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martes, 30 de agosto de 2022

Los humanos influyeron en la extinción de la megafauna sudamericana.

 



Un estudio de investigadores del CONICET aportó evidencia de la posible presión de la caza sobre los grandes mamíferos que habitaron el norte de Sudamérica en el Pleistoceno tardío.

Un reciente estudio del que participan investigadores del CONICET refuerza la hipótesis de que la presión ejercida por los humanos a través de la caza pudo haber influido en la extinción de la megafauna sudamericana. El trabajo plantea que los cráneos de gliptodontes dañados que fueron hallados en yacimientos del Pleistoceno tardío del noroeste de Venezuela podrían ser las primeras evidencias de una técnica de cacería del norte del subcontinente no reportada previamente

El artículo, publicado en el Swiss Journal of Palaeontology, fue realizado por un grupo de paleontólogos y antropólogos de Argentina, Venezuela, Suiza, Uruguay y el Reino Unido. Este estudio es el resultado de distintas campañas que se realizaron en las últimas décadas.

Para este trabajo, los investigadores se centraron en varios ejemplares de gliptodontes hallados en dos sitios de Venezuela, Taima-Taima y Muaco, con edades que oscilan entre los 19 mil y 15 mil años. Si bien ya se han publicado casos de interacción entre humanos y megafauna en algunos sectores de América del Sur, este análisis evidencia por primera vez posibles cacerías de gliptodontes durante el Pleistoceno tardío, con una técnica específica y en un área determinada del cuerpo.

“Estos datos refuerzan la hipótesis que sugiere que la presión que ejercieron los seres humanos por la  de la caza desestabilizó la estructura de la megafauna en períodos vulnerables y pudo haber sido un factor que influyó en la extinción de estos animales”, señala Alfredo Carlini, primer autor del artículo e investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de la Plata (FCNyM, UNLP).

La cacería de estos enormes mamíferos podría haber sido planificada en lugares donde los animales eran más vulnerables. A partir del estudio morfológico y de las imágenes generadas por tomografías computadas, los paleontólogos advirtieron un patrón de rotura de los huesos del cráneo que, según interpretan, podrían haber sido producidos por golpes intencionales y directos ocasionados por humanos.

“Muchos de estos restos fueron hallados en un área geográfica limitada que, por las características topográficas, los animales habrían frecuentado para tomar agua. Esa circunstancia probablemente era aprovechada por humanos para alcanzarlos desprevenidos y cazarlos”, explica Alfredo Zurita, investigador del CONICET en el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET – UNNE).

Para el grupo de investigadores, los materiales hallados en esta zona de Venezuela tienen un enorme potencial para seguir revelando el pasado de la megafauna sudamericana y su declinación. “Vamos a seguir estudiando lo que fue colectado en las últimas décadas y mediante el uso de métodos de calibración, absoluta podremos tener una cronología más exacta del pasado de los animales de esta parte del continente”, adelanta Carlini. Fuente; conicet.gov.ar

sábado, 7 de agosto de 2021

Richard Owen presentó el término "dinosaurio". Se cumplen 180 años de su invención.

 



En 1841, el paleontólogo británico Richard Owen utilizó en público el término “dinosaurio” para presentar unos fósiles que había investigado. Parece que usó su palabra recién acuñada, dinosaurio (“lagarto terrible”), durante esa conferencia, porque aparece en el informe impreso posterior.

El historiador de la ciencia Hugh Torrens descubrió (1992) que fue solo cuando Owen hizo más estudios después de la conferencia que identificó que tenían una fusión única de las vértebras sacras. Solo entonces los puso en un nuevo grupo, los Dinosauria. Revisó su borrador, por lo que la palabra dinosaurio se ve en el informe impreso en 1842.

Owen publicó el primer recuento general importante del gran grupo de los reptiles de tierra del Mesozoico, al que dio el ahora familiar nombre de Dinosauria. Owen refirió tres géneros de dinosaurios definidos: el carnívoro Megalosaurus, el herbívoro Iguanodon y el acorazado Hylaeosaurus.

Owen también fue el primero en reconocer unos curiosos reptiles de principios del Mesozoico con similitudes tanto con anfibios como mamíferos, que llamó Anomodontia. La mayoría de ellos fue obtenida en Sudamérica, empezando en 1845 con (Dicynodon). Con el tiempo, fueron suficientes como para rellenar su Catalogue of the Fossil Reptilia of South Africa, publicado por el Museo Británico en 1876.

Más info de Richard Owen en www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/megafauna/divulgacion_pioneros.htm

lunes, 12 de abril de 2021

Los seres humanos tendrían mucha más responsabilidad en la extinción de la Megafauna.

 

Es la hipótesis que postulan dos investigadores del CONICET La Plata en base a más de 500 registros fósiles y puntas de lanzas. El estudio se publica hoy en una importante revista científica

“Creemos que los seres humanos son los principales responsables de la extinción de la megafauna en Sudamérica”, sentencian Luciano Prates e Ivan Perez, investigadores del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y autores de un estudio científico al respecto que se publica hoy en revista Nature communications. En base a una amplia cantidad de datos de registros fósiles y arqueológicos de todo el subcontinente, el trabajo asocia la actividad de caza de los primeros grupos de personas con la caída demográfica y posterior desaparición de todas las especies de grandes mamíferos sucedida a finales del Pleistoceno, entre 13 y 11 mil años atrás.

De esta manera, el estudio viene a contradecir a la hipótesis más aceptada hasta el momento para la arqueología sudamericana, según la cual estos animales de gran porte desaparecieron como consecuencia de los cambios ambientales como el aumento de la temperatura y las alteraciones en la vegetación ocurridos luego de la última glaciación hace unos 18 mil años, que generaron las condiciones para una extinción masiva. En cambio, la nueva investigación pone el foco en las coincidencias temporales y geográficas existentes entre las evidencias de megafauna y las de una punta de lanza muy particular conocida como “cola de pescado”, similar a otra denominada “Clovis” que existió solamente en América del Norte y está muy asociada a la caza de mamuts.

“En ambos casos se trata de herramientas grandes y anchas con una tecnología muy sofisticada”, describe Prates, y continúa: “Su período de existencia es muy breve: aparecen con una antigüedad de entre 13 y 11 mil años y posteriormente no se las vuelve a encontrar nunca más”. Sumado a esto, los científicos observaron que, en el mismo lapso, la curva demográfica de los seres humanos comenzaba a decrecer, momento que a su vez también coincidía con la última etapa de extinción de la megafauna. Estas evidencias fueron producto del cruce de 51 registros temporales de punta de cola de pescado y 269 fósiles de diez especies de la megafauna –entre ellas el caballo americano y el megaterio o perezoso gigante–, todos fechados por la técnica de radiocarbono que determina la edad de materiales que contienen carbono.

“Lo que encontramos primero es que la megafauna crecía a tasa alta hasta que en un momento, hace 12.900 años, empezó a decrecer bruscamente. Esto coincide exactamente con el momento de aparición de las puntas cola de pescado, entonces suponemos que cuando los seres humanos obtuvieron esa nueva tecnología comenzaron a cazar a estos mamíferos, y de ahí el descenso de esas poblaciones”, explica Perez. “Esa situación se extiende durante 2 mil años y finaliza con la desaparición simultánea de los animales y las puntas de lanzas, lo cual nos demuestra que estaban íntimamente ligados”, añade Prates. En este escenario, la baja en la curva demográfica humana mencionada más arriba se explica porque la misma depredación de la fauna que provocó su paulatina mengua tuvo un efecto sobre los grupos humanos, cuyas poblaciones también fueron disminuyendo debido a la desaparición de uno de sus principales recursos de subsistencia.

En paralelo, la investigación publicada incluye un análisis geográfico que comprende 156 registros espaciales de puntas cola de pescado y otros 204 correspondientes a ejemplares de la megafauna, junto con 1660 sitios arqueológicos de entre 15 y 7 mil años de antigüedad a lo largo de todo el territorio sudamericano. Los resultados también abonan la idea de los autores: la megafauna se distribuye en los mismos lugares en los que aparecen las armas, “lo que significa que la gente que cazaba con esta tecnología se ubicaba en las regiones donde vivían esos animales, que principalmente eran las estepas abiertas de las pampas de Uruguay, sur de Brasil y Argentina, y de la Patagonia”, señala Prates.

“Sobre toda esta base de información, producto de la combinación de evidencia paleontológica y arqueológica, nuestro trabajo postula que el ser humano fue el principal responsable de la extinción de la megafauna pero no por haber arremetido compulsivamente contra todas las especies como asegura una hipótesis clásica planteada hace más de 40 años por el paleontólogo norteamericano Paul Martin”, expresa Perez, y continúa: “En este caso suponemos que las personas solo se dedicaron a cazar a unas pocas especies, pero que de todos modos se generó un desequilibrio en la red ecológica tan profundo que eventualmente, y sumado a los cambios climáticos, desencadenó un colapso general de toda la comunidad de grandes mamíferos”. Fuente Conicet La Plata

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm