sábado, 15 de agosto de 2026
Un tigre dientes de sable en Miramar🐾
lunes, 27 de julio de 2026
Un estudio argentino revela cómo evolucionaron los cetáceos a lo largo de millones de años.
Las ballenas, delfines y marsopas
son algunos de los mamíferos más especializados del planeta, pero su
extraordinaria adaptación al ambiente marino fue el resultado de un largo
proceso evolutivo. Un nuevo estudio encabezado por especialistas del CONICET
reconstruyó esa historia desde una perspectiva ecológica, revelando cómo estos
animales modificaron sus formas de vida y ocuparon distintos nichos a lo largo
de más de 50 millones de años.
Para
llevar adelante la investigación, el equipo analizó información de más de un
centenar de especies fósiles y actuales, evaluando características como el
tamaño corporal, el tipo de alimentación, la locomoción, los órganos
sensoriales y el hábitat. A partir de estos datos pudieron reconstruir los
cambios ecológicos que acompañaron la evolución del grupo.
Los
resultados muestran que la historia de los cetáceos estuvo marcada por varias
radiaciones evolutivas, es decir, períodos en los que surgieron rápidamente
numerosas especies adaptadas a diferentes modos de vida. Estas transformaciones
estuvieron impulsadas tanto por cambios ambientales globales como por
innovaciones anatómicas que permitieron explotar nuevos recursos en los
océanos.
El
estudio también permitió distinguir con claridad tres grandes grupos
ecológicos: los arqueocetos, las primeras ballenas que aún conservaban rasgos
de sus ancestros terrestres; los misticetos, las actuales ballenas con barbas
filtradoras; y los odontocetos, el grupo que incluye a delfines, orcas y
cachalotes, caracterizados por poseer dientes y sofisticados sistemas de
ecolocalización.
Según los investigadores, comprender cómo
los cetáceos respondieron a grandes cambios climáticos y ambientales del pasado
no solo ayuda a reconstruir su historia evolutiva, sino que también aporta
herramientas para entender cómo podrían enfrentar los desafíos que imponen las
transformaciones actuales de los ecosistemas marinos.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm
miércoles, 15 de julio de 2026
Opisoma romeroi, un molusco gigante que vivió en el Jurásico de la Patagonia.
Hace aproximadamente 185 millones de años, durante el período Jurásico, el territorio que hoy corresponde al centro de la provincia de Neuquén era muy diferente al paisaje árido que conocemos. En aquel entonces no existían ni Argentina ni Sudamérica con su configuración actual, la Cordillera de los Andes aún no se había elevado y esta porción del continente se encontraba ubicada mucho más cerca del Ecuador. Un cálido golfo de aguas subtropicales, conectado con el océano Pacífico y rodeado de arrecifes, albergaba una extraordinaria diversidad de organismos marinos.
Las condiciones climáticas eran notablemente más cálidas que las actuales y favorecían el desarrollo de ecosistemas muy ricos, cuyos vestigios permanecen preservados en las rocas jurásicas de la región. Gracias a estos fósiles, que en muchos casos afloran directamente sobre la superficie, los paleontólogos continúan reconstruyendo la historia de aquellos antiguos mares. A este conjunto de organismos se suma Opisoma romeroi, una nueva especie de bivalvo extinto descripta por investigadores del CONICET y de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, cuyos resultados fueron publicados en la revista Journal of Paleontology.
El ejemplar presenta características que lo convierten en una especie excepcional dentro de su género. Una de las más llamativas es el lugar donde fue hallado: hasta el momento, los registros más australes de organismos similares provenían de yacimientos ubicados en Chile, aproximadamente a la latitud de la provincia de Catamarca, varios cientos de kilómetros más al norte. Sin embargo, el rasgo más sorprendente es su enorme tamaño. Mientras que la mayoría de las especies conocidas del género apenas alcanzan entre dos y tres centímetros de longitud, Opisoma romeroi mide alrededor de 18 centímetros, una dimensión extraordinaria para este grupo.
Los bivalvos constituyen un grupo de moluscos marinos invertebrados que incluye a las actuales almejas, mejillones y ostras. Se caracterizan por poseer un cuerpo blando protegido por dos valvas calcáreas unidas mediante una bisagra natural, que se abren y cierran gracias a la acción de músculos y ligamentos elásticos.
La nueva especie posee una morfología muy particular. Su conchilla recuerda la forma de un corazón y presenta un notable espesor debido a la acumulación de carbonato de calcio en uno de sus lados, una adaptación que sugiere que el animal vivía parcialmente enterrado en el fondo marino. Además, determinadas estructuras sobresalientes de la valva, comparadas con especies actuales de características semejantes, indican que probablemente mantenía una relación simbiótica con organismos fotosintéticos.
Los investigadores interpretan que este antiguo molusco habría alojado microalgas en los tejidos de su manto. Las valvas, relativamente aplanadas, permitían exponer estas algas a la luz solar para que realizaran fotosíntesis, generando nutrientes que también beneficiaban al hospedador. De esta manera, Opisoma romeroi habría desarrollado una estrategia de fotosimbiosis semejante a la observada en algunos bivalvos modernos que habitan mares tropicales de aguas poco profundas y tranquilas. Esta evidencia aporta nueva información sobre las condiciones ambientales que caracterizaban al centro de Neuquén durante el Jurásico, confirmando la presencia de un clima cálido y subtropical.
El fósil fue descubierto en el sitio conocido como Cerro Granito por Francisco Romero, primer director del Museo Carmen Funes de Plaza Huincul, razón por la cual la especie lleva su apellido. Sin embargo, el material permaneció durante más de cuatro décadas resguardado en dos colecciones científicas: una parte en el Museo Provincial de Ciencias Naturales "Prof. Dr. Juan A. Olsacher" de Zapala y la otra en un repositorio institucional de la Universidad de Buenos Aires.
Aunque el reconocido paleontólogo Horacio Camacho había manifestado interés en estudiar estos ejemplares, el trabajo nunca llegó a concretarse y las piezas permanecieron sin analizar hasta la investigación actual. Para su estudio no solo se aplicaron los métodos paleontológicos tradicionales, sino también técnicas de tomografía computada de alta resolución, que permitieron examinar el interior de las valvas sin dañarlas y buscar estructuras relacionadas con posibles asociaciones fotosimbióticas.
Los análisis descartaron la presencia de perforaciones o ventanas en la conchilla, como las que poseen algunas almejas actuales del género Corculum, utilizadas para facilitar el ingreso de la luz hacia las algas simbiontes. Esta ausencia llevó a los investigadores a proponer que Opisoma romeroi habría desarrollado una estrategia diferente para optimizar la captación de radiación solar, comparable a la observada en las gigantescas almejas del género Tridacna, habitantes de los arrecifes del océano Indo-Pacífico.
Estas almejas modernas permanecen fijas al sustrato y albergan millones de microalgas en los tejidos del manto, el cual despliegan ampliamente durante el día para maximizar la exposición a la luz. Aunque no se trata de organismos estrechamente emparentados, ambos grupos comparten adaptaciones similares vinculadas al gran tamaño corporal, la vida en ambientes marinos cálidos y poco profundos y el aprovechamiento de asociaciones fotosintéticas.
El descubrimiento de Opisoma romeroi no solo amplía el conocimiento sobre la biodiversidad marina del Jurásico argentino, sino que también modifica la distribución conocida del género, demostrando que estos bivalvos alcanzaron latitudes considerablemente más australes de lo que se suponía. Este hallazgo abre nuevas perspectivas para comprender la evolución de la fauna marina jurásica y plantea la posibilidad de que otros integrantes del grupo de los grandes bivalvos conocidos como Lithiotis también hayan habitado regiones más australes antes de desaparecer durante la primera parte del Jurásico. Fuente: Conicet.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm
miércoles, 24 de junio de 2026
Pindocarpon chichinalensis, una nueva especie de palmera del Mioceno de la Patagonia Argentina.
Un estudio
realizado por especialistas del CONICET describe un nuevo género y especie de
palmera a partir de fósiles encontrados en Río Negro. La abundancia de frutos y
semillas preservados sugiere la existencia de extensos palmares en la región
hace unos 20 millones de años.
Las palmeras pueden desarrollar
una amplia variedad de formas y tamaños de frutos. Entre ellas, las especies de
la tribu Cocoseae, poseen características diagnósticas evidentes: la
presencia de tres "ojos" o poros de germinación en la base del fruto,
probablemente mejor conocida por la especie monotípica actual, Cocos
nucifera, de amplio uso y distribución. Según los especialistas, existe
poco consenso sobre la historia biogeográfica de las palmeras Cocoseae,
ya que hay pocos registros fósiles previos a nivel mundial.
El sector conocido como Valle de
la Luna Amarillo, en el Área Natural Protegida Paso Córdoba en la provincia de
Río Negro, atesora una diversidad de plantas, mamíferos y aves fósiles en estratos
del Mioceno Inferior (con una edad de alrededor de 20 millones de años), que
forman parte de la sección basal de la Formación Chichinales. Es precisamente
en estos niveles que se han hallado notables acumulaciones de frutos y semillas
petrificados de palmeras en excelente estado de preservación. Allí,
especialistas del IIPG (CONICET-UNRN) y del INIBIOMA (CONICET-UNCo),
presentaron un nuevo registro fósil de frutos de palmera basado en estudios
anatómicos de más de 30 especímenes. Estos resultados fueron publicados en la
revista especializada American Journal of Botany.
“El interés de estos nuevos
hallazgos fósiles reside, por un lado, en el hecho de sumar valiosa información
para comprender la historia evolutiva de las palmeras en particular y de las
paleocomunidades vegetales sudamericanas y el contexto paleoclimático en que se
desarrollaron durante el Cenozoico. Y por otro lado, en el hecho de expandir el
conocimiento de un área de interés turístico y patrimonial como es el Área
Natural Protegida Paso Córdoba”, expresa Luciana Muci del Instituto de
Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN), y primera
autora de la publicación. De este estudio también participaron los
investigadores Mauro Passalia y Ari Iglesias (INIBIOMA, CONICET-UNCo).
Los detalles anatómicos de estos
frutos fósiles fueron estudiados mediante cortes delgados observados al
microscopio óptico y de epifluorescencia, además de microtomografías de rayos
X. A partir de estas observaciones, y su comparación con frutos de palmeras
actuales, los frutos petrificados fueron asignados a un nuevo género y especie
(Pindocarpon chichinalensis) dentro de la subtribu Attaleinae (tribu
Cocoseae, subfamilia Arecoideae). Además, la presencia de una
característica inusual en la pared del fruto fósil sugiere una estrecha
relación anatómica con la palmera actual sudamericana Syagrus
romanzoffiana (conocida como palmera pindó).
Muci explica que el nuevo taxón
descripto se destaca de otros registros previos “por ser uno de los frutos
fósiles mejor conservados de palmeras de la tribu Cocoseae a nivel
mundial y constituir el primer registro fósil inequívoco de la subtribu Attaleinae
en el sur de Sudamérica”. Y añade: “Además, representa el registro más austral
para esta subtribu en Sudamérica, sugiriendo que condiciones climáticas
subtropicales se extendieron hasta el norte de la Patagonia al menos hasta el
Mioceno temprano”.
De acuerdo al equipo de
investigación, Muci, Passalia e Iglesias, la altísima concentración (de cientos
a miles) de estos frutos y semillas en estratos de la sección basal de la
Formación Chichinales y su amplia distribución en el área de estudio permiten
interpretar la presencia de una comunidad de palmerales (palmar). Por otro
lado, el hallazgo previo de grandes aves corredoras extintas (fororrácidos) en
la paleocomunidad de Chichinales sugiere el desarrollo de una vegetación
relativamente abierta, en donde la comunidad arbórea, dominada por palmeras,
constituyó parches boscosos, como en las sabanas actuales. Fuente: Conicet.
Mas info en http://grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm
sábado, 20 de junio de 2026
Antusuchus rionegrinus, un nuevo cocodrilo en el Cretácico de Rio Negro.
Se realizó en La Buitrera, uno de los yacimientos
paleontológicos más importantes de la Patagonia. La nueva especie, bautizada
Antusuchus rionegrinus, aporta pistas sobre la evolución de antiguos
depredadores que habitaron los desiertos del Cretácico.
Un equipo de investigadores argentinos identificó una
nueva especie de cocodrilo fósil que habitó el norte de la Patagonia hace más
de 100 millones de años. El hallazgo se produjo en el Área Paleontológica La
Buitrera, en Río Negro, y fue publicado recientemente en la revista científica
Historical Biology. El descubrimiento confirma a la Patagonia como uno de los
sitios más relevantes del país para la paleontología, con proyección nacional e
internacional.
La especie fue bautizada como Antusuchus rionegrinus y
representa un nuevo integrante de los peirosáuridos, un grupo de cocodrilos
terrestres depredadores que se distribuyó ampliamente por los continentes
australes durante la era de los dinosaurios.
La investigación fue liderada por la doctora María Lucila
Fernández Dumont, de la Fundación Azara, y se apoya en más de dos décadas de
trabajos científicos desarrollados en La Buitrera por el equipo encabezado por
el paleontólogo Sebastián Apesteguía (en la foto con una reconstrucción).
A diferencia de los cocodrilos actuales, asociados a
ambientes acuáticos, Antusuchus rionegrinus estaba adaptado a la vida en tierra
firme. Los investigadores estiman que tenía el tamaño aproximado de un perro
mediano y que ocupaba el rol de depredador en un ecosistema dominado por dunas
y condiciones áridas.
Hace unos 100 millones de años, el paisaje de la región
era muy diferente al actual. Donde hoy se extienden Río Negro y Neuquén existía
un enorme desierto de dunas móviles conocido como Desierto de Kokorkom, un
ambiente cálido y seco en el que convivían algunos de los dinosaurios más
grandes que habitaron la Tierra.
Los fósiles fueron hallados en cercanías de La Piedra
Sola y corresponden a dos ejemplares. Para su estudio se utilizaron técnicas de
preparación mecánica, tomografías computadas de alta resolución y microscopía
electrónica, herramientas que permitieron analizar estructuras internas sin
dañar el material.
La Buitrera continúa revelando especies desconocidas y
consolidándose como uno de los sitios más relevantes del país para el estudio
de la vida prehistórica. (Fundación
Azara)
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm
martes, 21 de abril de 2026
Paleoteius lakui, un nuevo lagarto que ilumina la Patagonia del fin de los dinosaurios.
El hallazgo de un diminuto reptil fósil en la Patagonia argentina está arrojando nueva luz sobre uno de los momentos más decisivos en la historia de la vida en la Tierra. Se trata del lagarto terrestre más completo registrado hasta ahora para el Cretácico tardío en Sudamérica, un período inmediatamente anterior a la gran extinción que puso fin a la era de los dinosaurios. Este descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre estos animales, sino que también permite comprender mejor su evolución en los continentes del hemisferio sur.
El estudio fue llevado adelante por un equipo internacional liderado por investigadores del CONICET, con base en el Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales. Los restos fósiles fueron encontrados en la provincia de Río Negro y corresponden a un reptil que vivió hace aproximadamente 70 millones de años.
La nueva especie fue denominada Paleoteius lakui y proviene de sedimentos de la Formación Allen, en el yacimiento Salitral Ojo de Agua. Este sitio ya había cobrado notoriedad recientemente por otros hallazgos relevantes, lo que refuerza su importancia dentro del registro paleontológico de la región.
De acuerdo con los especialistas, se trataba de un animal pequeño, de poco más de 15 centímetros de longitud. Su cráneo presentaba una superficie ornamentada con pequeñas protuberancias, y sus mandíbulas estaban equipadas con numerosos dientes finos y uniformes, probablemente adaptados a una dieta insectívora. A pesar de su tamaño, el ejemplar hallado conserva gran parte del esqueleto, incluyendo secciones clave del cráneo, algo excepcional para este tipo de reptiles.
Los lagartos y lagartijas rara vez se preservan en el registro fósil debido a la fragilidad de sus huesos. Por eso, este hallazgo resulta particularmente valioso: llena un vacío de decenas de millones de años en el conocimiento de estos animales en la Patagonia, donde prácticamente no existían registros comparables.
El análisis del fósil requirió la aplicación de tecnologías de vanguardia. Mediante microtomografía computada, los investigadores lograron reconstruir digitalmente la anatomía interna del ejemplar con altísima precisión, sin necesidad de intervenir físicamente los restos. Este trabajo se realizó en colaboración con la Comisión Nacional de Energía Atómica, lo que permitió generar modelos tridimensionales fundamentales para el estudio anatómico detallado.
A su vez, el abordaje incluyó herramientas de computación de alto rendimiento proporcionadas por la Universidad Nacional de Córdoba, indispensables para llevar adelante los análisis filogenéticos que permiten establecer relaciones evolutivas entre especies.
En este sentido, los resultados fueron reveladores. El registro fósil de lagartos mesozoicos en el hemisferio sur es extremadamente limitado —apenas unas pocas especies— en comparación con las más de 150 conocidas en el hemisferio norte. En ese contexto, Paleoteius no solo incrementa la diversidad conocida, sino que además representa un linaje hasta ahora desconocido en Sudamérica.
Los estudios indican que este reptil puede ubicarse dentro del grupo de los Scincomorpha, un conjunto muy diverso de lagartos actuales distribuidos globalmente, pero que carecía de registros fósiles en esta región. Asimismo, sus posibles parientes cercanos habrían tenido una distribución amplia en otros continentes, lo que sugiere que estos reptiles ya estaban diversificados en el antiguo supercontinente Gondwana.
El descubrimiento de Paleoteius lakui constituye, en definitiva, una pieza clave para reconstruir la historia evolutiva de los reptiles poco antes del evento de extinción masiva que transformó radicalmente la vida en el planeta. Además, pone de relieve el valor de la investigación interdisciplinaria y la cooperación entre instituciones científicas.
El proyecto, que forma parte de una línea de investigación más amplia sobre el final de la era de los dinosaurios en Patagonia, contó con el respaldo de la National Geographic Society y la participación de múltiples instituciones, incluyendo la Fundación Félix de Azara, el Museo Patagónico de Ciencias Naturales y colaboradores internacionales.
Fuente: Conicey, y Agnolín, F. L., Aranciaga-Rolando, M., Álvarez-Herrera, G., Ezcurra, M. D., Rodríguez, A. M., Chafrat, P., … & Novas, F. E. (2026). A new late Cretaceous squamate from Patagonia sheds light on Gondwanan diversity. Scientific Reports.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

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