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sábado, 18 de junio de 2022

Chelonoidis petrocellii, una nueva especie de tortuga fósil del Pleistoceno la provincia de Buenos Aires.


Miembros del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (LACEV) durante la revisión de materiales fósiles alojados en el Museo provincial Carlos Ameghino, de la ciudad de Mercedes, analizaron los restos del caparazón de una tortuga fósil encontrada en el Río Luján, en capas de unos 100.000 años de antigüedad.

Los investigadores reconocieron que se trataba de una especie desconocida para la ciencia a la que llamaron Chelonoidis petrocellii, en honor al naturalista mercedino José Luis Petrocelli, quien fuera descubridor de los restos.

Esta nueva tortuga es semejante a la tortuga terrestre argentina (científicamente conocida como Chelonoidis chilensis), pero se diferencia entre otros detalles por el caparazón proporcionalmente grueso.

Si bien era de tamaño comparable al de las especies vivientes, Chelonoidis petrocellii convivió con una gran variedad de tortugas gigantes hoy en día extintas. Todos estos quelonios habitaron gran parte del territorio argentino, pero hace unos 10.000 años antes del reciente se extinguieron sin dejar descendientes.

Todas ellas desaparecieron junto a los grandes mamíferos que caracterizaron la “Era del Hielo”, como los tigres dientes de sable, los perezosos terrestres y los mastodontes. Todos ellos encontraron su final, por causas aún desconocidas, entre las que se pueden contar el cambio climático, la caza indiscriminada por los primeros seres humanos llegados al continente, entre otras.

Previo a su extinción, las tortugas terrestres eran abundantes en regiones como la Mesopotamia y el noreste de la provincia de Buenos Aires.

Estudios llevados adelante en Argentina muestran que las tortugas terrestres vivientes, ayudan a la dispersión y germinación de muchos vegetales, como ser tunas (Opuntia), tomates silvestres y Papas de Monte (del género Prosopanche) y la relación entre ellas con las tortugas puede considerarse casi simbiótica. De este modo, es posible que todas estas plantas se hayan visto afectados negativamente luego de la extinción de las tortugas terrestres como Chelonoidis petrocellii, hacia fines del Pleistoceno.

Estas plantas parecen depender casi exclusivamente de las tortugas para dispersarse. El estudio publicado indica que no es improbable que los tunales dispersos que se encuentran en el litoral argentino y región pampeana, en zonas donde no existen quelonios terrestres hoy en día, constituyan anacronismos sobrevivientes del Pleistoceno. Fuente: LACEV.

Link al artículo: https://link.springer.com/.../10.1134/S0031030121080037...

En la imagen podemos ver las placas del caparazón de la nueva especie Chelonoidis petrocellii. Debajo la reconstrucción de una tortuga gigante del género Chelonoidis en el Museo Almeida en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


 

miércoles, 15 de mayo de 2019

Evidencia de peleas entre tigres dientes de sable.



 
El estudio fue recientemente publicado en la Revista de la Academia de Ciencias de Francia “COMPTES RENDUS PALEVOL” y fue realizado por investigadores argentinos a partir de dos cráneos fósiles, uno de Río Tercero, (Córdoba) y el otro de la ciudad de Mercedes (Buenos Aires).
Sin lugar a dudas, el mamífero carnívoro más espectacular es el Smilodon populator o “tigre dientes de sable”. Fue uno de los mayores felinos conocidos, su longitud sobrepasaba el metro y medio, y su peso rondaba los 300 kilogramos. De tamaño comparable a un león, era muy robusto, de patas cortas y fuertes y cola muy corta. Sin embargo, la característica más llamativa de Smilodon eran los enormes caninos que alcanzaban los 30 centímetros de longitud. Estos dientes tenían forma de daga y los filos como un cuchillo dentado. Debido a sus grandes colmillos, el Smilodon debía abrir la boca en un ángulo mayor a los 120º para poder así morder a sus presas. 

Debido al descomunal tamaño de los colmillos y a su relativa fragilidad, algunos científicos pensaron que el Smilodon solo usaría sus colmillos como exhibición, o tal vez, solo podría morder a sus presas en zonas que no ofrecieran demasiada resistencia como el cuello o la panza. 

Un grupo formado por investigadores del CONICET, Museo de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, Fundación de Historia Natural “Félix de Azara”, Museo Regional “Florentino Ameghino” de Río Tercero, Córdoba y del Museo Municipal de Ciencias Naturales “Carlos Ameghino” de Mercedes, realizó un estudio excepcional. (1)

Los investigadores analizaron dos cráneos de Tigres dientes de Sable que tenían una gran perforación en la parte dorsal. Uno de ellos proviene de Río Tercero, Córdoba, mientras que el otro es del Río Luján, Mercedes, provincia de Buenos Aires. 

Los científicos concluyeron que otro Tigre de Dientes de Sable hizo la gran perforación usando sus poderosos colmillos durante un combate. Es decir, estos grandes felinos podrían haberse causado lesiones muy graves entre sí, posiblemente durante combates por territorio, alimento, acceso a las hembras, etc., muy similar a lo que ocurre en la actualidad con muchos grandes felinos, que incluso pueden culminar en la muerte. Además, en esta investigación se concluye que los enormes colmillos característicos de los Tigres Dientes de Sable tenían una resistencia mucho mayor de lo que se pensaba , y evidentemente eran mucho más utilizados de lo que se creía hasta el momento, tanto para conflictos entre miembros de la misma especie como para la depredación de otros miembros de la “Megafauna”.

Pese a que a veces se trate de especies muy conocidas por su amplio registro y extensión geográfica, son pocos los casos donde el registro fósil nos deja ver claramente el comportamiento de los animales extintos, lo cual nos llena de asombro.
Por primera vez se registra una historia de conflicto del predador más feroz de la Era del Hielo! 

(1) Nicolás R. Chimento, Federico L. Agnolín, Leopoldo Soibelzon, Javier G. Ochoa, Viviana Buide.
Autores de : Evidence of intraspecific agonistic interactions in Smilodon populator (Carnivora, Felidae), publicado en “Comptes Rendus Palevol”.
• Recreación de la mordida de un Smilodon a otro. Vitrina con restos de cráneo de Smilodon y huellas del tigre dientes de sable Felipeda miramarensis en el Museo de Mercedes.
 
Ilustración:
• Dos “tigres dientes de sable” combatiendo, realizada por el Paleontólogo y Paleoartista Sebastián Rozadilla, Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, Buenos Aires. Fuente; Meseo Ameghino de Mercedes.