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lunes, 27 de julio de 2026

Un estudio argentino revela cómo evolucionaron los cetáceos a lo largo de millones de años.

 



Las ballenas, delfines y marsopas son algunos de los mamíferos más especializados del planeta, pero su extraordinaria adaptación al ambiente marino fue el resultado de un largo proceso evolutivo. Un nuevo estudio encabezado por especialistas del CONICET reconstruyó esa historia desde una perspectiva ecológica, revelando cómo estos animales modificaron sus formas de vida y ocuparon distintos nichos a lo largo de más de 50 millones de años.

Para llevar adelante la investigación, el equipo analizó información de más de un centenar de especies fósiles y actuales, evaluando características como el tamaño corporal, el tipo de alimentación, la locomoción, los órganos sensoriales y el hábitat. A partir de estos datos pudieron reconstruir los cambios ecológicos que acompañaron la evolución del grupo.

Los resultados muestran que la historia de los cetáceos estuvo marcada por varias radiaciones evolutivas, es decir, períodos en los que surgieron rápidamente numerosas especies adaptadas a diferentes modos de vida. Estas transformaciones estuvieron impulsadas tanto por cambios ambientales globales como por innovaciones anatómicas que permitieron explotar nuevos recursos en los océanos.

El estudio también permitió distinguir con claridad tres grandes grupos ecológicos: los arqueocetos, las primeras ballenas que aún conservaban rasgos de sus ancestros terrestres; los misticetos, las actuales ballenas con barbas filtradoras; y los odontocetos, el grupo que incluye a delfines, orcas y cachalotes, caracterizados por poseer dientes y sofisticados sistemas de ecolocalización.

Según los investigadores, comprender cómo los cetáceos respondieron a grandes cambios climáticos y ambientales del pasado no solo ayuda a reconstruir su historia evolutiva, sino que también aporta herramientas para entender cómo podrían enfrentar los desafíos que imponen las transformaciones actuales de los ecosistemas marinos.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


sábado, 6 de diciembre de 2025

Evolución y extinción de los perezosos gigantes de América.

 


Un nuevo estudio internacional logró reconstruir la historia evolutiva de los perezosos americanos, desde su aparición hace unos 35 millones de años hasta su desaparición en tiempos relativamente recientes. Para ello, los investigadores analizaron fósiles y árboles genealógicos evolutivos con el fin de profundizar en su anatomía, modos de vida y transformaciones ecológicas a lo largo del tiempo.

El equipo científico estuvo integrado por especialistas del CONICET (Argentina), el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC, España) y diversas instituciones internacionales.

Hoy, los perezosos son conocidos como mamíferos pequeños, lentos y arborícolas que pasan gran parte de su vida colgando cabeza abajo de los árboles. Sin embargo, esta imagen contrasta radicalmente con la de sus antepasados: durante millones de años América estuvo habitada por perezosos de gran tamaño, algunos de los cuales llegaron a superar varias toneladas de peso.

Los primeros perezosos surgieron en Sudamérica hace unos 35 millones de años. Eran animales terrestres y robustos, con un peso estimado de entre 70 y 350 kilogramos. A lo largo de su evolución, sus descendientes desafiaron cualquier previsión: mientras gigantes emblemáticos como Megatherium americanum —con más de 4 toneladas de peso— dominaban los paisajes del Pleistoceno (entre 2,5 millones y 12.000 años atrás), otras líneas evolucionaron en sentido opuesto, reduciendo drásticamente su tamaño y adoptando hábitos arborícolas.

El estudio revela que la masa corporal de los perezosos estuvo íntimamente ligada a su modo de vida: el desplazamiento terrestre favoreció el gigantismo, mientras que la vida en los árboles impulsó la miniaturización. Estos cambios ocurrieron de forma desigual. Los grandes perezosos terrestres evolucionaron lentamente, mientras que los linajes arborícolas —como los actuales perezosos de dos y tres dedos— se redujeron de tamaño con notable rapidez.

Las transformaciones ambientales también jugaron un papel decisivo. Los cambios climáticos asociados al movimiento de los continentes y a las variaciones en la órbita terrestre provocaron un progresivo reemplazo de vastos bosques por praderas y pampas, lo que favoreció nuevamente los hábitos terrestres. Esto permitió que distintos linajes de perezosos colonizaran nuevos nichos ecológicos, una ventaja clave frente al enfriamiento y la creciente aridez de Sudamérica durante las fluctuaciones glaciares de los últimos dos millones de años.

Como consecuencia, durante los últimos 14 millones de años se produjo una verdadera explosión de especies de gran tamaño. El gigantismo apareció repetidamente en grupos poco emparentados entre sí, pero ya adaptados a distintos estilos de desplazamiento y regímenes alimentarios. Los perezosos terrestres gigantes se consolidaron entonces como un componente fundamental de la megafauna del continente americano, rol que mantuvieron hasta hace unos 15.000 años.

Pese a haber sobrevivido durante 35 millones de años de cambios geológicos y climáticos extremos, los perezosos gigantes desaparecieron abruptamente durante la transición entre el Pleistoceno y el Holoceno. Solo lograron sobrevivir sus parientes más pequeños y arborícolas, que dieron origen a las especies actuales.

El estudio identifica un proceso de extinción en dos etapas: primero se extinguieron las especies continentales, coincidiendo con la expansión de los primeros grupos humanos por América; posteriormente desaparecieron las poblaciones insulares, como las del Caribe.

“La cronología de su extinción refleja claramente la expansión humana”, explica Alberto Boscaini, de la Universidad de Buenos Aires y coautor del trabajo. “Ninguna crisis climática previa tuvo un impacto tan devastador sobre ellos, lo que apunta a la presión antropogénica como el factor nuevo y definitivo”.

La historia evolutiva de los perezosos encierra una doble enseñanza: es testimonio tanto de una extraordinaria capacidad de adaptación como de la fragilidad de la vida ante presiones inéditas. Su linaje sobrevivió a colisiones continentales, cambios climáticos extremos y profundas transformaciones ambientales, alternando entre la vida terrestre y arborícola, ajustando su tamaño corporal y diversificando su dieta.

“Este grupo convirtió la versatilidad en oportunidad”, resume Daniel Casali, de la Universidad de São Paulo y coautor del estudio.

Pero su rápido colapso final deja una advertencia clara: incluso los linajes más resistentes pueden desaparecer cuando se enfrentan a amenazas completamente nuevas, como la presión directa ejercida por la actividad humana.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


jueves, 23 de mayo de 2019

El genoma de las aves confirma que son los dinosaurios de la actualidad.

Hace más de una década, en los primeros pasos del siglo XXI, un grupo de investigadores de las universidades de Yale y Rockefeller de Nueva York andaba ya planteándose si sería posible recrear una proteína de dinosaurio a partir de las copias genéticas que producen esa proteína en las especies actuales. La idea era utilizar una suerte de máquina del tiempo molecular que fuese capaz de dar marcha atrás al avance de la evolución hasta el momento en el que vivió el ancestro común más cercano entre los dinosaurios y los seres vivos actuales. Y la proteína escogida era un pigmento visual clave para la visión en colores. La cuestión no era baladí. Si lo lograban podían abrir la puerta a nuevas interpretaciones sobre la biología y la forma de vida de los gigantescos animales que dominaron la Tierra durante millones de años.
Los investigadores, a las órdenes de Thomas Sakmar, de la Rockefeller University, tomaron la secuencia genética responsable de la producción de ese pigmento en 30 especies de vertebrados actuales, desde lampreas y anguilas hasta cocodrilos, lagartos o mamíferos como el ser humano. Y pusieron a funcionar toda la maquinaria genética y estadística a su alcance para reconstruir cómo era ese pigmento visual en el ancestro de los arcosaurios que dio lugar a los cocodrilos y aves actuales. Y, en 2002, lo consiguieron. Lograron fabricar el gen artificial de ese dinosaurio y confirmar así que estos animales veían en color. El trabajo dio lugar a multitud de trabajos reinterpretando su biología reproductiva e incluso las representaciones artísticas que se hacían de estos animales. Los plumajes coloridos ya pudieron estar favorecidos adaptativamente hace más de 100 millones de años, en la era de los dinosaurios.
Aquel trabajo, que hace despertar todo tipo de ideas futuristas presentes en la ciencia ficción sobre la resurrección de los dinosaurios, se realizó con una sola secuencia genética y en tiempos en los que la industria genómica estaba aún en su infancia. ¿Qué datos biológicos se podrían obtener si se dispusiera de todas las secuencias de todas las especies de animales que descendieron de los dinosaurios? Haría falta un enorme músculo financiero, científico y tecnológico para lograr un objetivo semejante. Y durante años nadie ha emprendido esa tarea.
Pero exactamente eso es lo que acaba de lograr un consorcio internacional -'Avian Phylogenomics Consortium'- de más de 200 investigadores y participación de 80 instituciones de todo el mundo dirigido desde el National Genebank BGI de China, el mayor centro de análisis genómico del mundo en la actualidad, por encima de los potentes centros de EEUU y Reino Unido.
El proyecto ha secuenciado y analizado 48 genomas de aves que representan, con al menos una especie, todos los grupos de aves que existen en la actualidad. Y 45 de ellos se presentan por primera vez en este estudio publicado en la revista 'Science' junto con otros siete estudios más en la misma revista y 21 en otras de menor impacto.
Las secuencias completas de ADN de todas las aves modernas ayudan a contar la historia de cómo consiguieron, junto con algunos reptiles, burlar la extinción masiva que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años. Y también sobre cómo evolucionaron y se diversificaron rápidamente en un 'Big Bang' biológico tras la gran extinción.
Existen tres tipos de aves. En primer lugar, las grandes aves que no vuelan como las avestruces o los emus de Oceanía. Después hubo una separación que dio lugar a otros dos grupos más el de los pollos y patos, por un lado, y el de las neoaves, que representan el 95% de todas las especies de aves. Este dibujo general ya se conocía desde hace décadas, pero hasta ahora ha habido debates abiertos sobre cómo evolucionaron. Para empezar, el trabajo recién presentado define el árbol evolutivo de las aves de una forma definitiva.
Pero un trabajo de tal magnitud responde otras muchas cuestiones científicas. "Queríamos saber qué hace que un ave sea un ave. Las bases genéticas del vuelo, las plumas, la visión o la selección sexual", aseguró Thomas Gilbert, investigador del Museo de Historia Natural de Copenhague y uno de los autores principales. "Con todos estos nuevos datos esperamos poder empezar a responder incluso preguntas más interesantes como si somos capaces de inferir características de los dinosaurios?", dijo Gilbert en una conferencia telefónica con periodistas.
Además, los científicos han analizado aspectos clave sobre las características de las aves como el aprendizaje del lenguaje, algo que sólo comparten con el ser humano por convergencia adaptativa. Para ello, estudiaron los genes que activan ciertas regiones cerebrales y vieron que los loros y ciertas aves cantoras los poseen, igual que el ser humano, y otras aves no cuentan con ellas activas. Y después, realizaron estudios sobre cortes cerebrales de diferentes especies para saber si las regiones activas relacionadas con el lenguaje son las mismas. "No hemos encontrado esas áreas en los cerebros de pollos o codornices ni tampoco en primates no humanos o en gatos. Sí tienen las áreas compartidas por todas las especies que están relacionadas con el cruzamiento, es decir, con la vocalización, pero no esas regiones del cerebro frontal que poseen los cambios convergentes en los genes de pájaros cantores y humanos", explicó Erich Jarvis, otro de los científicos principales del proyecto y profesor de la Universidad de Duke y del Howard Huges Medical Institute.
"Estas especies tienen tamaños genómicos muy pequeños. Una razón es que tienen muy bajas frecuencias de ADN repetitivo y la otra es que han sufrido pérdidas masivas de genes a lo largo de la evolución", aseguró en la teleconferencia Guoije Zhang, del BGI de Pekín y primer firmante del trabajo principal del consorcio.
"Los pájaros son dinosaurios", dijo Ed Braun, de la Universidad de Florida y autor principal de la secuenciación de tres especies de cocodrilos. "Son el único linaje de los dinosaurios que logró esquivar la extinción en masa al final de la llamada edad de los Dinosaurios. Sus parientes vivos más cercanos son de hecho los cocodrilos, unos organismos muy diferentes que hunden sus raíces bastante profundo en el árbol de la vida".