domingo, 10 de junio de 2018

Nuevos estudios indican detalles de los Perezosos Gigantes Extintos.


El perezoso suele ser el emblema de la lentitud. Los representantes vivos de este curioso grupo de mamíferos se encuentran en las selvas amazónicas, donde se desplazan con movimientos lentos en busca de alimentos. Y con sólo volver atrás en el tiempo unos miles de años, nos encontraríamos con una América poblada por decenas de especies de perezosos gigantes, algunas de las que podían alcanzar las tres o cuatro toneladas de peso. Alberto Boscaini es becario doctoral del CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA, CONICET-UNCuyo-Gob. Mza) y estudia la evolución de los perezosos gigantes que habitaron el continente americano.

“Estos mamíferos son exclusivos del continente americano y han atraído la atención de grandes naturalistas como Charles Darwin, que encontró numerosos fósiles en América del Sur, o Georges Cuvier y Richard Owen, que describieron los primeros hallazgos. Hoy en día, estos extraños animales siguen dando que hablar. Llaman la atención porque eran verdaderos colosos, capaces de adaptarse a los ambientes más diversos. De hecho, existían perezosos capaces de escalar paredes de roca y otros que nadaban en zonas costeras”, explica Boscaini.

En 2017, se hallaron en Brasil enormes túneles excavados por perezosos pleistocenos. Y recientemente, se descubrieron en Estados Unidos huellas de perezosos gigantes asociadas a huellas humanas, quizás testigos de una antigua cacería. “Los fósiles de este grupo de animales han sido estudiados en detalle, pero todavía hay muchas preguntas sobre su anatomía y ecología”, describe el paleontólogo.

Por primera vez, un grupo internacional de investigadores, coordinado por Boscaini, pudo reconstruir en tres dimensiones el cerebro y el oído interno de un perezoso gigante de la especie Glossotherium robustum, conservado en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN) de Buenos Aires. De los órganos sensoriales de estos animales se sabía poco o nada: hoy, gracias a la aplicación de técnicas médicas como la tomografía computada, fue posible reconstruir digitalmente el fósil y elaborarlo con programas informáticos específicos.

“Gracias a la cooperación entre el CONICET y la Universidad La Sapienza de Roma y con el apoyo de la clínica FUESMEN (Fundación Escuela Medicina Nuclear) de Mendoza, hemos podido obtener reconstrucciones fieles del cerebro y otras estructuras que nunca habían sido observadas anteriormente. Entre ellas se han podido observar los vasos sanguíneos, los nervios, la neumaticidad (los espacios vacíos en el cráneo) y el oído interno”, detalla el especialista.

“El oído interno de los mamíferos cumple un importante papel en el control del equilibrio y en general, en la locomoción. Estudiando esta región anatómica del perezoso gigante detectamos importantes diferencias con los perezosos actuales y más similitudes con los grandes mamíferos terrestres modernos”, continúa.
Los investigadores dedujeron que su nivel de agilidad tenía que ser más parecida a la de un hipopótamo o a la de un rinoceronte, ambos de gran tamaño, pero capaces de movimientos ágiles. “En plena carrera estos animales pueden ir más rápido que un ser humano”, resalta Boscaini.

Gracias al detalle de las reconstrucciones del modelo 3D, los investigadores pudieron estudiar el cerebro, así como el recorrido de los vasos sanguíneos y de los nervios craneanos. Estos datos fueron comparados con los de los perezosos actuales, evidenciando el enorme desarrollo de los nervios que se originan en la parte anterior del cerebro del perezoso extinto. Los paleontólogos han supuesto entonces que el morro de Glossotherium era extremadamente sensitivo.

“Probablemente estos perezosos gigantes tenían labios semiprensiles, parecidos a los de los actuales rinocerontes, jirafas y bóvidos con los que seleccionaban y arrancaban vegetales. Los miembros anteriores, con sus enormes garras, estaban probablemente más adaptados a la excavación que al agarre de precisión”, detalla el paleontólogo.

Estos son sólo algunos de los aspectos biológicos de estos gigantes extintos que los investigadores han podido reconstruir gracias a los precisos datos escondidos en el cráneo y revelados por las gráficas 3D. Las investigaciones continúan y muchas otras especies están actualmente en fase de estudio.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

sábado, 9 de junio de 2018

Ctenomys talarum, uno de lo roedores mas interesantes y diversificados del Holoceno.



Es una especie de roedor histricomorfo de la familia Ctenomyidae endémica de Argentina. El género Ctenomys Blainville, 1826 comprende actualmente más de sesenta especies de roedores subterráneos distribuidas en América del Sur, desde el centro-oeste de Perú hasta el archipiélago fueguino.
Uno de los roedores mas comunes en el registro fosilífero durante la mitad del Pleistoceno y todo el Holoceno y posee semejanza adaptativas iguales a la de un topo. Son conocidos por el nombre de "Tuco tuco", en las cuales se encuentran grupos de marcada afinidad morfológica y genética, lo cual señalaría que la diversidad actual deriva de un número menor de especies pretéritas fragmentadas durante la cambiante historia dinámica y paleo ecológica del Cuaternario.
Es una especie originada en América del sur,  con formas extintas cercanamente emparentadas en el Plioceno, cuyo genero es conocido como Actenomys. Su vida esta ligada principalmente a hábitos subterráneos, realizando galerías y cuevas en el suelo, cavando con sus miembros anteriores robustos y provistos de fuertes garras, como así también de sus largos incisivos.
Es muy raro que estos animales salgan a la superficie, ya que se exponían a ser capturados por pequeños mamíferos de la época, como por aves rapaces. Su alimentación estaba orientada principalmente a raíces y tallos duros. Su cráneo es corto y robusto y sus dientes son muy particulares, armados por incisivos largos y anchos de color anaranjado y por una hilera de tres molares por mandíbulas de forma semi-lunar.
Su cabeza y cuerpo estaban formados por una sola unidad, ya que prácticamente no poseían cuello. Patas cortas y robustas y una cola corta y relativamente ancha. Durante el Holoceno fue un animal muy común y se lo considera un "fósil guía". También se han protagonizado algunos hallazgos arqueológicos en la región pampeana y en patagonia, donde se ha demostrado que los humanos habrían especializado técnicas de captura y su posterior alimentación de estos pequeños animalitos del tamaño de un cuis pampeano o de un cobayo.
Esqueleto parcial anatómicamente exhibido y cráneo comparado con una moneda en el Museo Municipal de Ciencias Naturales  Punta Hermengo de Miramar.

viernes, 8 de junio de 2018

miércoles, 6 de junio de 2018

Museos e Instituciones de la Republica Argentina con Colecciones Paleontológicas.

 


Este es un espacio destinado a Museos e Instituciones con colecciones fósiles destacadas en la República Argentina, las cuales presentan exhibiciones, equipos propios de investigadores y técnicos especializados. 

 

martes, 5 de junio de 2018

Megatherium americanum, la bestia gigante del Pleistoceno.



 
Los "Pilosa" en la actualidad se encuentran representados por mamíferos pequeños y medianos, como osos hormigueros y perezosos de tres dedos, que pasan la mayor parte de su tiempo colgados en los árboles, moviéndose en forma muy lenta, debido a su bajo metabolismo, pero en el Pleistoceno habitaron en nuestro territorio formas gigantescas.
Megatherium fue descripto por primera vez por el naturalista francés Georges Cuvier en 1796, quien se basó para tal descripción en un esqueleto completo descubierto en 1789 en las barrancas del Rió Lujan (Prov. Buenos Aires). Su nombre significa "bestia grande" y sin dudas fue el animal terrestre más grande que habito en la región pampeana, donde se han rescatado sus principales restos.
El género Megatherium constituye, al igual que Glyptodon, uno de los elementos más conspicuos de la megafauna pleistocena. Su dentición está constituida por molariformes en forma de columna prismática cuadrangular. Tradicionalmente, se lo ha asociado a una dieta herbívora, aunque se propuso una dieta mixta, carroñera o incluso carnívora. El primer registro del género se remonta al Vorohuense hasta llegar al Lujanense temprano (Megatherium americanum) y Lujanense tardío (Megatherium sp.).
Desde el punto de vista geográfico, su extensión parece estar limitada a la parte austral de América del Sur, es decir, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, Perú y Bolivia; hacia el norte y el este, Megatherium es reemplazado por Eremotherium, un género similar, pero con algunos caracteres más primitivos y adaptado a temperaturas posiblemente más elevadas.
Superaba los 4,5 metros de altura cuando se paraba sobre sus patas traseras y con su larga y robusta cola  formando una especie de "trípode" permitiéndole llegar de esta forma a las hojas de los árboles y tener un mejor panorama de todo su alrededor. El peso estimado de esta especie es de 5 toneladas, algo así como dos elefantes. Su cuerpo estaba recubierto por una fuerte pelambre.
Sus patas delanteras eran largas y fuertes, acompañadas por cuatro garras, lo que le permitía acceder de mejor manera a los vegetales que formaban parte de su dieta. En la localidad de Pehun-co, Provincia de Buenos Aires, se halló un yacimiento paleoicnologico con huellas dejadas por este enorme animal hace unos 11 mil años, junto a otras pertenecientes a especies desaparecidas y vivientes. Megatherium coexistió con los antiguos habitantes humanos en la Provincia de Buenos Aires hace 8500 años antes del presente. En las fotos, esqueleto en el Museo Argentino de Ciencias Naturales, mariano Magnussen junto al cráneo de Megaterio, aspecto del Megaterio y huellas en Pehuén Co.