sábado, 17 de julio de 2021

Desmodus draculae, un verdadero vampiro gigante en el Pleistoceno de Miramar.




 

La rama mandibular de un vampiro fue recuperada del interior de una madriguera de un perezoso gigante que vivió hace unos 100 mil años, cerca de la localidad bonaerense de Miramar, en Argentina.

Un interesante resto fósil fue presentado recientemente a la comunidad científica internacional, atribuido a un vampiro extinto, de tamaño mayor de los conocidos hasta el presente, en sedimentos del Pleistoceno, en las inmediaciones del arroyo La Ballenera.

Los vampiros en la actualidad, son mamíferos que solo viven solo en América, perteneciente a la familia de los desmodóntidos, conocidos por alimentarse de sangre de animales, o sea, son hematófagos. Constituye una variedad de murciélagos, que incluye a solo tres especies vivientes, como el vampiro común (Desmodus rotundus), vampiro de alas blancas (Diaemus youngi), y el vampiro de patas peludas (Diphylla ecaudata).

“Son la única familia de murciélagos en el mundo, que despierta curiosidad a partir de las leyendas de las Transailvania y su espeluznante conde Drácula. Pero en realidad son animales pacíficos que se alimentan de sangre de animales, y a veces de humanos, por unos breves minutos sin generar molestias, tal es así, que sus falsas víctimas ni lo presienten. Lo único malo, es que pueden transmitir rabia u otras enfermedades si están infectados. Seguramente sus representantes prehistóricos tenían comportamientos similares”, argumenta Mariano Magnussen, del Laboratorio Paleontológico del Museo de Ciencias Naturales de Miramar e investigador de la Fundación Azara, donde se resguarda el nuevo espécimen.

La rama mandibular del vampiro fue identificada como Desmodus draculae, especie encontrada por primera vez en Venezuela en 1988, la cual, alude al fantasmal personaje de ficción. Vivió en el Cuaternario de América, y tuvo un tamaño 30 % mayor que el vampiro común (Desmodus rotundus).

“Lo de vampiro gigante es relativo, pues, su envergadura seria de dimensiones algo más grandes que las de un teclado de computadora, pero, significativamente mayor a sus representantes actuales”, comento Santiago Brizuela, de la Universidad Nacional de Mar del Plata, uno de los autores de la publicación en la revista de paleontología Ameghiniana, editada por la Asociación Paleontológica Argentina.

En el momento que vivió Desmodus draculae en el sudeste bonaerense, sobre lo que hoy es la costa atlántica de Argentina, la región estaba habitada por enormes perezosos gigantes, como el megaterio de unos 4,5 metros de altura, por manadas de elefantes sudamericanos extintos, mamíferos acorazados gigantes de más de 4 metros de largo y más de una tonelada de peso conocidos como gliptodontes, o por el emblemático tigre dientes de sable y muchas otras bestias, hoy totalmente extintos, cuyos fósiles se exhiben en el museo miramarense.

El nuevo fósil fue estudiado bajo un microscopio estereoscópico, y en comparación con los materiales de referencia disponibles en distintas instituciones, junto a los datos recuperados por los autores. Esto permitió al paleoartista Daniel Boh, titular del museo de ciencias naturales local, recrear a Desmodus alimentándose de un perezoso gigante.

Al ser consultado el investigador Daniel Tassara, colaborador del Museo de Ciencias Naturales Pachamama, y segundo autor de la publicación científica titulada NEW RECORD OF THE VAMPIRE DESMODUS DRACULAE (CHIROPTERA) FROM THE LATE PLEISTOCENE OF ARGENTINA, comento; “La rama mandibular de Desmodus draculae, fue encontrada en el interior de una cueva o madriguera de 1,2 metros de diámetro, atribuida a un perezoso gigante de la familia Mylodontidae, como Scelidotherium. No sabemos si este vampiro ingresaba a la cueva para alimentarse, refugiarse, o fue presa de otro animal” explico a los medios.

Otro detalle importante del descubrimiento de esta mandíbula fósil de vampiro, es que brinda datos paleoambientales y paleoclimáticos para el Pleistoceno superior, pues su pariente más directo, el vampiro común (Desmodus rotundus) actualmente se encuentra a 400 kilómetros al norte de la ubicación del “vampiro miramarense”. Por lo tanto, las condiciones ambientales del sitio del arroyo La Ballenera habrían sido diferentes a los que hoy podemos observar.

Los únicos antecedentes de vampiros antiguos de Argentina, corresponden a los hallados en esta zona. Uno de ellos, es un canino superior aislado del Holoceno tardío de la vecina localidad de Centinela del Mar, referido a Desmodus cf. D. draculae, que increíblemente no llego a ser un fósil, pues, la datación readiocarbonica dio una antigüedad de 300 años.

Lo que indica este nuevo resto fósil, el ejemplar histórico, y otros materiales en varios puntos de Sudamérica, es que Desmodus draculae, fue el último de los grandes mamíferos voladores, y se extinguió durante la época colonial, en 1820 aproximadamente, posiblemente como consecuencia de la ‘Pequeña Era de Hielo’.

Este hallazgo excepcional forma parte de las colecciones científicas del nuevo Museo de Ciencias Naturales de Miramar, fundado en 2019 por parte del Municipio de General Alvarado y por la prestigiosa Fundación Azara, reafirmando la relevancia de los yacimientos paleontológicos del área y su vínculo con investigadores de distintas partes de Argentina y del extranjero.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


 

viernes, 16 de julio de 2021

Más de 70 huevos fósiles en tierras del Cretácico en el predio de la Unco.

 




Encontraron un yacimiento colmado de huevos en medio de las obras que se realizan en la universidad. Se desarrollan tareas de protección del patrimonio paleontológico en el campus.

Encontraron un yacimiento universitario colmado de huevos de dinosaurios fosilizados. "Se trata de la formación Bajo de la Carpa, que se formó hace 85 millones de años. Inicialmente se habían asociado a huevos de cocodrilos, hasta que estudios más recientes determinaron que correspondían a aves", comentó Carlos Porfiri es paleontólogo de la Unco y dialogó en el programa Cambio de Aire de AM550.

La construcción de nuevos edificios en el campus de la Universidad Nacional del Comahue conlleva una coordinación particular entre varias disciplinas, una de ellas la paleontología. El campus de la UNCo es conocido por estar emplazado sobre un rico yacimiento de fósiles de cocodrilos, aves, huevos, dinosaurios y serpientes de la era mesozoica, siendo uno de los sitios paleontológicos más importantes del país. Por tal motivo, cumplimentando con la ley 2184/96 y contando con las autorizaciones correspondientes de la Dirección de Patrimonio provincial, el equipo del Museo de Ciencias Naturales de dicha universidad comenzó tareas de resguardo paleontológico en el campus universitario.

El equipo abocado a dichas tareas, está conformado por los estudiantes avanzados de geología de la universidad, Darío López, Macarena Martínez, Martín Gasparini y Santiago Sánchez y coordinados por los paleontólogos del Museo Juan Porfiri y Domenica dos Santos. Hasta el momento, durante las tareas de prospección, monitoreo y rescate, se han podido identificar más de 50 huevos fósiles de aves que vivieron durante período cretácico, hace aproximadamente unos 85 millones de años.

Los especialistas se encuentran realizando el correspondiente resguardo patrimonial, además de levantamiento de datos geológicos y tafonómicos. Algunos materiales ya han sido colectados y se están documentando y depositando en el repositorio del Museo de Ciencias Naturales, mientras que otros permanecen aún en el lugar. Fuente; mejorinformado.com

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

viernes, 2 de julio de 2021

Equipo argentino dicta en curso de capacitación de técnicas paleontológicas en México.

 



Los maestros del curso han sido expertos en restauración del INAH, la UNAM, la Universidad Complutense de Madrid, el Instituto Catalán de Paleontología, el Museo Argentino de Ciencias Naturales y la Fundación Azara de Argentina.

El occidente de México es rico en patrimonio paleontológico y el Museo Regional de Guadalajara también lo es, ya que alberga 30 mil piezas diversas, muchas de ellas cráneos, mandíbulas o piezas molares que han ayudado para reconstruir la megafauna que habitó en Jalisco hace miles y millones de años, entre ellos mamuts, gonfoterios o tigres dientes de sable.

En ese contexto, en el Museo Regional de Guadalajara se realiza un curso-taller único en su tipo para formar especialistas en conservación y restauración de material paleontológico, organizado por el Museo Regional, la Coordinación Nacional de Conservación de Patrimonio Cultural (CNCPC) y la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente (ECRO).

La restauradora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Luisa Straulino Mainou, quien es maestra del curso, explicó la labor que realizan 10 de los 12 estudiantes del curso.

“Una cosa importante de destacar es que estas piezas no habían sido intervenidas desde los años 70 del siglo pasado, entonces, tienen intervenciones ya muy envejecidas y que no están restauradas con criterios a lo que haríamos nosotros. Por ejemplo, se invadía mucho de lo original y partes muy importantes anatómicas estaban tapadas por capas de yeso”, explicó.

Por su parte, Karla Jáuregui Arreola, restauradora del Museo Regional de Guadalajara, dijo que al estar cerrado el museo, se aprovechó para realizar el curso-taller, una parte se hizo en forma virtual y la otra es presencial.

“De la mano de ella (Luisa Straulino) hemos llevado a estos 12 alumnos que han podido tomar este curso, que ha sido impartido por diferentes ponentes nacionales e internacionales, aprovechando esta posibilidad de darlo en línea. En este momento estamos en el bloque de práctica profesional que se hace aquí en el Museo Regional de Guadalajara”, señaló.

Patricia Mondragón, estudiante de restauración de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, realizó durante cuatro días trabajos de restauración sobre una costilla de proboscidio, esto es, un gran mamífero que vivió en la etapa del pleistosceno (que se extiende de 2 millones de años a 10 mil años).

“Esta pieza que me tocó es una costilla de proboscidio, realmente no tenía grandes deterioros. Estaba bastante estable y en general estaba bien, solo que tenía unas grietas en esta parte, ya fueron resanadas y fueron reintegradas cromáticamente para que haya armonía en la pieza y no se vea la intervención”, refirió.

Las actividades del curso comenzaron en marzo de 2020 y concluyen el próximo mes de julio.

Fuente; http://udgtv.com/