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martes, 6 de octubre de 2020

Estudios paleoneurologicos en Prospaniomys priscus, un roedor del Mioceno.

 


Presenta una curiosa combinación de caracteres dentales y auditivos. Lo estudiaron dos investigadoras del CONICET junto a un colega de Estados Unidos

Se conoce como paleoneurología a la rama de la biología que estudia la anatomía interna del cráneo de animales antiguos para establecer relaciones entre su estructura y el cerebro y sus órganos asociados. “Por un lado, permite estudiar cómo han ido variando las estructuras anatómicas en el tiempo, como por ejemplo los cambios en la forma y tamaño. Por otro, tanto el cerebro como la región auditiva están estrechamente vinculados a los hábitos locomotores y al ambiente, por lo tanto cuando comparamos estas estructuras con la de animales vivientes podemos realizar inferencias relacionadas a como se movían, los sonidos que podían haber escuchado y el ambiente en el que habitaron”, comentan dos investigadoras del CONICET La Plata que acaban de publicar en la revista Journal of Vertebrate Paleontology un trabajo que se enmarca en esa disciplina y que plantea interrogantes sobre la historia evolutiva de un tipo de roedor que habitó la Patagonia argentina de 19 a 16 millones de años atrás.

El estudio se centró en Prospaniomys priscus, un octodontoideo –nombre que refiere a la estructura de su dentición, con una figura que se asemeja a un número ocho–, es decir un roedor de tamaño mediano (entre 10 y 20 centímetros de largo) que vivió en la Patagonia durante el Mioceno inferior, cuyo cráneo se encuentra en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (MACN, CONICET) y es el mejor preservado para un ejemplar de su edad. Los octodontoideos pertenecen a un grupo de roedores endémicos de América del Sur conocidos como caviomorfos que adquirieron formas variadas, y entre sus representantes más conocidos se encuentran los tuco tucos, de hábitos subterráneos; los coipos, más adaptados a espacios acuáticos; y otros relacionados con ambientes selváticos.

“P. priscus no está relacionado directamente a ninguna de las formas vivientes, con lo cual los hábitos que pudo tener son diversos”, comenta Michelle Arnal, investigadora del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y una de las autoras del trabajo. Hace algunos años, la experta estudió la estructura externa del cráneo del ejemplar extraído de un yacimiento ubicado en la localidad de Sacanana, en el centro norte de Chubut: “Esa zona tiene la particularidad de que los fósiles se conservan dentro de clastos o bolitas de piedra. Eso favorece la preservación, pero tiene como contrapartida que el sedimento que se adhiere a los materiales es muy duro y la única manera que había antes para estudiar su anatomía interna era, literalmente, rompiéndolos”, apunta.

Aquella descripción externa le permitió a Arnal reparar en una serie de características distintivas que invitaban a investigar “qué pasaba dentro de ese cráneo”. Para ello, se contactó con María Eugenia Arnaudo, por entonces becaria del CONICET en la FCNyM y primera autora del reciente trabajo, cuyo tema de tesis había sido el estudio del sistema auditivo de osos fósiles, y juntas emprendieron lo que definen como “la primera descripción anatómica interna de un caviomorfo fósil”, trabajo que realizaron mediante tomografías computadas de alta resolución utilizando equipos de YTEC, empresa de gestión conjunta entre el CONICET e YPF.

“Por un lado, presenta unas bulas timpánicas hipertrofiadas, o muy desarrolladas, en la parte posterior del cráneo, es decir una especie de caja de resonancia que en general está asociada a animales que habitan en espacios desérticos y que gracias a esa adaptación pueden captar sonidos de baja frecuencia para, entre otras cosas, detectar la presencia de posibles depredadores o comunicarse. Por otro, unos dientes de coronas bajas que si uno compara con formas actuales, aparecen más bien en animales que tienen dietas blandas a base de hojas o frutos, es decir relacionados a espacios más cerrados, como los pampeanos, bosques y selvas actuales, pero no desérticos. Esto marca cierta contradicción: se supone que las bulas son caracteres adaptativos al ambiente, pero hay otros indicios que dan cuenta de lo contrario, que podría tratarse de un patrón ancestral, hereditario”, explica Arnal.

Una dificultad importante para los estudios comparativos es que no hay análogos de este ejemplar que vivan en la actualidad, “y en ningún caviomorfo u otro roedor de los que analizamos se da esa combinación de bulas grandes con esos dientes de corona baja. En general, los roedores con bulas grandes presentan denticiones de coronas altas, sin raíces y de crecimiento continuo, lo que indica que se alimentan de pastos muy abrasivos, o que viven en espacios desérticos y el polvo adherido a la comida les desgasta los dientes, por lo que requieren que estén en permanentemente crecimiento”, puntualiza Arnaudo.

Las posibles hipótesis que plantean las investigadoras son dos: que esas bulas superdesarrolladas hayan sido una adaptación que hizo este grupo de roedores cuando surgió durante el Mioceno, o que sea un patrón ancestral heredado. “No hay mucha información sobre cómo era el paleoambiente en Sacanana durante el Mioceno, aunque la procedente de otras localidades de la Patagonia de esa edad propone que allí no había desiertos. Eso indicaría que es un carácter ancestral. Pero entonces, ¿para qué necesitaban semejante caja de resonancia animales que vivían en ambientes cerrados, similares a los pampeanos, bosques o selvas de la actualidad?”, se pregunta Arnal. “Se han observado bulas grandes en roedores de hábitos subterráneos, porque debajo de la tierra las ondas de baja frecuencia se transmiten mejor, pero los rasgos anatómicos de este ejemplar nos indican que no era subterráneo, así que estamos ante una disyuntiva porque no tenemos análogos vivientes que nos lo expliquen”, apunta.

Para finalizar, las expertas señalan que el estudio abre varias líneas posibles de trabajo relacionadas con la paleoneurología de caviomorfos que permitirán conocer más sobre su comportamiento, relación con los paleoambientes que habitaban y posibles patrones evolutivos hasta hoy desconocidos. Fuente; Conicet.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

jueves, 14 de noviembre de 2019

Hallan una treintena de fósiles de 3 millones de años en Miramar.






Una importante cantidad y variedad de restos fósiles de unos 3 millones de años, fueron  halladas en unos 100 metros de exploración, y en menos de una hora.  La localidad bonaerense de Miramar, es una de las mayores potencias paleontológicas del mundo.

En una prospección paleontológica con el equipo de investigadores del Museo de Ciencias Naturales de Miramar “Punta Hermengo”, se realizó el hallazgo de unas treinta muestras paleontológicas de gran valor científico, entre ellas, hay una que podría ser única en el mundo.

Días atrás, y después de un temporal, personal del museo local, exploraba sitios conocidos y con una antigüedad de superior a los 3 millones de años, correspondiente a la época geológica conocida como Plioceno. “Encontramos en una plataforma una amplia diversidad de organismos que vivieron y conformaron un primitivo ecosistema ya desaparecido” comento Mariano Magnussen Saffer, del laboratorio de paleontología del museo local, y agrego; ”Estos hallazgos siguen demostrando el potencial científico mundial de nuestra región”.

Entre los materiales recuperados, se pudieron identificar fósiles de aves (no voladoras), reptiles (lagartos de más de un metro), restos de gliptodontes (armadillos de caparazón rigió) y de grandes perezosos extintos, restos de varios carnívoros  marsupiales (semejantes a las zarigüeyas), un carnívoro prociónido pariente lejano y extinto de mapaches y cuatíes),  dos especies de armadillos de importante dimensiones, varios cráneos de roedores sin representantes actuales en la región , pequeños notoungulados, y un sin fin de muestras que ya se encuentran en el museo miramarense, para ser preparadas y estudiados en conjunto con científicos de la Fundación Azara, Universidad Maimónides, Museo Argentino de Ciencias Naturales y Conicet respectivamente.

Además, realizamos otros hallazgos pocos frecuentes en estos sedimentos, como una importante cantidad de coprolitos (fecas o  excrementos fosilizados), fácil de reconocer por su alto contenido de calcio, huesos triturados en su interior y con una matriz fosfática. “También encontramos otros tipos de icnifosiles, como cuevas con rellenos y en algunos casos con restos de sus antiguos habitantes, y algunas curiosidades más que se encuentran en estudio”, sostuvo Daniel Boh, titular del museo local.

El Museo de Ciencias Naturales de Miramar, fue inaugurado recientemente, a partir de colecciones anteriores. De esta manera, se ha convertido en una de las instituciones educativas y científicas más destacadas de Argentina, por su calidad de exhibiciones, cantidad de visitantes, colecciones científicas y de consulta. Además, el público que visita el museo puede observar el trabajo de preparación de fósiles en el laboratorio y admirar los últimos descubrimientos como este.

Se puede acceder a más información por medio del sitio web, www.museodemirama.com.ar.

martes, 16 de julio de 2019

Huncoaeshna corrugata, una libélula del Eoceno de Chubut.



Los ésnidos (Aeshnidae) son una familia odonatos anisópteros; incluye las libélulas más grandes. Los adultos tienen cuatro grandes y delicadas pero potentes alas que les permiten volar durante mucho tiempo sin agotarse.
Sus alas están siempre extendidas horizontalmente, y les permiten volar en cualquier dirección. Su abdomen es largo y delgado. Tienen ojos compuestos hemisféricos de gran tamaño, que les permiten una excelente visión. Son voraces predadores que usan las partes afiladas de su boca para cazar y alimentarse.

Este delicado fósil es el ala de Huncoaeshna corrugata, una libélula que vivió en la Laguna del Hunco, en la Provincia del Chubut durante el Eoceno hace unos 52 millones de años. Las libélulas se aparean durante el vuelo, y depositan los huevos en el agua o cerca de ella.
Se alimentan de otros insectos o incluso pequeños peces. Son extremadamente difíciles de capturar debido a su gran velocidad y manejo en el vuelo y a su excelente visión pero seguramente fue el alimento de aves y pequeños mamíferos del Eoceno de la Patagonia Argentina.

Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/eoceno.htm

sábado, 11 de mayo de 2019

Amphisbaena, un curioso reptil del Plioceno bonaerense con presencia en la actualidad.


Es un género de reptiles anfisbenios de la familia Amphisbaenidae, comúnmente conocida como culebras de dos cabezas, morrona o lagartijas gusano.
 
El cuerpo de estas especies es cilíndrico, su cola es corta y redondeada sin presentar una marcada diferenciación con el resto del cuerpo, carecen de patas, la cabeza es también redondeada poco diferenciada y presenta ojos pequeños semiocultos debajo de la piel, los oídos no presentan orificio al exterior.
 
La piel del cuerpo está formada por anillos los cuales se subdividen en pequeñas escamas cuadradas. Las especies de Amphisbaena viven la mayor parte de su vida enterradas, excavando túneles con el propósito de conseguir su alimento. Su dieta se compone de insectos y otros pequeños invertebrados que habitan en el suelo. 
 
Restos fósiles de Amphisbaena sp. fueron identificados en el Chapadmalalense (Plioceno temprano - medio), cerca de la ciudad de Miramar, representando hasta el momento, el más antiguo registro del grupo en América del Sur, de un Amphisbaenia.
 
En la región costera de Miramar actualmente se encuentra representada A. angustifrons, aunque A. heterozonata también se encuentra en áreas cercanas, de manera que el reconocimiento de Amphisbaena sp. en el Plioceno es concordante con la distribución actual del género. Imágenes ilustrativas.
 

martes, 30 de abril de 2019

Patagosmilus goini, un marsupial dientes de sable del Mioceno de Patagonia.


Es un género extinto de mamífero carnívoro metaterio de la familia Thylacosmilidae que vivió a mediados del Mioceno en América del Sur.
Al igual que otros representantes de esta familia, como Thylacosmilus atrox  y Anachlysictis gracilis, se caracterizaba por sus enormes colmillos en la mandíbula superior, similares a los conocidos felinos "dientes de sable" (Machairodontinae), de los que eran equivalentes ecológicos sin parentesco algunos.
La morfología general de Patagosmilus sugiere que era anatómicamente menos especializado que Thylacosmilus del Plioceno, pero la morfología de los dientes, sin embargo, sugiere que probablemente estaba más estrechamente relacionado con este último, que con el más primitivo Anachlysictis de Colombia.
La especie Patagosmilus goini, que debe su nombre al paleontólogo argentino Francisco Goín, especialista en marsupiales, y fue descrita a partir de los restos de un cráneo aplastado y parte de una falange ungual que se descubrió en sedimentos que datan del Mioceno Medio en la orilla oeste del Río Chico, en la provincia de Río Negro en la Patagonia, Argentina y depositados en el Museo de La Plata.
Este es el primer representante de Thylacosmilidae del que se han encontrado restos en la Patagonia, y el primer género reconocido aparte de Thylacosmilus y Anachlysictis que es un miembro indiscutido de esta familia. Seguramente un importante marsupial depredador.

sábado, 27 de abril de 2019

Thoatherium minusculum, un pequeño falso caballo del Oligoceno de Sudamérica.


Su nombre significa bestia feroz, y fue descrito por Florentino Ameghino en 1887, a partir de restos fósiles procedentes del Oligoceno y Mioceno de Patagonia.
Es otro ejemplo de evolución paralela, es decir, la evolución de animales similares de antepasados diferentes, es la de los Lipotermos de América del Sur y los caballos. Mientras que las formas primitivas de equinos como Pliohippus se convertían en caballos modernos en América del Norte, el Thoatherium en un notoungulado mucho mejor en varios aspectos.
Como los caballos, el Thoatherium tenía una sola pezuña en cada pata, pero no hay una sobrecaña que aun mostraba Hyracotherium. El Thoatherium tenía las patas, el cuerpo, y la cabeza de un caballo.

jueves, 18 de abril de 2019

Homunculus patagonicus, un monito del Mioceno de Patagonia.


Es la única especie del género monotípico extinto de primate platirrino Homunculus, el cual vivió en la Patagonia argentina, en el sur de América del Sur, durante el Mioceno inferior.
Fue un primitivo primate (monos) aloctono, cuyos ingreso al continente fue hace 30 millones de años según la evidencia fósil reunida hasta el momento. Vivió en el Rió Pinturas, en la Patagonia Argentina durante la edad Santacrucense.
 El hallazgo de estos mamíferos indican que durante parte del Mioceno temprano, el sur Argentino tenia condiciones ambientales muy semejantes a las que hoy podemos observar en la selva misionera y amazónica. Su tamaño es muy pequeño y no pesarían mas de 1 kilogramo. Al igual que sus representantes vivientes, su dieta era omnívora. Comían insectos, frutos, pequeños mamíferos etc.
Lo que mas llama la atención de estos primates es su "encefalizacion progresiva", es decir, el aumento de la corteza cerebral a comparación de su tamaño, lo que le permitiría retener información e inteligencia, pero en este periodo algo muy remoto. La especie tenía el rostro relativamente corto y órbitas de moderado tamaño, lo cual sugiere que se trataba de una especie con hábitos diurnos. El cráneo era grácil y carecía de cresta sagital.
Tenía una masa corporal de alrededor de 2,7 kilogramos. Basándose en la morfología dental, se trataba de una especie frugívora que complementaba con hojas para suplir su dieta. De acuerdo a los restos postcraneales probablamente se trataba de un cuadrúpedo. sinonimo Anthropops perfectus.

lunes, 18 de marzo de 2019

Material del Museo de Miramar en un libro del Smithsonian Institute.


 
 

Científicos e ilustradores le dieron vida a este libro, que explica cómo era la biodiversidad del pasado, y en él se utilizó una pieza de gran valor educativo del Museo Municipal de Ciencias Naturales  Punta Hermengo de Miramar.
El libro Hace tiempo intenta responder, como en toda gran historia, el cómo, cuándo y quiénes participaron en nuestra historia biológica de Sudamérica. Los expertos, acompañados de ilustraciones, cuentan cómo se ha dado la evolución y la extinción de las especies, y cómo el clima, la geografía y la genética influyeron en eso.
El Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales o STRI es un centro de investigaciones administrado por el Instituto Smithsoniano y emplazado en Panamá, cuyo centro es la única dependencia de dicha institución ubicada fuera de los Estados Unidos y se dedica al estudio de la diversidad biológica de los trópicos, entre varios puntos, ilustra y detalla un organismo en proceso de fosilización.

Para ello, y como fiel ejemplo, no solo por el impacto visual, sino por el educativo y creatividad científica, utilizo el esqueleto de Thylacosmilus atrox exhibido en el Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar (el tercer esqueleto exhibido en el mundo de esta especie), para explicar en forma gráfica y texto el proceso de muerte de una animal prehistórico, y cuáles son los procesos de fosilización para que llegue hasta nuestros días es estado “fósil”.
La misión del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales es ampliar y divulgar los conocimientos sobre el pasado, presente y futuro de los ecosistemas tropicales y su relevancia para el bienestar humano. El libro fue editado por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

Como se hace en muchos casos, se reconstruyo el esqueleto de este raro “marsupial dientes de sable”, conocido científicamente como Thylacosmilus atrox, a partir de un puñado de restos fósiles conocidos, principalmente fragmentos de cráneo y mandíbula. Para ello, Mariano Magnussen Saffer, que desempeña tareas biológicas y paleontológicas en el museo miramarense, logro recrear el extraño animal extinto hace tres millones de años, a partir del conocimiento que se obtienen de otros organismos similares. La tarea se realizó en 2013 y fue exhibido en el museo local en 2015, luego de una gira educativa y científica que recorrió varios puntos de Argentina.
Magnussen comento; “ es la misma técnica que utilizamos para recrear grandes dinosaurios, a partir de un diente aislado, una pata, un cráneo o medio esqueleto. Al conocer la anatomía de organismos similares o de la misma familia, nos permite acercarnos al aspecto real, mientras esperamos que en un futuro nuevos hallazgos nos acerquen a un conocimiento más fidedigno del mismo”, enfatizo.


martes, 12 de marzo de 2019

Recuperan un cráneo de Arctotherium angustidens en San Pedro.



Se trata de un ejemplar de la especie de Arctotherium angustidens, la cual representa a los osos más gigantes que hayan existido. Los investigadores destacan el asombroso estado de conservación del cráneo y las dos ramas mandibulares de este nuevo espécimen de San Pedro.
El doctor Leopoldo Soibelzon, investigador del Museo de La Plata y del CONICET, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “se trata de un oso de gran tamaño de la especie Arctotherium angustidens, cuyos ejemplares más grandes, en posición erguida, podían alcanzar hasta 4,5 metros de altura”.
Soibelzon fue quien presentó en sociedad al ejemplar más grande del que se tenga registro en 2011. En tanto, este nuevo ejemplar de San Pedro fue identificado como un macho joven que pesaba unos 800 kilos al momento de morir y que habría medido aproximadamente 2,5 metros de altura parado en dos patas.
El experto en el estudio de osos gigantes destacó que “el cráneo y la mandíbula de este nuevo ejemplar de San Pedro están increíblemente preservados, en tanto que también se encontró parte de su pelvis, el fragmento de uno de sus húmeros, parte de uno de sus radios y seis vértebras articuladas”.
El director del Museo de San Pedro, José Luis Aguilar, quien realizó este hallazgo junto Matías Swistun y Julio Simonini, coincidió en que “es impresionante el estado de preservación del cráneo junto a sus dos ramas mandibulares, las cuales han conservado todas sus piezas dentales, lo cual lo convierte en un ejemplar excepcional”.
“El cráneo de esta bestia es realmente asombroso en cuanto a tamaño y estado de conservación”, afirmó Aguilar. Y precisó: “Tiene colmillos de unos 6 centímetros de longitud, los cuales son fuertes, compactos, punteagudos y estaban preparados para desgarrar la carne de sus presas”.
“Las mandíbulas también conservan su par de colmillos, los cuales tienen 4,5 centímetros de largo, mientras que los molares de este oso estaban bien adaptados para cortar y para destrozar el tejido muscular y los huesos de los animales de los cuales se alimentaban”, contó el director.
Aguilar valoró que, para la concreción de este hallazgo, fue determinante la colaboración del maquinista Fausto Capre de la empresa Tosquera San Predo SA, propietaria de este sitio.
“Fue posible ver los restos de este ejemplar que caminó la región pampeana hace unos 700 mil años gracias al accionar de la excavadora para la extracción de tosca a nueve metros de profundidad”, mencionó.
A dicha profundidad, se ha detectado una capa sedimentaria con contiene restos de un antiguo pantano. Aguilar explicó que “algunos de los grandes animales que cazaban o que se acercaban para beber agua, quedaban atrapados en ese fango, en ese lodo, y es por ello que, desde hace un tiempo, venimos realizando diversos hallazgos en ese sitio”.
Los Arctotherium angustidens de mayor tamaño alcanzaban una medida mayor a la que se había estimado en 2011 cuando el doctor Soibelzon presentó al ejemplar más gigantesco. En tanto, la fuerza de la mordida de estos osos de tamaño bestial era de unos 225 kilogramos en la zona de los molares.
Estos molares poseían crestas cortantes y cúspides bien marcadas que revelan una dieta omnívora, pero con una fuerte tendencia al consumo de carne y de hueso de animales que obtenían de su propia caza, pero también al disputarle sus presas a otros carnívoros como por ejemplo a los tigres dientes de sable.
José Luis Aguilar contó a la Agencia CTyS-UNLaM que, a partir de un trabajo junto a uno de los laboratorios del Centro de Ecología Aplicada de Litoral de Corrientes, se han identificado esporas y granos de polen de ciertos hongos, algas y algunos vegetales en el sedimento donde fueron encontrados los restos de este oso.
“Ello nos permite saber que este oso gigante habitó en un ambiente de estepa formado por plantas herbáceas, con suelo algo arenoso y siempre con cuerpos de agua cercanos”, relató el director del Museo.
El doctor Soilbelzon indicó que “estos osos vivieron en la región pampeana hasta hace unos 500 mil años”. En tanto, la llegada de los osos a Sudamérica fue posible a partir de que, hace unos 3 millones de años atrás, cuando se elevó el istmo de Panamá, estos animales terrestres pudieron arribar desde Norteamérica.
 

viernes, 8 de marzo de 2019

Conflicto antarcticus, el fósil hallado en el Paleoceno de la Antártida, brinda información de la evolución de las aves.



Científicos estudiaron un fósil antártico que permite conjeturar que este tipo de boca apareció evolutivamente temprano en las aves Anseriformes.
En el año 2007, investigadores del Instituto Antártico Argentino encontraron en la isla Marambio, al Noreste de la Península Antártica, el esqueleto casi completo de una nueva especie de ave que vivió hace 65 millones de años durante el Paleógeno Temprano. Luego de varios años de preparación y estudio del fósil, recientemente el hallazgo fue presentado en Zoological Journal of the Linnean Society.
El estudio, dirigido por Claudia Tambussi, investigadora principal del CONICET en el Centro de Investigaciones de Ciencias de la Tierra (CICTERRA, CONICET-UNC) determinó que el fósil analizado pertenece a un nuevo género y especie basal de Anseriformes (patos, cisnes y gansos) de una familia aún indeterminada. Se lo denominó Conflicto antarcticus en virtud de la conflictiva posición filogenética, debido a que sus características son diferentes a las de otras aves conocidas.
Los Anseriformes actualmente habitan ambientes acuáticos y se considera que la explotación de los cuerpos de agua continentales proporcionó la base para la formidable diversificación de este grupo. A diferencia de la mayoría de las Neoaves acuáticas que son carnívoras -como los macaes y los somormujos-, los anseriformes se alimentan de plantas o pequeños invertebrados acuáticos. Para ello cuentan con unas laminillas en el pico que les permite filtrar su alimento.
¿Cuándo se produjo la diversificación de los Anseriformes? ¿Cuándo y cómo surgió este hábito filtrador? Son algunas de las preguntas que se formula el equipo de trabajo responsable de ésta y otras importantes investigaciones en aves prehistóricas.
Al analizar este esqueleto fósil, los científicos pudieron determinar que Conflicto antarcticus, a juzgar por la forma y las proporciones de los huesos pectorales y del ala, sin dudas tenía capacidad de volar. Aunque no se encontraron los tarsometatarsos ni las falanges (huesos del miembro posterior), los restos óseos que se conservaron de estas extremidades muestran que tenía patas alargadas. Sin embargo, aunque pertenece al grupo de los Anseriformes, su apariencia no concuerda con la de los patos o gansos. Conflicto antarcticus tenía un cuerpo grácil y estilizado, con miembros alargados -como se observa en los flamencos)- pero poseía un cráneo similar al de un pato, aunque con un pico más delgado. Conflicto antarcticus, al estar representado por un material tan completo y bien preservado es posiblemente el más importante registro de un ave no marina del Paleoceno del hemisferio sur.
“Este nuevo hallazgo permite hipotetizar que la forma del pico típica de los patos actuales -la que les posibilita filtrar el alimento del agua- habría aparecido tempranamente en la evolución de este grupo de aves” explica Tambussi. Asimismo, los estudios filogenéticos establecen nuevas relaciones entre los miembros de los Anseriformes y las aves modernas que, sin dudas, serán motivo de debates futuros.
Según evidencias sedimentológicas y de otros fósiles, Conflicto antarcticus habría habitado un ambiente cálido y húmedo que se caracterizaba por bosques templados donde la temperatura media anual terrestre osciló entre 9 y 15°C.
Finalmente, Los investigadores ya estudian otros aspectos como el cerebro, cerebelo, oído y bulbos olfatorios a partir de tomografías computadas y comparando los modelos 3D obtenidos con lo conocido de otras especies fósiles y vivientes. La finalidad de estas comparaciones es obtener algunas conclusiones acerca del modo de vida del animal, de sus capacidades sensoriales y cognitivas. Fuente Conicet. Esquema del esqueleto de Conflicto antarcticus. Derecha: Reconstrucción en vida de Conflicto antarcticus. Dibujo realizado por H. Santiago Druetta. La concreción en uno de los momentos de su preparación que fue realizada por los técnicos Javier Pozik del Museo de La Plata e Ivana Tapia del CICTERRA.
 
Mas info en http://www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

domingo, 3 de marzo de 2019

Culebratherium alemani, una vaca marina de hace 20 millones de años en Centroamérica.


Buscando plantas fósiles en el Canal de Panamá, Steven Manchester, científico del Museo de Historia Natural de Florida (Estados Unidos), se encontró con algo tan relevante como inesperado: el mamífero más antiguo conocido de Centroamérica. Un cráneo fósil, vértebras, costillas y otros huesos que pertenecen a un nuevo género y especie de vaca marina de hace 20 millones de años, a la que han denominado ‘Culebratherium alemani’.


Se trata de un antiguo pariente de los dugongos modernos, que viven en las cálidas aguas del Indo-Pacífico, la región biogeográfica que comprende las aguas tropicales del océano Índico, el océano Pacífico occidental y central, y el mar que conecta los dos.


El equipo estaba excavando allí dentro de un proyecto a gran escala de varios años de duración para rescatar fósiles en el marco de la ampliación del Canal de Panamá, que ha expuesto temporalmente nuevos afloramientos.


"Encontramos el dugongo fósil cuando los niveles de agua estaban en su nivel más bajo", recuerda Aaron Wood, investigador postdoctoral del Museo y líder del trabajo de Campo en Panamá. "Pusimos bolsas de arena en el borde del sitio solo para mantenerlo sin agua el tiempo suficiente para recoger los fósiles. En una semana, el sitio se inundó. No pudimos volver. Se trataba de una oportunidad única en un siglo recogida en este espécimen", subraya.

Junto con Jorge Vélez-Juarbe, también investigador postdoctoral, el hallazgo se ha publicado en la revista ‘Journal of Vertebrate Paleontology’.


Vélez-Juarbe explica que el ejemplar de ‘C. alemani’ no había terminado de crecer. Sus colmillos apenas habían comenzado a sobresalir y sus nuevos molares mostraban poco desgaste, lo que indica que aún no era un adulto, según la información del Museo de Historia Natural de Florida recogida por DiCYT.


Pero fue un ‘comilón’ excepcional. Los investigadores sugieren que sus gruesos músculos del cuello y sus colmillos y hocico apuntando hacia abajo se adaptaron para cavar en el océano hasta llegar a los tallos subterráneos de los pastos marinos, las partes más nutritivas de estas plantas.


Solo una especie de dugongo está viva hoy. Una segunda, la vaca marina de Steller, fue cazada hasta su extinción Y aproximadamente 30 especies han sido recuperadas en el registro fósil, dijo Vélez-Juarbe. El grupo se originó en el Atlántico oeste y el Caribe y se dispersó hacia el oeste a través de Panamá -cuya vía marítima no se cerró hasta hace unos millones de años- y al sur de Brasil. (Fuente: DICYT)