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miércoles, 13 de febrero de 2019

Restos de un Gliptodonte en San Pedro.


Martín Barrionuevo es un vecino de San Pedro que hace un tiempo observó dos fragmentos de un objeto al que rápidamente asoció con los fósiles que periódicamente recupera el Museo Paleontológico.
 
Los dos trozos poseían dientes planos, largos y curiosos. Enseguida pensó que "aquello" debía acercarse al museo para su identificación y resguardo.
 
El Grupo Conservacionista recibió el material acercado por Barrionuevo y pronto se lograron conocer datos de aquel hallazgo. Una pasada por el taller del museo posibilitó su restauración y acondicionamiento permitiendo unir los fragmentos hasta lograr determinar que se trataba de la rama mandibular izquierda de un gran mamífero acorazado de la especie Glyptodon munizi. 
 
Aquellos animales, del grupo de los gliptodontes o armadillos gigantes, llegaron a pesar más de 1.200 kilogramos y su cuerpo estaba cubierto por una gruesa "armadura" o coraza que tenía unos 5 centímetros de espesor en los ejemplares adultos.
Eran herbívoros y recorrían la llanura en busca de pastos a los que trituraban con sus dientes planos adaptados para machacar vegetales. Las evidencias recabadas en nuestra zona permiten inferir que eran animales gregarios, es decir, que se mantenían en grupos o manadas.
 
La mandíbula fosilizada recuperada por Martín Barrionuevo proviene de la zona de barrio La Tosquera, un sector de nuestro partido donde el grupo del Museo Paleontológico viene observando y recuperando evidencias de la presencia de un antiguo y extenso pantano donde quedaron atrapados numerosos representantes de la fauna que habitó el norte de Buenos Aires hace unos 700.000 años, durante la etapa final de la edad Ensenadense. 
 
La pieza acercada por Barrionuevo, de unos 35 centímetros de longitud y muy completa, contribuye a sumar datos, ejemplares y materiales de estudio para continuar la reconstrucción de aquel momento en la prehistoria de la región.

jueves, 24 de enero de 2019

Una misma especie para dos gliptodontes sudamericanos.



En una reciente revisión, investigadores del CONICET comprobaron que los gliptodontes que habitaron la región del sur de Sudamérica hace más de 10 mil años, durante el Pleistoceno tardío, pertenecían a una misma especie: Glyptodon reticulatus. El trabajo, publicado esta semana en el 'Journal of Vertebrate Paleontology', implica una redefinición de la diversidad de estos grandes mamíferos en el continente, que fue considerada mucho más amplia en relevamientos científicos previos.
El análisis incluyó registros fósiles del género que se encuentran en museos de Bolivia, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Este minucioso estudio permitió que los paleontólogos verificaran una hipótesis que se barajaba hace varios años, que estimaba que muchos de los ejemplares que habían sido atribuidos a otras especies pertenecen a animales juveniles.
Las conclusiones que fueron presentadas en este artículo demandaron varios años de revisiones sistemáticas y forman parte de un trabajo acerca de los taxones australes de los gliptodontes y su dispersión, que está siendo realizado por el becario doctoral del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET-UNNE), Francisco Cuadelli. “Desde 2015 estamos recopilando el material, estandarizando muestras y estableciendo comparaciones que nos permitieron comprobar que el Glyptodon reticulatus era el más abundante en la región y que muchos de los restos fósiles que fueron atribuídos a otras especies, como Glyptodon asper o Glyptodon clavipes, en realidad corresponden a ejemplares juveniles de la entidad dominante”, explica el paleontólogo, que trabajó en conjunto con investigadores de su misma institución en Corrientes, así como también con especialistas de la provincia de Buenos Aires y de Uruguay.
 Para conseguir suficiente evidencia acerca del vínculo entre los registros, los investigadores aplicaron índices de similaridad, que reveló que las características de los materiales hallados, por ejemplo, en Córdoba, eran las mismas que los de Buenos Aires y los de Bolivia.
La coexistencia de distintas especies de gliptodontes era un hecho que llamaba la atención de los paleontólologos y esa inquietud fue el estímulo que dio inicio a esta línea de investigación. “Desde el punto de vista ecológico, es muy difícil que los animales de gran tamaño -que requieren una enorme cantidad de recursos espaciales y energéticos- evolucionen lo suficiente como para diferenciarse en tantas especies en simultáneo. La confirmación que se obtuvo con este estudio cambia radicalmente el panorama que teníamos respecto a la diversidad y estamos en condiciones de afirmar que en los últimos 70 mil años, hubo una sola especie de Glyptodon (Glyptodon reticulatus) en el sur del continente”, señala el investigador independiente del CONICET en el CECOAL, Alfredo Zurita, quien estudia este grupo de mamíferos hace más de 15 años y es otro de los autores del trabajo.
Respecto a las causas que llevaron a que se adjudiquen ejemplares de Glyptodon reticulatus a otras especies, Zurita explica que tienen que ver con que es muy frecuente la aparición de registros de ejemplares juveniles. “Ahora sabemos que estos gliptodontes más jóvenes tienen características diferentes a las de los adultos, pero que pertenecen a la misma especie”, señala.
 
Otra de las razones tiene que ver con las corazas, que son los restos fósiles más abundantes de estos animales. El patrón de ornamentación de las placas presenta muchos cambios en los distintos sectores de un mismo ejemplar, lo que llevó a que en el pasado se vinculen estas variaciones con distintas especies.
“Todo lo que se ha asignado al Glyptodon clavipes tiene que ver con corazas, pero ha quedado demostrado que no es evidencia suficiente”, señala Cuadrelli. Al mismo tiempo, aclara que esta revisión no da de baja a esa especie, sino que demuestra cómo muchos de los ejemplares que se le atribuyeron son, en realidad, juveniles de Glyptodon reticulatus.
Estos cambios en las clasificaciones en la diversidad de animales prehistóricos son frecuentes en el campo de la paleontología en los últimos años y también hubo casos similares en dinosaurios. Uno de ellos fue el del Nanotyrannus lancensis, que se diferenciaba del Tyrannosaurus rex por ser de un tamaño más pequeño y presentar un número diferente de dientes, pero que actualmente es reconocido como parte de la misma especie.
Los gliptodontes fueron uno de los animales cuaternarios más emblemáticos de Sudamérica y pertenecen a los xenartros, un grupo de mamíferos endémicos de Sudamérica. Sin embargo, durante la formación del istmo de Panamá, lograron llegar hasta América del Norte.
Su extinción ocurrió hace unos 9 mil años, en el límite entre el Pleistoceno y el Holoceno, cuando desapareció toda la megafauna compuesta por mastodontes, perezosos y toxodontes. El estrés ecológico que sufrían las poblaciones por la alternancia de ciclos glaciales e interglaciales, sumada a la presión que ejerció la llegada de los humanos y sus hábitos de cacería, habrían sido los factores que contribuyeron a su desaparición.
En la fauna que habita el planeta en la actualidad, no existen animales similares a los gliptodones, que podían llegar a pesar más de una tonelada. “Tienen características que no se ven en ningún otro mamífero, como la coraza que los cubría, que no estaba articulada y era completamente inamovible. Su biología era extraña y eso los vuelve fascinantes para la paleontología. Todavía nos queda mucho por descubrir acerca de estos animales”, asegura Cuadrelli.
Otra de las conclusiones a la que llegaron los paleontólogos en este reciente trabajo es que no sólo la diversidad del género es muy baja, sino que también su evolución morfológica fue muy lenta. “Si comparamos los registros de Glyptodon reticulatus con los de Glyptodon munizi, que vivieron en un período previo, vemos que tienen muchas similitudes, pese a que tienen casi un millón de años de diferencia”, señala Zurita. (Fuente: CONICET/DICYT). Imágenes tomadas de la web. Tubo caudal de Glyptodon reticulatus en el Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Restauración de una coraza de Gliptodonte.





Este trabajo comenzó en abril de 2013 y culmino en diciembre del mismo año. El Museo Municipal de Miramar dio a conocer entre sus trabajos de preservación y comunicación del patrimonio natural de la región, la restauración y puesta en valor de un gigante armadillo prehistórico, de unos 700 mil años.

Personal del Museo Municipal Punta Hermengo, dio a conocer una de las nuevas modificaciones que se están llevando adelante en su exhibición de paleontología local, que compara los personajes de la película de La Era de Hielo con las criaturas que alguna vez transitaron la región.


Se trata en una puesta en valor de un gran caparazón de Gliptodonte (Glyptodon munizi), extraído en 1993 en los barrancos del bosque del Vivero Florentino Ameghino. El fósil, en su mayor parte completo, fue restaurado y procesado químicamente para su preservación, y se completó aquellas partes faltantes.


“Se realizó un molde de un fragmento de la coraza, y se lo reprodujo unas 50 veces. De esta forma, se logró llevar a la coraza a su tamaño original – argumento – Mariano Magnussen, quien tomo el desafío en el año 2013.


Por su lado, Daniel Boh, museólogo y encargado de la institución miramarense, destaco; “Estos animales estaban representados por unas 65 especies de distintas formas y tamaños. El que tenemos exhibido y restaurado en el museo es uno de los representantes más grandes que se conocen. En vida tenía 1,5 metros de altura por 3,5 de largo.


Los gliptodonte fueron grandes mamíferos herbívoros que habitaron nuestra zona en los últimos 4 millones de años, aunque los hay más antiguos. En Miramar y alrededores se han recuperado varios ejemplares y restos aislados. En una vitrina lateral, se pueden observar cráneos, fragmentos de coraza, huesos largos y colas de estos animales. El museo miramarense preserva otras tres corazas muy completas y restos de estos gigantes, que esperan su turno y lugar para ser exhibidos.


El Dr Alfredo Zurita, paleontólogo y uno de los expertos mundiales en Gliptodontitos, visito el museo Punta Hermengo y destacó la importancia de la coraza de Glyptodon munizi, y advirtió de que se trataba de uno de los pocos que se conservan en el mundo, no solo por el estado de conservación, sino también por lo raro de la especie.


Para conocer más detalles de este trabajo y otras actividades del museo, visite el sitio web
www.museodemiramar.com.ar