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sábado, 27 de febrero de 2021

Científicos del Conicet revelan que los trilobites incursionaron fuera del mar.

 



Hallazgos recientes en la cordillera Oriental de Jujuy permitieron determinar que estos animales emblemáticos del Paleozoico, considerados por más de dos siglos como exclusivamente marinos, también pudieron explorar estuarios y, potencialmente, otros ambientes marginales.

Los trilobites son un grupo fósil emblemático de los ecosistemas de la Era Paleozoica que habitaron los mares hace unos 522 millones de años y hasta hace alrededor de 252 millones de años. Estos artrópodos fueron especialmente exitosos al final del período Cámbrico y a comienzos el Ordovícico (entre unos 500 y unos 470 millones atrás), cuando adquirieron su mayor diversidad taxonómica y morfológica. Igualmente características son sus huellas o trazas fósiles, que ofrecen a los especialistas evidencias de su comportamiento e interacción con el medio.

Hasta ahora, los trilobites siempre fueron considerados animales exclusivamente marinos, incapaces de tolerar variaciones de salinidad. Sin embargo, el reciente hallazgo de restos y huellas de estos artrópodos en la cordillera Oriental de Jujuy, en lo que fueron estuarios (ambientes caracterizados por la mezcla de aguas marinas y fluviales) de los primeros períodos del Paleozoico, cuestiona está arraigada premisa paleontológica.

Una investigación multidisciplinaria, publicada recientemente en la revista Proceedings of the Royal Society B y realizada por científicos del CONICET el Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (CICTERRA, CONICET-UNC), junto a colegas argentinos de la Universidad de Saskatchewan (Canadá), permitió documentar que algunas especies de trilobites incursionaron en ambientes de aguas salobres (aquellas que tienen más sales disueltas que el agua dulce, pero menos que el agua de mar), así como también que podían tolerar las fluctuaciones de salinidad propias de diferentes sectores de los estuarios, incluidos aquellos en que las descargas de agua dulce, provenientes de los ríos, tenían mayor incidencia.

“El descubrimiento fue posible gracias a un trabajo que integró el análisis paleobiológico de cuerpos y trazas fósiles con un exhaustivo estudio paleoambiental”, señala Beatriz Waisfeld, investigadora del CONICET en el CICTERRA, especialista en trilobites y reconstrucción de ecosistemas paleozoicos, y una de las autoras del trabajo.

Los estuarios son ambientes inestables donde tienen lugar complejos procesos inducidos por el oleaje, las mareas y los ríos. La identificación de estos ambientes en el registro geológico no es sencilla y requiere detallados análisis de los depósitos sedimentarios

“En las sucesiones sedimentarias de la cordillera Oriental de Jujuy reconocimos el desarrollo de dos estuarios clave para nuestra investigación. En el más antiguo -correspondiente al Cámbrico Superior, de aproximadamente unos 486 millones de años-, denominado Miembro Pico de Halcón, se hallaron, en la porción más cercana al mar, restos del trilobite Neoparabolina frequens argentina y la traza fósil Cruziana semiplicata. En el estuario más joven –de unos 467 millones de años antigüedad (Ordovícico Medio)- conocido como la Formación Alto del Cóndor, están presentes, a través de todo el estuario, la especie Ogyginus sp. y la traza fósil Cruziana rugosa”, afirma la primera autora del trabajo, Gabriela Mángano, investigadora del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad de Saskatchewan, quien entre 1998 y 2007 formó parte de la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico (CIC) del CONICET.

De acuerdo con Waisfeld, estos distintos descubrimientos constituyen evidencias de que los trilobites tenían la capacidad de incursionar en ambientes no marinos y de tolerar condiciones de agua salobre, así como de que estas posibilidades se dieron de manera independiente en grupos que no tenían una relación de parentesco cercana entre sí.

  “Las causas por la que algunos trilobites se aventuraron fuera del mar son todavía enigmáticas. Evaluamos tanto la posibilidad de que habitaran ambientes de agua salobre en forma permanente como que migraran periódicamente para beneficiarse de las oportunidades ecológicas que ofrecían otros biomas. En este último caso podrían haber aprovechado las cuñas salinas que se desarrollan por la diferencia de densidad entre el agua salada y dulce y que se desplazan en dirección al continente, tal como ocurre en estuarios actuales como el del Río de la Plata”, explica Mángano.

Sin embargo, los trilobites que lograron internarse prácticamente hasta las cabeceras del estuario (áreas cercanas a los ríos) habrían tenido que enfrentar condiciones de notable estrés fisiológico relacionado a la disminución de la salinidad y a sus frecuentes fluctuaciones. “Posiblemente, hayan hecho un uso exploratorio u ocasional de estos ambientes. La estrecha asociación de los restos de Ogyginus con la alta densidad de trazas de Cruziana sugiere que estas incursiones podrían haber sido hechas con fines de alimentación. También es probable que estos grupos de trilobites hayan desarrollado un comportamiento migratorio asociado a alguna etapa de su ciclo de vida, como podrían ser la reproducción, el crecimiento o la búsqueda de alimento o refugio”, señala Waisfeld.

Las científicas consideran que es posible que la visión tradicional de que los trilobites son animales exclusivamente marinos haya conducido a interpretar depósitos de ambientes someros del Paleozoico inferior como marinos, debido a la simple presencia del grupo. En este sentido, esperan que este nuevo aporte estimule investigaciones más profundas de la fisiología y flexibilidad ecológica de este grupo extinto, al tiempo que promueva un análisis crítico de los depósitos portadores desde el punto de vista paleoambiental, no sólo en Argentina, sino también en otras regiones del mundo. Fuente: Conicet.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

viernes, 1 de mayo de 2020

Rastros de Trilobites de 490 millones de años en los espigones costeros.





Las rocas que conforman los espigones o defensas costeras, naturalmente corresponden a un fondo marino de 490 millones de años. Para esa época, no había vertebrados. Uno de ellos, eran los Trilobites, antecesores de los artrópodos.

Estas rocas, colocadas artificialmente en nuestras costas o utilizadas para la construcción (conocida como piedra Mar del Plata), no posee cuerpos fósiles, pero si huellas o trazas de actividad de numerosos animales y plantas del Periodo Ordovícico, cuyos sedimentos  originales afloran en las canteras de roca cuarcitica de Batan y Chapadmalal.

Estos Icnofosiles (como se los llama en realidad) son muy conocidos desde hace décadas por los investigadores en distintas partes del mundo y en Argentina. El Museo de Ciencias Naturales de Miramar está haciendo un relevamiento de los mismos para obtener información del pasado biológico y geológico de nuestra región, y periódicamente les iremos contando algunas curiosidades que encontramos en nuestra zona. .

Rusophycus presente en rocas sedimentarias de facies marinas profundas, marina superficial, fluvial y lacustre. Es uno de los icnofósiles más representativos de la actividad etológica de trilobites si bien son realizados por una gran variedad de organismos.

Este icnofosil corresponde a trazas de reposo, al funcionar como cubil o madriguera. Algunos investigadores incluso han sugerido que pudieran tratarse de nidos excavados para depositar en ellos huevos. 

Han sido registrado en el Ordovícico temprano (480-490 millones de años) de la Cordillera Oriental, Puna, Sierras Subandinas, Precordillera, Ventania y Tandilia, en territorio Argentino y en otras partes del mundo.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/paleozoico.htm

domingo, 10 de marzo de 2019

Un trilobite puede provocar al menos cuatro icnogeneros.




Los icnotaxones son nombres usados por los icnólogos para identificar y distinguir huellas fósiles morfológicamente diferentes. Para mantener separada la nomenclatura de los fósiles corporales de la de las estructuras etológicas, se crearon los icnotaxones (icnogéneros e icnoespecies) para denominar estas.

Los icnotaxones tienen un tratamiento particular en la nomenclatura zoológica, es decir, las huellas dejadas por el género y especie, en este caso una variedad de Trilobites del Paleozoico, puede provocar la identificación de tres comportamiento, los cuales se convierten en una actividad icnológica.

También podemos decir que un solo organismo puede generar más de una icnofosil según su comportamiento. Un ejemplo clásico y valido es el Trilobite. Así tanto los icnofósiles denominados Cruziana que aparecen como rastros bilobulados, como Diplichnites con rastros formados por impresiones de apéndices fueron realizados durante el desplazamiento de estos invertebrados por el fondo arenoso, el primero mientras removía el sedimento en busca de alimento y el segundo mientras se movía sobre él.
De igual modo este mismo organismo puede producir los rastros llamados Rusophycus al descansar sobre el lecho marino y Cheiichnus al descansar en el fondo de galerías excavadas. Es así que una especie de Trilobite como Thysanopyge taurinu,  pueden generar unos cuatro icnogeneros con sus respectivas icnoespecies.


jueves, 5 de julio de 2018

Thysanopyge argentina, un grande entre los Trilobites.



Trilobites de gran tamaño que vivió durante el Ordovícico de la Formación Acoste y Pascha en la Provincia de Salta. La antigüedad de los presentes sedimentos corresponden a una antigüedad aproximadamente los 450 millones de años.

Pertenece a la clase de artrópodos marinos extintos. Medían desde unos pocos milímetros hasta casi 65 cm de largo, aunque la mayoría de las especies tenía entre 3 y 7 centímetros. Vivieron durante el paleozoico (iniciado hace 570 millones de años y finalizado hace 245 millones de años), predominando en la primera parte de esa era.

Su nombre se debe a la disposición de su exoesqueleto o caparazón externo en tres lóbulos. El exoesqueleto, la parte del organismo mejor conservada, estaba constituido por una sustancia dura llamada quitina, que cubría el dorso del animal. 

Los trilobites tenían dos ojos compuestos que, en algunas especies, presentaban unas lentes muy comprimidas y podrían haber servido como dispositivo de alarma sensible a la luz para detectar el movimiento. En otras especies los ojos tenían un menor número de lentes, aunque más complejas, que quizá eran capaces de formar imágenes y percibir la profundidad.

Estos invertebrados vivían en vertientes y plataformas alrededor de los márgenes continentales y en los mares poco profundos que cubrían áreas del planeta que hoy son masas de tierra. La mayoría habitaban en el fondo, aunque algunos podrían haber flotado o nadado: por ejemplo, aquellos que poseían unos ojos muy grandes con un campo de visión amplio

Los trilobites emplearon una gran variedad de estrategias de alimentación. Muchos surcaban el fango del fondo de los mares y océanos ingiriendo los sedimentos para filtrar la materia orgánica. Otros fueron depredadores o carroñeros.

La mayoría podía adoptar una posición defensiva enrollándose sobre sí mismos, de modo que sólo estuviera expuesto el exoesqueleto. Los restos fósiles de trilobites son útiles porque ayudan a los científicos a desarrollar las escalas de tiempo relativas de los ecosistemas marinos primitivos. Ya que estos animales evolucionaron muy rápido y estaban ampliamente distribuidos, se pueden comparar los fósiles encontrados en las distintas capas de roca de diferentes regiones para estimar la edad relativa de las rocas.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/paleozoico.htm