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jueves, 8 de febrero de 2024

Riojanodon nenoi, una nueva especie precursora de los mamíferos en el Triásico de La Rioja, Argentina.


 

Se trata de un pequeño animal de unos 237 millones de años, descubierto en el Parque Nacional Talampaya. Los expertos explican por qué se trata de un hallazgo fósil clave, en búsqueda de entender los procesos evolutivos, y también cuentan los secretos que se esconden detrás del bautismo de la especie.

Como si fuese una experta guardiana, la Tierra esconde, en sus entrañas, viejos tesoros de tiempos paleontológicos, de escalas temporales que los seres humanos podemos medir, pero difícilmente dimensionar en su totalidad. Y, de tanto en tanto, algunos de los secretos de las viejas eras ven nuevamente la luz. Recientemente, un grupo de paleontología argentino dio cuenta de una nueva especie vinculada al origen de los mamíferos, que vivió hace unos 237 millones de años en lo que hoy es el Parque Nacional Talampaya, en la provincia de la Rioja.

El descubrimiento es clave, pues arroja más luz al linaje que luego originaría a los distintos grupos de los mamíferos. “Es una nueva especie de lo que se conoce como cinodonte probainognatio. Era un ‘bicho’ pequeño, no mayor a una comadreja actual. Fue un primo lejano de los mamíferos y, aunque no era parte de este grupo, ya poseía numerosos rasgos mamalianos, como un paladar óseo bien desarrollado y dientes complejos”, comenta Agustín Martinelli, investigador del CONICET e integrante del equipo, en diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM.

Martinelli agrega que estos cinodontes “se diversificaron previamente al surgimiento de los dinosaurios”, mientras que “los mamíferos que conocemos hoy en día tuvieron su auge recién después de la extinción de los grandes dinosaurios del Mesozoico”.

El animal en cuestión, cuya descripción fue publicada en la prestigiosa revista The Anatomical Record, fue bautizado como Riojanodon nenoi, que significa “diente de La Rioja”. “Del Riojanodon encontramos restos de las mandíbulas y dientes. Es algo bastante peculiar lo de este extinto animal, porque es una forma de dentición herbívora dentro de un grupo que era principalmente carnívoro. De alguna forma, se ‘abrió’ una rama de ‘herbivorismo’ en esta línea evolutiva”, explica Martinelli, integrante del equipo Archosaur Research Group (ARG) y de la Asociación Paleontológica Argentina (APA).

El nombre nenoi, por su parte, homenajea a Roberto “Neno” Narváez, guardaparque del Parque Nacional Talampaya y actor clave en las campañas paleontológicas en esa región.

“Hace más de diez años que trabajamos en esta zona. Personas como ‘Neno’ son importantísimas porque conocen al territorio como la palma de su mano –valora el investigador del CONICET y paleontólogo-. Imaginate que acá no hay caminos ni nada marcado, pero, como un baqueano experto, él nos va diciendo en qué lugar están las rocas de distinto color –y, por lo tanto, antigüedad-, como ningún mapa lo describe”.

Cuentan también los investigadores que el hallazgo, además de aportar nuevas pistas en términos evolutivos, ofrece más evidencia de cómo la fauna prehistórica de Sudamérica de esa época se condice con la del sur de África, comprobando que ambos territorios estaban unidos hace unos cuantos millones de años.

En términos de tiempo, el Riojanodon vivió durante el período Triásico, entre unos 237 y 236 millones de años atrás. No llegó a convivir con los dinosaurios, aunque sí con sus predecesores. Los restos fósiles de este animal fueron encontrados a partir de trabajos de campo realizados entre 2014 y 2022 en la Formación Chañares, una de los depósitos de rocas continentales triásicas más rica en contenido fósil de América del Sur. Debido a su abundancia y diversidad, los especímenes hallados en esta formación constituyen uno de los mejores registros de tetrápodos - grupo de los vertebrados que tienen dos pares de extremidades- del Triásico Medio-Superior. Fuente; ctys.com.ar.

Mas info http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm


domingo, 23 de junio de 2019

Kannemeyeria argentinensis, un gigante Triásico



Es un género extinto de terápsidos dicinodontos que existió hace 230 millones de años en el periodo Triásico.
Este herbívoro estaba bien adaptado a la vida terrestre. Alcanzaba los tres metros de longitud. Era un herbívoro grande con un poderoso pico y fuertes músculos mandibulares diseñados para cortar los vegetales que comía. Aunque tenía una cabeza grande, el cráneo era liviano debido al gran tamaño de las órbitas y la cavidad nasal.
Sus cinturas óseas poseían grandes placas óseas útiles para soportar su gran corpulencia. Debió de habitar un ambiente de parajes abiertos, formando manadas, donde era quizá cazado por depredadores como Cynognathus. Como sus restos fósiles han sido hallados en Sudáfrica, Argentina, India, China y Eritrea , podemos suponer que en su tiempo Kannemeyeria tenía una distribución mundial.

martes, 21 de mayo de 2019

Mussaurus patagonicus, un dinosaurio patagónico bebé en 3D.



Un investigador del CONICET La Plata lideró un trabajo que determinó los cambios en el andar de una especie que vivió hace 200 millones de años

No es un rasgo frecuente en animales a lo largo de la evolución, pero la ciencia acaba de confirmar que Mussaurus patagonicus, un gigantesco dinosaurio que habitó el sur argentino hace casi 200 millones de años, nació como un individuo que se desplazaba en cuatro patas y alcanzó la adultez caminando solamente sobre las dos traseras y utilizando los miembros superiores como brazos. La conclusión se alcanzó gracias al escaneo de esqueletos casi completos de ejemplares recién nacidos, juveniles y adultos que permitió simular la postura que habrían tenido en cada etapa, y que resulta similar a lo que experimentan los seres humanos durante el crecimiento. La novedad se publica hoy en la prestigiosa revista Scientific Reports.

“La evidencia más contundente fue obtenida a partir del centro de masa, que es el lugar del cuerpo en que se concentra la mayor parte del peso, algo así como un punto de equilibrio”, explica Alejandro Otero, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), y continúa: “Lo que vimos es que en los bebés se encuentra a mitad del tórax, forzando su peso hacia adelante. En los jóvenes de un año de edad, el centro de masa se ubica un poco más atrás, mientras que en los adultos está prácticamente en la cadera, y esto nos permite deducir que de pequeños eran cuadrúpedos y paulatinamente se iban enderezando hasta convertirse definitivamente en bípedos”.

Con restos fósiles correspondientes a esas tres etapas ontogénicas, es decir relativas al desarrollo morfológico del organismo, Otero y colegas del Colegio Veterinario Real de Londres, Reino Unido (RVC, por sus siglas en inglés) reconstruyeron las formas y estructuras de este dinosaurio a lo largo de su vida. Lo hicieron a través de una técnica llamada Micro Tomografía Computarizada que les mostró los huesos sin la roca en la que fueron hallados –algunos estaban adheridos y es imposible separarlos sin destruirlos–, y les permitió articular los esqueletos y agregarles tejido y volumen. Así, calcularon en qué punto del cuerpo estaba el centro de masa y por ende pudieron determinar cuál era su postura.

Otro dato importante que arrojó el análisis fue el crecimiento de los miembros. “Al nacer, tenían una extensión similar en las cuatro patas, pero a medida que pasaba el tiempo las delanteras se iban acortando en proporción a las traseras, hasta llegar a la adultez con patas considerablemente más largas que los brazos”, añade Otero, y enfatiza un particularidad sobre la forma de las manos que se suma a las evidencias anteriores: “Las garras eran muy potentes, especialmente la del que sería el dedo pulgar, que a su vez estaba inclinado hacia adentro. Esto nos hace pensar que, si bien le era posible apoyarse con ellas, es probable que le sirvieran para otras funciones relacionadas a sus hábitos de vida”. Finalmente, un punto a destacar es la influencia que tuvo el desarrollo relativo de la cola y el cuello a lo largo de la ontogenia del animal, que resultó determinante para que ocurrieran los cambios en la postura mencionados.

Los huesos con los que se trabajó fueron hallados en distintos momentos a partir de la década del ‘60 en la provincia de Santa Cruz, territorio que habitaron estos dinosaurios hace 195 millones de años de acuerdo a la edad de las rocas que los expertos dataron. Las reconstrucciones arrojadas con la técnica empleada mostraron que el desarrollo de M. patagonicus era por sí solo extraordinario: mientras que los recién nacidos se parecían a un pollito de apenas 60 gramos y hubiesen cabido en la palma de una mano, doce meses después pesaban cerca de 7 kilos y alcanzaban la edad adulta –alrededor de los 8 años– con un peso de una tonelada.


sábado, 20 de abril de 2019

Descubren gran cantidad de fósiles acumulados en el Triasico de Ischigualasto.

Un cementerio de dinosaurios de 220 millones de años fue descubierto en el oeste de Argentina, con fósiles de al menos una decena de individuos..
"Se trata de un bloque, una verdadera acumulación de huesos, hay cerca de diez individuos distintos. Es una masa de hueso contra hueso acumulado, prácticamente no hay sedimentos. Es como si hubieran hecho un pozo y lo hubieran llenado de huesos. Es realmente impresionante", explicó el paleontólogo argentino Ricardo Martínez.
Según Martínez, investigador del Instituto y Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de San Juan (IMCN), "estos fósiles pertenecen a la cuenca de Ischigualasto, corresponde a 220 millones de años, una época de la que no se conoce mucho de la fauna".
El cementerio, una suerte de colchón sólido, fue encontrado en septiembre del año pasado en la provincia de San Juan (1.100 km al oeste de Buenos Aires), durante la última campaña a Ischigualasto, precisó Cecilia Apaldetti, investigadora del IMCN y del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (Conicet) y parte del equipo.
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El descubrimiento "tiene doble importancia porque hay por lo menos siete u ocho individuos de dicinodontes, que son los antecesores de los mamíferos, del tamaño de un buey, y otros arcosaurios (reptiles) que no sabemos todavía qué son, pueden ser dinosaurios o un antecesor de los cocodrilos de gran tamaño", explicó a su vez el científico.
El hallazgo de esta "cama de huesos" de unos dos metros de diámetro y que podría tener uno o dos metros de profundidad, fue dado a conocer por la Agencia de Ciencia, Técnica y Sociedad de la Universidad de La Matanza (CTyS-UNLaM).
Al tratar de explicar las causas de esta acumulación de huesos, los investigadores estimaron que "pudo haber una época de gran sequía y que allí había un cuerpo de agua, un pequeño lago en el que se amontonaban los herbívoros para beber y, a medida que se evaporaba el agua, se iban debilitando e iban muriendo en el lugar".
Apaldetti contó que a medida que iban despejando el bloque para extraerlo iban apareciendo nuevos huesos y tuvieron que suspender la tarea por las altas temperaturas y las lluvias en la zona durante el verano austral.
"Esta acumulación de huesos es más grande de lo que pensábamos, aún no le encontramos la base. Vamos a regresar al sitio en estas semanas para poder extraer todo el bloque completo, posiblemente debamos hacerle una base de hormigón y precisaremos de una grúa y maquinaria adecuada", estimó la investigadora en declaraciones a la agencia CTyS-UNLaM.
Argentina cuenta con fósiles de los tres períodos de dominancia (el Triásico, el Jurásico y el Cretácico) de la era Mesozoica, y se hallaron individuos diferentes de los encontrados en el hemisferio norte. Los yacimientos de fósiles de dinosaurios más preminentes se localizan en la Patagonia (sur), La Rioja (Parque Talampaya) y San Juan, al oeste, y en Salta (norte).

viernes, 22 de marzo de 2019

Eoraptor lunensis, el cazador triásico del alba sanjuanino.



Eoraptor se aproxima, por estructura y por tamaño, al supuesto antecesor común de todos los dinosaurios. Además, su cráneo no tiene ninguna de las especializaciones que caracterizan a los tres grandes grupos de Dinosauria (Ornithischia, Sauropodomorpha y Theropoda).
Presenta como carácter único una dentición heterodonta: los dientes anteriores de la mandíbula superior (dientes premaxilares y maxilares anteriores) tienen una forma característica, expandida, similar a la de los dinosaurios herbívoros y diferente del resto de los dientes, que son recurvados y serrados, típicamente teropodianos.
Sin embargo, exhibe una serie de rasgos que lo identifican como el terópodo más primitivo conocido. Por ejemplo, aunque presenta cinco dedos en la mano, los dos más externos están tan reducidos que sólo los otros tres serían funcionales.
Estos tres dedos tienen una serie de caracteres destinados a aumentar la capacidad de la mano para apresar y manipular el alimento: el dedo II es el más largo, las garras son curvadas, tiene capacidad de hiperextensión de los dedos, etc. La mano tiene un gran tamaño respecto al resto del brazo.
Además, los huesos largos son huecos, como en el resto de los terópodos. Así pues, podemos considerar a Eoraptor como un animal que ejemplifica al dinosaurio primitivo tipo en el que aparecen ciertos rasgos que lo definen como el terópodo más primitivo conocido. Modo de vida: Eoraptor habría ocupado el nicho de un pequeño depredador, alimentándose de reptiles, insectos, etc. y huiría ante la presencia de los grandes carnívoros, Herrerasaurus incluido, que lo considerarían como una presa.
Sin embargo, la posición parasagital de sus miembros posteriores, junto a su condición bípeda, le convertirían en una presa rápida y ágil, difícil de atrapar por los grandes depredadores de la época. A su vez, esta rapidez y su agilidad serían grandes ventajas a la hora de capturar los esquivos animales que constituirían su alimento.

jueves, 17 de enero de 2019

Lagosuchus talampayensis, el abuelo de los dinosaurios en el Triasico de La Rioja.


Es un género extinto de pequeños arcosaurios cuyos fósiles fueron hallados en la Formación Chañares de Argentina, que data del Triásico Medio.
Es considerado por los Paleontólogos como el abuelo de los Dinosaurios, aunque propiamente no era un Dinosaurio. En realidad se trata de un género conocido más cercano al antecesor hipotetico de todos los Dinosaurios.
Fue un animal bipedo, de pequeño tamaño, dotado de un cráneo relativamente reducido, con dientes agudos, fuertes, propios de un animal depredador. La gracilidad de su arquitectura esqueletaría indica que fue un animal agil y corredor.
Su habilidad para la marcha se basa, sobre todo, por presentar un fémur, tibiotarso y metatarsos largos y notablemente delgados. Además la postura digitígrada mencionada previamente en el texto, es otra manera de aumentar la longitud efectiva del miembro posterior para generar una carrera más rápida.
Algunos Paleontólogos creen que Lagosuchus y Lagerpeton, podrían ser formas saltadoras. Fue hallado en capas del Triasico medio de la Formación Los Chañares, en la cuenca triasica de Ischigualasto - Villa Unión, región límite entre las Provincias de La Rioja y San Juan, República Argentina. Su antigüedad es de 225 millones de años aproximadamente, 6 millones de años antes que los primeros dinosaurios propiamente dichos, conocidos en la sección inferior del Triasico superior. En la foto, copia de esqueleto en el Museo Municipal Punta Hermego de Miramar.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Mussaurus patagonicus y los nidos de dinosaurios mas antiguos del mundo en el Triasico de Santa Cruz.





Saurisquio primitivo de hábitos herbívoros, conocidos como Sauropodos, caracterizados por una talla monedadamente grande, pero sin el tamaño gigantesco de sus parientes del Jurasico y Cretácico.


El material colectado de Mussaurus corresponde a la Provincia de Santa Cruz, en capas del Triasico superior. Se descubrieron ejemplares de distinta talla, desde individuos aparentemente recién nacidos hasta ejemplares adultos, los cuales, superaban los cinco metros de largo.
 

Poco después una comisión de investigadores hallaron en la misma zona un conjunto de ejemplares muy pequeños, y asociados a ellos un conjunto de huevos fosilizados, lo que representa el nido de Dinosaurio mas antiguo del mundo.

 
Los resultados de los estudios indica que se trataba de un nido atribuido a esta especie donde "recién" habían nacido entre ocho y diez crías y dos huevos sin eclosionar. Asimismo posibilito realizar estudios del desarrollo ontogenetico (crecimiento) de este grupo
 
Entre fines del periodo Triasico y principios del Jurasico los Prosauropodos fueron reemplazados por los Sauropodos los cuales alcanzaron grandes dimensiones.
Esqueletos articulados de un ejemplar juvenil depositado en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires. Reconstrucción del nido del dinosaurio prosauropodo Mussaurus, hallado en la provincia de Santa Cruz.
 
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/triasico.htm

lunes, 5 de noviembre de 2018

Probelesodon sanjuanensis, un cinodonte del Triasico de La Rioja.


Es un género extinto de sinápsidos cinodontos de la familia Chiniquodontidae. Sus fósiles se han hallado en Argentina y Brasil procedentes del Triásico.
Los primeros especímenes se descubrieron en la formación Chañares en la provincia de La Rioja, Argentina.
Una nueva especie, Probelesodon sanjuanensis, fue descrita en 1996 basado en la base de un cráneo hallado en la formación Ischigualasto. La presencia de este género en estos estratos sugiere que existió durante el depósito de la formación Los Rastros, la cual posee afloramientos en la misma área donde se han hallado los fósiles; sin embargo, aún no se han descubierto en esta formación.
Los hallazgos en Ischigualasto están restringidos a los primeros estratos, extinguiéndose por completo poco después de la desaparición de los últimos carnívoros cinodontos del área.
Esto se ha tomado como una evidencia del reemplazo gradual de los terapsidos sustituidos por la fauna dominante de arcosaurios del Triásico Superior. La evidencia en la formación Chañares también parece apoyar la hipótesis de la fauna trancisional.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Palaeochersis talampayensis, una tortuga del Triásico de La Rioja.

El registro fósil de tortugas en América austral es muy rico e incluye localidades en el sur de la Patagonia donde las condiciones climáticas actuales impiden el establecimiento de quelonofauna.
Pero el registro más antiguo corresponde a Palaeochersis talampayensis, del Triásico superior del noroeste argentino, en la actual provincia de La Rioja. Esta tortuga data entre 210 y 220 millones de años. La subclase Anapsida, caracterizada por un techo craneano continuo, no interrumpido por fenestras en la región temporal.
Algunas de sus formas de tortugas más recientes pueden exhibir sin embargo un cráneo secundariamente modificado, extendiéndose en cada lado de la cabeza un hundimiento que desde su parte posterior hacia adelante separa el hueso escamoso del parietal.
Las placas córneas que involucran el caparazón no coinciden en número, ni en forma, con los huesos colindantes y tampoco con sus suturas. Son menos numerosas y se subdividen dorsalmente en placas o escudos centrales, o vertebrales; placas costales o laterales; placas marginales.
Ventralmente hay pares de placas irregulares y anchas, indicadas como gulares, humerales, pectorales, abdominales, femorales y anales. Palaeochersis talampayensis, procede de la Formación los colorados, ubicados en el Valle de Talampaya, en la Provincia de la Rioja, Argentina.

martes, 2 de octubre de 2018

Exaeretodon frenguellii, el reptil que se parecía a un mamífero en el Triasico de San Juan.


De Exaeretodon se conocen numerosos restos procedentes de la formación Ischigualasto, y pertenecen por lo menos a tres o cuatro especies distintas con características morfológicas ampliamente diferenciales en las mandíbulas.
Los cráneos coleccionados de este género oscilan entre 18 y 60 centímetros de largo total. Observando el cráneo podemos decir que es bastante más largo que ancho, con un hocico largo.
Posee tres incisivos en cada pre-maxilar, un canino relativamente grande y una hilera de pos-caninos. Entre los restos más importantes rescatados, podemos mencionar un esqueleto completo de la sección media de la formación Ischigualasto, el cual tiene unos 2 metros de largo (incluido el graneo y la cola que son muy cortas).
Poseía un tórax voluminoso y huesos de la cintura escapular y pélvica muy modestos. Estos datos sugieren que era un animal muy robusto, de patas cortas y gruesas, y de unos 60 centímetros de alto.
Era un animal de movimientos lentos, aunque si era acechado por algún carnívoro podía ser algo más ágil pero por breve tiempo. Es una de las especies más representativas y abundantes del Triasico Argentino.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Scaphonyx sanjuanensis, un herbívoro con pico del Triásico de San Juan.


Se trata de una especie cuyo largo total oscilaba en los 2 metros hasta los 2,5 metros de largo, y una aproximada de 45 a 50 centímetros.
La posición de las extremidades era primitiva, o sea con el humero y el fémur próximos a la posición horizontal, lo que contribuía a la poca altura de los ejemplares. En la formación Ischigualasto, especialmente en el terciario inferior, la frecuencia de Scaphonyx es notable e incluye ejemplares de diversos tamaños que presentan, muy probablemente, estadios de desarrollo de individuos de la misma especie.
En el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de San Juan se encuentra montado un magnifico ejemplar de esta especie. Es indudable que Scaphonyx sanjuanensis era una especie totalmente herbívora, y que eventualmente sería una de las presas de los grandes carnívoros como Saurosuchus o aun Herrerasaurus.
Los vegetales que probablemente se alimentara este Rincosaurio es más difícil estimar. Tal vez la adaptación de su pico estaba dirigida a arrancar raíces, o eventualmente para triturar frutos de cicadales según los autores. 

domingo, 2 de septiembre de 2018

Marasuchus lilloensis, un pequeño emparentado con los dinosaurios del Triasico de La Rioja


Es un género extinto de ornitodiros, saurópsidos emparentados con los dinosaurios, que vivió a mediados del período Triásico, hace unos 230 millones de años, en la Formación Chañares situada en La Rioja, Argentina. Era un pequeño depredador de solo 40 centímetros de largo.
La especie Marasuchus lilloensis fue descrita originalmente como una segunda especie de Lagosuchus, L. lilloensis. Sin embargo, en un estudio de Lagosuchus realizado por Sereno y Arcucci (1994), los autores concluyeron que el espécimen original (la especie tipo) estaba muy mal preservado como para permitir añadir especímenes adicionales a ese género.
Ellos también notaron que el espécimen de L. lilloensis tenía proporciones diferentes en las extremidades con respecto a la especie tipo. Basándose en esto, ellos asignaron a L. lilloensis a un nuevo género, Marasuchus.

viernes, 17 de agosto de 2018

Ischigualastia jenseni, el extraño gigante del Triasico de San Juan.



Posee un cráneo voluminoso, con la mandíbula gruesa, masiva, que sugiere una fuerte capacidad para cortar y triturar vegetales.
Sus ramas mandibulares se encontraban recubiertas por unos fuertes músculos. La  parte más anterior del hocico era proporcionalmente angosta, lo que sugiere que seleccionaría de alguna manera los vegetales de que se alimentaba.
El esqueleto recuperado y montado en el Museo Pedagógico de la Fundación "Instituto Miguel Lillo" en la ciudad de Tucumán, nos muestra que su estructura esqueletaría era muy fuerte, gruesa, conformando un animal de robustez comparable o posiblemente mayor a la de un rinoceronte africano actual.
Se destacan las cortas y gruesas extremidades anteriores, con el humero en una posición casi horizontal y dirigida hacia afuera, lo que posibilito a este animal apoyar su cuerpo sobre cinco dedos muy fuertes.
Las extremidades posteriores eran totalmente lo contrario, tomando una posición totalmente vertical, lo que hace pensar a los Paleontólogos que habría sido más esbelta en la región posterior y más voluminosa y pesada en su mitad anterior, con el cuello corto, grueso y una pesada cabeza en posición baja, tal vez con algún parecido general a los búfalos actuales.
Procede de los niveles inferiores de la formación Ischigualasto, ubicado en el "Valle de la Luna", Provincia de San Juan, República Argentina.

sábado, 4 de agosto de 2018

Herrerasaurus ischigualastensis, un dinosaurio depredador en el Valle de la Luna.



Un esqueleto muy completo y articulado fue descubierto por un equipo de Paleontólogos de la Universidad Nacional de Tucumán, como así también se resguardan otros restos incompletos de la misma procedencia estratigráfica.
A pesar de que se trata de una forma primitiva de Dinosaurio Saurisquio, el mismo media unos 3,5 metros de largo. Su majestuoso cráneo mide unos 30 centímetros y presenta un hocico bien desarrollado, que se encuentra representado más de la mitad del mismo cráneo.
Presenta una larga hilera de 20 dientes  recurvados y puntiagudos que se complementaban con una garra lacerante en la mano. Dado a los últimos estudios realizados, imaginamos que Herrerasaurus fue un saurisquio muy activo, para correr muy hábilmente y depredar a Rincosaurios y Cynodontes omnívoros.
Este Dinosaurio carnívoro procede de las acumulaciones sedimentarias de Ischigualasto, Provincia de San Juan, Argentina. Posee una antigüedad de 230 millones de años. Arriba: esqueleto montado en el Museo Pedagógico de San Miguel de Tucumán.

martes, 10 de julio de 2018

Ingentia prima, el dinosaurio gigante más antiguo, hallado en el Triasico de San Juan.




Investigadores argentinos presentaron a Ingentia prima, el primer dinosaurio gigante que habitó el Planeta hace más de 200 millones de años. Supera tres veces el tamaño de los dinosaurios más grandes del Triásico conocidos hasta ahora. El hallazgo se produjo en el yacimiento de Balde de Leyes, al sureste de la provincia de San Juan.
Los dinosaurios no siempre fueron gigantes. A la historia evolutiva le llevó millones de años para que algunas especies duplicaran el peso de un elefante actual y alcanzaran entre ocho y diez metros de largo, pero ese tiempo fue mucho menor al que se creía: de allí la gran importancia del hallazgo de Ingentia prima, que habría tenido una masa corporal de hasta diez toneladas.
La doctora Cecilia Apaldetti , investigadora del Instituto y Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de San Juan (IMCN) y del CONICET, afirmó a la Agencia CTyS-UNLaM que “esta nueva especie muestra una estrategia de crecimiento desconocida hasta ahora e indica que el origen del gigantismo se produjo mucho antes de lo que se pensaba”.
“Antes de este descubrimiento, se consideraba que el gigantismo había surgido durante el período Jurásico, hace 180 millones de años aproximadamente, pero Ingentia prima vivió a fines del Triásico, entre los 210 y 205 millones de años”, precisó la autora principal del estudio que se publicó este lunes en la prestigiosa revista Nature Ecology & Evolution.
El doctor Ricardo Martínez, también investigador del IMCN y coautor de la publicación, comentó que “el nombre de esta nueva especie, ‘Ingentia’, hace referencia a su tamaño colosal, en tanto que ‘prima’ indica que es el primer gigante conocido hasta hoy en el Planeta”.
“Gigante, sobre todo, para su momento en la evolución”, remarcó Apaldetti. Y agregó: “Vemos en Ingentia prima el origen del gigantismo, los primeros pasos para que, más de 100 millones de años después, llegaran a existir saurópodos de hasta 70 toneladas como los que vivieron en la Patagonia”.

Los dinosaurios herbívoros cuadrúpedos y de cuello largo más grandes de los que se tenga registro, como Patagotitan, Puertasaurus y Argentinosaurus, derivaron de los sauropodomorfos del Triásico como Ingentia prima; lo que no se sabía, hasta ahora, es que el gigantismo ya se había desarrollado hace más de 200 millones de años.

El doctor Ignacio Cerda, investigador del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología de la Universidad Nacional de Río Negro (IIPG-CONICET, UNRN), analizó los huesos de esta nueva especie para entender cómo fue su crecimiento en vida: “Al igual que se pueden observar en un árbol las estaciones de crecimiento, los cortes óseos en Ingentia prima muestran que tenía crecimiento cíclico, estacional, pero lo llamativo es que el tipo de tejido que se depositó en los huesos durante estos períodos de crecimiento es diferente al de los otros saurópodos que conocíamos hasta ahora”.

“Este tejido le permitía lograr un crecimiento muy rápido”, destacó Cerda. Y explicó: “Para diferenciar la forma de crecimiento que tuvo, podemos hacer una analogía con un auto que va a una alta velocidad continua, a 100 kilómetros por hora, imaginando que así crecían los sauródopos, en tanto que Ingentia prima hacía una parte del trecho a 300 kilómetros por hora, durante las estaciones de crecimiento, para luego detenerse durante las estaciones de invierno o de escasez y, posteriormente, volver a crecer a 300 kilómetros por hora”.
El crecimiento cíciclo era común entre los sauropodomorfos primitivos del Triásico, pero ninguna otra especie superaba los tres metros de longitud y las tres toneladas de masa corporal. “La diferencia es que el tejido que se formaba en el resto de estos sauropodomorfos no tenía una velocidad de depositación tan rápida”, aseguró el doctor Cerda, quien también se desempeña en el Museo Provincial Carlos Ameghino de Cipolletti.
Pese a que se pueden observar estos anillos de crecimiento en semejanza a los árboles, no es posible saber la edad exacta a la que falleció este ejemplar. “En este caso, es difícil poder trazar la continuidad de las líneas concéntricas, pero estimamos que era un individuo subadulto, que aun se encontraba en desarrollo, por lo que hasta podría haber crecido un poco más”, contó el investigador del IIPG-CONICET.
El primer gigante del mundo ya tiene familia
Más allá de que Ingentia prima, el primer dinosaurio que alcanzó el gigantismo, estuvo muy lejos de alcanzar las 70 toneladas que tuvieron los saurópodos más gigantes de fines del Cretácico, la velocidad de acumulación de tejido óseo no solo era superior a las especies de su época, sino también mayor a la de los mayores gigantes que habitaron la Patagonia.
El doctor Diego Pol del Museo Egidio Feruglio (MEF) y del CONICET, quien fue uno de los autores del estudio que presentó al dinosaurio más grande del que se tenga conocimiento -Patagotitan-, participó también del análisis de Ingentia prima para determinar sus relaciones de parentesco con otras especies previamente conocidas.
“Lo que demostramos es la existencia de una familia que no había sido reconocida, de la cual forma parte Ingentia prima, una especie de Sudáfrica y otra de América del Sur, lo cual es una evidencia más de la conexión estrecha que hubo entre ambos continentes en aquella época en que todo el mundo conformaba un supercontinente llamado Pangea”, manifestó el doctor Pol a la Agencia CTyS-UNLaM.
El investigador del MEF agregó que “el descubrimiento de esta nueva especie del Triásico tiene una gran implicancia para la historia evolutiva, porque se corresponde a la primera etapa de los dinosaurios y es importante saber que, en el momento en que comenzaron a expandirse por el mundo, ya aparecieron las primeras especies gigantescas”.
“Este hallazgo da una nueva mirada sobre la magnitud de la explosión evolutiva que tuvieron los dinosaurios”, valoró el paleontólogo Pol. Y agregó: “Esta explosión evolutiva fue tan grande que explica el éxito que tuvieron los dinosaurios durante el resto de su era”.
El gigantismo es una estrategia evolutiva de supervivencia, sobre todo, para los animales herbívoros, porque el tamaño es una forma de defensa ante los depredadores. “Para alcanzar el gigantismo, Ingentia prima también debió adaptar su fisiología y desarrollar un aparato alimenticio eficiente para poder cubrir el requerimiento energético de un animal de ese porte”, especificó Pol.
El director del IMCN Oscar Alcober destacó que esta nueva especie presentaba otro rasgo evolutivo que también habría favorecido a su gigantismo: “Se observan cavidades en los huesos de Ingentia, las cuales alivianaban el peso de esta especie y habrían favorecido a que adquiera un mayor tamaño corporal”.
Estas cavidades neumáticas indican que esta nueva especie poseía sacos aéreos muy desarrollados y un sistema de respiración muy eficiente, de forma semejante a como ocurre en las aves actuales, lo cual también ayudaba a que pudiera mantener su cuerpo refrigerado a pesar de su gran tamaño”, aseveró la paleontóloga Cecilia Apaldetti.
Ingentia prima permite reconocer que el gigantismo y diversos patrones evolutivos se originaron durante la primera etapa del surgimiento de los dinosaurios. El periodo Triásico finalizó hace unos 200 millones de años, momento en el cual hubo una gran extinción, aunque los saurópodos continuaron con su existencia durante todo el Jurásico y hasta fines del Cretácico, cuando perecieron, hace 65 millones de años, todos las especies de dinosaurios no avianos.
Un yacimiento extraordinario de fines del Triásico
Los investigadores del Instituto y Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de San Juan tienen el privilegio de contar en su provincia con el famoso yacimiento de Ischigualasto, uno de los más importantes del Triásico a nivel mundial. Como si esto fuera poco, hace algunos años, han descubierto la extraordinaria
localidad de Balde de Leyes en la cuenca de Marayes, con la cual pueden completar el rompecabezas de la primera época de los dinosaurios.
El doctor Ricardo Martínez comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “Balde de Leyes es un yacimiento nuevo con toda una fauna desconocida hasta ahora y, mientras que en Ischigualasto tenemos una sucesión de rocas triásicas de entre los 250 y 213 millones de años de antigüedad, en este nuevo sitio tenemos desde los 235 millones de años hasta el final del Triásico e, incluso, la primera etapa del Período Jurásico”.
En Balde de Leyes, además de descubrir al herbívoro gigante Ingentia prima, también han hallado y dado nombre al carnívoro Lucianovenator bonoi. “Lucianovenator e Ingentia son de la misma época”, contó Martínez. Y analizó: “Si bien Lucianavenator no era muy grande, porque medía un metro y medio, era un bicho de cuidado y podría haberse alimentado de Ingentia, tal vez realizando un ataque grupal o aprovechando que alguno de este gigantes estuviera herido o en la vejez”.
“No obstante, también hemos encontrado dientes que pertenecen a un carnívoro con un cráneo de entre 60 y 80 centímetros, por lo que sabemos que había un predador más grande dando vueltas por allí y que podría haber sido un terópodo o algún predecesor de los cocodrilos”, agregó el investigador.
Con cada nueva campaña, continúan apareciendo más especies y grupos. Respecto a cómo era el ambiente en aquel entonces, Martínez indicó: “La temperatura era más elevada y el clima variaba mucho entre las estaciones; en tanto, si bien no hemos encontrado restos fósiles de la flora en Balde de Leyes, sabemos que, si vivía Ingentia, un herbívoro de gran tamaño, tenía que haber vegetación suficiente para que pudiera alimentarse”.
El sitio era una especie de sabana a fines del Triásico. Además de los dinosaurios que fueron descubiertos, también había iguanas gigantes, tortugas y especies con una forma semejante a lauchitas, las cuales podrían estar vinculadas con el origen de mamíferos.
Sin embargo, a medida que se aproximaba el final del Triásico, el ambiente se volvía más árido, lo cual terminó provocando una serie de extinciones que culminarían hace 200 millones de años, tras la cual surgirían nuevas especies en el período Jurásico. Toda esa información ha quedado preservada en las rocas del nuevo yacimiento e irá siendo revelada con las futuras campañas e investigaciones. Ilstracion Jorge Gonzaez.