Mostrando entradas con la etiqueta bosques petrificados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bosques petrificados. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de junio de 2026

Río Negro protege un nuevo hallazgo de bosques petrificados del Eoceno.


Tras la identificación de tres nuevos sitios paleontológicos con restos de bosques petrificados en un área rural cercana a Pilcaniyeu, la Secretaría de Cultura de Río Negro, a través de la Dirección de Patrimonio y Museos, llevó adelante un procedimiento de verificación, documentación y resguardo patrimonial para garantizar la preservación de los hallazgos y avanzar en su estudio científico.

La intervención se enmarca en el Plan Provincial de Conservación, Investigación del Patrimonio Cultural y Natural, una política impulsada por la Secretaría de Cultura orientada a fortalecer la identificación, protección y puesta en valor del patrimonio arqueológico, paleontológico e histórico presente en el territorio rionegrino.

En este marco, la Dirección de Patrimonio y Museos actúa como autoridad de aplicación y órgano de control en materia patrimonial, conforme a la legislación vigente, interviniendo en los procedimientos vinculados a hallazgos, protección, resguardo e investigación de bienes patrimoniales en toda la provincia.

El procedimiento se inició luego de que el propietario de un establecimiento rural informó sobre la presencia de posibles restos fósiles. En cumplimiento de las normativas provinciales de protección patrimonial, la Dirección de Patrimonio y Museos tomó intervención como autoridad competente, autorizando una prospección en el lugar para verificar el hallazgo y determinar su relevancia científica y patrimonial.

Las tareas se llevaron adelante de manera conjunta entre la Dirección de Patrimonio y Museos, la Patrulla Ambiental del Escuadrón 34 Bariloche de Gendarmería Nacional, personal del Centro Educativo de Perfeccionamiento Específico Bariloche y especialistas de la Asociación Paleontológica de Bariloche.

Durante la inspección se identificaron tres sitios paleontológicos distintos con presencia de más de trece ejemplares de árboles petrificados pertenecientes a especies de coníferas y angiospermas, con una antigüedad estimada en alrededor de 50 millones de años, correspondientes al período Eoceno.

El Director de Patrimonio y Museos, Pablo Chafrat, destacó que “este hallazgo representa una importante oportunidad para ampliar el conocimiento sobre la historia natural de Río Negro y pone en evidencia la enorme riqueza patrimonial que conserva nuestro territorio”.

Asimismo, señaló que “la protección de estos bienes es posible gracias al trabajo articulado entre organismos públicos, instituciones científicas y la comunidad, que cumple un rol fundamental al informar este tipo de descubrimientos para que puedan ser evaluados y preservados de acuerdo con la normativa vigente”.

Como parte del procedimiento, los profesionales intervinientes realizaron el levantamiento de muestras para su análisis científico aplicando los protocolos de conservación y traslado de restos fósiles. El material fue derivado al Museo Paleontológico de Bariloche, donde permanecerá bajo resguardo para su estudio y evaluación.

“Cada nuevo hallazgo fortalece el trabajo que venimos desarrollando para identificar, proteger y poner en valor el patrimonio cultural y natural de Río Negro. Nuestro objetivo es que estos bienes sean conservados, investigados y transmitidos a las futuras generaciones como parte de la identidad de la provincia y que sea un activo estratégico y un motor para el desarrollo económico”, concluyó Chafrat.

La actuación se desarrolló conforme a lo establecido por la Ley Provincial 3041 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico.

Mas info en http://grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

lunes, 30 de abril de 2018

El bosque de piedra en el desierto patagónico.


En lo profundo de la estepa patagónica, un paisaje con sinuosidades gaudianas esconde lo que fue hace 70 millones de años un mundo vegetal, sacado a la superficie por la fuerza arrasadora de los glaciares. Fósiles de dinosaurios y centenares de troncos son los vestigios de cuando la Patagonia fue una selva subtropical.
La Ruta 40 se desenrolla frente al auto como una gran lengua de camaleón en plena estepa: divide la planicie desierta en dos mitades de pastos ralos y arbustos de calafate, donde corretea una tropilla de guanacos. Hemos partido desde El Chaltén hacia un paraje de extrema desolación con centenares de troncos que hace 70 millones de años fueron de madera y hoy son pura piedra.
A la hora de viaje nos detenemos a desayunar en el Parador La Leona junto al río del mismo nombre. Aquí el legendario explorador Francisco “Perito” Moreno fue atacado por un puma y de allí viene la deformación del nombre. La solitaria construcción en medio de la nada fue levantada en 1916 con sus actuales paredes de adobe y techo de chapa a dos aguas. Era un boliche de campo y hotel utilizado por los trabajadores de las estancias, donde se dejaban mensajes y encomiendas para quienes vivían aislados del otro lado del río.
Luego de un café con alfajores de maicena en el ambiente de hace un siglo, seguimos viaje sin escalas para observar en la superficie de la tierra los vestigios de la era Cretácica tardía, entre 65 y 90 millones de años atrás.
Por el camino de ripio que bordea al lago Viedma pasamos la tranquera de la estancia ovejera Santa Teresita –90.000 hectáreas– y una mulita cruza la ruta a toda velocidad. El paisaje se torna muy desierto pero cobra cada vez más vida: a 100 metros un macho de ñandú camina esbelto al frente de una decena de charitos siguiéndolo en fila.

Estacionamos en la parte alta de una meseta para descender a pie hasta una gran depresión del terreno de 800 hectáreas, con algo de cráter lunar. Vamos en busca del Bosque Petrificado La Leona, un enigmático yacimiento fósil que no debe ser confundido con aquel otro más famoso en el noreste de esta provincia, donde hay menos troncos pero más grandes, rodeados de un paisaje no tan llamativo ni variado como este.
Descendemos al laberinto de arena y arcilla, una sinuosa dimensión gris con cañadones cincelados por el viento y el curso de un río milenario que ya no existe. El terreno es ondulado porque los glaciares arrastraron sedimentos como grandes topadoras: durante las glaciaciones hubo una capa de hielo con mil metros de altura cuya fuerza descomunal arrancaba pedazos de montaña.
Caminamos por borroneados senderos donde crecen escasos arbustos, tan duros que no se mueven con el viento: una adaptación para sobrevivir. El guía señala en el suelo arcilloso huellas de puma, guanaco y mulita.
Toda esta región fue un delta gigante con bosques de árboles de hasta 100 metros de alto –parientes de las araucarias– donde vivían toda clase de dinosaurios. En los últimos años se extrajeron aquí restos de varios ejemplares, entre ellos el Puertasaurus, un titanosaurio del que se encontraron cuatro vértebras, la más grande de ellas de 1,68 centímetro, exhibida en el Museo Egidio Feruglio de Trelew.

Tras una lomada el guía nos sorprende señalando en el suelo el fémur de un dinosaurio saurópodo que pesaba 16 toneladas y se decidió dejar en el lugar: está fragmentado pero completo.
Es tan perfecta la fosilización de este bosque que hasta puedo contar los anillos de crecimiento en algunos de estos troncos que, en verdad, son el negativo de sí mismos y brotan como reliquias de un tiempo inconcebible para los mortales: un rastro muy palpable pero sin vida de un árbol condenado a la eternidad. Por Julián Varsavsky para Pagina 12. 
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm