jueves, 5 de julio de 2018

Estudian restos vegetas en heces de dicinodontes del triásico en La Rioja.


Un equipo de paleontólogos de distintos puntos del país halló restos fósiles de plantas de 236 millones de años en las heces de una fauna extinta. El descubrimiento aportó datos para reconstruir el ecosistema sureño de Pangea.
Hace algunos años atrás, la Formación geológica Chañares de la provincia de La Rioja fue escenario de un hallazgo peculiar: ocho grandes letrinas repletas de heces fosilizadas de dicinodontes, una fauna herbívora anterior a los dinosaurios.
Estos ‘baños públicos’, que datan de 236 millones de años de antigüedad, no solo arrojaron información valiosa acerca del comportamiento social y la dieta de los animales extintos, también revelaron datos de las plantas presentes en ese ecosistema remoto, de cuando los continentes estaban amalgamados en la ya conocida Pangea.
Un equipo de investigadores de CONICET, del Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de La Rioja, del Museo de La Plata y del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, integrado por Ezequiel Vera, Valeria Perez Loinaze, Lucas Fiorelli y Julia Desojo, estudió decenas de los coprolitos (heces) hallados en La Rioja y encontró en ellos la primera evidencia en la región de restos florales del Triásico. Mediante pequeños fragmentos de plantas, los científico pudieron sacar una “fotografía instantánea” de los ecosistemas antiguos del sur occidental.
Para obtener los restos vegetales, el equipo de investigadores destruyó 30 coprolitos con ácido fluorhídrico y extrajo de ellos de polen, esporas, restos de leños y cutículas de plantas. Luego, clasificó y comparó los fósiles con otras asociaciones de esporas y polen de edad similar de distintas partes del mundo. Así, pudieron aportar un nuevo dato para conocer el antiguo escenario del sur y su dinámica.
El investigador cuenta que, durante el Triásico, los continentes del sur global contaban con una flora bastante homogénea llamada Flora de Dicroidium, que ya se encuentra extinta e incluía varios grupos de plantas. Esta vegetación tenía hojas tipo helecho, pero contenía semillas y madera como una conífera actual, características que hoy en día no se ven en los helechos modernos.
No obstante, la paleobotánica dividió las regiones sureñas de Pangea en “provincias florísticas que contaban con variedades diferentes de vegetación, basadas en el registro de polen y esporas fósiles”. En el sur global –Argentina, Australia y Antártida- abundaba un determinado tipo de flora y, apenas por encima, a la altura de la India, otra vegetación de clima más cálido.
“La flora que encontramos en los coprolitos es como una mezcla de esas dos provincias, lo que nos sugiere que el clima pudo haber sido fluctuante y que las fronteras entre la vegetación del norte y del sur cambiaban con el tiempo”, sostiene el investigador, y agrega que este hallazgo viene a saldar un nicho “vacante” para la Formación Chañares.
Según Vera, el estudio de restos botánicos en coprolitos es algo “no muy común” en la paleontología. Las heces fosilizadas suelen utilizarse para conocer más acerca del organismo productor, su dieta, sus hábitos, y ciertos patrones de comportamiento.
En este caso, las decenas de miles de heces acumuladas en letrinas dieron cuenta de que esta práctica tenía la función ecológica de evitar la contaminación del alimento, y la función social de prevenir a la población de la depredación. Lo que habitualmente se ve en animales modernos como las jirafas, ya existía en estos animales.
Los dicinodontes eran, según el investigador, “animales presuntamente herbívoros, parecidos a una mezcla entre una vaca y un hipopótamo, con colmillos raros y un peso de entre 1.000 y 3.000 kilos”. Sus deposiciones de gran tamaño, algunas de hasta 35 centímetros de longitud, permitieron ver que su dieta era variada.
“Vimos que hay por lo menos tres grupos de plantas distintos en un coprolito. Es interesante notarlo porque estudios sobre los dicinodontes hechos en Polonia concluyeron que su alimentación era más bien selectiva. Los dicinodontes de la zona de La Rioja parece que no lo fueron tanto”, comenta Vera. Ilustración: Ezequiel Vera. Fuente: Agencia CTyS

miércoles, 4 de julio de 2018

Presentan el esqueleto de un Megaraptor y la boca de un tiburón gigante Megalodon.




El Museo Argentino de Ciencia Naturales (MACN), en el marco de los 206 años desde su creación, presentó el esqueleto del Megaraptor namunhuaiquii, un dinosaurio carnívoro de grandes garras que habitó en la Patagonia, y la réplica de la boca de un Carcharocles megalodon, el tiburón gigante en el que se inspiró la famosa película de la década del 80.
El doctor Federico Agnolin, investigador del MACN y del CONICET, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “el Megaraptor tiene el nombre de namunhuaiquii que, en mapudungun, significa pie de lanza, porque, en su momento, se creía que las grandes garras que se hallaron de su especie pertenecían al pie, pero en realidad tenía estas garras enormes en las manos y las usaba para capturar y matar a sus presas”.
“Estas garras llevaban a tener hasta más de 40 centímetros de longitud y eran muy afiladas y muy curvadas”, indicó Agnolin. Y agregó: “Esta especie medía entre 8 y 9 metros de largo y tenía un hocico relativamente delgado, estrecho, que hace recordar por su forma al que poseen los cocodrilos”.
Restos de esta especie y sus parientes de entre 90 y 100 millones de años fueron hallados en Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. “No se sabe cuánto pesaba ni muchas de sus características, porque sus huesos no se preservan de manera muy frecuente”, aseveró el paleontólogo.
No obstante, sus grandes garras indican que tenía una estrategia particular para atacar a sus presas. “Los tiranosaurios -como el Tyrannosaurus rex- y Carnotaurus tenían brazos relativamente cortos y supuestamente cazaban a sus presas con su boca armada de enormes dientes; en cambio, para los megaraptores, las manos eran un factor importante a la hora de atacar a sus presas”, observó el investigador del Laboratorio de Anatomía Comparada del MACN.
Además de presentar el esqueleto de este carnívoro alimentándose de un dinosaurio herbívoro de dos metros de longitud, el Museo exhibirá la enorme boca de un Carcharocles megalodon, un tiburón que alcanzaba los 18 metros de longitud y cuyos dientes medían hasta 30 centímetros.
“Los dientes de este enorme tiburón gigante que inspiró la famosa película de la década del 80 se suelen encontrar en la Patagonia”, contó el doctor Agnolin. Y describió: “Tienen una forma triangular con bordes aserrados como cuchillos”.
Al mirar la película de Spielberg, cuesta creer que haya existido un depredador marino así. Sin embargo, el paleontólogo del MACN afirmó que “con el tamaño de los dientes podemos saber cuánto podría haber medido la boca y las reconstrucciones más cautas indican que alcanzaba un metro y medio de apertura, por lo que cómodamente hubiera entrado una persona adentro”. 
Existe la fantasía o idea de que en la profundidad de los mares podría seguir existiendo algún que otro ejemplar colosal de un Carcharocles megalodon. Al respecto, Agnolin analizó que “hay filmaciones en Internet que aseguran que seguiría vivo, pero estos videos pertenecen a otros tiburones y todas las evidencias nos demuestran que, por suerte, el megalodon está extinto”.
“No hay evidencia de que esté vivo y, al parecer, se extinguió hace un par de millones de años; de hecho, el hombre nunca habría convivido con el megalodon”, consideró el investigador.

Como la mayor parte del esqueleto de los tiburones está compuesto por cartílago, suelen conservarse únicamente sus dientes. “Actualmente, el tiburón más grande es el tiburón ballena, que mide 12 metros, y se alimenta exclusivamente de krill; en cambio, el Carcharocles megalodon era un cazador activo y pensamos que se alimentaba de pequeñas ballenas que vivían en su tiempo”, relató  Agnolin.
“Cuando atacaba a una ballena, este tiburón penetraba con sus dientes hasta rasgar los huesos y eso aparece en los fósiles de los huesos de ballenas rasgados”, aseguró el investigador. Y aclaró: “Pero no sabemos hasta qué tamaño de ballenas llegaba a atacar, porque, al no contar con mucho más registro fósil además de los dientes, se desconoce con precisión su estrategia de ataque; es parte de los misterios en torno a este animal”.
Ambas especies fueron presentadas en el marco de los festejos por el aniversario 206 del MACN. Agnolin mencionó que “es un Museo muy antiguo, creado pocos años después de la Revolución de Mayo por Bernardino Rivadavia y, más allá que en la época de Rosas decayó bastante, luego de ese período comenzó un crecimiento que no se detiene y, año tras año, aumentan las investigaciones y se realizan exhibiciones de nuevas especies de dinosaurios, de animales prehistóricos, como así también de especies actuales, como caracoles, peces, aves y anfibios”.

 

martes, 3 de julio de 2018

Hallan parte de una cornamenta que perteneció a un ciervo prehistórico en San Pedro.


En una de sus habituales recorridas por el yacimiento de Campo Spósito, en Bajo del Tala, el equipo del Museo Paleontológico de San Pedro acaba de recuperar parte de una cornamenta perteneciente a un Morenelaphus, un ciervo prehistórico de mediano tamaño que habitó nuestra zona durante el Cuaternario
La pieza, expuesta en el terreno por la erosión producida por los agentes naturales, fue observada entre las rocas por el joven Bruno Rolfo, integrante del Grupo Conservacionista de Fósiles
El fósil presenta un buen estado de conservación, detalle que facilitó la identificación del género de mamífero al que perteneció
Los Morenelaphus fueron ciervos de mediano porte, de hábitos ramoneadores, que aparecieron en la región pampeana a fines de la edad Ensenadense. Estos animales poseían cornamentas bien desarrolladas, levemente curvadas en forma de “S”, con numerosas ramificaciones aplanadas que terminaban en finas puntas o candiles. Se cree que su hábitat estaba asociado a áreas abiertas, con arbustos bajos, de los cuales aprovechaban sus brotes y hojas
En San Pedro se han recuperado restos fragmentarios de numerosos ejemplares. Cornamentas, huesos de las extremidades, mandíbulas y un cráneo, son algunas de las partes halladas en nuestro partido. Casi todos los restos de estos animales hallados hasta hoy en nuestra zona provienen de Campo Spósito, salvo uno hallado en un sector lindero a Papel Prensa. Al igual que este último fósil hallado por Rolfo, todas las piezas provienen de sedimentos depositados durante la edad Bonaerense. Fuente; Museo Paleontologico de San Pedro.

lunes, 2 de julio de 2018

Hallaron restos fósiles de un gliptodonte en Tandil.


Un grupo de especialistas integrados por un paleontólogo y representantes del Museo Histórico Fuerte Independencia, realizaron durante 48 horas una excavación para desenterrar los restos de un gliptodonte, cerca del paraje La Numancia en la ciudad de Tandil.
Según describe el diario El Eco, las tareas se realizaron el sábado por la mañana, donde se pudo encontrar parte del caparazón del mamífero que vivió en el Pleistoceno.
El proyecto, comenzó a raíz de la denuncia de una persona que había encontrado una parte de la especie con una máquina vial. Allí se tomó contacto con el Centro de Registro de Patrimonio Arqueológico y Paleontológico que se comunicó con el paleontólogo Cristian Oliva, el encargado de encabezar las tareas de hallazgo.
Este fue el primer descubrimiento de este estilo del que se tenga conocimiento en esta zona de la provincia de Buenos Aires, pese a que existen antecedentes en otras localidades bonaerenses.
El proyecto da inicio cuando una vecina de nuestra ciudad comunica al Museo el hallazgo en una zona rural del partido de Tandil de restos fósiles de una especie extinta de megafauna, concretamente un gliptodonte, mamífero acorazado de gran porte que vivió en el periodo conocido como Pleistoceno.
Inmediatamente el MUHFIT da aviso al Centro de Registro de Patrimonio Arqueológico y Paleontológico, dependiente de la Dirección Provincial de Museos y Preservación Patrimonial de la Provincia de Buenos Aires, conforme lo dispone la Ley Nacional N° 25.743.
Se toma contacto con el paleontólogo responsable del O.P.A.P. Litoral Sur, el Sr. Cristian Oliva, quien es designado por el CREPAP para llevar a cabo la excavación, rescate y restauración de los restos que compongan el hallazgo.
El equipo de trabajo y la Comisión Directiva del MUHFIT, comienzan las gestiones tendientes a conseguir los recursos necesarios para la excavación, el traslado de las piezas hasta el museo y la restauración de las mismas.
En pocas semanas se logra el apoyo de empresas privadas que contribuyen con la institución donando materiales y herramientas, y el resto de los materiales se adquieren con recursos propios del museo.
Está previsto que en el mes de junio se pueda realizar la excavación y se proceda a la restauración y puesta en valor de los restos en la sede del Museo. Todo el proyecto será difundido a través de imágenes fotográficas y registros audiovisuales que tomará el personal del museo, material que se encontrará disponible con posterioridad en www.museodelfuerte.org.ar
Una vez terminada la fase de restauración de las piezas y, dada la importancia del hallazgo, se destinará un sector específico del Área de Reserva, Investigación y Restauración del MUHFIT (ARIC) que está construyendo la institución, para la puesta en valor y difusión de estas nuevas piezas que se incorporan a la colección de Paleontología que ya posee el museo.
El Museo Histórico Fuerte Independencia promueve la importancia que tienen la protección y el adecuado manejo del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico, como fuente de información del pasado regional y como parte de su identidad.
La provincia de Buenos Aires tiene un potencial muy alto en restos arqueológicos y paleontológicos. En el campo de la paleontología son abundantes los registros fósiles pertenecientes a la megafauna de mamíferos que habitaron esta región desde hace 500.000 hasta hace 8000 años atrás.
Cuando los restos u objetos se encuentran en situación de riesgo, se interviene con el propósito de evitar su destrucción, a través de la realización de rescates, en los que participa el personal del Centro de Registro del Patrimonio arqueológico y Paleontológico, dependiente de la  Dirección Provincial de Museos y Preservación Patrimonial del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

domingo, 1 de julio de 2018

Termas de Río Hondo. Mastodontes por aquí, Mastodontes por allá.


 


 
La ciudad santiagueña de Termas de Río Hondo, posiblemente sea la que contiene la mayor cantidad de restos fósiles atribuidos a los vulgarmente conocidos como Mastodontes (Stegomastodon sp), un género de elefantes que vivieron en América del Sur en los últimos dos millones de años antes del presente.

Fueron un Proboscideo (que posee trompa) al igual que el extinto Mamut y el actual elefante. Habitaron lugares abiertos y pantanosos, donde sus huesos se iban incorporando al sedimento a medida que morían. Los hallazgos de restos fósiles de antiguos elefantes son algo escasos, aunque en las zonas adyacentes al Río Dulce parecen con mayor frecuencia a comparación con otras localidades fosilíferas de Sudamérica.

El material colectado desde hace varias décadas por los hermanos Emilio y Duncan Wagner y que hoy se conservan en el Museo que lleva su nombre en el Centro Cultural del Bicentenario en la ciudad capital de la provincia, como aquellos colectados por distintos autores hasta mediados de los años 60 y en las últimas décadas colectados y coleccionados por el Museo Municipal Rincón de Atacama de la localidad termense, demuestra la gran abundancia de este género de proboscideo extinto con respecto a otros representantes de la megafauna del pleistoceno, a partir de varias decenas de piezas, principalmente restos mandibulares completos y parciales, vértebras, huesos largos, fragmentos de colmillos o defensas, partes de cráneo entre otros, algunos de ellos recuperados recientemente.

El Río Dulce de la Provincia de Santiago del Estero muestra en sus márgenes, entre las ciudades de Termas de Río Hondo y Santiago del Estero, unos extensos afloramientos de areniscas grises muy friables, que se confunden con los bancos arenosos del río actual.  En ellas se encuentran restos fósiles de mamíferos pleistocenos procedentes de estos depósitos se conocen desde hace mucho tiempo. Sin embargo, diversos geólogos y paleontólogos han supuesto que se trataba de material retransportado por el cauce del río Dulce, tema que aún se allá en discusión. Esta teoría se base principalmente en que los fósiles se recuperan siempre desarticulados.

Probablemente este río pleistoceno constituyó el principal recurso de agua en una amplia región caracterizada por precipitaciones escasas y una larga estación seca (como en la actualidad). Durante las fuertes variaciones climáticas del Pleistoceno superior, las consecuencias de la aridez regional pueden haberse agudizado con la eventual disminución de las lluvias en las zonas más húmedas, lo que hoy constituye las cabeceras de la Cuenca del Río Salí-Dulce (provincias de Tucumán y Santiago del Estero).

Tales circunstancias favorecerían la concentración de animales débiles y moribundos, sujetos a la acción de los carnívoros. Así también podría existir una abundancia de cadáveres de mastodontes y de otros herbívoros concentrados en el canal, y sus proximidades expuestos a los carroñeros y otros agentes naturales. Posteriormente, los restos podrían ser arrastrados durante las crecidas y finalmente sepultados a baja profundidad.

Tomado de: Magnussen Saffer, Mariano. 2015. Termas de Río Hondo. Mastodontes por aquí, Mastodontes por allá. Paleo Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año XIII. 131:17-20. 
Seguir leyendo en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/notas09.htm