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sábado, 18 de julio de 2026

Miramar fue sede de una capacitación de campo de la Fundación Azara sobre biodiversidad marina y patrimonio natural.




Durante nueve días, estudiantes e investigadores participaron de actividades de observación de fauna marina, monitoreo con drones, educación ambiental y toma de muestras y procedimientos en colecciones científicas, fortaleciendo la formación y el conocimiento del patrimonio natural de la ciudad.

Entre el 5 y el 13 de julio, la ciudad de Miramar recibió a un grupo de estudiantes voluntarios de las carreras de Medicina, Medicina Veterinaria, Agronomía, Ingeniería Ambiental y Biología de distintas facultades de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Maimónides (UMAI), junto a investigadores de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, quienes desarrollaron una intensa agenda de actividades de capacitación, investigación y educación ambiental centradas en la biodiversidad marina y costera.

Las jornadas estuvieron dirigidas por la Dra. Marcela Junín, especialista en Biodiversidad Marina de la Fundación Azara, y tuvieron como principal objetivo capacitar a los participantes en técnicas de observación, identificación, registro y documentación de especies que habitan los ambientes costeros bonaerenses, promoviendo además una mirada interdisciplinaria sobre la conservación de estos ecosistemas.

Durante su permanencia en Miramar, el grupo se alojó en las instalaciones donde próximamente comenzará a funcionar el Centro de Estudios de Ciencia, Educación y Cultura Marina Bonaerense”, un nuevo espacio impulsado por la Fundación de Historia Natural Félix de Azara destinado a la investigación científica, la formación de estudiantes y el desarrollo de actividades de divulgación y educación ambiental.

Como parte de las actividades de campo, se realizó una recorrida por el sector costero y la zona intermareal de Miramar, coordinada localmente por Nadia Parente. Allí, los participantes llevaron adelante tareas de observación y registro de organismos característicos de este ambiente, incorporando herramientas para su identificación y documentación, al tiempo que profundizaron en la importancia ecológica de uno de los sectores con mayor biodiversidad del litoral bonaerense.

La capacitación incluyó además una recorrida interpretativa por el área paleontológica ubicada en las inmediaciones del muelle de Miramar, guiada por Mariano Magnussen Saffer, integrante de la Fundación Azara, Universidad Maimonides y vecino de la ciudad. Durante la actividad se abordó la historia geológica de la región, la formación de los acantilados costeros y la extraordinaria riqueza paleontológica que caracteriza al sudeste bonaerense, reconocido internacionalmente por los numerosos hallazgos de fauna fósil del Cenozoico.

Posteriormente se desarrolló un conversatorio sobre la historia científica de Miramar y los principales descubrimientos paleontológicos realizados desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad. También se compartieron experiencias relacionadas con la preparación y conservación de material biológico destinado a colecciones científicas, técnicas empleadas en anatomía comparada, toma de muestras orgánicas y procedimientos de laboratorio, generándose un enriquecedor intercambio entre estudiantes e investigadores de distintas disciplinas.

Como parte del programa de actividades, los estudiantes e investigadores también visitaron el Bosque del Vivero Municipal "Florentino Ameghino", donde fueron recibidos por el guardaparque Argentino Montagni. Durante el recorrido, ofreció una charla sobre la historia del bosque, su proceso de forestación, la diversidad de especies que lo componen y su importancia ecológica para la región. La visita propició, además, un enriquecedor intercambio de conocimientos y experiencias entre los participantes, fortaleciendo el vínculo entre la investigación científica y la gestión de los espacios modificados por el ser humano.

Aprovechando las condiciones meteorológicas favorables, se realizaron además ensayos para la puesta a punto de técnicas de monitoreo de mamíferos marinos mediante el uso de drones, actividad coordinada por Ignacio Núñez, estudiante de Medicina Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires. Las pruebas permitieron efectuar vuelos de aproximadamente 500 metros mar adentro, a una altura de entre 30 y 40 metros, obteniéndose resultados muy positivos para futuras tareas de observación y registro de grandes vertebrados marinos.

Como cierre de las actividades, el grupo tuvo la oportunidad de observar y registrar un conjunto de cinco ejemplares de ballena franca austral (Eubalaena australis) que permanecieron durante varias horas a aproximadamente un kilómetro de la costa de Miramar. El avistamiento constituyó una experiencia de enorme valor para la formación de los estudiantes y aportó información relevante para el conocimiento y seguimiento de la biodiversidad marina local.

La visita reafirma el creciente interés de instituciones científicas nacionales por Miramar como escenario para el desarrollo de investigaciones, prácticas de campo y actividades de formación, integrando biodiversidad marina, paleontología, historia de la ciencia, educación ambiental y conservación del patrimonio natural. Este tipo de iniciativas fortalece los vínculos entre la comunidad científica y el territorio, al tiempo que contribuye a poner en valor la riqueza natural y cultural que distingue a la ciudad bonaerense.

sábado, 30 de mayo de 2026

Kank australis, un nuevo dinosaurio depredador del cretácico de Santa Cruz.

 



Su descubrimiento amplía el registro fósil de los dinosaurios unenlaginos en el hemisferio sur, tendiendo un puente geográfico entre los ejemplares hallados en la Patagonia y otras partes del mundo.

Un hallazgo paleontológico de gran relevancia internacional tuvo lugar en la provincia de Santa Cruz, donde un equipo de investigadores de Argentina y Japón identificó una nueva especie de dinosaurio raptor en las cercanías de El Calafate. La especie fue denominada Kank australis, y su descubrimiento amplía el registro fósil de los dinosaurios unenlágidos en el hemisferio sur, tendiendo un puente geográfico entre los ejemplares hallados en la Patagonia y otras partes del mundo.

La investigación fue publicada en la revista Journal of Vertebrate Paleontology y estuvo liderada por el paleontólogo Matías Motta, junto a un equipo integrado por Federico Agnolín, Alexis Aranciaga Rolando, Sebastián Rozadilla, Federico Brissón Egli, Gerardo Álvarez Herrera, Gastón Lo Coco, Takanobu Tsuihiji, Makoto Manabe, Diego Pol y el paleontólogo Nicolás Chimento, quien trabaja también con el Museo Padre Molina, además del resto de los integrantes que trabajan en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN-CONICET), la Fundación de Historia Natural “Félix de Azara” y el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Japón.

El hallazgo se produjo en la Estancia La Anita, donde en 2019 se había recuperado un fragmento de garra que sugería la presencia de un raptor. En expediciones posteriores, particularmente en 2024, se encontraron vértebras cervicales y dientes que permitieron confirmar la identidad de una nueva especie. Los fósiles fueron analizados mediante tomografía computada y microscopía electrónica, técnicas que revelaron rasgos anatómicos únicos.

“Kank” proviene de la mitología del pueblo originario aonikenk o tehuelche, y hace referencia al “Gran Ñandú” creador de la constelación Choiols, conocida como la Cruz del Sur. “Australis” significa “del sur”, en alusión a la latitud extrema donde fueron hallados los restos. El animal habría tenido un tamaño mediano, similar al de un ñandú grande, con unos 27 kilos de masa corporal; caminaba sobre dos patas y portaba la característica garra curva en el segundo dedo del pie.

El doctor Matías Motta, primer autor del estudio, explicó: “La descripción de Kank australis es importante porque sumamos una nueva especie de la familia de los unenlágidos, una familia poco representada en el registro fósil ya que sus huesos son muy gráciles y difíciles de preservar”. Y agregó: “Este dinosaurio se diferencia claramente de los raptores del hemisferio norte, como Velociraptor, por sus dientes cónicos con pequeñas estrías y por las particularidades únicas de sus vértebras cervicales”.

El hallazgo refuerza la riqueza paleontológica de Santa Cruz, ya que es el primer raptor unenlágido de la provincia, donde ya se han encontrado fósiles de ranas, tortugas, peces, serpientes, mamíferos y otros dinosaurios como Maip macrothorax y Nullotitan glaciaris. Motta subrayó: “El dinosaurio fue hallado en rocas del Cretácico Superior y esto es importante porque expande el registro de los unenlágidos. Demuestra que ya estaban ampliamente distribuidos justo antes del impacto del meteorito hace 66 millones de años”.

El descubrimiento también tiene un fuerte componente institucional para la provincia. Los restos de Kank australis, actualmente en préstamo en el MACN, volverán a Santa Cruz para formar parte del repositorio del Museo Regional Provincial Padre Manuel Jesús Molina de Río Gallegos, dependiente de la Secretaría de Estado de Cultura. De esta manera, la provincia se consolida como un territorio clave para la paleontología mundial, con instituciones locales que acompañan y resguardan hallazgos de relevancia científica global.

El paleontólogo Fernando Novas, quien describió en 1997 la primera especie de unenlágidos, destacó que este nuevo registro es el más austral de la familia en Sudamérica y tiende un puente con los fósiles de la Antártida, donde se identificó al Imperobator antarcticus. “Cada nuevo hallazgo nos permite comprender mejor la distribución y evolución de estos depredadores bípedos emparentados con las aves actuales”, señaló.

La Secretaría de Estado de Cultura de Santa Cruz celebró este descubrimiento como un aporte fundamental al conocimiento científico y a la valorización del patrimonio natural de la provincia. La incorporación de los restos al Museo Molina permitirá que la comunidad santacruceña y los visitantes puedan acceder a un testimonio único de la historia de la vida en la Tierra, reforzando el rol de los museos como espacios de aprendizaje, conservación y difusión cultural.

Con Kank australis, Santa Cruz reafirma su lugar en el mapa paleontológico mundial, mostrando que su territorio no solo guarda paisajes de belleza incomparable, sino también secretos científicos que conectan continentes y enriquecen la memoria colectiva de la humanidad.

Más info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


viernes, 24 de abril de 2026

Patagoniaemys aeschyli, una nueva especie de tortuga gigante para el Cretácico de Río Negro.



Un equipo de paleontólogos argentinos anunció el descubrimiento de una nueva especie de tortuga fósil que vivió hace unos 70 millones de años en la Patagonia. El hallazgo, realizado en la Estancia Nueva Poupeé, cerca de Arroyo Ventana, contribuye a comprender mejor la diversidad de reptiles hacia el final de la era de los dinosaurios. La tortuga finalmente será custodiada por el Museo Provincial “María Inés Kopp” en Valcheta.

El ejemplar recuperado incluye partes del cráneo, caparazón y esqueleto, lo que permitió a los investigadores identificar características únicas. Entre ellas se destacan unas crestas longitudinales en el caparazón, rasgo distintivo que no se observa en otras especies conocidas del mismo grupo.

Se trataba de una tortuga de tamaño considerable: su caparazón podía alcanzar unos 80 centímetros de largo. Su anatomía revela una combinación de rasgos primitivos y derivados, lo que la ubica dentro de una rama originaria del grupo, y además sugiere que era una especie de hábitos posiblemente anfibios, que pasaría su tiempo tanto en tierra firme como en ríos o lagunas.

La nueva especie fue denominada Patagoniaemys aeschyli y pertenece a un grupo de tortugas extintas conocidas como Meiolaniformes, famosas por incluir formas robustas e incluso con cuernos en el cráneo. Estos animales habitaron principalmente en los continentes del hemisferio sur, como Sudamérica y Australia, durante gran parte de la historia geológica.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que las tortugas de la Patagonia no fueron severamente afectadas por la extinción masiva que marcó el final de los dinosaurios. Los datos indican que varias líneas diferentes de reptiles con caparazón, incluyendo los Meiolaniformes, lograron sobrevivir el evento, mostrando una notable continuidad entre las faunas antes y después del evento de extinción.

Los investigadores aún desconocen por qué la gran extensión del meteorito no afectó a las tortugas. Una de las hipótesis indica que, al ser animales de metabolismo muy bajo y que pueden tolerar épocas hostiles hibernando semienterrados en barro o en madrigueras, puede que hayan sobrevivido de esta manera al impacto del meteorito.

El estudio fue encabezado por investigadores del LACEV-Museo Argentino de Ciencias Naturales, Fundación de Historia Natural “Félix de Azara” y Museo “Egidio Feruglio” de la provincia de Chubut. La tortuga finalmente será custodiada por el Museo Provincial “María Inés Kopp” en Valcheta.

Este hallazgo es fruto del trabajo conjunto entre investigadores, instituciones científicas y la Secretaría de Cultura de Río Negro. A través de la Dirección de Patrimonio y Museos, autoridad de aplicación de la Ley Provincial N° 3041, se gestionan las investigaciones que ponen en valor el patrimonio natural y cultural.

Asimismo, este trabajo fortalece el desarrollo científico y su divulgación en la comunidad. Así, el descubrimiento no solo enriquece el conocimiento paleontológico, sino que posiciona a Río Negro como referente internacional, articulando ciencia y gestión pública para proteger el pasado y proyectar el futuro.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

jueves, 23 de abril de 2026

La historia del ataque de un tiburon blanco en Miramar , y los registros paleontologicos y arqueologicos en un nuevo libro.

 


Una nueva publicación reconstruye el único ataque documentado de un tiburón blanco en la Argentina y revive uno de los episodios más impactantes de la costa bonaerense.

En el verano de 1954, la tranquilidad de Miramar se quebró en cuestión de segundos. Lo que parecía una jornada más de playa se convirtió en un hecho sin precedentes: un joven fue atacado por un tiburón en aguas argentinas. Setenta años después, ese episodio vuelve a cobrar vida en el libro Crónica de un tiburón en Miramar, de Marcela Junín y Mariano Magnussen.

La obra, publicada en 2026, propone una reconstrucción minuciosa del caso, combinando testimonios, archivos históricos y aportes científicos. El resultado es una narración que no solo recupera el dramatismo del ataque, sino que también contextualiza el fenómeno dentro del conocimiento actual sobre el Carcharodon carcharias.

El hecho ocurrió el 22 de enero de 1954, cuando Alfredo Aubone nadaba a pocos metros de la costa. En un ataque tan violento como inesperado, un tiburón lo hirió gravemente. Contra todo pronóstico, sobrevivió gracias a un rescate inmediato y a una intervención médica extraordinaria para la época.

El libro revela detalles poco conocidos: desde el contexto previo marcado por un fenómeno oceánico inusual en la región, hasta el análisis posterior de un fragmento de diente que permitió identificar al animal como un ejemplar juvenil. También aborda el impacto social que generó el episodio, que durante años alimentó el miedo y el imaginario colectivo de la ciudad.

Más allá del suceso en sí, la publicación pone el foco en la relación entre el ser humano y el mar, desmitificando la figura del tiburón y aportando una mirada científica sobre su presencia —ocasional— en el Atlántico Sur. Con registros posteriores de pesca en distintas costas bonaerenses. Así mismo, ofrece interesantes datos que demuestran que el gran blanco, ya visitaba estas costas desde tiempos muy lejanos. El hallazgo paleontológico de dos dientes de la mandíbula superior e inferior correspondientes al Pleistoceno, hace unos 30 mil años, y el registro arqueológico de dientes utilizados como pendientes por cazadores recolectores nómades hace 3 mil años antes del presente, son una prueba de su antigua presencia, siendo el Partido de General Alvarado, uno de los pocos sitios del mundo con registros paleontológicos, arqueológicos e históricos de este gran animal depredador.

Con un enfoque que cruza la crónica periodística, la divulgación científica y la historia local, Crónica de un tiburón en Miramar se posiciona como una obra clave para entender uno de los hechos más singulares de la historia argentina reciente.

Una historia real, extrema y profundamente humana, que demuestra que incluso en las aguas más familiares pueden esconderse episodios extraordinarios.

El libro contó con el apoyo y financiamiento de la Fundación Azara y el armado de Vazquez Mazzini Editores.

Lo podes descargar gratis desde https://fundacionazara.org.ar/cronica-de-un-tiburon-en-miramar/