Descubren 532 huellas fósiles de
dinosaurios de 70 millones de años en El Sauzal, Jujuy, revolucionando la
paleontología argentina y abriendo nuevas oportunidades turísticas.
Un descubrimiento paleontológico
sin precedentes ha puesto a la provincia de Jujuy en el mapa científico
mundial. El hallazgo de más de 500 huellas fósiles de dinosaurios de 70 millones
de años de antigüedad en el paraje El Sauzal, departamento Santa Bárbara,
representa el yacimiento de icnitas más importante encontrado hasta la fecha en
el norte argentino y revoluciona por completo el conocimiento sobre la fauna
del Cretácico Superior en la región.
El sitio, ubicado en plena selva
de las Yungas jujeñas, conserva 532 huellas fósiles perfectamente preservadas
que pertenecen a diversos tipos de dinosaurios herbívoros y carnívoros,
incluyendo saurópodos de gran tamaño, abelisaurios y posiblemente hadrosaurios.
Este hito paleontológico no solo amplía significativamente el registro fósil
argentino, sino que también abre nuevas oportunidades para el geoturismo en
Jujuy y posiciona al departamento Santa Bárbara como una zona de interés científico
internacional
La historia de este
descubrimiento paleontológico comenzó hace cinco años con la intuición de Julio
Sapag, propietario de la finca Tapiete en Palma Sola. Durante años, Sapag
observó extrañas marcas circulares en las rocas de su propiedad, pero sus
comentarios inicialmente fueron recibidos con escepticismo. «Al principio no me
creyeron e incluso se burlaron de mí», relató el productor rural, quien
persistió en su convicción de que aquellas formaciones tenían un origen
especial
En 2023, Sapag decidió contactar
a especialistas en geología, lo que finalmente llevó al equipo de científicos
de Tucumán hasta su finca. El geólogo Gabriel López Isla, becario doctoral del
CONICET e investigador del Instituto Superior de Correlación Geológica
(Insugeo), lideró la expedición que confirmaría la importancia excepcional del
sitio.
El acceso al yacimiento
paleontológico representó un desafío logístico considerable para el equipo
científico. La ubicación remota en la selva de las Yungas requirió una travesía
que incluyó una hora y media de viaje en camioneta, seguida de cuatro horas de
trekking por terreno hostil y, finalmente, un descenso en rápel para alcanzar
el sitio donde se encuentran las huellas de dinosaurios.
El equipo de especialistas en
escalada y rápel «Salva Aventura», comandado por Salvador Gómez, fue
fundamental para garantizar la seguridad durante la expedición. Los
investigadores debieron utilizar cuerdas fijas y clavos para roca, trabajando
en condiciones que López Isla describió como «bastante difíciles» debido a la
topografía accidentada y la densa vegetación de las Yungas.
La expedición inicial, realizada
en diciembre de 2024, contó con la participación de geólogos y paleontólogos de
la Universidad Nacional de Tucumán, incluyendo a la geóloga Lucía Rivadeneira,
el geólogo brasileño Guido Alonso de la Universidad Federal de Paraná, y el
estudiante de geología Alejandro Krapovickas.
Las huellas fósiles encontradas
en El Sauzal revelan un ecosistema prehistórico de extraordinaria diversidad.
El yacimiento paleontológico se extiende sobre aproximadamente 1.400 metros
cuadrados y presenta huellas que varían significativamente en tamaño y forma,
con algunas alcanzando dimensiones de 60×70 centímetros, «comparables al tamaño
de las huellas de un elefante», según describió López Isla.
Los análisis preliminares han
identificado huellas correspondientes a diferentes tipos de dinosaurios del
Cretácico. Entre los hallazgos más significativos se encuentran las pisadas de
saurópodos, enormes dinosaurios herbívoros de cuello largo que dominaban los
paisajes del Mesozoico. También se identificaron huellas tridáctilas con marcas
de garras pertenecientes a abelisaurios, dinosaurios carnívoros típicos del
supercontinente Gondwana que caracterizaban la fauna sudamericana de aquel
período.
El descubrimiento también aporta
datos fundamentales para nuevas interpretaciones sobre el ecosistema mesozoico
en el norte argentino. Las huellas de dinosaurios permiten inferir aspectos del
comportamiento de estos animales cuando estaban vivos, algo que los fósiles
tradicionales de huesos no pueden revelar con la misma claridad.
Uno de los aspectos más
fascinantes que revela el yacimiento paleontológico de El Sauzal es la
reconstrucción de la paleogeografía de Sudamérica hace 70 millones de años. El
mundo en el que vivieron estos dinosaurios era radicalmente diferente al
actual, con características geográficas y climáticas que resultan difíciles de
imaginar en la actualidad.
«Los Andes no existían», explicó
López Isla, señalando que la formación de la cordillera comenzó mucho después,
hace aproximadamente 30 millones de años. En ausencia de esta barrera
montañosa, «todo el norte argentino era mucho más llano, mucho más plano», con
una topografía que favorecía la existencia de sistemas fluviales extensos y
cuerpos de agua interconectados.
Existe una teoría científica
sólida que sugiere que las regiones donde hoy se encuentran Jujuy y Salta «eran
bañados por lo que sería una ingresión marina». Esta hipótesis plantea que el
nivel del mar era significativamente más alto, y que áreas que actualmente son
montañosas estaban cubiertas por aguas marinas o costeras. En este contexto paleogeográfico,
Tucumán habría funcionado como «la playa» o una zona costera.
El sitio específico donde se
encontraron las huellas fósiles correspondía a una planicie continental con
sistemas fluviales que posiblemente desembocaban en cuerpos de agua localizados.
Este ambiente de llanuras aluviales y zonas húmedas creó las condiciones
ideales para la preservación de las icnitas, ya que los dinosaurios caminaban
sobre sustratos fangosos que posteriormente fueron cubiertos por capas
sedimentarias sucesivas.
La excepcional preservación de
las huellas de dinosaurios en El Sauzal es el resultado de un proceso geológico
complejo que López Isla describe con precisión científica: «Una vez que el
animal pisa, deforma el sustrato. Ese sustrato necesita que ocurran ciertos
procesos por el cual esa huella quede enterrada, y posterior a eso ocurre un
proceso por el que ese sedimento pasa a convertirse en rocas sedimentarias».
Este fenómeno, conocido como
fosilización de icnitas, es relativamente poco común y requiere condiciones muy
específicas para que se produzca. Los dinosaurios debieron caminar sobre una
superficie fangosa o arenosa con la consistencia adecuada para registrar sus
pisadas sin que estas se deformaran inmediatamente. Posteriormente, el sustrato
debió ser cubierto rápidamente por nuevas capas de sedimento que protegieron
las huellas de la erosión.
El largo proceso de diagénesis,
mediante el cual los sedimentos se convierten en roca sólida a lo largo de
millones de años, preservó las huellas fósiles hasta nuestros días. Sin
embargo, este mismo proceso puede causar ocasionalmente deformaciones que
afectan las características anatómicas originales de las pisadas, lo que
representa uno de los desafíos que enfrentan los paleontólogos al interpretar
las icnitas.
La Formación Lecho, donde se
preservaron estas huellas, es conocida por su riqueza mineral y las condiciones
biogeográficas que contribuyeron a esta notable preservación. La formación
geológica actuó como una cápsula del tiempo que mantuvo intacto este testimonio
del Cretácico Superior durante 70 millones de años.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm