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sábado, 20 de junio de 2026

Antusuchus rionegrinus, un nuevo cocodrilo en el Cretácico de Rio Negro.

 



Se realizó en La Buitrera, uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de la Patagonia. La nueva especie, bautizada Antusuchus rionegrinus, aporta pistas sobre la evolución de antiguos depredadores que habitaron los desiertos del Cretácico.

Un equipo de investigadores argentinos identificó una nueva especie de cocodrilo fósil que habitó el norte de la Patagonia hace más de 100 millones de años. El hallazgo se produjo en el Área Paleontológica La Buitrera, en Río Negro, y fue publicado recientemente en la revista científica Historical Biology. El descubrimiento confirma a la Patagonia como uno de los sitios más relevantes del país para la paleontología, con proyección nacional e internacional.

La especie fue bautizada como Antusuchus rionegrinus y representa un nuevo integrante de los peirosáuridos, un grupo de cocodrilos terrestres depredadores que se distribuyó ampliamente por los continentes australes durante la era de los dinosaurios.

La investigación fue liderada por la doctora María Lucila Fernández Dumont, de la Fundación Azara, y se apoya en más de dos décadas de trabajos científicos desarrollados en La Buitrera por el equipo encabezado por el paleontólogo Sebastián Apesteguía (en la foto con una reconstrucción).

A diferencia de los cocodrilos actuales, asociados a ambientes acuáticos, Antusuchus rionegrinus estaba adaptado a la vida en tierra firme. Los investigadores estiman que tenía el tamaño aproximado de un perro mediano y que ocupaba el rol de depredador en un ecosistema dominado por dunas y condiciones áridas.

Hace unos 100 millones de años, el paisaje de la región era muy diferente al actual. Donde hoy se extienden Río Negro y Neuquén existía un enorme desierto de dunas móviles conocido como Desierto de Kokorkom, un ambiente cálido y seco en el que convivían algunos de los dinosaurios más grandes que habitaron la Tierra.

Los fósiles fueron hallados en cercanías de La Piedra Sola y corresponden a dos ejemplares. Para su estudio se utilizaron técnicas de preparación mecánica, tomografías computadas de alta resolución y microscopía electrónica, herramientas que permitieron analizar estructuras internas sin dañar el material.

La Buitrera continúa revelando especies desconocidas y consolidándose como uno de los sitios más relevantes del país para el estudio de la vida prehistórica. (Fundación Azara)

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


miércoles, 10 de junio de 2026

Shakajlura riojanensis, un antecesor de los cocodrilos del Triásico Tardío de Talampaya, La Rioja.




 

Argentina es un lugar espléndido para los descubrimientos paleontológicos y ello no constituye ninguna novedad. Lo que sí llama la atención, en este caso, es que el descubrimiento convoca a un pasado muy remoto, más que de costumbre.

Un equipo de científicos y científicas del Conicet halló, en La Rioja, al antecesor del cocodrilo, que se paseó por el noroeste del país hace 237 millones de años y se ubicó como uno de los depredadores más temibles. Antes de que los dinosaurios se parasen en la cima de la cadena alimenticia, especies como la descubierta se floreaban como los grandes cazadores del lugar. El hallazgo arroja nuevas pistas sobre cómo era la vida en aquel tiempo y ayuda a entender cómo un estudio del pasado puede contribuir a comprender los comportamientos de las especies del presente.

Precisamente, la especie habitó la actual región de Talampaya, específicamente en la Formación Chañares. Se estima que midió seis metros de largo y que su cráneo alcanzaba los 60 centímetros. Durante mucho tiempo se mantuvo esquivo a la observación y al trabajo de los paleontólogos. Lo bautizaron “Shakajlura riojanensis”, que quiere decir “lagarto bendito de La Rioja” y los detalles de su reporte fueron difundidos en la revista del rubro Papers in Palaeontology.

Julia Desojo, investigadora del Conicet en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, es una de las autoras del trabajo. En diálogo con Página 12, amplía: "Este reptil es la figurita difícil. Al ser un carnívoro que está al tope de la cadena alimenticia compone el elenco de los menos abundantes y de los más complicados de encontrar en el campo“.

Aunque el hallazgo se comunica en el presente porque los científicos aguardaron a la publicación del trabajo en una revista de interés, el proyecto en el que efectivamente sucedió el descubrimiento comenzó tiempo atrás. De hecho, el grupo interdisciplinario de investigadores trabaja en la zona desde 2011, y Shakajlura riojanensis fue identificado durante dos campañas sucesivas que se produjeron entre 2017 y 2018 en el Parque Nacional Talampaya.

En aquella ocasión, según refieren los investigadores del Conicet, pudieron dar con huesos del cráneo y con otros pertenecientes a su cintura. Sobre esto, la científica del Conicet detalla: “Somos un grupo de paleontólogos, geólogos y técnicos, que estamos por la zona desde 2011. En 2017 hallamos a la especie y luego fuimos nuevamente unos meses después para poder terminar de extraer el material del hallazgo”.

Dentro de los aspectos más destacables, Shakajlura se caracteriza por poca ornamentación maxilar (el hueso de la quijada que lleva los dientes) y por poseer un hueso de la mandíbula con una forma distintiva, de carácter prearticular y calibrada para la caza. Reviste de un valor particular poder conocer la arquitectura ornamental de estas bestias remotas porque ha sido tan hegemónico el estudio de los dinosaurios que es muy poco lo que se sabe de la vida en tiempos previos.

Desojo describe: “En la Formación Chañares conocíamos a este grupo de primos lejanos de los cocodrilos, gracias a una especie llamada Luperosuchus fractus, hallada por Alfred Romer, un científico estadounidense en 1960. En nuestro hallazgo, no solo encontramos elementos del cráneo, sino también del postcráneo”. Y continúa: “No tiene una nariz romana, esto quiere decir que sus nasales no están proyectados dorsalmente como una nariz. Los maxilares, que portan los dientes, no están ornamentados. Tiene características anatómicas del cráneo que se diferencian de lo previamente observado, por lo que para nosotros constituye una nueva especie“, refiere Desojo.

Hay que tener en cuenta que este reptil forma parte del grupo Paracrocodylomorpha, cuadrúpedos que podían llegar a medir 10 metros, y que poblaban la Tierra antes de que los grandes dinosaurios carnívoros realizaran su majestuosa aparición. De hecho, estos parientes lejanos de los cocodrilos no solo poblaban el planeta, sino que lo dominaban al ser depredadores eficaces. Y lo hicieron en una época de florecimiento, puntualmente en el Triásico, durante la Era Mesozoica, también conocida como la Edad de los reptiles, cuando todos los continentes formaban una enorme masa continental denominada Pangea.

La Rioja, y puntualmente Formación Chañares, congrega las miradas de la ciencia internacional porque, de manera reciente, ya se han identificado registros preciosos de mamíferos, cocodrilos y dinosaurios, así como de plantas y hongos. La especialista destaca: “Para el Triásico, La Rioja es un lugar súper reconocido y fructífero. El propio Romer que te comentaba antes se llevó un montón de fósiles de esa región; piezas que hoy están en Harvard. Con ayuda de la erosión que va socavando y gracias al ojo de los paleontólogos y de los equipos técnicos, continuamos de la mejor manera nuestro trabajo. Cada descubrimiento constituye una ventana a esta época del mundo“. Fuente: Pagina 12.

Mas info en http://grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

domingo, 26 de abril de 2026

Hallan posibles restos de Notosuchus terrestris, un antiguo cocodrilo que vivió en el Cretácico de Río Negro



Los fósiles recuperados en Paso Córdoba, General Roca, brindan claves para entender mejor la diversidad y evolución de estos reptiles en la Patagonia.

En el Área Natural Protegida Paso Córdoba, ubicada en la ciudad de General Roca, provincia de Río Negro, un grupo de especialistas del CONICET hallaron fósiles de una especie de cocodrilo que vivió hace aproximadamente 85 millones de años.

"El material fue encontrado por Facundo Riguetti, becario posdoctoral del CONICET, quien reconoció un fragmento de cráneo y me llamó para ir a ver. A partir de ese momento, comenzamos a abrir hacia los laterales para evaluar la extensión del fósil, es decir, determinar cuánto material se había preservado y así poder decidir la mejor forma de extraerlo. En un primer momento, y ante la aparente ausencia de otros restos, se resolvió retirar el cráneo. Sin embargo, al continuar con la excavación, comenzaron a aparecer más huesos correspondientes al postcráneo, como vértebras, partes de la pata y otros elementos", explica Agustina Lecuona, investigadora del CONICET con lugar de trabajo en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN).

Los fósiles descubiertos presentan rasgos típicos de los cocodrilos de la época a la que pertenecen, correspondientes a la Formación Bajo de la Carpa. Este ambiente, explica Lecuona, se habría originado en un sistema fluvial efímero, es decir, en un entorno de cursos de agua pequeños que se evaporaban rápido, combinado con sectores de carácter eólico, con predominio de la acción del viento, similar a un desierto.

Por las características observadas en los materiales recuperados, los investigadores infieren que se trataría de Notosuchus terrestris, una de las especies más abundantes de la Patagonia, y de la cual se conocen numerosos ejemplares, incluso en distintos estadios de desarrollo.

"En general, dependiendo del grupo taxonómico, es posible estimar el tamaño de un individuo adulto, a partir del largo total del cráneo, del largo del fémur, del húmero, u otros indicadores según el grupo. En este caso solo tenemos el fémur casi completo, por lo que usando este parámetro se podría inferir un tamaño aproximado de un metro sin considerar la cola", detalla la investigadora.

Cabe mencionar que los cocodrilos de esta época diferían notablemente de los actuales. Lejos de ser grandes depredadores acuáticos que acechan en ríos, se trataba de animales más pequeños y adaptados a la vida completamente terrestre. Su postura también era distinta, caminaban con las patas erguidas, ubicadas por debajo del cuerpo, lo que les daba un andar más ágil y elevado, similar al de un mamífero actual, en contraste con la marcha más esparrancada y cercana al suelo de los cocodrilos modernos.

La relevancia del hallazgo radica en la preservación de ciertas regiones del esqueleto que hasta ahora eran poco conocidas en Notosuchus. A pesar de tratarse de una especie muy abundante, en otros ejemplares estas partes suelen aparecer incompletas o mal conservadas.

Este nuevo material permitiría conocer con mayor detalle sus características anatómicas y, a partir de ello, desarrollar otros estudios, como análisis biomecánicos de las extremidades. Esto ayudaría a comprender mejor su forma de desplazarse -por ejemplo, si podía correr y de qué manera lo hacía-, así como avanzar en distintas líneas de investigación orientadas a conocer su paleobiología, es decir, cómo era este animal cuando habitaba la Tierra.

Lecuona destaca que: “Si, por el contrario, no se tratara de la especie mencionada, el hallazgo sería tan o más relevante, ya que se conocen pocas especies de cocodrilos en Paso Córdoba, y en estos casos, suelen estar representadas por un único ejemplar, tales como Comahuesuchus brachybuccalis o Wargosuchus australis”.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


sábado, 6 de diciembre de 2025

Kostensuchus atrox,un gran cocodriliforme del Cretácico de Patagonia.

 






Una especie recientemente descubierta de un gran depredador emparentado con los cocodrilos fue descripta a partir de un fósil excepcionalmente bien conservado hallado en Argentina, según un estudio publicado en PLOS One por Fernando Novas, del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, junto a su equipo de investigación.

El ejemplar procede de la Formación Chorrillo, cuyos sedimentos se depositaron hace aproximadamente 70 millones de años, durante la edad Maastrichtiana, al final del período Cretácico. En aquel entonces, el sur de la Patagonia presentaba un ambiente cálido, con estaciones húmedas, dominado por extensas llanuras de inundación de agua dulce que albergaban una rica diversidad de organismos, entre ellos dinosaurios, tortugas, ranas y distintos mamíferos.

El fósil recuperado se encuentra notablemente completo: conserva el cráneo y las mandíbulas con un alto nivel de detalle, así como numerosos huesos del esqueleto. Este formidable depredador, de aspecto similar a un cocodrilo, habría alcanzado cerca de 3,5 metros de longitud y un peso estimado de 250 kilogramos. Poseía una mandíbula ancha, extremadamente robusta, y dientes grandes y afilados, adaptados para capturar y consumir presas de gran tamaño, que probablemente incluían dinosaurios medianos.

Los investigadores denominaron a esta nueva especie Kostensuchus atrox, un nombre que combina “Kosten”, el viento patagónico en lengua tehuelche, con “Souchos”, el dios egipcio con cabeza de cocodrilo, mientras que atrox significa “feroz” o “implacable”.

Aunque no se trataba de un dinosaurio, K. atrox pertenecía al grupo de los cocodiliformes peirosáuridos, un linaje extinto de reptiles estrechamente emparentados con los cocodrilos y caimanes actuales. Esta especie constituye el segundo mayor depredador conocido de la Formación Chorrillo durante el Maastrichtiano, y todo indica que fue uno de los máximos cazadores de su ecosistema.

Además, Kostensuchus atrox representa el primer cocodiliforme registrado en esta formación geológica y uno de los peirosáuridos más completos jamás hallados. Su excelente estado de conservación brinda a los científicos una oportunidad única para profundizar en el conocimiento de estos antiguos reptiles y de los ecosistemas que dominaron la Patagonia al final de la era de los dinosaurios.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm