Restos de dinosaurios han venido hallándose a lo largo del
siglo XX en numerosos países sudamericanos. Los principales son Argentina y
Brasil, pero Chile, Perú, Bolivia y Colombia han provisto restos también
en forma de miles de huellas fósiles y a veces en forma de esqueletos o huesos
aislados. De hecho, hay quienes han pensado en la región Andina como un vasto
corredor norte-sur que favoreció el intercambio de dinosaurios y otras faunas a
la vera de un brazo de mar que inundara el continente a fines del período
Cretácico (hace unos 70 millones de años). Sin embargo, hasta el momento,
ningún hueso había sido reportado para Ecuador.
En 2018, en el marco de la preparación del Primer Curso Latinoamericano de
Paleontología de Vertebrados en la ciudad de Piura, Perú, invitado por el Dr.
Jean Noel Martínez, el Dr. Sebastián Apesteguía, jefe de paleontología de la
Fundación Azara viajó con el fin de sumarse al staff docente del curso y
también para dar una conferencia en la Universidad de Loja, Ecuador. Allí entró
en contacto con los geólogos John E. Soto Luzuriaga, José Tamay Granda y Galo
A. Guamán Jaramillo, quienes le mostraron huesos hallados en Ecuador. Sin
demora, partieron al día siguiente a visitar la localidad fosilífera.
La región de Yamana se sitúa en el valle Casanga, cantón Paltas, provincia de
Loja, en el sudoeste de Ecuador. Se trata de una región serrana y semiárida
donde crecen grandes “palos borrachos” y pastorean cabras. Un tiempo antes,
recorriendo la cuenca seca de un arroyo, el Sr. Víctor Francisco Celi Ríos dio
con huesos en la pared rocosa y los extrajo. Luego se contactó con el Sr. Marco
Antonio Paladines Balcázar quien los puso a resguardo. Sin embargo, aunque la
mayor parte de ellos fueron depositados en la colección del Instituto Nacional
de Patrimonio Cultural, un elemento extra se conservó en la colección de la
Universidad Técnica Particular de Loja, donde lo pudo ver Apesteguía.
Es en ese contexto en que el Dr. Sebastián Apesteguía suma al Dr. Pablo A.
Gallina, ambos investigadores de CONICET en la Fundación Félix de Azara, de la
Universidad Maimónides, asociándose con el equipo geológico de la Universidad
Técnica Particular de Loja con el fin de estudiar el hallazgo.
El análisis de los restos reveló que se trataba de restos de dinosaurios
saurópodos, los herbívoros de cuello largo, del grupo de los titanosaurios, los
más abundantes en el hemisferio sur. Pero dentro de los titanosaurios, los fósiles
fueron asignados al pequeño grupo de los saltasaurinos, un grupo muy especial
de saurópodos.
Se conoce apenas un puñado de especies de saltasaurinos: Saltasaurus,
Neuquensaurus y Rocasaurus. Todos estos dinosaurios vivieron entre los 85 y 65
millones de años atrás y se los considera como los últimos saurópodos en
aparecer, casi al borde de la extinción del grupo.
El primero del grupo, Neuquensaurus australis, fue publicado en 1893 por
Richard Lydekker, y los otros se sumarían hacia 1980.
Lo interesante de los saltasaurinos es su pequeño tamaño (hasta 6 metros de
largo), su robustez (los huesos de sus miembros son cortos y gruesos), su
coraza protectora (poseían una malla protectora de pequeños huesecillos metidos
en la piel) y su gran neumaticidad (todos los huesos de sus vértebras estaban
perforados por cámaras de aire que los hacían más livianos). Algunos han
pensado que esta variedad enana de los mayores titanes que pisaron la tierra
evolucionaron en relación a las grandes ingresiones de brazos de mar que hacia
fines del Cretácico inundaron el continente sudamericano, generando islas donde
el pequeño tamaño era una ventaja. A fines del Cretácico se extinguieron junto
con sus compañeros dinosaurianos.
Los resultados del estudio de los restos indican que se trata de una nueva
especie, que fue nombrada como Yamanasaurus lojaensis, en referencia a la
localidad del hallazgo.
El trabajo fue preparado por los siguientes investigadores:
El Dr. Sebastián Apesteguía, paleontólogo, es investigador de CONICET y difusor
de las ciencias naturales en los medios, dirige el Área de Paleontología de la
Fundación Azara”. Además de sus publicaciones científicas es autor de libros
para el público como “Nuestros Dinosaurios” y “Vida en Evolución” y es
columnista del programa Científicos Industria Argentina. El Dr. Pablo Ariel
Gallina, paleontólogo, investigador de CONICET, especialista en saurópodos,
trabaja en el Área de Paleontología de la Fundación de Historia Natural “Félix
de Azara” (CEBBAD, CONICET), que funciona en la Universidad Maimónides,
Argentina. El Dr. John E. Soto Luzuriaga, geólogo, especialista en riesgo
geológico. Se sumaron los aportes del Dr. José Tamay Granda y el Dr. Galo A.
Guamán Jaramillo.
El trabajo científico fue publicado en el último número de la prestigiosa
revista científica Cretaceous Research. El título del trabajo en inglés es “The
first dinosaur remains from the Cretaceous of Ecuador”. El material estudiado
consiste en restos de un esqueleto desarticuladoe incompleto. Entre los huesos
descubiertos destacan dos vértebras del sacro, una de la cola y restos del
húmero, radio y tibia.
En la zona afloran areniscas de matriz carbonática de unos 68 a 65 millones de
años de antigüedad, conocidas como Formación Río Playas, depositadas en una
época en la que, como aún no existía la cordillera de los Andes, y el océano
Atlántico recién comenzaba a esbozarse, la región de ecuatoriana era bañada por
el océano Pacífico. Fuente; Gacetilla Institucional. Imágenes del nuevo dinosaurio de Ecuador. Ultima foto, el paleontólogo Sebastián Apesteguia con un T-Rex, ilustrativo.