miércoles, 4 de noviembre de 2026

Quintucoceras macrospinatum, un nuevo ammonite espinoso que habito el antiguo mar de Neuquén durante el Cretácico inferior.

 


Con caparazones que superaban los 50 centímetros de diámetro y espinas de hasta 12 centímetros de longitud, estos singulares moluscos marinos constituyen uno de los hallazgos paleontológicos más llamativos de la provincia. Una colección recuperada hace una década y presentada científicamente en 2026 permite conocer un género fósil hasta ahora desconocido: Quintucoceras.

Hace aproximadamente 135 millones de años, mientras los dinosaurios dominaban los ambientes terrestres, buena parte de lo que hoy conocemos como la provincia del Neuquén permanecía cubierta por las aguas de un antiguo mar conectado con el océano Pacífico. Allí se desarrollaba un ecosistema marino habitado por peces, crustáceos, moluscos y grandes reptiles marinos. Entre sus habitantes se encontraban unos cefalópodos particularmente llamativos: los ammonites, cuyos caparazones podían alcanzar dimensiones considerables y presentar ornamentaciones verdaderamente extraordinarias.

Uno de los ejemplos más sorprendentes de aquella fauna es Quintucoceras macrospinatum, un ammonite que se destaca por sus enormes estructuras espinosas, algunas de las cuales alcanzaban hasta 12 centímetros de longitud. Su caparazón podía superar los 50 centímetros de diámetro, convirtiéndolo en un ejemplar excepcional dentro de la diversidad de estos invertebrados marinos prehistóricos.

El nombre de la especie hace referencia precisamente a esta característica. El término macrospinatum significa «espinas grandes», mientras que Quintucoceras alude a Puerta Quintuco y a la Formación Quintuco, vinculadas con la procedencia de los fósiles.

Los ammonites fueron moluscos cefalópodos, el mismo gran grupo zoológico al que pertenecen actualmente los pulpos, calamares y sepias. Se caracterizaban por poseer un caparazón externo generalmente enrollado en espiral, dividido internamente en cámaras. Estas compartimentaciones cumplían un papel fundamental en la regulación de la flotabilidad, permitiéndoles desplazarse en la columna de agua.

Sin embargo, Quintucoceras presentaba una particularidad que lo diferenciaba de muchos otros ammonites conocidos: sus caparazones estaban ornamentados con prominentes espinas, gruesas y alargadas, que sobresalían notablemente de la superficie. Estas estructuras le otorgaban una apariencia inconfundible y constituyen uno de los aspectos más interesantes para el estudio de su anatomía y evolución.

La importancia de este descubrimiento no se limita a la singularidad de sus espinas. El estudio de numerosos ejemplares recuperados en diferentes niveles geológicos permitió reconocer y reasignar cinco especies pertenecientes al género Quintucoceras, aportando información para reconstruir la historia evolutiva de este grupo de cefalópodos.

Los fósiles proceden de las formaciones geológicas Vaca Muerta y Quintuco, dos unidades ampliamente conocidas por su extraordinario registro paleontológico. Durante el intervalo comprendido entre aproximadamente 137 y 135 millones de años, el antiguo mar neuquino atravesaba un proceso de reducción progresiva de su profundidad, dejando registrados en sus sedimentos los restos de una importante diversidad de organismos marinos.

Estos animales también cumplían un papel dentro de las redes alimentarias de aquel ecosistema. Los ammonites habrían tenido hábitos carnívoros y su dieta incluiría crustáceos, bivalvos, peces y otros cefalópodos. A su vez, podían convertirse en presas de grandes reptiles marinos, entre ellos ictiosaurios y pliosaurios, que recorrían aquellas aguas.

De esta manera, los ejemplares de Quintucoceras permiten aproximarse a un escenario ecológico muy diferente del actual, en el que estos moluscos compartían el ambiente con algunos de los grandes depredadores marinos del Mesozoico.

La historia de este hallazgo comenzó a fines de 2015, cuando personal del Museo Provincial de Ciencias Naturales «Prof. Dr. Juan A. Olsacher» y del Servicio Geológico Provincial realizaba tareas de relevamiento y mapeo geológico en territorio neuquino. Durante aquellos trabajos de campo aparecieron inesperadamente los primeros ejemplares. Sus dimensiones y, especialmente, las llamativas espinas de sus caparazones permitieron reconocer que se trataba de fósiles de características excepcionales.

La recuperación de estos materiales requirió una campaña paleontológica específica. Debido a su tamaño y a las condiciones de preservación, los especialistas debieron aplicar procedimientos similares a los utilizados durante la extracción de restos óseos de dinosaurios, con el objetivo de evitar daños y conservar la mayor cantidad posible de información fósil.

Los trabajos se concretaron a comienzos de 2016. Posteriormente, los ejemplares fueron trasladados a los laboratorios del Museo Olsacher, donde se realizaron las tareas de limpieza, preparación y acondicionamiento necesarias para su conservación y estudio científico.

Después de varios años de investigación, el género Quintucoceras fue presentado oficialmente a la comunidad científica en marzo de 2026. Ahora, el Museo Olsacher de Zapala da a conocer públicamente esta colección, que constituye un aporte significativo al conocimiento de los antiguos ecosistemas marinos de la Patagonia.

Algunos de estos fósiles ya pueden observarse en las salas de exhibición de la institución, donde sus dimensiones y sus extraordinarias espinas permiten apreciar de cerca una de las formas más singulares que desarrollaron los ammonites.

El hallazgo también pone de manifiesto la importancia del trabajo sostenido de relevamiento geológico y paleontológico. Bajo los paisajes actuales de Neuquén se conserva una historia natural de millones de años, registrada en rocas que permiten reconstruir ambientes desaparecidos y conocer organismos que alguna vez formaron parte de ecosistemas completamente diferentes.

Los Quintucoceras son una muestra extraordinaria de esa diversidad. Sus caparazones espinosos, algunos con proyecciones de hasta 12 centímetros, constituyen verdaderos testimonios de la evolución de la vida marina y de la riqueza paleontológica que todavía guarda el territorio argentino. Fuente; Neuquén Informa.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm