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domingo, 26 de enero de 2020

Hallan fósil de oftalmosaurio, un reptil marino que vivió en Zapala, Neuquén.


Neuquén no deja de sorprender a los científicos con su riqueza paleontológica. Investigadores del CONICET anunciaron esta semana el hallazgo en Zapala de restos de un ejemplar de un reptil terrestre que se adaptó a la vida marina hace 150 millones de años. Se trata de un oftalmosaurio perteneciente a un grupo de reptiles denominados ictiosaurios.
La pieza encontrada arroja pistas de altísimo valor científico que explican cómo estos animales fueron modificando su cuerpo a lo largo del tiempo para poder alimentarse en las profundidades del mar que en ese momento cubría la zona urbana y rural de la actual Zapala.
Según señaló el CONICET, recientemente investigadores del organismo que se desempeñan en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata reportaron el hallazgo del cráneo, huesos del oído interno y el miembro anterior derecho de un ejemplar de oftalmosaurio que vivió hace unos 150 millones de años en cercanías de lo que hoy es la ciudad de Zapala. La novedad se acaba de publicar en la revista Zoological Journal of the Linnean Society donde se precisan las características del animal.
“El cráneo hallado mide alrededor de medio metro. Estimamos que este animal debe haber tenido unos sesenta y cinco centímetros desde la zona occipital hasta la punta de la trompa, y un cuerpo de dos a tres metros de largo”, señaló el becario del CONICET Lisandro Campos, primer autor del trabajo.
El científico remarcó que se trata de “un tamaño discreto si consideramos que su familia alcanzó dimensiones de ocho a diez metros”.
El CONICET explicó que más allá del hallazgo del material en sí, una de las particularidades del trabajo radica en el método utilizado para su estudio posterior. Valiéndose de tomografías computadas y utilizando un software especial, los expertos pudieron diferenciar digitalmente los huesos del sedimento adherido a ellos.
Los científicos del CONICET estiman que el tamaño de los oftalmosaurios era de aproximadamente 10 metros de longitud.
Los ictiosaurios fueron un grupo de reptiles, entre los que se encontraba el oftalmosaurio, que forman parte de lo que se considera el paradigma de adaptación al medio marino de los tetrápodos, es decir los vertebrados terrestres con dos pares de extremidades, señaló el CONICET. Se estima que estas especies se desplazaban con sus cuatro patas sobre la tierra, a lo largo de su extensa historia evolutiva que comenzó en los albores del período Triásico hace 250 millones de años. Fuente; www.lmneuquen.com

miércoles, 30 de octubre de 2019

Metriorhynchus, un cocodrilo marino del Jurásico.


Metriorhynchus, fue un primitivo cocodrilo marino, cuyo nombre significa largo hocico. El nombre le resultaba muy apropiado. Era un peligroso cazador que medía 3 metros.
Comía calamares y pterosaurios, pero también perseguía peces de 6 metros de longitud, el doble de su propio tamaño. Su cola se adelgazaba hacia el extremo, y de ella sobresalía una aleta. Tenía una pequeña prominencia entre los ojos.
Cuando aparecieron los cocodrilos, vivían por entonces en el mar. Existía un grupo de temibles cazadores prehistóricos, cuyos parientes de agua dulce todavía viven en la actualidad. Si se te ocurriese nadar en un mar prehistórico, les servirías de almuerzo.
Eran los cocodrilos marinos. En los inicios de su evolución, los cocodrilos regresaron al agua, alejándose de los dinosaurios terrestres. La forma de su cuerpo cambió para adaptarse a la vida acuática. La mayoría de los primeros cocodrilos se mantenía al acecho en ríos y pantanos, comiendo peces y capturando animales que acudía allí a beber. Sólo unos pocos fueron más lejos, al mar. Su aspecto era parecido al de los actuales gaviales.
Había 4 cocodrilos marinos: el Teleosaurus, el Steneosaurus, el Metriohynchus y el Geosaurus araucanensis, estos últimos dos muy comunes en el Jurasico argentino, procedentes de Cuenca Neuquina. Imágenes de Wikipedia.

lunes, 8 de julio de 2019

Encuentran la huella más antigua de un dinosaurio tireóforo en el Jurásico de Neuquén.




El hallazgo fue realizado por investigadores del CONICET en la Formación Lajas, que forma parte de  la Cuenca Neuquina.
Los tireóforos (Thyreophora) son un suborden de dinosaurios herbívoros que habitaron la Tierra desde principios del período Jurasico (hace aproximadamente 200 millones de años) hasta fines del Cretácico (hace alrededor de 65 millones de años). Si bien hay registros de su presencia en ambos hemisferios, los hallazgos, tanto fósiles como icnológicos conocidos hasta hace poco, permitían especular a los especialistas que este grupo de animales era de origen boreal y habían arribado al sur poco antes del comienzo del Cretácico.
“En Sudamérica las huellas más antiguas que se conocían de tireóforos se habían hallado en Brasil y correspondían a una etapa límite entre el Jurásico Tardío y el Cretácico Temprano. Más al sur, los registros que había de la presencia de este clado correspondían al período Cretácico”, explica Pablo Pazos, investigador independiente del CONICET y director del Instituto de Estudios Andinos “Don Pablo Groeber” (IDEAN, CONICET-UBA).
Recientemente, Pazos, junto a un grupo de colaboradores, encontró en  la Formación Lajas, una unidad geológica del Jurásico que forma parte de la Cuenca Neuquina- más específicamente en la localidad de Covunco (Neuquén) ubicada al norte de la dorsal de Huincul- una huella correspondiente al pie de un tireóforo del Jurásico Medio. El hallazgo fue publicado en la revista Journal of South American Earth Sciences.
De acuerdo a Pazos, especialista en sedimentología e icnología, al margen de la novedad paleobiológica, el hallazgo obliga también a replantear las interpretaciones existentes sobre la Formación Lajas (reservorio de gas y petróleo en subsuelo), cuyas localidades ubicadas al sur de la dorsal de Huincul fueron hasta el momento mucho más estudiadas que aquellas que se encuentran al norte de la misma.
“Hasta ahora se consideraba que toda la unidad había conformado un mega sistema deltaico que avanzaba sobre el mar (el paleo-pacífico), por lo que no era esperable encontrar restos de dinosaurios ni mucho menos de huellas. Esto nos obliga a revisar la hipótesis geológica de que toda la zona se encontraba bajo el agua, más tomando en cuenta que la huella apareció en la sección basal dentro de un perfil de roca de alrededor de 500 metros. En caso de haberse tratado de un gran delta como ocurre al sur tendríamos que haber encontrado depósitos subacuáticos, marinos”, explica el investigador.
La evidencia de que sobre la sección basal de la unidad geológica caminaban animales implicaría que se trataba de un área que no solo no era marina sino que estaba expuesta al aire, lo que lleva a los especialistas preguntarse si la Formación Lajas tiene la misma edad al norte y al sur de la dorsal de Huincul
“En este sentido, uno de nuestros colaboradores recordó un trabajo de L. R. Lambert de los años ´40 sobre el hallazgo de trigonias (un género ya extinto de bivalvos marinos) en la zona que sugieren una edad mas joven.Lo cual también era un claro indicio de que la localidades al norte de la unidad eran más nuevas que las que se encontraban al sur”, señala Pazos.
De acuerdo al análisis de los investigadores, la huella es característica de los estegoaurios (un género de dinosaurios tiréoforos) y se trata sin duda de la más vieja de la Cuenca Neuquina y la más antigua de un tireóforo para el hemisferio Sur y para todo el territorio de lo que fue el supercontinente Gondwana, antes de que se produjera la separación en aguas profundas de Sudamérica, Antártida  y Australia.
Una característica particular de este hallazgo es que a diferencia de lo que ocurre generalmente se trata de una única huella aislada de un pie -lo más frecuentes es encontrarlas de a pares o componiendo una caminata- y que está sobre un plano inclinado y no en uno horizontal como suele suceder.
“La marca del pie del dinosaurio está preservada en una estructura sedimentaria que se genera por corrientes fluviales y eso produce la formación del plano inclinado. Es posible que la superficie sobre la que pisó el dinosaurio estuviera sumergida, aunque no totalmente, y que la humedad y las matas microbianas hayan favorecido su preservación. Esto resulta consistente con la hipótesis que encontramos revisando la literatura de que los estegosaurios podían atravesar pequeños cuerpos de agua”, indica Pazos.
Aunque aun no se puede determinar con exactitud la edad del sitio en el que fue realizado el descubrimiento, los investigadores deducen que debe tener más 163 millones de años y menos de 170 millones de años.
“Lajas termina en una discontinuidad -es decir, en una discordancia temporal respecto a la unidad que se encuentra sobre ella-  que indica que lo que viene arriba es necesariamente más nuevo. Sabemos que lo que viene arriba pertenece al Calloviano (entre 166,1  y 168,3 millones de años atrás), una edad temprana del Jurásico Medio. Por lo tanto, la huella como muy nueva podría ser de la primera parte del Calloviano, pero no se puede descartar sea incluso un poco más vieja. De lo que estamos seguros es que se trata hasta ahora de la más antigua de un tireóforo hallada en lo que fue el supercontinente Gondwana”, concluye el investigador. Fuente; Conicet.

sábado, 29 de junio de 2019

Argentoconodon, un primitivo mamífero planeador del Jurásico de Patagonia.


Fue un raro mamífero primitivo jurásico, cuyo nombre significa "diente de cono argentino". Es un género extinto de mamífero theriimorfo de la Formación Cañadón Asfalto de la Cuenca Cañadón Asfalto en la Patagonia. Cuando se describió originalmente, solo se conocía un solo diente molariforme, que poseía una combinación de características primitivas y derivadas.

El diente se encuentra actualmente en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio. El nuevo material descrito en 2011 muestra que Argentoconodon fue similar a Ichthyoconodon, Jugulator y Volaticotherium dentro de la familia Triconodontidae, y posiblemente también a Triconolestes. Varias similitudes postcraneales con Volaticotherium sugieren que Argentoconodon era capaz de deslizarse.

En particular, su fémur comparte la misma forma y proporciones que su pariente más completo, siendo altamente especializado y sin cabeza femoral, menos competente en el movimiento de rotación pero más útil para extender la pierna y resistir las tensiones de vuelo.

Como la mayoría de los eutriconodontos, Argentoconodon era probablemente animalívoro, y sus molares se adaptaban al corte. En un estudio que detallaba las dietas de mamíferos mesozoicos, se clasifica entre las especies carnívoras.


viernes, 14 de junio de 2019

Descubren que los pterodáctilos de Argentina eran capaces de volar al nacer.




Los pterodáctilos, unos conocidos reptiles voladores extintos, tenían una gran habilidad: eran capaces de volar desde el momento de su nacimiento. Así lo ha revelado una investigación conducida por la Universidad de Leicester (Reino Unido), a partir del reciente hallazgo de embriones en avanzado estado de gestación en Argentina y China.
El descubrimiento cobra especial relevancia ya que no se conoce ningún otro vertebrado actual o extinto con esta capacidad. Según los investigadores, esto tiene un importante impacto en la comprensión de cómo vivían los pterodáctilos, lo que es fundamental para entender mejor cómo funcionaba el mundo de los dinosaurios en su conjunto.

Hasta el momento, se pensaba que los pterodáctilos solo podían volar una vez habían crecido casi al máximo, al igual que las aves o los murciélagos. Esta suposición se fundamentó en embriones fosilizados encontrados en China que tenían alas poco desarrolladas. Sin embargo, David Unwin, de la Universidad de Leicester y especialista en el estudio de los pterodáctilos, y Charles Deeming, zoólogo de la Universidad de Lincoln que investiga la reproducción de aves y reptiles, pudieron refutar esta hipótesis.
Compararon estos embriones con datos sobre el crecimiento prenatal de aves y cocodrilos, y descubrieron que aún se encontraban en una etapa temprana de desarrollo, muy lejos de la eclosión. El descubrimiento de embriones más avanzados en China y Argentina -que murieron justo antes de su nacimiento- les ha proporcionado evidencia de que los pterodáctilos tenían la capacidad de volar desde el nacimiento. 

Otra diferencia fundamental entre las crías de pterodáctilos y las aves y murciélagos es que no tenían cuidado parental, de modo que debían alimentarse y cuidarse a sí mismos desde el nacimiento. Su capacidad para volar les dio un mecanismo de supervivencia que les permitió evadir dinosaurios carnívoros. Pero también demostró ser uno de sus mayores peligros, ya que el exigente y peligroso proceso de vuelo llevó a muchos de ellos a morir a una edad muy temprana.

La investigación también desafía la teoría de que los pterodáctilos se comportaron de manera similar a los pájaros y a los murciélagos y ha proporcionado posibles respuestas a algunas preguntas clave que rodean a estos animales. El hecho de que fueran capaces de volar desde el nacimiento proporcionaría una posible explicación a por qué pudieron alcanzar enormes alas, mucho más grandes que cualquier especie de ave o murciélago extinto o actual. La forma en que pudieron llevar a cabo este proceso requerirá más investigación, pero es una pregunta que no se habría planteado sin estos nuevos resultados, según la información de la Universidad de Leicester recogida por DiCYT. (Fuente: DICYT) Imágenes de archivo.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

miércoles, 27 de marzo de 2019

Tharrias feruglioi, un pez del Jurásico patagónico.


Durante el Jurásico ocurrieron dos de las radiaciones más importantes de vertebrados pisciformes: la de los Neoselachii y la de los Teleostei. De hecho, se constituyó en un momento de diversificación y origen de muchos de los grandes grupos actuales Descubiertos en las proximidades de Cerro Cóndor en el Rió Chubut, Argentina.
 
Hubo una gran actividad volcánica durante el Jurásico, donde se pueden hallar miles de fósiles de peces Teleósteos fosilizados que vivieron en un antiguo lago, los cuales repentinamente quedaron sepultados por varias toneladas de cenizas volcánicas que cayeron al agua. Las improntas perfectamente conservadas de estos animales permiten comprobar las similitudes que poseen con las formas actuales, a pesar de un intervalo de 150 millones de años que han transcurrido desde que murieron en estas regiones de Patagonia y Cuyo.
 
Aparentemente estas formas de peces fueron tan exitosas en su poder adaptativo en el medio ambiente que no tuvieron que codificar su biología a lo largo de varios millones de años hasta la actualidad, manteniendo la estabilidad de sus genes, preservando  formas y tamaños a pesar de las miles de generaciones que pasaron por este tiempo.
 
La especie destacada entre otras es Tharrias feruglioi, incluido entre los peces teleósteos (Teleostei) son una de las tres infraclases de la clase Actinopterygii de peces óseos. Agrupa a peces de esqueleto óseo con vértebras completas y bicóncavas, cola homocerca, escamas cicloideas o ctenoideas, y vejiga natatoria habitualmente presente.
 

viernes, 18 de enero de 2019

Tehuelchesaurus benitezii, un gigante dinosaurio del jurásico de Patagonia.



Recientemente ha sido descripta esta nueva especie de saurópodo de los mismos niveles estratigráficos del Volkheimeria chubutensis: el Tehuelchesaurus benitezii.
Lo destacable de esta especie es la notable similitud que posee con un saurópodo Omeisaurus tianfuensis de China, lo que indicaría una cierta continuidad faunística entre Patagonia y Asia Oriental durante ese tiempo. Los huesos de este primitivo Dinosaurio proceden de la Formación Cañodon Asfalto, aflorante en el Cerro Condor, en el centro de la Provincia de Chubut.
Los restos de este primer ejemplar de Tehuelchesaurus, corresponden a un individuo de aproximadamente 12 metros de largo. Rodeando al esqueleto, los paleontologos encontraron numerosos dientes de Terópodos, posiblemente estas piezas dentarias fueron perdidas por dinosaurios carroñeros que depredaron el cadáver.
Lo más transcendental del hallazgo de Tehuelchesaurus benitezii encontrar las impresiones de la piel, representando uno de los pocos dinosaurios en los que esta parte del cuerpo es conocida. Estas impresiones, corresponden a diferentes partes del cuerpo, y revelan que Tehuelchesaurio  estaba cubierto por escamas planas de contorno hexagonal. Que no se imbricaban como en los lagartos actuales, sino que se ubicaban adyacentes entre si formando un figura de roseta.
El humero de este gigante mide 1,14 metros, y el fémur supera el 1,5 metros. El material se encuentra en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de la ciudad de Trelew.
Imágenes; impronta de piel en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF). Esquema de fosiles recuperados y aspecto en vida.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Notoemys laticentralis, una tortuga del Jurásico de Neuquén.


Las tortugas pleurodiras (tortugas con "cuello de serpiente") se limitan –actualmente-  al hemisferio sur y constituyen en la actualidad tres familias, Chelidae (que incluye las tortugas terrestres de Sur América), Pelomedusidae y Podocnemidae, (tortugas acuáticas que encontramos en ríos y lagos de agua dulce de Suramérica, Australia y este y sur de África) y que constituyen un importante elemento a la hora de entender la historia de la fauna de vertebrados de América del Sur.
Las tortugas del suborden Pleurodira se identifican por el método mediante el cual repliegan su cabeza dentro de sus caparazones. En estas tortugas el cuello se dobla en un plano horizontal, introduciendo la cabeza en el espacio existente delante de una de sus dos extremidades anteriores.
Una protrusión en la zona frontal del caparazón ayuda a proteger el cuello, que permanece parcialmente expuesto tras la retracción. Este método difiere del empleado por la tortugas del suborden Cryptodira, que esconden su cabeza y cuello entre sus extremidades anteriores, en el interior del propio caparazón.
El hallazgo de Notoemys zapatocaensis, sumado a otro hallazgo de tortuga pleurodira jurásica realizado en cuba en el año 2001 y que recibió el nombre de Caribemys oxfordiensis permite plantear una revisión de todo el género Notoemys y sugiere que ambas especies deben entenderse dentro de un género redefinido de Notoemys  y este a su vez debe considerarse como taxón hermano del género Platychelys,  tortuga pleurodira del Jurásico superior de Europa.
Queda reconocida pues la importancia de este hallazgo que no solo amplía la distribución geográfica del género Notoemys de Argentina, Cuba y Colombia sino también como ya lo mencionamos antes, en escala de tiempo abarcando desde el Oxfordiense (Jurásico superior – 156 millones de años) al Valanginiense (Cretácico inferior – 135 millones de años).
Tiene pies de cinco dedos palmeados que le servían para nadar en los ríos y masas lacustre en las que vivía, pero también le permitían andar por tierra como la mayoría de tortugas de agua dulce. Pero tenía el caparazón inusualmente plano y el cuello demasiado largo, lo cual es raro en los pleurodiros. Posiblemente se alimentara de algas y pequeños peces y invertebrados acuáticos.

martes, 6 de noviembre de 2018

Ameghinichnus, el pequeño mamífero que dejo sus huellas en el Jurásico de Santa Cruz.


Fue un pequeño y veloz mamífero jurásico con manos y pies de solo un centímetro de diámetro, ambas provistas de cinco dedos.
Ameghinichnus cuando corría, anteponía las patas a las manos al igual que las liebres actuales. Lo único que se conoce por ahora a esta singular especie, es una amplia colección de huellas, también llamadas icnitas,  que proceden del noroeste de la Provincia de Santa Cruz, en las inmediaciones del famoso bosque petrificado de Jaramillo.
Aquí existe un extraordinario yacimiento de huellas fósiles de pequeños dinosaurios, mamíferos y escarabajos. Las improntas se encuentran perfectamente conservadas en areniscas de la Formación geológica La Matilde, correspondientes al Jurásico superior. Ilustración Mauricio Álvarez.

jueves, 18 de octubre de 2018

Ophtalmosaurus, un reptil marino del Jurasico de Patagonia.


Fueron enormes reptiles del tipo PIesiosaurios, que se alimentaban de peces y anmonites durante el Jurásico inferior y en el Cretácico, periodo donde desaparece sus restos fósiles en los depósitos sedimentarios marinos - continentales.
Poseían una cabeza muy pequeña a comparación de su cuerpo, cuyas mandíbulas estaban provistas de afilados dientes y rodeado de fuerte musculatura. Su cuello tenía entre 30 y 35 vértebras, a diferencia de las habituales 7 u 8 que poseen los demás reptiles.
Tenía patas largas y anchas en forma de remo que le eran propias para nadar a gran velocidad. Las aletas delanteras se movían de arriba hacia abajo como si estuviera volando, mientras las traseras eran utilizadas para orientar los movimientos. Su aleta caudal heterocerca invertida (una aleta de la cola más corta que la otra), debido a que la columna vertebral está dirigida hacia abajo.
Algunos restos de estos enormes Plesiosaurios fueron hallados en el Cerro Lorena y en el Lago Pellegrini en el norte de la Patagonia Argentina, y restos más nuevos pertenecientes al Cretácico fueron recuperados en el Bajo de Santa Rosa, en la región de las salinas ubicado a unos 100 kilómetros al Sudoeste de la localidad de Choele Choel en la Provincia de Rió Negro.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Notobatrachus degiustoi, un anuro del Jurasico de Santa Cruz.

Fueron ranas muy parecidas a los que estamos acostumbrados a observar en nuestros jardines. Fueron descubiertos en la Estancias La Matilde a unos 100 kilómetros al sur de Puerto Deseado en el año 1955 y mas tarde en la Laguna Del Molino (gran bajo de San Julián) de la Provincia de Santa Cruz y su antigüedad es de 120 millones de años.
Las especies animales del Jurasico inferior y medio de Patagonia, vivieron en un escenario geográfico con abundante vegetación, con algunos bosques de confieras y en áreas bajas, próximas a grandes ríos o cuerpos de agua de la zona, en un clima con aparente variación estacional.
En esa época ocurrieron en Patagonia numerosos episodios volcánicos que han producido la formación de amplios depósitos de rocas eruptivas que se aprecian en toda amplitud en la Provincia de Chubut y Santa Cruz.
Por ello es probable que las comunidades animales de esta región hayan sido diezmadas en varias ocasiones y en distintos momentos de su existencia. La características de los sedimentos en general y en la forma en que se encuentran los restos fósiles, hace pensar que ocurrió una mortandad de distintas especies y que fueron transportados y acumulados por una fuerte corriente de agua y lodo fino, eventualmente tras un fenómeno volcánico de magnitud.
Hasta ahora se trata de la colección de ranas fósiles mas completas y antiguas del mundo. Otra especie: N. reigi

sábado, 15 de septiembre de 2018

Eoabelisaurus mefi, un dinosaurio carnívoro de tamaño medio del Jurásico de Chubut.



Es un género de dinosaurio terópodo abelisáurido que vivió en el a mediados del período período Jurásico, hace aproximadamente 170 millones de años durante el Bajociano, en lo que ahora es Sudamérica.
Era un carnívoro bípedo que probablemente alcanzaba 6.5 metros de longitud. En 2009 el paleontólogo argentino Diego Pol descubrió el esqueleto de un terópodo cerca del pueblo de Cerro Cóndor en la provincia de Chubut.
En 2012, basándose en este, la especie tipo Eoabelisaurus mefi fue nombrada y descrita por Pol y su colega alemán Oliver Walter Mischa Rauhut. El espécimen holotipo, fue descubierto es una capa de la Formación Cañadón Asfalto, un depósito lacustre que data de entre el Aaleniense al Bajociano, hace más o menos 170 millones de años. Este consiste en un esqueleto casi completo con el cráneo, de un individuo adulto o subadulto.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Dakosaurus andiniensis, un gigante reptil marino y depredador del Jurásico de Neuquén.



Todo indica que el Dakosaurus andiniensis es un cocodrilo. Pero se parece muchísimo a un dinosaurio. Por eso lo bautizaron Godzilla.
El descubrimiento es tan importante y es tapa del último número de la National Geographic y también sale en la prestigiosa revista Science. Fue descubierto en Pampa Tril, Neuquén, por investigadores argentinos.
Lo que se pudo reconstruir a partir del cráneo y las dos mandíbulas encontradas en la Patagonia es que la criatura se remonta a 135 millones de años atrás. La cabeza alta y achatada, como en forma de bala y pocos dientes, es lo que la distingue del resto de los cocodrilos, que tenían hocicos alargados, angostos y mandíbulas dentadas. Fue el resultado del esfuerzo de mucha gente que trabajó más de siete años", dijo Zulma Gasparini, paleontóloga, profesora de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), investigadora del Conicet y líder de "Reptiles marinos Mesozoicos de Argentina", un proyecto que comenzó hace ya casi 30 años.

La historia de este "Godzilla" empieza en 1996. Ese año, Sergio y Rafael Cocca, dos técnicos del Museo Olsacher de la Dirección Provincial de Minería de Neuquén, encontraron el cráneo y las mandíbulas en Pampa Tril, una zona montañosa y semiárida pero fértil para los paleontólogos. En la investigación participaron paleontólogos y geólogos, como Diego Pol (actualmente en la Universidad de Ohio), y Luis Spallietti, profesor de la UNLP, investigador del Conicet y encargado de la investigación sedimentológica (estudia las rocas y a las sucesiones de rocas donde están las faunas fósiles).

El descubrimiento es importante y tiene impacto a nivel mundial porque hasta ahora no se conocía en ningún lugar del mundo cocodrilos con aspecto de dinosaurio. El cocodrilo no tiene ningún parentesco con los dinosaurios. El hallazgo de esta excepcional asociación de reptiles marinos en el límite Jurásico—Cretácico en la cuenca neuquina permite formular nuevas teorías sobre la continuidad y evolución de estas especies y contradecir hipótesis de extinciones hechas en base a estudios paleontológicos del hemisferio norte. A través del cráneo, de 80 centímetros de largo y 20 de alto, se puede estimar que medía casi cuatro metros de largo.
Pero lo más llamativo es su boca, sus dientes, que muestran que era un predador activo que se alimentaba de otros reptiles marinos, pero de los grandes. Y eso es lo que lo hace parecido a los dinosaurios carnívoros. Era un animal marino agresivo, que atacaba rápido a presas grandes, como el tiburón blanco de hoy. El descubrimiento es importante porque demuestra que los cocodrilos en el Mesozoico fueron mucho más diversos de lo que se pensaba.
Fue un grupo abundante y exitoso evolutivamente, que ocupó muchos nichos ecológicos que hoy ocupan otras especies, como los mamíferos. La muestra de lo que es un cocodrilo en las especies vivientes es una fracción muy pequeña y empobrecida con respecto a la diversidad de formas que habitaron la tierra, los ríos y el mar durante el Mesozoico. Sobre los cocodrilos marinos del Jurásico, se conocían muchos restos, pero todos de especies con hocico largo y delgado, con numerosos y pequeños dientes.
Estas características denotan un rol de pequeño predador, con una dieta de peces pequeños y moluscos, que es la idea que se tenía de los cocodrilos marinos del Jurásico durante los últimos 150 años, desde que se descubrieron y estudiaron en Europa los primeros cocodrilos marinos. El Dakosaurus muestra que también había grandes especies predadoras, dado que éste tenía un hocico corto, alto y robusto, con dientes grandes y aserrados.

sábado, 18 de agosto de 2018

Cricosaurus araucanensis, un cocodrilo marino en el Jurasico de Neuquén.


Es un género extinto de crocodiliforme marino perteneciente a la familia Metriorhynchidae. Especímenes fósiles referibles a Cricosaurus son conocidos de depósitos del Jurásico tardío de Inglaterra, Francia, Suiza, Alemania, Argentina, Cuba, y México.
Cricosaurus fue nombrado originalmente por Wagner en 1858 como una reclasificación de un especímen que él previamente había descrito en 1852. Varias otras especies han sido nombradas, incluyendo C. suevicus por Fraas en 1901 (originalmente como una especie de Geosaurus.
Otra especie denominada C. medius (nombrada por Wagner en 1858) ha sido reclasificada como un sinónimo menor de Rhacheosaurus gracilis.  Todas las especies actualmente conocidas tenían unos tres metros o menos de largo. Comparados con los cocodrilos de la actualidad, Cricosaurus puede ser considerado de tamaño medio, tendiendo a pequeño.
Su cuerpo era ahusado para mayor eficiencia hidrodinámica, lo que junto a su cola con aleta lo hacían un nadador más eficiente que los cocodrilos modernos.
Imágenes; Cráneo exhibido en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” de Buenos Aires. Ilustración Rodrigo Vega on DeviantArt

lunes, 6 de agosto de 2018

Caypullisaurus bonapartei, el reptil marino del Jurásico de Patagonia.



Los últimos Ictiosaurios fueron muy grandes, algunos como ballenas. Uno de ellos fue hallado en la Provincia de Chubut.  Mide más de 8 metros de largo y se encuentra exhibido en la sala del departamento de Paleontología de vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires, aunque también existían formas que no superaban el metro. 
Esta especie en particular fue un reptil marino y guarda cierta semejanza con los delfines, pues a pesar de los millones de años que separan a estas especies, ambas cubrían el mismo nicho ecológico, y es probable que este magnífico animal se halla alimentado de otros reptiles como los Plesiosaurios, peces y dinosaurios que se aventuraban a las playas de marea baja.
Sus aletas traseras eran considerablemente más pequeñas que las delanteras. Los huesos de la mayor parte de la aleta delantera se derivan de los huesos normales de dedos que se han encontrado en todos los vertebrados terrestres, pero en ellos hay muchos más. Mientras normalmente un vertebrado terrestre tiene de 3 a 4 falanges por dedos, algunos Ictiosaurios tenían de 20 a 25 falanges.
Se extinguió al final del Cretácico. Si bien la Patagonia Argentina tiene algo mas de un centenar de sitios donde se han hallado este tipo de reptil marino, recientemente se han descubierto formas nuevas en sedimentos de la Quebrada de Romoredo al sur de la Provincia de Mendoza. Otro ictiosaurio conocido es Mollesaurus periallus, recuperado en la Cuenca Neuquina. Caypullisaurus, este espécimen consta del cráneo y mandíbulas completas, vértebras troncales anteriores y posteriores, y algunas costillas.
El cráneo se encontró articulado con la columna vertebral. Como es muy frecuente en los ictiosaurios, las características estructurales del cráneo contribuyen a que no se preserve en tres dimensiones. Este ejemplar se depositó sobre su cara derecha, por lo que su cara izquierda es la que se ha preservado con todos sus elementos en posición natural y con una deformación mínima.

Esta condición ha permitido la obtención de los coeficientes craneanos cuyos valores son comparables con los del holotipo de Caypuflisaurus bonapartei. Entre los caracteres más conspicuos de este material se destacan la gracilidad del rostro y la amplia reducción de la dentición. La longitud mandibular es de 1,57 m. Cabe destacar que hasta el presente, este ejemplar es el de mayor tamaño referible a esta especie.

domingo, 8 de julio de 2018

Patagosaurus fariasi, un gran dinosaurio sauropodo del Jurásico de Chubut.



Es una especie herbívora de gran talla, alcanzando unos 14 metros de largo y unos 5 metros de alto.
Fue un Dinosaurio cuadrúpedo, con extremidades largas y relativamente gráciles, con un fémur mucho mayor que su tibia, lo que indica que se trataba de un animal algo lento y pasivo. Tenía una larga y robusta cola formada por 50 vértebras.

Lo interesante del descubrimiento de esta especie, son los significativos restos de varios individuos de distintas etapas de desarrollo. Brinda una importante información anatómica sobre la organización y estructura ósea de estos grandes Sauropodos, revelando un estado evolutivo más bien especializado, y al mismo tiempo ancestral a Dinosaurios de épocas posteriores.
Se alimentaba principalmente de piñas de araucarias y hojas de las copas de los árboles reinantes, a las cuales accedía gracias a su largo cuello y a su vez tenía una mirada privilegiada para controlar todo su entorno por la posible llegada de Dinosaurios depredadores.

Su nombre significa "Dinosaurio de la Patagonia" que honra a la familia Faria, en cuyo terreno se hallaron los primeros restos. Jurásico medio de Cerro Cóndor, al norte de Pasos de los Indios, Provincia de Chubut, Argentina.
Vivió hace 165 millones de años. En la imagen; El primer gran esqueleto de Dinosaurio montado en el Museo de Buenos Aires, nótese el tamaño al lado de las personas.

viernes, 15 de junio de 2018

Maresaurus coccai, un reptil marino del Jurásico.


Es un género extinto de pliosaurio procedente del Jurásico Medio (Bajociano) de lo que ahora es Argentina. La especie tipo, Maresaurus coccai, fue nombrada por Gasparini en 1997.
Análisis filogenéticos recientes han encontrado que Maresaurus es un romaleosáurido. Se caracterizaban por tener cuerpos robustos y anchos, cabezas grandes sostenidas por un cuello corto con dientes cónicos enormes que sobresalían en las puntas de sus mandíbulas y cuatro aletas grandes como remos que les daban mucha velocidad en un solo impulso, siendo las aletas posteriores algo mayores que las delanteras, al contrario de los plesiosaurios propiamente dichos.
Fueron reemplazados a finales del Cretácico por depredadores más rápidos y mejor adaptados al medio como los mosasaurios. Fue hallado en la Formación Los Molles, en la ciudad de Chacaico - a 70 kms de la ciudad de Zapala.
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/jurasico.htm