer en la revista Journal of Morphology, permiten inferir aspectos hasta ahora desconocidos de la biología y evolución de los enormes perezosos milodontes.

El material tiene 13.200 años y es una porción de la piel de un animal cuyos mayores ejemplares alcanzaban más de una tonelada de peso y tres metros de longitud. Se cree que las condiciones de la cueva en que apareció fueron esenciales para su excelente grado de preservación, teniendo en cuenta que conserva pelos y partes blandas momificadas. Inmersos en su lado interno, una capa de miles de pequeños huesos que oscilan entre el tamaño de una lenteja hasta los 2 centímetros de diámetro acaparó la atención de los autores del estudio, que decidieron someterla a rayos X mediante un equipo portátil de uso veterinario. “Este rasgo del cuero de los perezosos gigantes ya se conocía, pero se consideraba que esas piezas óseas estaban desparramadas al azar, y nosotros descubrimos que están ordenadas según un patrón”, relata Néstor Toledo, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP).

Así, en las cuatro radiografías tomadas, estos osículos –como se conoce a los huesos más pequeños– se mostraron formando hileras o bandas en algunas zonas, y rosetas o estrellas en otras. Al momento de buscar referencias bibliográficas que pudieran complementar estas observaciones, se encontraron con que, sin saberlo, habían aplicado la misma técnica que Wilhelm von Branco, un científico alemán que en 1906 publicó un informe sobre el análisis por rayos X –descubiertos apenas una década antes– a distintas piezas paleontológicas, entre las cuales figuraba, casualmente, otra piel de milodonte que se conservaba en el Museo de Historia Natural de Berlín. Grande fue la sorpresa de Toledo y sus colegas al encontrar que ya en ese trabajo se reportaban los mismos patrones de ordenamiento en los huesos de la piel que ellos habían notado.

“Superponiendo las radiografías de von Branco con las nuestras, entendemos que las estructuras de rosetas se ubicarían en la zona del lomo y sus alrededores, mientras que las de hileras lo harían en los costados y cerca de las patas. Con esta información, comenzamos a discutir las probables razones funcionales de estas posiciones, pensando a esos huesos como una especie de armadura que habilitara el movimiento”, describe Toledo. Así, permitiría plegarse o arrugarse a aquellas partes del cuerpo que necesitan mayor flexibilidad, como las axilas o el vientre, y otorgaría más o menos rigidez a las otras. Todas estas conjeturas plantearon un nuevo interrogante: ¿por qué motivo tenían estos animales una piel tan gruesa y reforzada con elementos óseos?

“La hipótesis más sólida en cuanto a la función de este esqueleto dérmico está relacionada con la defensa frente a otros organismos: en primer lugar, posibles depredadores, pero también individuos de la misma especie durante combates, como podría ser entre machos para poder aparearse, según la conducta de algunos mamíferos actuales”, explica Alberto Boscaini, investigador del CONICET en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA, CONICET-UBA). Aunque la primera opción arroja algunas dudas respecto a qué especies atacarían a animales de semejante porte, el principal argumento sería de índole evolutiva: los registros más antiguos de osículos en la piel se remontan a otros milodontes del grupo Mylodontini, que vivieron hace unos 10 millones de años y eran bastante más pequeños. “Ellos sí podían ser devorados por marsupiales carnívoros y grandes aves, con lo cual haber contado con una coraza interna sería una gran ventaja. Puede ser que esa estructura se haya heredado sucesivamente a los representantes posteriores, aunque estos hubieran aumentado su tamaño”, apunta el experto.

Ligado a la cuestión de la evolución, aparece otro interrogante, pero que esta vez mira hacia el presente. “En paleontología, recurrir a los animales actuales como clave para entender a los que ya no existen es muy frecuente y se conoce como ‘principio del actualismo’. En este caso, prestamos atención al único mamífero vivo que tiene huesos en la dermis: el armadillo, que precisamente también presenta patrones de organización común con los perezosos del pasado, es decir las rosetas e hileras de osículos”, describe Boscaini. Si bien para los investigadores esto podría responder a la cuestión puramente funcional vinculada a la rigidez y movilidad necesarias en las distintas áreas del cuerpo ya descriptas, las semejanzas podrían sugerir un patrón de desarrollo compartido, “quizás relacionado a la expresión de los mismos genes”, puntualiza.

Si bien la aplicación de rayos X a la piel momificada fue un procedimiento delicado que requirió la participación de técnicos especializados para poder disparar el equipo sin moverla de la vitrina en la que se exhibe, el antecedente de la misma práctica llevado adelante por von Branco guarda una anécdota muy curiosa: para hacerlo, el científico expuso el cuero conservado en Berlín a vapor de agua hasta ablandarlo del todo y luego lo estiró sobre una superficie lisa sobre la cual tomó las radiografías. “Lo positivo es que aquellas placas tienen una calidad extraordinaria y nos fueron muy útiles para nuestro estudio, pero en verdad se trata de una maniobra impensada para el día de hoy: es prácticamente un ataque a una pieza que es única e invaluable”, explica Leandro M. Pérez, también investigador del CONICET en la FCNyM y otro de los autores del trabajo.

De acuerdo al experto, la sanción de la Ley de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico en 2003 fue muy importante para restringir las posibilidades de manipulación de este tipo de restos o fósiles. “La piel del perezoso que tenemos en el museo local es un verdadero tesoro: es probable que no se vuelva a encontrar algo siquiera parecido. Tiene unos cortes muy profundos e incluso algunos faltantes porque en la década del ’70 se le extrajeron muestras para someterla a la primera datación por radiocarbono, un método que busca la presencia de isótopos de ese elemento químico en los materiales. Hoy en día, aunque esté arrugada y deshidratada, sabemos que no se la debe modificar y así tomamos las radiografías, por eso en muchas áreas los huesitos se ven superpuestos unos con otros”, añade Pérez.. Por Mercedes Benialgo. Fuente Conicet.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

jueves, 11 de febrero de 2021

Científicos dataron con precisión la piel momificada de un perezoso gigante en el Museo de La Plata.

 





Aunque está exhibición desde hace tiempo, su antigüedad era dudosa. Un nuevo estudio indica que vivió hace 13 mil años y coexistió con los primeros humanos de América del Sur

Producto de una expedición científica organizada en 1899 por el Museo de La Plata (UNLP), llegó a sus colecciones la piel momificada de un milodonte, un género extinto de animales que habitó durante el Pleistoceno, época que abarca desde aproximadamente 2 millones y medio hasta 10 mil años atrás. Exhibido hasta hoy en una de las salas, el material es un verdadero tesoro teniendo en cuenta su sorprendente grado de conservación: aún tiene pelos y partes blandas. Luego de amplias discusiones acerca de su antigüedad, el recorte de cuero perdió algo de interés paleontológico, hasta que recientemente un grupo de expertos retomó su estudio y volvió a datarlo, esta vez con sofisticadas técnicas que no dejaron lugar a dudas: el dueño de ese tejido vivió hace unos 13.200 años. La novedad acaba de publicarse en la revista Quaternary Science Reviews.

El perezoso gigante –forma común de llamar a este género– fue uno de los animales terrestres de mayor tamaño de América del Sur, con un peso de más de 1 tonelada y 3 metros de longitud. Tenía enormes garras y andaba en cuatro patas, aunque se piensa que podía adoptar la posición bípeda. De hábitos herbívoros, formó parte de la megafauna sudamericana, como se conoce a los grandes mamíferos que coparon esta parte del planeta. La piel de la que habla el artículo fue encontrada en la Cueva del Milodón, una formación natural ubicada al sur de Chile explorada a fines del siglo XIX con incontables restos paleontológicos en su interior, e incluso evidencia de actividad humana. Como en ese momento se estaban estableciendo los límites geográficos con nuestro país, su dominio no estaba claro, y eso permitió que expediciones de distinta procedencia recolectaran materiales. Cuenta la historia que cuando algunos restos llegaron a ojos del naturalista argentino Florentino Ameghino, este aseguró que pertenecía a una especie viviente, lo cual desató una verdadera fiebre por encontrar un ejemplar vivo, algo que por supuesto no sucedió.

“La piel es realmente llamativa: tiene un centímetro y medio de espesor con pelos largos de color amarillo rojizo y es dura como la madera. En lo que sería el interior, está tapizada por un montón de huesos pequeños que forman como una armadura, propia de algunas especies de perezosos fósiles”, explica Néstor Toledo, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y uno de los autores del trabajo. Datada en 1974 con resultados dudosos, el equipo de científicos volvió a mandar una muestra al mismo laboratorio de radiocarbono –método para determinar la edad de materiales que contienen carbono– que había realizado el análisis anterior, en Estados Unidos. Esta vez, arrojó una antigüedad superior a los 13 mil años. A su vez, 11.300 años fue lo que mostró un fragmento de hueso del cráneo procedente de la misma cueva que los autores enviaron a medir a un laboratorio argentino, igual antigüedad que se le asigna a dos punzones, herramientas de hueso talladas por el humano, encontrados junto al cuero del animal, según consta en los reportes originales del hallazgo.

El trabajo de los especialistas también incluyó el registro de dos omóplatos de perezoso, uno de ellos perteneciente a la colección local y el otro a la del museo de ciencias naturales de Zúrich. Como valor agregado, estas piezas óseas, que cuentan con un fechado de entre 12 y 13 mil años, tienen marcas de corte realizadas por herramientas y otras de arrastre por el suelo. “Constituye una evidencia indirecta de la presencia humana que por supuesto hay que seguir estudiando, pero es una prueba indiscutible de convivencia con el ser humano y, de comprobarse, sería una de las más antiguas de América del Sur”, señala Leandro M. Pérez, investigador del CONICET en la FCNyM y primer autor de la publicación. Esta cuestión cobra un interés especial teniendo en cuenta el debate sobre la coexistencia o no de esta fauna con los primeros pobladores.

Además de las nuevas edades obtenidas, la investigación de los expertos del museo incluye una revisión exhaustiva de todos los fechados de restos asignados a milodontes encontrados en la misma cueva que constan en la literatura científica. Comenzando por el primero de ellos, realizado en 1951 por Williard Libby, nada menos que el ganador del Premio Nobel de Química en 1960 y creador del método por radiocarbono, verificaron un total de 36 registros, descartando aquellos que resultaran fallidos o inciertos. “Nos tomamos el monumental trabajo de buscar cada dato publicado, rastrear la muestra a la que alude y llamar al laboratorio encargado de la datación para ir trazando una correspondencia entre las referencias. Encontramos algunos errores y dejamos solo aquellos valores históricos confiables”, detalla Pérez, y agrega: “No es que antes se trabajara mal, sino que no existían los protocolos que hay hoy. No se sabía de la importancia de incluir una foto o un dibujo del material o de asignarle un número de catálogo en la colección, por ejemplo”.

Como reflexión final, los investigadores destacan dos valores importantes del trabajo. “Por un lado, el interés a nivel climatológico teniendo en cuenta que fue una época de glaciaciones intermitentes, con condiciones durísimas debido al frío y la cantidad de hielo, en la que sin embargo esa cueva estuvo habitada de manera continuada al menos durante mil años, de acuerdo a nuestra revisión bibliográfica. En ese sentido, despierta infinidad de preguntas acerca de cómo pudo haber evolucionado esa fauna, que en el caso de los perezosos eran gigantes y lanudos, mientras que sus parientes actuales son pequeños y viven colgados de los árboles en las selvas tropicales”, argumenta Toledo. A su tiempo, Pérez alude a la segunda cuestión relevante, relacionada a “la importancia de valorar el patrimonio que tenemos y la forma de trabajar de los naturalistas de entonces, que viajaban a lugares lejanos y hostiles sin saber siquiera si regresarían con vida. Muchos museos del mundo tienen piezas de este sitio porque las compraron a coleccionistas, pero en cambio son muy pocos los que, como el nuestro, tienen materiales recuperados en expediciones científicas organizadas y comandadas por investigadores de la institución”.

Momificación: ¿sí o no?

Aunque se habla de piel “momificada”, la realidad es que no se sabe si el término aplica exactamente a la condición de conservación que evidencia el famoso cuero de perezoso. “No es como uno podría imaginarse una momia inca o egipcia, sometida a una serie de tratamientos adrede para preservarla de ese modo. Aquí no hubo deshidratación porque la cueva es terriblemente fría y húmeda, y tampoco fue por congelamiento. Lo que tuvo lugar fue un proceso más complejo para el cual ahora mismo estamos realizando análisis químicos de unas fundas de microcristales que recubren cada pelo, y que vimos por microscopía electrónica”, describen los autores, que hablan de una suerte de “curtido natural”. El material estaba sepultado bajo una gruesa capa de estiércol de un metro de grosor, compactado y sin oxígeno. “Pensamos que los excrementos produjeron la liberación de taninos, compuestos químico que precisamente se utilizan para curtir cueros, y eso desató el procedimiento de manera espontánea”, concluyen los expertos. Fuente Conicet. Imágenes de internet.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

martes, 20 de octubre de 2020

Mylodon, en el Museo de Antropología y Ciencias Naturales de Concordia, Entre Ríos.

Mylodon, en el Museo de Antropología y Ciencias Naturales de Concordia, Entre Ríos. Pertenecía al infraorden "Pilosa" de menor tamaño que el Megatherium americanun descrito anteriormente, pero  con cierta semejanza morfológica. Fue descubierto por primera vez por Charles Darwin en los alrededores de Bahía Blanca y posteriormente estudiados por Richard Owen. Se alimentaba de vegetales y tenia en forma bípeda. Se calcula que medía aproximadamente 2,5 m a la cruz, y pesaba unas 3 toneladas. El Museo de la Universidad Nacional de La Plata y el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires, exhiben en sus salas, un trozo de cuero momificado de Mylodon. Este singular hallazgo casual  fue realizado a fines del siglo pasado. Proviene de una caverna en el Seno de la Ultima Esperanza, llamada también como "Cueva del Mylodon" donde fueron encontrados excrementos del animal y huesos de gran tamaño diseminados en sedimentos que incluían restos de carbón. Lo asombroso de este descubrimiento, es que la pieza única permitió conocer la estructura del cuero de estos animales, que en su interior alojaba pequeños huesecillos subesfericos ( osteodermos ) que si bien permitían flexibilidad a la piel, convertían al Milodonte en un verdadero acorazado.

Ver mas en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/pleistoceno.htm

martes, 31 de marzo de 2020

Hallan en Lobería, los restos de un enorme perezoso gigante llamado Mylodon darwinii.





Por medio de un comunicado, se dio a conocer la visita del Dr. Luciano Brambilla, (biólogo de la universidad de Rosario), en 2019 al Museo Gesué Pedro Noseda de la localidad de Loberia, para estudiar y analizar los restos fósiles de perezosos hallados en estos últimos tiempos en el interior de la pcia. de Bs. As.

Luciano es especialista en xenartros, dentro de este grupo se encuentran los gliptodontes y perezosos gigantes, por tal motivo se acercó a investigar y estudiar el material de esta localidad y otras, dada la diversidad de los mismos. Luego de su visita, se le solicitó un informe de un nuevo espécimen de perezoso que se encuentra en el Museo que sería el 5ª registrado en la provincia de Buenos Aires, y compartimos el mismo;

Me dirijo a ustedes para hacerles llegar mi análisis acerca del material fósil que observé en mi visita de marzo de 2019 a su institución. Siendo mi principal foco de interés en investigación el grupo de animales denominados Xenarthros (grupo que incluye a los perezosos, los gliptodontes y los osos hormigueros) me encontré con que el fósil por ustedes presentado corresponde a un perezoso terrestre denominado Mylodon darwinii.

El fósil en cuestión corresponde a la parte más posterior del cráneo de un ejemplar de la especie mencionada, que se muestra entre líneas de puntos ejemplificado sobre un cráneo completo al final de este documento. El cráneo presenta preservado los parietales, frontal, escamosos, y parte de los denominados procesos cigomáticos. En los mylodontes la región occipital, que es la parte posterior del cráneo, adopta una forma aplanada y de contorno redondeado, alta en sentido dorso ventral, pero no se encuentra preservada en el fósil hallado.

Se insinúa también la parte posterior de la órbita ocular y procesos supraorbitario. El cráneo tampoco preserva la región anterior del cráneo y por lo tanto no conserva los huesos nasales, molariformes, maxilar, premaxilar, etc.

Mylodon darwinii fue una especie de perezoso terrestre de gran tamaño, alcanzó un peso que se estima en unos 1000 a 1500 kg. Parte de un cuero perteneciente a esta especie se encontró momificado en la cueva “Ultima Esperanza”, ubicada al sur de Chile, a finales del siglo XIX por lo que conocemos que presentaba un largo y rubio pelaje compuesto por gruesas cerdas.

Estos animales tenían un arco óseo (arco nasal) que unía la parte más anterior de los huesos nasales con el premaxilar lo que lo distingue del resto de los perezosos conocidos que vivieron al final del Pleistoceno. Esta especie tenía sólo 4 molares (molariformes) a cada lado del maxilar con lo que reunía un total de 8 molariformes en el maxilar y otros 8 en su mandíbula.

Habitó el actual territorio de Argentina, Uruguay, Sur de Chile y Bolivia de donde se conoce un único hallazgo. En general los hallazgos de Mylodon darwinii son muy poco frecuentes si se lo compara con la abundancia de restos de otros perezosos como Glossotherium robustum, y Scelidotherium leptocephalum. Esto ha hecho que hasta la actualidad no se conozca completamente la anatomía ósea de Mylodon darwinii y en este escenario el hallazgo de un nuevo fósil de esta especie cobra relevancia. En argentina lo hallazgos provienen de Santa Fe, Entre ríos, Buenos Aires y Córdoba. En la porción más austral del continente sus hallazgos se dieron en cuevas y aleros como la cueva anteriormente mencionada de Ultima Esperanza y Pali-Aike, ambas en Chile.

Se estima que la especie vivió en el período conocido como Lujanense, entre 120.000 y 10.000 años cuando finalmente se extinguió. Lo hallazgos producidos en el sur de Chile y Argentina datan de 12.000 a 11.000 años. Finalizo el informe el Dr Luciano Brambilla,
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm