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viernes, 18 de agosto de 2023

Huellas de dinosaurios adultos muestran que estos cuidaban a las crías.

 




Las marcas, de 150 millones de años, fueron descubiertas en 2019, pero el estudio fue publicado recientemente por paleontólogos de Bolivia y Argentina. Creen que habría sido una zona de cría y una ruta migratoria. Los detalles

En 2019, un antiguo secreto de la prehistoria fue revelado en Bolivia: una lluvia de primavera provocó el derrumbe de la quebrada de un río y dejó al descubierto alrededor de 350 huellas de dinosaurios. Esto ocurrió en el departamento de Tarija, en el sur del país. Un equipo de investigadores, incluido el paleontólogo argentino Sebastián Apesteguía, publicó pocos días atrás en Biología Histórica los detalles de este emocionante hallazgo, incluido un “vivero de dinosaurios”.

El yacimiento paleontológico reveló una escena sorprendente: dos saurópodos adultos (como un brontosaurio) liderando a cientos de crías en el Jurásico Superior, hace unos 150 millones de años. Los expertos lo consideraron un vivero de dinosaurios apoyándose en su hipótesis que indica que, al haber gran cantidad de huellas de ejemplares jóvenes, habría sido una zona de cuidado de las crías.

Además, en el mismo sitio, se identificaron huellas de ornitópodos (iguanodontes) y terópodos (algunos parientes del tiranosaurio), lo que sugiere que esta región podría haber sido parte de una ruta migratoria de dinosaurios entre el actual sur de Perú, el centro de Bolivia y el norte de Argentina.

Una parte importante de este descubrimiento es la representación completa de tres períodos diferentes de la era de los dinosaurios: Triásico, Jurásico y Cretácico. Hasta este descubrimiento, en Bolivia solo se conocían huellas prehistóricas del inicio y final de la era de los dinosaurios, pero ahora existe un panorama completo, un auténtico túnel del tiempo marcado en la tierra.

Sebastián Apesteguía, especialista argentino del Área de Paleontología, de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara-Universidad Maimónides y del Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) destacó la importancia de proteger estas huellas, que actualmente están en riesgo de colapsar por cualquier derrumbe, lluvia y que simplemente están expuestas a factores ambientales.

“Reportamos una nueva aparición —indicó Apesteguía—, la primera del Jurásico al Cretácico temprano en la Formación Castellón (Tarija, Bolivia) con cerca de 350 huellas de dinosaurios. Con la excepción de unas pocas huellas de tridáctilo, todos exhiben características de saurópodos. El conjunto expuesto consta de tres grandes vías cuadrúpedas subparalelas de calibre medio, con una vía orientada en dirección opuesta a las otras dos. Estimamos que medía unos 3,80 metros de altura a la altura de la cadera y caminaba a una velocidad inferior a 5 kilómetros por hora. La distribución proporciona elementos para probar el gregarismo si se acepta un posible sincronismo”.

La interpretación del comportamiento

La investigación también arrojó luz sobre el comportamiento de los saurópodos. Los científicos sugieren que estos dinosaurios gigantes pueden haber viajado en grupos, guiados por adultos. Muy posiblemente todos viajaban como una manada compacta, prueba de ello es que las huellas de los adultos y los jóvenes están separadas entre sí, prácticamente ninguno se superpone con otro, lo que sugiere que caminaron por la misma senda.

Es posible que los jóvenes se cruzaran en diferentes momentos, pero los científicos lo descartan porque en ese caso se produciría un solapado de huellas: los pequeños dinosaurios habrían pisado las huellas de los mayores que ya se habían cruzado horas o días antes. Por ello, dado que las huellas están prácticamente separadas entre sí por cada individuo, se cree que los dinosaurios más pequeños iban en compañía de los adultos. Aunque esta teoría no es definitiva, los especialistas argumentan que la observación de comportamientos similares en la fauna moderna apoya esta posibilidad, ya que los elefantes, por ejemplo, tienen la costumbre de moverse en grandes manadas con sus crías pegadas a sus parientes.

“Las deambulaciones reconocibles en la superficie del sedimento sugieren que colectivamente pueden representar un ejemplo icnológico de comportamiento de manada”, destacó el especialista.

La protección de este valioso patrimonio paleontológico en Bolivia está en riesgo. Las huellas se encuentran en una región propensa a deslizamientos de tierra y exposición a la intemperie. Los científicos insisten en la necesidad de un enfoque proactivo para preservar estos rastros y sugieren la digitalización mediante tecnologías de escaneo 3D para preservar con precisión los detalles. Fuente: Infobae.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm   

viernes, 23 de octubre de 2020

Investigadores de la Fundación Azara y CONICET descubrieron huellas de 235 millones de años en Bolivia.




Especialistas del CONICET encontraron centenares de huellas de animales cuadrúpedos, emparentados con los cocodrillos, de una época en la que los dinosaurios aún no habían desarrollado grandes masas corporales. El hallazgo se produjo en las localidades bolivianas de Tunasniyoj y Ruditayoj, ubicadas a unos 40 kilómetros de Sucre.

En una campaña que implicó un gran despliegue logístico, investigadores del CONICET descubrieron una gran cantidad de huellas pertenecientes a animales cuadrúpedos emparentados con los cocodrilos. Eran animales de gran tamaño, capaces de trotar, aunque no se pudo definir si se traba de especies carnívoras o herbívoras.

El doctor Sebastián Apesteguía, investigador del CONICET y la Fundación Azara, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “por la antigüedad y el tamaño de estas huellas, que pertenecen a uno o varios animales de unos siete metros de longitud, era claro que no pertenecían a dinosaurios, porque hace 235 millones de años estos animales no habían alcanzado esa talla corporal”.

“Parte del equipo estuvo compuesto por icnólogos -especialistas en huellas-, quienes pudieron confirmar que estos animales dejaban huellas conocidas como quiroterias, particularmente de un género que es conocido como Brachychirotherium, o braquiquiroterios”, especificó Apesteguía, autor principal del estudio que se publicó hoy en la revista científica Historical Biology.

El paleontólogo Facundo Riguetti, coautor de este estudio, indicó que “este es el primer hallazgo de este tipo de huellas en Bolivia y es también la primera evidencia de que en el Triásico Superior vivían grandes y viejos parientes terrestres de los cocodrilos en ese país”.

“Algunas de las cosas más sorprendentes que vimos en estos animales, además del gran tamaño que tienen, es el agrupamiento que presentan”, aseveró Riguetti. Y agregó: "En algunos casos, se ven rastrilladas individuales, es decir, secuencias de huellas solitarias de un mismo individuo, mientras que en otros casos están agrupadas en suelos con mucha agua. Es probable que estos animales se reunieran en torno a lagunas o ríos, como ocurre hoy en los oasis de los desiertos”.

El icnólogo Paolo Citton, investigador del Instituto de Investigación en Paleobiología

y Geología (IIPG-CONICET) de la Universidad Nacional de Río Negro, valoró que “el hallazgo de trazas fósiles, en este caso de huellas de cuadrúpedos, brindan un montón de información sobre la paleobiología de los animales extintos, porque permite ver el animal caminado, moviéndose, e interactuando con el ambiente, y ello nos da información sobre su forma de locomoción”.


El doctor Apesteguía comentó que hay dos posibles candidatos a haber dejado estas huellas: “Puede que hayan sido unos animales carnívoros conocidos como rauisuquios, los cuales eran enormes parientes terrestres de los cocodrilos. Eran capaces de trotar y medían entre tres y diez metros de largo, e incluían formas de pesadilla como Prestosuchus, Saurosuchus y Fasolasuchus”.

“Pero también es posible que estas huellas hayan sido dejadas por aetosaurios, los cuales eran acorazados y también eran parientes lejanos de cocodrilos, pero herbívoros, y de un tamaño que podría haber rondado entre los cuatro y cinco metros”, afirmó Apesteguía.

Si bien los animales carnívoros no suelen desplazarse en grandes grupos, acostumbran a realizar rastrilladas en un determinado sitio y, por ello, un solo individuo podría haber generado un gran número de huellas. En tanto, los animales herbívoros suelen tener hábitos gregarios, por lo que podrían haberse juntado a beber agua, por ejemplo, dejando dicho rastro en el suelo.


Previamente, en 2010, los doctores Sebastián Apesteguía y Pablo Gallina habían realizado una publicación sobre huellas fósiles en dicha zona en Bolivia. Pero las dataciones de aquel entonces consignaban que el yacimiento pertenecía a los comienzos del período Cretácico, con unos 145 millones de años de antigüedad, por lo que se consideró que esos rastros pertenecían a dinosaurios.

Pero nuevas dataciones revelaron que estos sedimentos eran mucho más antiguos, de mediados del período Triásico, con unos 235 millones de años de antigüedad. De allí que las huellas no pertenecían a dinosaurios, los cuales eran pequeños en ese entonces, cuando el mundo estaba compuesto por un único continente que es conocido con el nombre de Pangea.

En el sur de Pangea, se habrían originado los primeros dinosaurios, cuyos restos óseos han sido hallados en Argentina y Brasil. Eran frágiles y ágiles animalitos que buscaban su lugar en un mundo de animales más grandes y poderosos, como los rauisuquios y los aetosaurios que son los principales candidatos a haber dejado estas huellas en Bolivia (ver ilustraciones de Jorge A. González).  

La nueva investigación fue publicada en la revista Historical Biology con el título “The Ruditayoj-Tunasniyoj fossil area (Chuquisaca, Bolivia): a Triassic chirotheriid megatracksite and reinterpretation of purported thyreophoran tracks”.

Además de los investigadores Sebastián Apesteguía, Facundo Riguetti y Paolo Citton, también participaron de este estudio los geólogos Gonzalo Veiga y Daniel Poiré, ambos del Centro de Investigaciones Geológicas de la Universidad Nacional de La Plata, el doctor Gerardo G. Zacarías de la Universidad Nacional de Salta y doctora Silvina de Valais del mismo IIPG y el CONICET.

Imágenes; Todo el equipo en la Quebrada Orito. Veiga, Apesteguia, Riguetti y Poire planificando. Rauisuquio por Jorge A González gentileza Dra Julia Desojo. Fuente; Agencia CTyS-UNLaM.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

miércoles, 20 de marzo de 2019

Araneograptus murrayi, un graptolite muy difundido durante el Ordovícico.


Esta especie de graptolites integra el grupo de los hemicordados. Son organismos coloniales y solitarios que se originaron en el cámbrico inferior, hace 540 mill0ones de años y perduran hasta la actualidad. Lo que se preserva en estado fósil es la estructura inorgánica o colonia propiamente dicho, las cuales alojan a sus habitantes los zooides.
Araneograptus murrayi, es una colonia constituida por ramas o estirpes que presentas habitáculos para los zooides llamadas tecas. Eran de hábitos planctónicos suspendidos por medio de un delgado filamento denominado nema,  que culmina en un disco de flotación.
Algunos materiales de Araneograptus murrayi, provienen de la Sierra de Zenta, Cordillera Oriental y de la región de la Sierra de Cajas, Departamento Humahuaca en la Provincia de Jujuy y en Tarija, Bolivia. Otros géneros asociados; Hunnegraptus copiosus   Kiaerograptus, Adelograptus y Paradelograptus antiquus.