martes, 4 de diciembre de 2018

Climacograptus bicornis, un graptolite del Ordovícico de Mendoza.


Estos graptolites de la familia diplograptidae son fósiles comunes y tienen una distribución mundial. La preservación, cantidad y cambio gradual permite que se usen como fósiles guía para datar los estratos de rocas en todo el mundo.
Durante el Paleozoico los graptolites evolucionaron rápidamente y dieron lugar a muchas especies diferentes. Los geólogos británicos pueden dividir las rocas de los períodos Ordovícico y Silúrico en biozonas de graptolitos; que por lo general tienen una duración menor de un millón de años.
Una glaciación en todo el mundo al final del Ordovícico eliminó la mayoría de las especies de graptolites que vivían entonces; las especies presentes durante el período Silúrico fueron el resultado de la diversificación de sólo una o dos especies que sobrevivieron a la glaciación del Ordovícico.
Los graptolites también se utilizan para estimar la profundidad del agua y la temperatura en la que vivían estos organismos. Cada colonia de graptolites (conocida como rabdosoma) tiene un número variable de ramas (llamadas estipes) originados desde un individuo inicial (llamado sícula). Los individuos subsiguientes (zooides) se alojan en una estructura tubular o con forma de copa.